ENVIA YA TU RELATO. GÉNERO: LIBRE Y TEMA: "EMPECEMOS JUNTOS"

ESTAMOS PUBLICANDO AHORA LOS RELATOS DE: GÉNERO: TERROR; TEMA: EL MIEDO.

ÓRDEN DE PUBLICACIÓN EN EL LATERAL DEL BLOG. DISFRUTAD DE LA LECTURA, AMIGOS.


jueves 3 de diciembre de 2009

EL BOSQUE

Debía volver a pasar por ese sitio oscuro y tenebroso. El sólo pensarlo le erizaba los pelos de la nuca. Recordaba los árboles con esas formas horribles que semejaban humanos macabros, los alaridos que provenían de pájaros que no había visto, la niebla que invariablemente estaba siempre allí.
Había transitado ese camino muchas veces, y no podía evitarlo porque era el único que lo llevaba al otro poblado, al que trataba de no ir.
Pero esa mañana su madre necesitaba un medicamento que no encontraba en ninguno de los otros pueblos.
Miró por la ventana sintiendo un escalofrío al ver ese maldito lugar. Respiró hondo, se dijo que sería mejor emprender el camino lo antes posible.
Al salir de la casa un cuervo le cerró el paso, era muy grande y lo miró desafiante, como preguntándole si se animaría a ir. No le hizo caso y siguió. El ave voló muy cerca de su cabeza y lo acompañó, sería que no podría deshacerse del pajarraco, se preguntó.
Prosiguió su camino, y mirando de reojo volvió a ver la sombra negra del bicho. Lo perseguía, y cada tanto daba un graznido.
Se acercaba al paraje, sentía su corazón látir más rápido, costándole tragar. Estaba decidido a pasar y no hacer caso a las leyendas, nada malo pasaría, era producto de las habladurías y la ignorancia de los pobladores.
Se adentró en la espesura del bosque, la bruma comenzaba asomarse por dóquier y escuchó un grito desgarrado que no podía pertenecer a bestia alguna. Continuó, tarareando una vieja canción, distrayendo su mente en cualquier otra cosa que alejara sus pensamientos del miedo que estaba comenzando a experimentar.
Hizo un largo trayecto, pensando que había sido más corto la última vez. El olor a humedad no lo dejaba respirar, y a cada paso era más y más oscuro, los gritos lo estaban volviendo loco. Y la maldita ave seguía allí, a cada rincón lo encontraba parado en un árbol, mezclado en los arbustos, mirándolo como si lo quisiera dominar, hipnotizar. Y él caminaba más rápido para llegar al final.
En un trayecto del camino se cruzó con una anciana, gorda, desgarbada, que juntaba hiervas y al verlo, se acercó a él ofreciéndole un amuleto a cambio de unas monedas, hizo el trueque y se animó a preguntarle si faltaba mucho para llegar al pueblo. La mujer, le hizo un gesto con el bastón como marcándole la dirección, otro grito más que helaba la sangre. La bruja lanzó una carcajada macabra.
La senda desapareció, no había por donde seguir, un gran árbol, con una gran boca como un rictus de risa y ojos lastimeros cortaba el camino, intentó rodearlo, pero era imposible, había una laguna con su agua negra y pestilente.
De pronto apareció un hombre vestido de negro que le habló en un idioma que no conocía y le acercó una botella con un líquido espeso. Lo miró directamente a los ojos, la mirada que le devolvió le produjo pavor, pero debía seguir y tal vez hasta comerciar con él si quería llegar antes de la noche al poblado y luego volver por ese mismo rumbo.
Estiró la mano para tomar la botella, unos largos dedos oscuros, de uñas muy largas lo tomaron, al mirar se dio cuenta que era una rama, que lo estaba atrapando, sintió que otra asía sus piernas y de pronto estaba pegado al tronco. Sintió como lo succionaban por esa boca que estaba en medio, luchó con todas sus fuerzas pero era inútil y se desmayó.
Al despertarse se encontró en una caberna. Había una cerda con cara de mujer, un loro con rostro de hombre que repetía lo que el brujo decía. Una caldera negra de la que salía un humo verde y olor nauseabundo.
Estaba atado a una silla, el hechicero hizo un movimiento con sus manos y los animales rieron. Pensó que tal vez lo convertirían en un mostruo como ellos y comenzó a temblar, mientras la vieja que le había vendido el amuleto le abrió la boca para colocarle el líquido espeso de la botella.
Escuchó una voz conocida

- Tomás, Tomás, vamos arriba que se hace tarde y me quedé dormida- dijo la madre y agregó, - necesito que vayas hasta el pueblo vecino a buscarme un medicamento que no venden en ningún lugar.

Miró por la ventana y vio el bosque oscuro.


Aldhanax Swan

martes 1 de diciembre de 2009

ENTRE LA OSCURIDAD Y LO INFINITO

“Vayas donde vayas te buscaré, más jamás podrás escapar de mí pues al final te encontraré…”

De un sobresalto despierta Pablo, que en la oscuridad de la noche donde el silencio infinito va a sus anchas, no deja de oír una y otra vez esa estentórea voz. Una pesadilla, como las de las noches precedentes. Piensa Pablo. Se levanta aún soñoliento a la por un vaso de agua. Entre la oscuridad logra salvar los obstáculos que se encuentra en su camino. Una mesita, algún que otro cuadro... etc. Su tos seca nocturna que acusa desde hace meses hace acto de presencia.

Abre la nevera para coger la botella de agua, pues a él le gusta fría. No precisa de la luz de la cocina pues la de la nevera es suficiente mientras sacia su sed nocturna. Mientras bebe de la botella nota una presencia. Algo que es invisible a sus ojos pero no a sus sentidos invade la cocina. Mira a su alrededor sin ver nada, un leve crujido de la madera le hace correr desde la nevera hasta el interruptor para encender la luz. Pero no se siente bien. No está a gusto. Enciende todas las luces de la casa hasta llegar a su habitación. No hay nadie más en el domicilio, pues Pablo es el único inquilino.

¿Qué es esa extraña sensación, es presencia que noto en la cocina? Pablo le da vueltas, medita sobre ello. Ahora recuerda que no cerró la nevera. Sabe que va a tener que volver, y teme que algo suceda.

Se levanta cautelosamente, mirando a su alrededor, y con pasos cortos y precisos se dirige hacia la cocina. Cierra la nevera y según vuelve va apagando las luces que tenía encendidas. Llega a su habitación y se mete en la cama sin apagar la luz. Los ojos se le cierran lentamente. No lo duda y apaga la luz y se entrega a Morfeo.

“Vayas donde vayas te buscaré, más jamás podrás escapar de mí pues al final te encontraré. Te encontraré...”

Pablo se vuelve a despertar. Enciende la luz de su mesilla y se queda sentado en la cama esperando a la luz del amanecer. Su espera se le hace eterna como la oscuridad. La espera hace que su cansancio le devuelva a los brazos de Morfeo. Cierra los ojos en contra de su voluntad confiando que la llegaba del alba le libere de su pesadilla...


-Después de algo más de medio siglo por fin te encontré… ven conmigo...

$MK

domingo 29 de noviembre de 2009

INCERTIDUMBRE EN LA BRISA

Tumbada sobre el césped, sola en plena naturaleza mirando al cielo, contemplándolo como un cuadro en movimiento. La brisa me rozaba cada poro de mi piel, pero la brisa no traía sólo silencio..

Unas le ves pisadas se oían a lo lejos, cómo se acercaban poco a poco. Mis sentidos se agudizaban, levantaba la cabeza y no veía nada.. Los arbustos se movían al compás de la brisa, pero algunos a lo lejos parecían no seguir el vaivén del resto.

Empecé a preocuparme, no estaba sola , ¿pero quién o qué sería? Había subido allí a lo alto para estar más cerca del cielo y contemplar el valle y el lago desde arriba.

Las pisadas subían de tono, amenazantes y cuando empecé a andar se pararon, como si estuviera ocultándose. Empezó a invadirme un sudor frío producto de la tensión que estaba viviendo. Sólo se oía mi corazón cómo latía desbocado y esas pisadas de nuevo al pararme.

Unos hierbajos se movían lentamente delante de mi y retrocedí de miedo sin acordarme por un momento de lo que había detrás de mi, la nada, ese paisaje donde se recortaba el suelo que pisaba para dar lugar a una bonita vista, una vista que frenaba mi huída.

Ahora lo veía más claro, era un lobo lo que se acercaba a mi y no con muy buenas intenciones. En sus ojos podía leer su hambre contenida y que quería saciarla conmigo siendo su próximo banquete.

Su boca no paraba de salivar al verme y me miraba a los ojos, parecía que quisiera leer en ellos mis reacciones para pillarme desprevenida. Yo hice lo mismo con él intentando no demostrarle el miedo que me invadía por dentro.

Me llevo la mano a la cintura y si estaba lo que presuponía. Tenía las manos sudorosas y un río de gotas de sudor invadía mi cara. Tenía dos opciones, enfrentarme a la bestia o saltar al vacío. Me giro por un segundo y me invade el vértigo, pero cuando me giro miro al lobo y descubro su intención de precipitarse sobre mi. Instintivamente retrocedo y ¡¡¡ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!

No hay nada bajo mis pies, veo al lobo saltar por los aires por encima de mi. Noto la gravedad, su poder sobre mi haciéndome caer cada vez más rápido. El corazón a mil y sin sentir nada más que el vacío a mi alrededor.. Pero por suerte.. ¡tenía el arnés puesto, enganchado a la cintura!.

Eso es lo que buscaba momentos antes, el miedo no me dejaba recordar si lo había quitado o no tras el ascenso. Por suerte el cansancio me salvó la vida, pues nada más subir me desplomé sin más. Estaba viva es lo que importaba , ahora tocaba volver a subir, la bestia ya no estaría esperándome arriba.

Esther , lugar de encuentro

viernes 27 de noviembre de 2009

PRESENCIAS


Sé que circulan varias historias de encuentros espeluznantes. Todas empiezan y terminan en este lugar. Unos las cuentan como mitos y leyendas del pueblo, otros realmente las creen.

Algunos científicos han investigado con sus aparatos, pero lo inexplicable, lo que pertenece al más allá, se resiste a esos métodos. ¿Cómo medir lo que ni siquiera sabemos definir o explicar? ¿Cómo encontrar algo cuando ni siquiera estamos seguros de lo que debemos buscar? Para los que creen, no hacen falta más evidencias; para los escépticos, ninguna huella es suficiente, todo se puede refutar.

Lo que no se puede negar es que cuando cae la noche, ni unos ni otros vienen por aquí. Esta es, después de todo, la necrópolis. No les pertenece a los vivos, ellos apenas al administran. Me contrataron a mí para cuidarla y así lo hice durante años. Cuidé, en la medida de lo posible, que todo esté limpio, intacto, en orden; que por las noches nadie entre…ni salga. No pienses que es broma, he visto muchas cosas en estos años, como resultado de tener asignada esta pequeña vivienda dentro de la propia necrópolis. Es un raro privilegio que casi nadie reclamaba, no sé por qué tu lo aceptaste. Cuando pases largas noches en silencio, este lugar te hará pensar sobre la fragilidad de la vida humana, la vulnerabilidad, lo poco que sabemos y entendemos. Cuando no sea el silencio lo que te acompañe, sabrás mejor que nunca lo que es el miedo, eso que pensabas que ya conocías.

¿Tienes miedo de quedarte sin trabajo, de que tu pareja te deje, de que roben tu dinero? Espera el momento en que escuches ruidos en la noche, que te parezca oír voces o pasos. Aguarda la noche en que pienses que es una fría mano la que se posa por detrás sobre tu hombro, y finjas indiferencia para no mirar.

En este sitio estarás más solo que cuando naciste desnudo e indefenso, pues en esa ocasión había alguien contigo. Estarás solo con lo que haya en tu mente. Enfrentarás entonces los mayores miedos frente a las peores presencias, reales o no. Tú verás entonces cómo te las arreglas.
Aquí tienes las llaves, bienvenido a esta pequeña pero distinguida ciudad. Cuídala bien, pues un día te convertirás en un residente permanente de la misma.

Jorge Fénix

miércoles 25 de noviembre de 2009

LA SOMBRA



Era una noche extremadamente fría, como hacia años no se sentía en éste pueblito apartado en el centro sur de América del Norte, por consiguiente, había prendido la modesta chimenea, dándole a aquel saloncito un ambiente caliente muy acogedor. Me dispuse a ponerme cómoda en el gran butacón que tenia precisamente para relajarme en una noche como aquella, me serví una copa de coñac, tomé el libro que tenia entre manos en esos días, y me recosté. No pude leer por mucho tiempo, sentí un ruido afuera, proveniente de la terraza principal de la casa, me sobresalté, pues aunque tenia siempre la alarma puesta, no dejaba de sentir miedo por encontrarme sola.

Sigilosamente me asomé por una hendija del ventanal que daba hacia esa terraza, quedé casi paralizada al ver una sombra, me quedé quieta, no vi nada mas, todo estaba en absoluto silencio, decidí asomarme por el lado contrario, ya mas cerca en donde supuse se encontraba aquella sombra y cual fue mi espanto cuando a través de las cortinas vi el movimiento de algo, casi me atrevería a decir que estaba siguiendo mis pasos. Me detuve, dejé pasar unos segundos sin quitar la vista del ventanal, para poder percatarme de cualquier movimiento adicional, mas todo estaba quieto, yo diría, demasiado quieto.

Me mantuve en esta alerta por casi dos horas, hasta que el cansancio me dominó y me dormí en el mismo butacón en donde había dispuesto a “relajarme”.

La claridad del amanecer me despertó, me desperté sobresaltada, fui directamente hacia la ventana, me asomé, aparentemente todo estaba normal, por el momento no quité la alarma, desayuné, me tomé una ducha tibia sintiéndome una mujer nueva, renovada. Me dispuse a salir, a investigar, a buscar rastros de la sombra, de la visita nocturna de la noche anterior. No encontré nada, todo estaba igual, todo en su lugar, solamente vi tirado en el piso mi pañuelito, el que siempre mantenía en mi cartera, me lo había bordado mi madre, seguramente al sacar las llaves se salió y cayó.

Prendí mi auto y me fui camino al pueblo, iría al banco y luego a comprar alguna cosa de comida para la semana, además de lo que se me fuera ocurriendo que me haría falta.

-buenos días Sra. Eugenia, tenia días de no verla- me saludo con mucho cariño el señor que vende empanaditas en la esquina donde suelo parquear mi carro e irme a pie para hacer mis diligencias.
-buenos días don Carlos, ¿como amanece? Me da por favor una empanadita y un café bien calientito, a ver si se me pasa este frío que ando desde hace unos días.

Después de intercambiarnos unas cuantas palabras, seguí mi camino hacia el banco, donde cada semana iba para retirar dinero sobre mi cheque de pensión. Había poca gente, saludé a todos, y me dirigí a la única ventanilla dispuesta al público.

- buenos días Marlenita, ¿como está la familia?

- ¡Sra. Eugenia! ¡Tenia días de no pasar por acá! ¿Desea retirar una semana de dinero o las dos que tiene pendiente? Me preguntó amablemente.

Y aunque no comprendí mucho la pregunta, contesté inmediatamente: - dame una semana, gracias.

Tomé el dinero y me fui casi corriendo, sentí que algo estaba pasando. Crucé la calle y ya pensativa y silenciosa, fui al supermercado e hice mis compras.

Regresé al auto, acomodé como pude las compras y me fui rápidamente. Estuve manejando cerca de 45 minutos, sin rumbo fijo, como atolondrada, y casi sin darme cuenta, di una vuelta y me encontré regresando al pueblo, tenia que averiguar por que tenia aquel dinero acumulado si todas las semanas religiosamente yo retiraba mi pensión. Algo no concordaba, pues yo me encontraba sola en este lugar, y no concebía en mi mente la posibilidad de que algún familiar me fuera a depositar dinero en mi cuenta.

Con algo de intranquilidad, entré nuevamente al banco, esta vez ya se encontraba el director
-mucho mejor-pensé.

- ¿como esta Sr. Suarez?, cuando gusto encontrarlo hoy- me decidí hablar.

- el gusto es mío Sra. Eugenia, ya tenia cerca de un mes de no venir a nuestro banco, ¿estuvo de vacaciones donde algún familiar, salió del pueblo? Casualmente hace dos días pregunté por usted al muchacho de la gasolinera y me dijo que no la había visto desde hacia algún tiempo. Aunque no lo crea, llegué a preocuparme por usted, así que me alegra muchísimo verla de nuevo.

- Gracias por su preocupación, Sr. Suarez. Le voy a pedir un favor, un inmenso favor, dejé mi teléfono en la casa, ¿usted pudiera hacer un pedido de un arreglo de flores y que me la envíen a mi casa? Se lo agradeceré eternamente.

Dichas estas palabras salí como pude, creí que iba a desmayarme, me sentí muy mal, pero mis pasos no me fallaron, caminé, caminé, y en menos de dos minutos, estaba tras el volante de nuevo, esta vez me dirigí directamente a mi casa, manejé sin saber por donde iba, manejé como hipnotizada, creo que no estaba pensando, cuando me di cuenta, ya estaba frente a mi casa, me bajé casi corriendo, subí los cuatro escalones que me llevarían al portal de mi hogar, me sentí confortable, como aliviada, tranquila, miré al piso y vi de nuevo el pañuelito de mi madre, lo recogí, me asomé por la ventana antes de abrir la puerta (lo cual no tuve necesidad de hacer). Allí estaba yo, sentada en aquel butacón, con un libro sobre mis piernas, con la cabeza hacia atrás, como durmiendo, una copa de coñac rota en el piso. Estaba muerta. Y yo, yo era la “Sombra”.

Mery Larrinua

lunes 23 de noviembre de 2009

MIEDO

Mamá, tengo miedo…

Esas palabras siempre le paralizaban cuando su hija las gritaba desde el cuarto…

¿Miedo?

Recordaba bien el miedo…

…/…



Siempre esperaba un buen rato… cuando ya el sueño comenzaba a rondarle, haciendo pesados sus párpados, entonces sucedía…

La puerta, suave se abría, sin un quejido.
Como un cómplice inerte.

Fríos e impasibles, los muñecos de la pared, los libros de cuentos, las barras de plastilina y el estuche del colegio observaban desde su sitio, en silencio…
Hasta las flores de su diadema alcanzaban a ver lo mismo cada noche y reprimían las lágrimas junto a esa niña de piel suave y mirada adulta.
Mirada guardiana de mil dolores, de mil llantos amargos.
Dulce y lejana se perdía atravesando las paredes…

Él venía con un vaso de agua, como la excusa perfecta.

¿Cómo está hoy mi niña…?

Cada día igual. Aquel lobo nunca saciaba su hambre.

Ni una noche sin agua, ni una noche sin visita…

Y su niña, se quedaba inmóvil, aterrada.

Su piel ya se preparaba para su sucio aliento, tan caliente... Y sus ojitos automáticamente se cerraban...

“Si no lo veo, no existe. Si no lo veo, no está” se decía…

Suerte ser una niña lista. Con su imaginación se marchaba de su camita de flores y ositos amables, siempre al mismo lugar:
Un hermoso prado lleno de amapolas rojas que salpicaban como cerezas un suelo verde, alfombrado.
Allí corría y, tumbada en el suelo, podía ver hermosas formas en las nubes que el viento mecía y modelaba caprichosas…

Un columpio verde colgaba de un anciano y amable árbol y, a veces, se subía, se columpiaba, sintiendo un suave y perfumado viento en su rostro…
Arriba, arriba… más arriba, por favor.

De vez en cuando, papá le hacía volver
¡Date la vuelta!
Y sabía que ahora dolería… siempre dolía… y corría de nuevo al prado, deprisa, deprisa…

Tengo sueño papá…

Los sollozos no dejaban de acudir a su garganta.
Dolía tanto que, a veces, creía que no podría respirar… y a veces deseó no hacerlo nunca más…
Tenía que aprender a controlar esos sollozos, a papá no le gustaban…
Y cuando se enfadaba, siempre encendía un cigarrillo y hacía dibujos en sus pies, para calmarse…

No solloces, por favor, no lo hagas…

Claro, verás qué bien lo vamos a pasar, luego podrás dormir… Mi niña tiene que ser buena o sino… papi se enfadará con ella.
Y tú no quieres eso ¿Verdad?


No, papi no quiero, por favor. Seré buena.

Y volvía al prado, a esperar con las hermosas nubes… a que el lobo se vaciara de ese veneno que cada noche le volvía loco…

¿Miedo?
Si,
tuve tanto miedo...
no de morir, sino de seguir viviendo…

Natacha

sábado 21 de noviembre de 2009

INSEGURIDAD

-¡Quieta! Ni se te ocurra moverte… -le susurró él al oído.

Los dedos helados del escalofrío le recorrieron la columna vertebral, y un vértigo extremo se apoderó de la mente de Graciela.

Él encendió un cigarrillo lentamente, mientras disfrutaba del miedo que exudaba su presa. Gotas perladas de sudor empezaban a formarse en sus sienes, y los vellos suaves de su nuca comenzaban a erizarse.

-Ahora vas a abrir la caja con total normalidad, y me vas a dar el dinero. Un solo movimiento extraño… y no contás el cuento…

Graciela no comprendía cómo el ladrón había entrado, ni por qué estaba detrás de ella, ni qué le pasaría… el temor que sentía era tan grande que quería que cediese ya. Por ventura, estaba sola en su local comercial. Sus hijos ya habían salido para la escuela, había pocos clientes rondando en la calle…

Su boca se había secado, no podía pronunciar un solo balbuceo, pero allí estaba tratando de no parecer torpe para no delatar su terror. Abrió la caja registradora y sacó los billetes rápidamente, mientras él continuaba pegado a su oreja susurrándole.

-Buena chica.

El ladrón parecía no tener apuro alguno. Continuaba exhalando el humo con total lentitud, demostrando un dominio excesivamente fuerte. A ella le transpiraban las manos de un modo atroz, tanto que las gotas regaban el piso de madera formando charcos oscuros que paulatinamente iban desapareciendo, absorbidos…

-No hay más dinero- se atrevió a decir ella.

-Shhhhhh! silencio, linda chica. Tengo mucho tiempo…

-Váyase, por favor, en cualquier momento puede entrar alguien. Ya tiene lo que quería…

-¿De verdad, muñeca? Me estás subestimando…

Graciela comprendió que la situación era más grave de lo que aparentaba. Y que aquél no era un loco cualquiera, que estaba en pleno imperio de sus facultades y que además no era un vulgar ladrón. “¡Dios, ayudame!”, rogó en su mente, pero su cabeza ya giraba en un torbellino descontrolado…

Parecía que la cordura se había ausentado, porque sus ideas se agolpaban sin concierto, abrumándola y paralizándola. La habitación giraba alrededor de ella, y en un momento más un telón blanco cayó sobre toda la escena, nublándolo todo, alejándola de aquella realidad.

Cuando recuperó la conciencia, se encontraba en un lugar desconocido. Penumbras, una cortina apenas corrida, silencio, quietud. Una cama antigua con barrotes de hierro, sobre la que se incorporó, acompañada por los crujidos de resortes herrumbrados.

Con un impulso repentino, se levantó de la cama, mirando por la ventana hacia afuera. El día estaba cubierto por nubes grises, cuyas pinceladas asimétricas le conferían una triste belleza. “¿Dónde estoy?” pensó con aflicción, y el temor la invadió nuevamente... Entonces comenzó a recordar al ladrón, a quien nunca le había visto el rostro, pero sí había sentido su voz grabada en susurros a su oído. “¿Qué me pasó, Dios? Estoy viva… ¿y mis hijos? ¿dónde estoy?”. Sin darse cuenta, había hablado en voz alta.

-Tranquila, Graciela. Todo está bien. Estás en mi casa…- Era su vecino Joaquín quien le hablaba. Se acercó a ella y trató de transmitirle calma, de serenarla. –Te cuento…-acercó un sillón y la invitó a sentarse. Notó que ella todavía temblaba.


-Parece que te desmayaste…, caíste sobre una mesita que tenía una lámpara… esa lámpara era sumamente pesada, y se rompió en mil pedazos… Yo lo escuché, fue casi como una explosión… y corrí a ver qué había pasado. Por suerte en ese momento no había tanta gente rondando, no había tanto bullicio en la calle, por eso lo oí... Entré enseguida y te encontré desmayada sobre el piso, rodeada de los pedazos de tu lámpara, pero sin cortaduras.

-¿Lo atraparon?

-¿A quién…? Estabas sola cuando llegué… pensé que te había dado un ataque…

-¡Y no pude verle la cara…! –la voz de Graciela expresaba preocupación. -¿Y si vuelve? Me dijo que no había terminado conmigo, me dijo que tenía mucho tiempo, me dijo… -hablaba atropelladamente.

-Tranquila, tranquila, muñeca…, tranquila, preciosa… -le decía Joaquín con un tono que pretendía ser sedante. ¡ESA VOZ…!, “¡NOOOOO…!!!”, gritó la mente aterrada de Graciela, abriendo sus ojos desmesuradamente, incrédulamente… “¡NO puede ser…!!! ¡¿Me estaré volviendo loca…?!?!”



Patricia.

jueves 19 de noviembre de 2009

CALLADA

Así permanecía durante largas horas, contemplando el paisaje más allá de los cristales sucios de su habitación. Una oleada de sentimientos se le anudaban en la garganta, hasta el punto de hacerla sentir náuseas.
Marchaba entonces lentamente hasta el aseo, y dejaba caer el agua en la bañera. Era el momento de sucumbir en el abrazo acuoso durante un tiempo limitado, en el que la frialdad del agua, la hacía retroceder a esas cuatro paredes asfixiantes en las que se podría decir que vivía…y soportarlas…
No recordaba bien, el momento exacto en el que hizo de aquel habitáculo, su mundo. Sólo recordaba vagamente, la imperiosa necesidad de encerrarse, de alejarse de algo que la aterraba…
Pero…¿de qué se trataba?. Eso era mucho pensar.
Ráfagas de odio, cruzaban bamboleantes por los intrincados caminos de su cerebro. Y luego venía esa sensación opresora y terrible, que identificó como miedo.
Era un miedo visceral, horrible, tortuoso.
Pero…¿a qué?
No lo recordaba. O no quería hacerlo.
Decían que su amnesia, era selectiva y voluntaria, y que con la medicación y el cuidado que allí le proporcionaban, acabaría por recordar y tomar de nuevo las riendas de su vida.
¿En verdad deseaba hacerlo?
Se lo preguntaron en más de una ocasión, y ella tras meditarlo a la ligera, asentía calladamente. Más luego, a solas en su universo individual, acompañada de aquella cama de blancas sábanas, de aquellos dos cuadros de lánguidos paisajes, y de aquella mesita iluminada por la tenue luz de una triste bombilla…
Las visitas…las justas. Y dolorosas. Aquel que decía ser su esposo, aquellos que decían ser sus padres, aquellas miradas compasivas y las sonrisas forzadas…
Todo le indicaba, que el exterior, no le sería muy agradable…
El artefacto apareció de forma misteriosa en su cuarto. Lo vio al despertarse, tras pasar de nuevo una noche agitada, donde ruidos ensordecedores y llantos, la hacían temblar descontroladamente. Alguien lo había colocado justo a los pies de su cama. Situado en una mesita con ruedas, tenía a su lado un mando con el que darle vida.
Se sabía vigilada. Cualquier reacción, sería anotada por manos eficientes. Trató de ser valiente y demostrar, que ese miedo irracional, se iba alejando de ella al fin.
Tomó el mando con manos temblorosas… Un botón. Un solo botón la separaban del mundo real, del imaginario y sosegado que habitaba…
Un chasquido. Imágenes desoladoras aparecieron ante sus asombrados ojos.
-Y con estas escabrosas imágenes, nos despedimos de ustedes hasta mañana, decía el presentador del telediario.
Un grito de horror se pudo escuchar por todos los rincones. Un chillido desgarrado proveniente de su garganta, que fue capaz de nublarle los sentidos hasta hacerla caer en el pozo de la inconsciencia.
En aquel abismo de oscuridad en el que se había sumergido tras el impacto visual, su cerebro abigarrado, no hacía sino mostrarle cuerpos mutilados, sangre llenándolo todo, gentes gritando mientras sorbían lágrimas a raudales. Niños desamparados, cuyas caras mojadas y sucias mostraban bien a las claras, el terror que sentían…
La guerra. Eso es lo que trataba de olvidar, de dejar relegado al olvido.
Ya había acabado, le decían. ¿Y qué? se decía ella misma. ¿Y si estalla otra? ¿y las muchas que perviven aún?
El mundo estaba loco. No ella.
Ella…
Sólo sentía miedo…

Marinel.

martes 17 de noviembre de 2009

A MI MUERTA LE GUSTA VIAJAR

Lucía se bajó del tren y se quedo quieta esperando hasta que el tren desapareció de su vista, miró el reloj ,las 3.30 de la madrugada , la estación estaba desierta , hacia frío y se subió el cuello de la chamarra pensando en que solo le quedaban cuatro horas para irse a su casa a dormir.

La noche de vigilante en una estación es larga, sobre todo en Enero, cuando los trenes viajan sin gente y el único aliciente es acabar el turno cuanto antes. Al lado de la estación hay un pequeño parque donde en verano se reúnen los chavales por la noche, pero en invierno los viejos árboles cuando sopla el viento hacen un ruido que te encoje el alma.

Lucía pensó que tenía demasiada imaginación, que la estación era segura y que lo mejor era dar una vuelta por los andenes para asegurarse de que todo estaba bien . Un nuevo tren paró en el andén y Lucía miró hacia él y saludó al conductor, era la señal de que la noche pasaba sin novedades .
Por unos segundos le pareció ver unas sombras que subían las escaleras de salida hacia la calle. Cogió el ascensor para llegar antes que ellos , pero en el vestíbulo no había nadie – Me habrá engañado la luz, pensó – en ese mismo momento sintió unas frías manos en los tobillos que le hicieron caer al suelo de un tirón, se revolvió como pudo y consiguió darle unos cuantos golpes a ese animal al que no podía ver la cara por lo rápido del suceso, cayeron rodando los dos por las escaleras , hasta las vías del tren, en ese momento se unió a la pelea otro tipo, que sacando una navaja del bolsillo, se la incrusto en el estómago a Lucía ...ella sintió un calor casi agradable que la paralizaba , un pequeño río de sangre manaba sin parar mientras el tiempo dejaba de existir; Lucía se resistió a los golpes y pudo quitarles la navaja a los intrusos, a uno le pilló de perfil cortándole la mejilla, y al otro le pudo clavar la navaja en la rodilla antes de morir.

Minutos más tarde el tren de vuelta vio el cadáver de Lucía tirado entre los raíles y desde el puesto de mando encendieron las luces de toda la estación. La policía buscó por los alrededores alguna pista de los asesinos, algún indició que pudiese aclarar lo que pasó aquella noche, pero fue en vano, durante muchas noches la policía vigiló todas las estaciones pero no pasó nada.

Y llegó el siguiente invierno ….y una noche de Enero dos hombres viajaban en el tren sin darse cuenta que alguien viajaba a su lado, rozando casi sus nucas, con el estómago por fuera del cuerpo manando un hilo de sangre, y sonriendo, sabiendo que aquel sería el último viaje de sus asesinos ….el frío se apoderó de los huesos de los viajeros, y el terror de su alma cuando reconocieron la sombra de Lucía .
Un dolor espantoso se apoderó de sus gargantas cuando quisieron gritar , y no consiguieron articular ni una sola palabra, sus gargantas fueron seccionadas de un solo tajo, y sus cuerpos tirados en el andén de la estación, ya sin vida.
Cuando llego la policía la pregunta era un clamor ¿Qué habrán visto estos pobres hombres antes de morir, para tener esa cara de espanto?

Lucía , comprendió que había terminado su turno, y ya era hora de ir a dormir.

Los periódicos sensacionalistas dieron repercusión a la noticia, y encontraron coincidencias entre los dos casos; La seguridad del tren se apresuró a desmentir cualquier coincidencia , pero corrió como la pólvora la idea de que Lucia, la vigilante del tren, dejó su alma para siempre en los vagones, incluso hay quien dice que en las noches de invierno se puede ver su rostro sonriendo
reflejado en el vapor de los cristales ¿Será posible dejar el alma aquí antes de morir ? ... ¡Quién sabe!



21 gramos de alma

domingo 15 de noviembre de 2009

EL ÁRBOL DE LOS COLGADOS


Agotados de tanto jugar y correr en el patio de una casa de campo, dos niños buscan reposo a la sombra de un árbol que los resguardará del insoportable calor de mediodía. Salpicada de verdores que se esparcen aquí y allá, la tierra se alarga interminablemente bajo un despejado cielo azul. A la distancia se vislumbra una modesta carretera, que es la única vía de acceso a este pueblo mexicano. Cada cinco minutos, de acuerdo a las ociosas estimaciones de Gabriel, los tráilers atraviesan el horizonte y levantan una cortina de oro que forma volutas caprichosas.

Sobre las piernas de Andrés, un perro de nombre Goliat recarga su cabeza y descansa indolente mientras su amo acaricia su pelo lacio con la mano derecha. El perro es un distinguido camarada, el fiel compañero que no lo ha delatado ni abandonado nunca; su lealtad incluso lo salvó de la muerte. Yendo de paseo por La Vereda Prohibida, entre los matorrales una serpiente les salió al paso, preparada para el ataque se irguió amenazadora e hizo sonar un cascabel, mostró unos colmillos agudos y mortales pero “Goliat se arrojó sobre ella, la víbora tuvo miedo y a toda prisa se escondió en un arbusto”.

El lomo del Goliat se contrae y expande al compás de su respiración.

Gabriel se quedó pensativo, un recuerdo frío y oscuro acaparó su memoria y finalmente se resolvió a decir:

-Pues a mí me atemorizan los fantasmas... ¿Has visto fantasmas? –hizo esta pregunta cual si esperase recibir una respuesta satisfactoria que lo librara de parecer un lunático, mas sin esperar a que Andrés replicase cosa alguna, repitió cuanto escuchara en una charla de sobremesa-:

-En la época de la revolución tres bandidos aterrorizaban al pueblo. Dicen los viejos que robaban mujeres y asesinaban niños, todos huían sólo verlos. La última noche quemaron una hacienda

–Gabriel apuntó con su dedo a un muro derruido-, creo que la quemaron porque no les gustaba la gente rica. Un contingente de soldados que seguía sus huellas acudió al lugar cuando ascendió la humareda y dieron alcance a los forajidos. Para que no volvieran a cometer sus fechorías los colgaron de aquella rama.

De repente Goliat bostezó e incorporándose caminó hacia Andrés, quien giró los ojos hacia la sólida rama que sobresalía del árbol -¡Qué tontería! ¿tú cómo sabes todo eso? –deseaba conocer simultáneamente qué relación existía entre aquella historia y los fantasmas. Gabriel no le oyó.
-Fue hace mucho tiempo, mi abuela se lo contó a mi madre y de algún modo debió ser así porque -hizo una larga pausa y continuó-: cuando hay luna llena veo a los colgados, bajo el rumor de las hojas danzan con el viento.

Esto lo sabe Marta, la abuela de Gabriel. Una tarde la anciana tomaba el fresco sentada sobre una silla de mimbre. Entregándose a reflexiones que le producían aflicción, repasaba en su mente el triste funeral de cierta sobrina que falleció en la flor de la vida. A los pies del árbol cavaron una fosa y el ataúd se hundió lenta, muy lentamente: el corazón de Marta se comprimió al caer las paladas de tierra sobre aquel destino truncado que desapareció emitiendo un ruido sordo.

Una semana más tarde, Marta pensaba de nuevo en lo sucedido, y mientras tanto hacía fue sacada de sus cavilaciones al mirar a su sobrina colgando del árbol; unos ojos vidriosos se sumían en el rostro pálido y una melena de cabellos negros relucía bajo el sol, ¡igual que el día en que la encontraron muerta! Marta se puso fría, su sangre latió muy fuerte y harto agitada se paró con trabajos de su silla. La sobrina difunta, si es que era, en efecto, su sobrina, se quitó la soga del cuello, bajó de un salto del árbol y llevando sobre sus labios resecos una mueca de dolor caminó hacia Marta. ¡Ay, la pobre de Marta no podía mover sus piernas bastante rápido! Por un segundo la difunta se detuvo e hizo un gesto para que la siguiera, pero un segundo después reemprendió la marcha. Marta corrió tan rápido como pudo hasta llegar a la casa de su vecina, ¡al fin!, se dijo. Golpeó desesperadamente la puerta, jadeaba, gritaba y suplicaba, ¡ojalá que alguien esté allí! Para cerciorarse de que no era un sueño giró la cabeza detrás de sus hombros: a dos pasos de distancia la difunta extendía sus gélidos brazos para estrecharla, en ese preciso momento Marta oyó una voz conocida que la llamaba por su nombre y la horrible figura desapareció cual una sombra en el viento.

Andrés imaginó tres figuras recortadas en el horizonte a la luz de la luna, después evocó el silbido de la serpiente y al sentir las escamas del reptil subir por su espalda se alejó un poco del árbol.
Una bandada de pájaros barrió el cielo cual una nube de flechas.

-Ellos no pueden hacernos daño–dijo Andrés -. Están muertos.

-Tienes razón –digo Gabriel, destapando una gaseosa-.

Cuando el calor disminuyó, olvidándose de historias extrañas, los dos amigos y Goliat fueron a comprar golosinas.

Carlos (Hiletrados Creativos)

viernes 13 de noviembre de 2009

LA SOMBRA

Un explorador decidió un día ir a la selva para, como dice su oficio, explorar.

Éste se llamaba Philip. Era famoso por sus reportajes, sobre todo tipo de lugares, hasta en Egipto era famoso.
Cuando estuvo éste en la selva junto con su grupo se separó de ellos y llegó a una extensa llanura. Ese lugar era extraño pues estaba repleto de gigantescos huesos de todo tipo de animales. Parecían incluso huesos de dinosaurios. Entonces recordó una historia selvática sobre un lugar sagrado en una llanura llena de arena en la que había millones de huesos gigantescos y en la que no se debía entrar bajo ningún concepto por que caería sobre esa persona una maldición que lo mataría finalmente.

Pero Philip hizo caso omiso de aquella historia pues se dijo:

- Las historias son historias. Nunca existieron y solo son invenciones para asustar a los niños.
Se adentró en la llanura y, de pronto, apareció un rinoceronte que intento envestir contra él, pero Philip usó su cuchillo y se lo clavó en el cuello; el animal murió tras unos segundos después de clavárselo.

Una mujer muy bella cuyo vestido era del color de las plumas de un pavo real apareció y se acercó a él:

- Has cometido un grave error tras haber entrado en este territorio sagrado de los animales y haber matado a uno de ellos.

La mujer se acercó al rinoceronte, lo tocó y... sorpresa, el rinoceronte volvió a la vida. Luego se acercó a Philip y metió la mano en el interior de su cuerpo. Sacó una extraña sombra pero con vida cuya textura se parecía a la del petróleo.

- Humano, te condeno a una vida de inquietud por esta sombra. Será mejor que corras aunque nunca estarás a salvo de ella.

Una inquietud se apoderó de Philip así que corrió y corrió pero la sombra le seguía hasta que consiguió despistarla.

Se fue directo al río pero la sombra estaba delante de él y le impedía el paso. Salió corriendo dejando tras él a su grupo. Su grupo no supo que le sucedía pero lo comprendieron al ver esa extraña sombra que le seguía. Fueron tras él para ayudarle pero el corría y corría y nunca lo alcanzaban.

Philip llegó a pueblo y subió al lugar más alto del pueblo, la torre del campanario. Cerró todas las puertas que había tras él con llave.

Pero no hubo de hacer eso pues la sombra podía ir por cualquier lugar, incluyendo una pared.

Philip, ya casi loco, intentó abrir las puertas con la llave pero la sombra era más rápida que él. La sombra entró en su interior y Philip sintió unos grandes dolores en su estómago. La sombra le devoraba el estómago poco a poco y luego el corazón hasta que desapareció por completo.

NO IGNORÉIS NUNCA LAS HISTORIAS POR SI ACASO RESULTAN CIERTAS

Rocío.

miércoles 11 de noviembre de 2009

LA CAVERNA MALDITA


La oscuridad pesaba como un manto de rocas malolientes.

Las pupilas negras del cazador ocupaban la totalidad de sus lagrimosos ojos. No era la primera vez que se enfrentaba a la criatura, pero el miedo aún le seguía paralizando el aliento.
El silencio era atronador.

Su corazón parecía galopar desbocado por un inmenso vacío negro profundo. Sabía que la criatura se ocultaba cerca; podía oler su hedor nauseabundo; presentía su mirada pétrea clavada en su nuca... siempre en su nuca.

Aún le ardía la pantorrilla derecha, como vestigio intimidador de su anterior enfrentamiento, aquella otra noche pasada de valor encendido, que acabó con sus huesos tendidos en la húmeda arena de la caverna maldita.

Pero en esta otra ocasión no podía permitir que volviera a sorprenderlo, no debía hacerlo. El futuro de la humanidad estaba en juego, además de su orgullo; quizá éste más importante aún. Y el cazador lo sabía.

Por eso se mantenía agazapado, acechante, mirando a cada lado, sin ver absolutamente nada. De su mente no podía apartar la imagen de unos dientes sanguinolentos, afilados, bajo una mirada de fuego que le atravesaba el corazón y le hacía temblar hasta el último de sus pelos. La imagen del ser más despreciable y salvaje que pudiera concebirse desde el inframundo, el único lugar capaz de engendrar una criatura de semejante maldad.

El hedor iba en aumento. Al igual que el terror que le envolvía.

El inquietante momento del choque final se acercaba; lo intuía... lo temía.

De repente, un roce inesperado en el costado le obligó a girarse, dando un respingo sobresaltado y torpe, blandiendo su arma acerada a diestro y siniestro, sin el menor atisbo de éxito en la embestida.

Algo le atenazaba el brazo ejecutor.

El cazador intentó zafarse de su opresor, pero, en su apresurada huída, tan sólo consiguió trastabillar con la masa informe que le rodeaba y oprimía, cayendo irremediablemente al frío suelo.

En ese mismo instante, presa del horror de verse vencido y al borde de la más temida de las muertes, en espera de la dentellada final, una luz poderosa y cegadora emergió de la nada, enfundándolo en un estado de confusión y perplejidad absoluta.

Al mismo tiempo, surgiendo de la profundidad cavernosa, envolviendo la luz, el miedo e incluso a la misma criatura que aún lo aferraba con furia, un grito espeluznante acabó con las escasas esperanzas que le quedaban de salvar su integridad:

“¡¡¡Pedrito, te tengo dicho que no juegues a oscuras en el dormitorio!!! ¿Otra vez quieres hacerte daño en la pierna con la cómoda? Y se puede saber qué demonios haces en el suelo enredado en la cortina. A tu padre vas ahora mismo.

Venga, que ya está la cena puesta.”

“Sí, mamá” —dijo el cazador, derrotado y cabizbajo, al tiempo que se levantaba y se dirigía hacia la puerta.

Pero justo antes de salir, tras darle al interruptor que apagaba la luz, no pudo reprimir una mirada huidiza hacia el insondable abismo que dejaba atrás, y que era cruzado a la velocidad del rayo por una sonrisa hueca y malvada, y un par de puntos de fuego luminosos al fondo del todo le recordaban que tenían una cuenta pendiente.

Esa noche volverían las pesadillas.

Pedro Estudillo

lunes 9 de noviembre de 2009

ATRAPADA

Con un leve esfuerzo una bocanada de aire entra por mi garganta, lo noto caliente al pasar por mi garganta, y como si me quemara y explotara en los pulmones, noto el palpitar de mi corazón el la sien, en mi reseca garganta, en el pecho, gotas de sudor resbalan por mi frente, es que como si me olvidara de respirar, otra bocanada fuerte entra por mi boca, mis manos tiemblan, mis oídos se taponan, intento mantener la calma, apoyo mi cuerpo contra la puerta cerrada, intento pausar mi respiración, frenar el frenesí violento de mi corazón.

-PAM- un golpe seco suena tras la puerta en la que estoy.

Me estremezco de terror.

Intenta abrir la puerta, la empuja y yo hago presión para que no lo consiga, empujo con todas mis fuerzas, pongo las manos sobre la pared para hacer más presión, pero poco a poco mis pies resbalan por el suelo y la puerta cede.

De repente para, no me lo pienso dos veces, abro la puerta y echo a correr, corro con todas mis fuerzas, oigo como me persigue, le oigo que esta detrás de mi.

Todo el mundo me lo había avisado, todo el mundo me había dicho que tuviera cuidado, yo nunca les creí.

Note algo frío, como si estuviera húmedo, me rozo el hombro, intente correr aún mas deprisa, algo me aferro por los hombros, forcejee con el, chillaba, daba patadas, puñetazos, luchaba por intentar soltarme, sus brazos me rodearon con una fuerza infrahumana, me empujaban hacia el suelo.

Caigo de rodillas, dejo de luchar, agacho la cabeza, respiro entrecortadamente, los brazos que me rodean aflojan la presión.

-no podrás conmigo- digo entre dientes.

- ja, ja, ja, ja.- ríe.

Me suelta pero yo ya no tengo fuerzas para seguir luchando, se pone delante de mi, me agarra con el pulgar la barbilla y me gira la cabeza hacia arriba, cuando le veo el rostro, una lágrima resbala por mi mejilla.

-No, por favor, no, suplico.

Tarde. ¿No crees?

Cierro los ojos. Asumo el final.


ESTOY CONTAGIADA DE GRIPE A.

Camino.

sábado 7 de noviembre de 2009

A UNA MUJER MUERTA


“Al excelente espíritu de Ankhiry:

Quiero que sepas, Ankhiry, tú que fuiste mi esposa, que yo, Ahmosis, capitán de los arqueros del faraón, nunca cometí ningún crimen contra ti… Todas las noches, sin embargo, estoy sumergido en el miedo que me produce contemplar, horrorizado, como tu espíritu se manifiesta ante mi corazón. Los estremecimientos que me produces, desde hace muchos meses, impiden que Ahmosis pueda dormir. No se porqué has decidido que el miedo sea el señor de mi cuerpo… ¿Qué falta cometí para que cada noche me acose tu espíritu?, ¿qué es lo que hice para quedar esclavo de ese temor que tú, la mujer a la que tanto amé, me produces cada noche?

Quiero que sepas que yo, Ahmosis, siempre te traté del modo en que un oficial del faraón debe tratar a su esposa… Solo una vez me aleje de ti. Fue cuando nuestro rey me ordenó viajar a la Tierra del Horizonte. Su Majestad deseaba que Ahmosis trajera de aquel país lejano una Mujer Belluda y un Hombre Niño… Cuando regresé supe que Ankhiry ya no vivía en la Tierra Negra… Tu espíritu se había ido al Reino de los Muertos. Sabes que lloré por ti y que hice todo lo que un oficial del rey debe hacer por su esposa muerta.

Sabes también que antes de ese viaje a la Tierra del Horizonte, del que regresé con riquezas y esclavos, siempre te traté como una mujer debe ser tratada. Nunca permití que tu corazón sufriera. Siempre quise que estuvieras a mi lado. Nada te oculté en los días de tu vida. No consentí que sufrieras dolor alguno. Nunca me acusaste de que te sintieras desatendida. Nunca te traté como si yo fuera un campesino que entra en una casa extraña y desconoce como debe comportarse. Sabes que repartí entre tu cuerpo y el de nuestra amada esclava Gilukhipa mis deseos sexuales, tal y como debe actuar un oficial del faraón. Ahmosis siempre quiso complacer tanto a su esposa como a la Mujer de Ojos Ardientes a la que hizo esclava tras derrotar a los Hombres de las Arenas. Bien sabes que nunca entré en la noche en los cuartos de tus hermanas. Sabes también, Ankhiry, que nunca dejé que te faltaran tus ungüentos, tus provisiones y tus ropas. Nunca me desentendí de ti. Siempre dije a los hombres: “Ella está aquí y Ahmosis cuida de ella”.

Pero, mira, Ankhiry, no sabes apreciar el bien que hice contigo. Desde que supe de tu muerte ordené que todas las cosas buenas estuvieran en tu Casa de Eternidad. Nunca han faltado en tu tumba las ofrendas de carne, cebada y espelta. Todo lo que un oficial del rey debe hacer por su esposa muerta lo ha hecho Ahmosis por Ankhiry. Sabes también que hice que Gilukhipa, la “Mujer de las Arenas”, llorase también tu ausencia.

¿Porqué, entonces, no eres capaz de distinguir el bien del mal?, ¿porqué tu espíritu se manifiesta todas las noches y me produce miedos intensos?, ¿porqué no dejas que mi cuerpo descanse por las noches?. Mira, Ankhiry, he escrito esta carta, que voy a depositar en tu Casa de Eternidad, para que sepas que he decidido emplazarte ante el Tribunal de la Enéada de dioses. Ra y los grandes dioses sabrán que Ahmosis, capitán de los arqueros del faraón, está siendo atormentado por tu excelente espíritu. Ellos serán, cuando sepan que el miedo invade mi corazón, los que decidirán que es lo que se tiene que hacer.”

Nota del traductor

Esta documentado que los antiguos egipcios, en ciertas ocasiones, no dudaban en escribir cartas a los muertos. La carta que nos ocupa habría sido depositada junto con algunas ofrendas en la tumba de su esposa por un viudo atormentado por el excelente espíritu de ella. En el texto el hombre hace saber a la difunta que va a denunciarla ante el Tribunal de los dioses.

Deseando profundizar en esta inquietante cuestión, Antiqva no dudó en consultar los archivos de la Casa de la Vida del templo de Amón en Tebas. Al poco, tuvo la suerte inmensa de encontrar en un antiguo papiro el reflejo de las actas de ese juicio celestial. Un escriba Ágil de dedos se había encargado, hace miles de años, de reproducir lo que Ankhiry había argumentado en el proceso y lo que, finalmente, los dioses habían establecido conforme a Maat. Supo así Antiqva que lo que la difunta reprochaba a su esposo era que cuando ella murió su cuerpo había sido momificado y se le había practicado la magia de la Apertura de la Boca. Luego se había depositado su momia en la Casa de Eternidad, pero nadie se había ocupado de realizar el ritual de las Cuatro Antorchas de Glorificación, a través del cual la Luz divina de Ra tendría que haber iluminado al espíritu de Ankhiry cuando este, en la noche, estaba atravesando el Inframundo de Osiris en busca del Reino Celeste de Ra.

Sin la luz de Horus que emiten las antorchas y sin las palabras mágicas de los rituales, Ankhiry había quedado atrapada en el Reino de la Noche y por eso, una y otra vez, su espíritu, lleno de terror y angustia, se manifestaba ante su viudo, solicitando su auxilio. Lo que ocurre, seguro que todos lo sabéis, es que los muertos no son capaces de traducir a los vivos, en palabras, lo que desean. Ese fue el motivo de que Ahmosis, tras las continuas apariciones del espíritu de la difunta, hubiera estado a punto de enloquecer de miedo.


Nota final

Debe Antiqva dejar constancia de que todo lo que el lector ha leído es una mera fabulación. Sin embargo, en el Papiro Leyden 371 se ha conservado el texto de una carta real que un viudo dirigía a su esposa muerta, llamada precisamente Ankhiry, nombre que hemos querido mantener en nuestro cuento. Parece que el papiro se encontró enrollado en torno a una figurita femenina en la tumba de la mujer.

Digamos, finalmente, que Antiqva ha sabido que una vez que se realizaron los rituales de las Cuatro Antorchas de Glorificación, tal y como están establecidos en el capítulo 137 del “Libro de los Muertos”, Ankhiry cesó de manifestarse a su atormentado esposo. Desde entonces, en el Cielo, luce una estrella más.


ANTIQVA

jueves 5 de noviembre de 2009

MI QUIMERA

Ganas fuerza, coraje y confianza por cada experiencia en la que realmente dejas de mirar al miedo a la cara. Te puedes decir a ti mismo: 'He sobrevivido a este horror y podré enfrentarme a cualquier cosa que venga'. (Eleanor Roosevelt).


Cuando me vi frente al dragón, me temblaban hasta las entendederas, mas cuando lo tuve frente a frente, a través de su mirada maligna pude observar una pequeña luz, quizás reflejo del fuego que nos separaba, y que él había prendido para mostrarme su poder.


Entonces le hablé, si bien no sabría decir cuál de sus cabezas era la que me escuchaba. Siete pude contar, aunque no dejaban de moverse y mi concentración estaba más en mi espada, levantada en mi defensa, por si acaso me atacaba.



- "Atrás... yo no te he hecho nada¡¡¡."



De pronto sentí que el dragón y yo eramos uno, quizás por la magia del fuego que entre nosotros ardía, por la transmutación que en sí las llamas representaran.


Su voz sin palabras resonaba en mis oídos, como eco de una poesía que yo antaño escribiera:



“Has de saber una cosa, cuando creces te transformas

pero la guerrera esencia , esa no se disocia.


Sácale brillo a tu espada, y toma este escudo dorado.

Cuando con ello te ornes sabrás admitir estos cambios.



Sal al camino sinuoso, atenta mirada en la espera

que por ahí llega la sombra luchando por ser la Quimera.


Mírala fija a los ojos y aguarda el embate que busca

y cuando la tizona alces, que tu fuerza se traduzca¡¡¡




Entonces te reconocí, Quimera, con tus ojos destilando el miedo que a mi espada le tenías... luego el miedo era mutuo, igual que el respeto.


Y mi fuerza se tradujo... bajé la espada y extendí mi mano para que acercaras tu/s cabeza/s y poder así acariciarte.


Y se obró un extraño milagro. Todas tus cabezas reposaron en el suelo a modo de reverencia. Del mismo modo me incliné ante ti...




- "Hemos sobrevivido al horror. Podremos enfrentarnos a cualquier cosa que venga...".




-----------------------------------------------------------------




Cuando me desperté me quedaba la sensación de tener que poner nombre a cada una de tus cabezas, más solo pude bautizar (por el momento) a la primera que descendió a tierra: Miedo al fracaso...


Con los días iré encontrando el apelativo acertado para todas las demás...



Con el tiempo y con Confianza.


Y así es...


Soy la que soy.

martes 3 de noviembre de 2009

EL AROMA DEL MIEDO

Se apagan las luces, empieza la función. El conocido sonido del motor del proyector llega a mis oídos, me encanta.

Cómo ha cambiado tanto desde aquellos armatostes, aún recuerdo aquel FH99-35/70 del Cine Cervantes de Sevilla, cuántas buenas horas pasé allí. O el estreno de “El Ladrón de bicicletas” de Vittorio de Sica, qué tiempos, memorables e inmortales en mi memoria.

Pero, ahora todo ha degenerado en demasía, productos comerciales a mansalva. La gran maquinaria de Hollywood que nos inunda con sus temibles estrenos multimillonarios, multitud de efectos especiales, películas repletas de grandes estrellas y poca o nula imaginación.

Añoro la época de los Films clásicos. Quién no vio “Casablanca”, o se dejó llevar por la amarga historia del “Doctor Zhivago”. Quién no rió con Charles Chaplin ironizando al malévolo Hitler en “El Gran Dictador”. O se dejó enamorar por la inocente Audrey en “Desayuno con Diamantes”.

Qué tiempos.

“La Fiera de mi niña”, con mi amada Katharine Hepburn y el apuesto Cary Grant o por supuesto, la inigualable, “La Gran Evasión”.

Atrás quedaron, perdidas en la memoria, no en la mía ya que al menos puedo enorgullecerme de mi gran pasión.

Pero sobre todas ellas, mi pequeño vicio, las películas de Terror. Qué se le va a hacer, cada uno tiene sus secretos.

Aún recuerdo el olor del miedo viendo “Nosferatu”, o “El Vampiro de Düsseldorf” de Fritz Lang y tantas, tantas otras donde el terror flotaba en el aire, acompasado por la música y el latido de los corazones. Disfruto como un niño al ver cómo recrean esos mundos ilusorios, los ataúdes, los crucifijos, las eternas mentiras.

Hoy me he sentado en la última fila, solo, justo debajo del haz del proyector. He doblado cuidadosamente mi larga gabardina y la he depositado en el asiento de mi izquierda. La sala está a rebosar, familias, parejas y grupos de revoltosos adolescentes con sus refrescos burbujeantes y sus cargamentos de palomitas, ríen y hacen estridentes ruidos. Qué desagradable.

Al menos espero que se comporten cuando comience la sesión.

Los peores son estos dos que tengo delante, no tendrán más de 17 años, maleducados, estúpidos, incultos, creo que lo tienen todo. Se creen los amos del mundo, incluso uno se estira como si estuviera en el sofá de su casa y pasa sus apestosas zapatillas deportivas por encima del asiento delantero. Sus carcajadas dañan los oídos a la vez que escupen obscenidades; ¡paletos!

Da comienzo la película y, a pesar de lo que puede esperarse dada la masiva afluencia de público, hoy estrenan una película de seudo terror.

Pero eso es lo de menos, lo importante es la temática. Imberbes adolescentes jugando con la muerte y la sangre. En definitiva, la adaptación de un best seller escrito para enfebrecidos adolescentes, ” Crepúsculo”

El libro se podía aguantar, si quitas esas niñerías y acaramelamientos exagerados, da una imagen completamente distinta de ese mundo de ¿tinieblas? Es divertido, ñoño, fugazmente tenebroso. Un buen enjambre de letras que llevarte a un parque y, mientras eres acariciado por el viento de otoño, dejar pasar las horas.

La acción transcurre en la pantalla grande, los imbéciles de la fila delantera siguen con sus bromas ruidos y demás tonterías, son insoportables. Alguien se levanta y les llama la atención, ellos se ríen como cerdos en el matadero. Me están sacando de mis casillas.

Abro y cierro las manos mientras respiro profundamente, mi rodilla derecha tiembla en un baile convulso. El potente sistema de sonido nos inunda de estridentes efectos especiales, la rapidez de las imágenes no tiene tregua.

Silencio.

Continúa la película, dos largas horas de amortajado romanticismo mezclado con el estímulo de los corazones heridos.

El público aplaude y comienza a levantarse antes de que los títulos de crédito nos transporten a ese mundo, al otro lado de las cámaras. Lo odio, no pueden esperarse al menos a que se encienda la luz. Tropezones, disculpas, cabezas que cortan el haz del proyector.

Soy casi el último en salir, he recogido mi gabardina negra pulcramente doblada, mi silueta se recorta en la penumbra. Bajo los escalones y salgo despacio inhalando el aroma que ha quedado impregnado en la sala.

Las limpiadoras entran en ese momento, las oigo hablar de temas intrascendentales, reír y quejarse del sueldo. De repente un grito ahogado.

Sonrío, ya los deben de haber encontrado, apoyados el uno sobre el pecho del otro, con un hilo de sangre cayendo de sus cuellos.

Cierro los ojos, me relamo los colmillos un instante, una minúscula gota se ha quedado huérfana en la comisura de mis labios.

¿A qué sala entro ahora…?

Javier Marzo

sábado 31 de octubre de 2009

PREMIOS MÁGICOS.

Queridos Autores, otro tema más que se agota, tras brillar gracias a vuestra habilidad para relatar, para hacernos soñar e imaginar...

El castillo se vuelve a honrar con vuestra presencia....
Una larga andadura de temas, borbotones de letras y sentimientos plagan ya el jardín, el castillo, su puente y cada rincón del Reino de Comansi.

Tanto los príncipes, como todos los que participamos con nuestros textos, así como los que los leen y comentan o se guardan su opinión, estamos encantados de reunirnos hoy, de nuevo, para entregar esas tres menciones especiales a los relatos que más gustaron en esta ocasión...

Dejemos que el príncipe, como siempre, haga los honores... Silencio...

"Y por decisión popular, con el apoyo de éstos, sus príncipes, me complazco en anunciar, que los ganadores del Tema "Magia", son...



-Antiqva, por su relato titulado "El estigma del diablo".

- Marinel, por su relato titulado "La magia existe".

y...


- Julio, por su relato titulado "La magia está en tu imaginación".


Enhorabuena a los tres autores que, en esta ocasión, han sido los más votados. Este pequeño presente es vuestro. Podéis llevarlo como testimonio de la calidad y la buena acogida de vuestros relatos. Estaremos encantados si es ese vuestro gusto.




Y gracias a todos por la brillante participación y la dorada amistad que para este Reino supone contaros entre sus amigos...
Os queremos.

viernes 30 de octubre de 2009

FIN DE LA MAGIA

El Reino de Comansi ha cerrado un nuevo Tema: "La magia", que nos ha transportado a mundos alternativos, preciosos, luminosos y, por supuesto, mágicos...

En breve se entregarán las tres menciones especiales y comenzaremos con la publicación del siguiente tema sobre el que habéis escrito: "El miedo", que seguro, provocará más de un escalofrío.

Los príncipes os saludan y os abrazan.

miércoles 28 de octubre de 2009

EL GENIO DE LOS SUEÑOS

Cada noche antes de acostarse el tímido Saúl emite un suspiro de tristeza. Mañana es su cumpleaños, ya va a llegar a la primera quincena, sin embargo, por sus compañeros ha sabido que en la fiesta de celebración de mañana no acudirá Marina, ya que según cuentan está saliendo con un tal Dani.

Se pone a escuchar temas de Tommy Dorsey en su mp3 mientras observa las estrellas. Las cuenta y se queda pensando. Según observa las estrellas se da cuenta de que hay una que se mueve, que se separa de las demás. No sólo eso, parece que se dirige hacía él. Saúl no sabe como reaccionar y se queda pasmado. La estrella móvil resulta ser una capsula redonda muy luminosa. Se posa en la repisa de la ventana lentamente. Se abre una pequeña puerta y de ahí emerge un ser diminuto. Es un personaje con un bigote blanco y una chistera violeta con una raya roja.

-Buenas Saúl! ¿Que te cuentas?-le saluda muy alegre.
-¿Tu quién eres...? ¿Y cómo sabes mi nombre?
-Yo lo sé todo! para eso soy Kiprin El genio de los sueños.-da un ligero salto.
-¿El genio de los sueños? ¿Y a que has venido?
-¿Como que ha que he venido? No me has llamado
-Que te he llamado?
-Sí, cada vez que alguien cuenta 521 estrellas yo acudo a su llamada y vengo en su ayuda.
-Pero si yo...
-Déjate de rollos que te conozco bacalao.-coge de la mano a Saúl-Ven nos adentraremos en los sueños de esa muchacha.

Y al instante se transportan al mundo onírico de Marina. Se encuentran en un frondoso bosque, lleno de animalillos y pajarillos que bailan y cantan. Cerca de ahí hay un lago donde unos patos nadan en fila, excepto uno de color azul que se separa del grupo. Más en lontananza se ve la sombra de una mujer de cabello largo bañándose en la orilla del lago. Parece que tiene compañía, pues alguien le ayuda a salir a la superficie.

Saúl y Kiprin miran a su alrededor. Es Saúl el que se percata de esa sombra entre tanto animalillo del bosque.

-Veo a alguien a lo lejos... no alcanzo a ver bien.
-Esto es un sueño. Así pues vayamos allá.

Y de un chasquido se trasladan a la otra orilla. Para asombro de Saúl la mujer de sus sueños está en compañía del hombre de sus sueños, de ella.

-Maldita sea!!-exclama cabreado Saúl-Como demonios voy a competir contra eso.
-No desesperes que estoy aquí para ayudarte.
-Dos contra uno no vale.
-Te digo que te relajes.
-Si al tontaina del Dani le añades que suspira por El Duque ¿qué opciones me queda?
-No olvides que hago magia en los sueños, por eso soy un genio.
-Pues ya lo estás convirtiendo en un paramecio.

Marina se percata de que Saúl está muy cerca ya que sus gritos han acaparado la atención de los animalillos del bosque.

-¿Qué haces aquí?-pregunta Marina
-Bueno, me pillaba de camino a casa...
-Buena respuesta-le dice sigilosamente Kiprin.
-¿Y tú que haces en este lugar?
-No sé, siempre suelo estar por aquí.

El Duque se acerca y la rodea con sus brazos. Saúl se pone a la defensiva y añade:

-¿Y ese que hace aquí?-le pregunta maliciosamente.
-Se llama Miguel Ángel y siempre está por aquí.
-Pero tu no estabas saliendo con ese tal Dani.
-Sí, pero este es mi sueño y sueño lo que me da la gana. Lo que me recuerda. Cómo es que estás en mis sueños.
-No sé tu sabrás...

Los pajarillos del bosque reanudan su canto. Ahora se ponen a interpretar a capella el tema de Glen Miller "Serenata a la luz de la luna". El cielo cambia de color y la Luna sale sonriente y le sugiere a Saúl que le invite a bailar.

-¿Aceptas este baile?
-No sé...
-Venga, esto es un sueño, no es real. No tienes nada de que avergonzarte.

Y en un instante se encuentran en un salón de baile. Marina con un vestido amarillo claro y con lazo del mismo color con el que se sujeta el pelo. Saúl pantalón negro con chaque azul marino y una camisa blanca. La Luna les observa a través de la ventana. Kiprin dirige la orquesta canora. Bailan de un lado a otra. El Duque que se da cuenta de que no tiene nada que hacer toma un taxi y se va.

Suenan las las doce de la media noche. La luna se echa las manos a la cabeza. Kiprin trata de avisar a Saúl pero no se da cuenta. Chasquea los dedos pero su magia no responde.

Última campanada. Suena el despertador. Hora de volver a clase. Saúl se despierta y se da cuenta que se quedó dormido contando estrellas.

Una vez que ya ha llegado a las clases, observa lejano a Marina que habla con unas amigas. Se acerca tímidamente. Lo ve llegar.

-¿Qué haces por aquí?
-Me pillaba de camino a clase.
-Buena respuesta.-le dice sigilosamente uno que pasa por ahí entre comedidas carcajadas.
-Y tu, que haces por aquí. No llegaras tarde...
-Siempre suelo estar por aquí. Ahora me voy para adentro.

De pronto un coche que pasa cerca del centro para para dejar a un alumno. Lleva puesta la música, es un forofo del Swing y el tema de Glen Miller suena.

-¿Qué hace ese aquí con la música a todo volumen?
-Es Miguelito, el hijo del profesor de música.-le responde ella.-Aunque no sé que hace por aquí. Lo expulsaron la semana pasada. Esto es muy extraño, creo que esto lo he soñado o algo así. Sólo falta que me invites a bailar.
-Pues es una buena idea... pero no le importara a Da... Dani.
-¿Quien?
-¿No estás saliendo con Dani?
-No! Es un pintamonas. Sólo le dí unos apuntes.

Saúl respira más tranquilo y se acerca a ella con la intención de que le conceda el baile mientras dure la música, pero lo que suena es el timbre de entrada a clase.

-¿Qué vas hacer luego?
-No sé... no tengo nada pensado- le responde ella mientras todos están entrando en clase.
-Si quieres podemos tomar un café o lo que sea después.
-Bueno, porque no.

En un pasillo desierto sólo quedan ellos dos, iluminados por el fluorescente parpadeante que el conserje aún no ha cambiado. Ambos se van a sus respectivas clases. Mientras el conductor del coche sonoro se transforma en Kiprin. A su alrededor unos pajarillos emprenden su vuelo al cual se une Kiprin. da un pequeño toque al sombrero y añade:
-¡Voila!

$MK

lunes 26 de octubre de 2009

ASTREA, SELENE Y YO

Estaba relajado, tumbado en mi barca, flotando a la deriva, observando el cielo estrellado, con mis manos cruzadas bajo mi cabeza sirviéndome de almohada. Las estrellas titilaban en miles de guiños luminosos. Selene, diosa Luna, proyectaba su luz sobre el mar en calma, convirtiéndolo en una balsa brillante.
El universo, perfectamente ordenado, sólo era perturbado por alguna estrella fugaz que, ocasionalmente, cruzaba el cielo, tímida, a gran velocidad, intentando escapar a mi atención…aunque no solían conseguirlo. Mi soledad me permitía concentrarme en el más mínimo detalle.
Selene…abrió los ojos.
-Aquí, detrás de mi hay una estrella tímida que no se atreve a dejarse ver.
-¿Qué?... ¿Quién habla? -Dije asustado, incorporándome en la barca, mirándola fijamente, mientras me sonreía y parpadeaba coquetamente.
-Quizá pensabas que podías ordenar el universo a tu antojo. No es tan sencillo… ¿Sabes?
Selene sopló en todas direcciones. Las estrellas comenzaron a descolgarse del cielo formando una lluvia finísima de puntitos luminosos que, poco a poco, iban siendo engullidos por las aguas del océano. El choque producía un musical chisporroteo y una luz especialmente blanca, que iba convirtiendo las oscuras aguas en un lago efervescente de claridad, donde el escaso oleaje, producía un reflejo suave y cálido que parecía hipnotizar.
-¿Es un sueño? Dije.
-No. Es un momento mágico. Si quieres ver la estrella. Apártame con la mano, y luego decides si cogerla o no.
-Apartar la luna…coger una estrella. En fin debo de estar soñando.
-Que incrédulo eres. Decídete, la magia es una ventana que permanece abierta por poco tiempo y…, si, además, no crees en ella, menos aún. Atrévete…vive este momento mágico.
-Está bien. –Dije poco convencido.
Aparté a Selene despacio, temeroso. El contacto con su forma redondeada, con su aura dorada fue sorprendentemente placentero.
Tras ella, tímida, esperaba aquella estrella fugaz. Intenté cogerla, pero se me escapó entre los dedos.
-Mira…si no crees en la magia. Estamos perdiendo el tiempo.
-Dame tiempo. Comprenderás que yo estaba aquí tan tranquilo disfrutando de mi pequeño universo ordenado, y, de un plumazo… ya no hay estrellas, puedo mover la luna con mi mano, y atrapar a una estrella. Siento decirte que esto es demasiado…raro.
-Vuelta la burra al trigo…Raro no…es magia. No seas cobarde…cree en ella…arriésgate…no tienes nada que perder. Coge la estrella.
Extendí mi mano, esta vez con más fe. Y la estrella se posó en ella. Su movimiento me proporcionó en leve cosquilleo. Sonreí… Oí su voz.
-Me gustaría sentarme en tu barca.
-¿No te gusta estar en mi mano?
-Es que…quiero saber que se siente al ser mecida por las olas.
Miré incrédulo a Selene, que me sonreía desde el lugar donde la había dejado apartada.
-Está bien. Te dejaré en el otro lado y, si quieres, charlaremos un rato, aunque no sé muy bien que es de lo que se habla con una estrella fugaz. ¿Aquí estás bien?
-Si.
Me retire al otro lado, con cuidado, evitando el balanceo de la barca que podía llevarme al agua si me descuidaba o me movía distraído.
-¡Ah! ¡Por Dios! Tú…tú… ¿Quién eres?, ¿de donde has salido? ¡Me va a dar un infarto! –Dije al girarme perdiendo el equilibrio, cayendo hacia atrás, acabando sentado junto a la soga del ancla.
-Soy Astrea. Una estrella solitaria. La estrella fugaz que has cogido.
-Pero ahora tienes forma humana…aunque luminosa.
Astrea era brillante con una aureola en forma de algodonadas y blancas alas. Sus brazos eran antorchas emitiendo una potente luz. Su pelo moreno destacaba sobre el azul cielo de un leve vestido que parecía flotar sobre su cuerpo, insinuando unas formas perfectas. Sobre su tez pálida, etérea, casi transparente, destacaban unos bellos ojos oscuros que, abiertos de par en par, parecían no querer perderse detalle de lo que le rodeaba, sobre todo… de mí.
-Sabes…has hecho realidad mi sueño. Nunca había descansado…siempre volando de aquí para allá, viajando incansablemente por el universo, sin poder detenerme a charlar con alguien. Las lágrimas comenzaron a fluir de sus ojos por la emoción.
-Por favor… no llores. Ni siquiera sé si yo he contribuido en algo a que tú estés aquí. Según parece mi único mérito ha sido creer en la magia…y la verdad…no estoy muy seguro de nada de lo que está pasando.
-¿Puedo darme un baño? Debe sentirse una sensación maravillosa.
-Cuidado…no te balancees…mucho…!cuidado!
-Vamos…hay que ser imbécil…quedarse dormido en la barca, y caer al agua –Me dije mientras subía de nuevo tras darme aquel inesperado chapuzón en el mar oscuro y frío.
–Magia…-Solté una carcajada.
–Lo ves todo está en su sitio…Las estrellas, la luna…Selene…-reí -¡Anda! y no te guiña ni nada por el estilo. Prueba a moverla con tu mágica mano –Volví a soltar una carcajada.
-Que incrédulo eres…-Oí-
Me giré…y me quedé petrificado, mientras una estrella fugaz descendía desde lo más alto del firmamento, pasaba acariciando la luna, se detenía ante mis atónitos ojos, extendía su aura, rodeaba mi cuerpo, y me besaba apasionadamente, alejándose con una sonrisa juguetona en la boca.
-Gracias…por convertir en realidad mi mágico sueño. –Susurró Astrea, mientras le dirigía una mirada pícara y cómplice a Selene.

Calvarian

sábado 24 de octubre de 2009

MAGIA


Palabra preciosas si las hay, con tantas y tantas formas.

Encontrar la magia de las palabras, en aquellos escritos que tocan el corazón y despiertan tanta ternura que conmueve.

Descubrirla en los ojos de los niños, en su mundo perfecto de todo inocente y brillante.

Existe la magia de los magos que asombran ante trucos que nos deja con la boca abierta.

En los brujos que transforman a sapos en príncipes y a simples plebeyas en princesas.

Aquella que nos hace recorrer mundos increíbles y vivir las más maravillosas aventuras con sólo cerrar los ojos.

La que podemos crear con nuestros deseos de que las cosas más imposibles cambien.

Pero la más hermosa magia es la del amor, la que hace que tu corazón lata más rápido cuando está por acercarse la hora de ver al ser amado, esa que te transforma en una persona realmente feliz con sólo saber que estás a su lado.

Y aunque muchos crean que no existe, hay magia en cada cosa que modifica la vida, que nos convierte en hadas y magos de nuestra historia.

Aunque no lo creas hay magia en cada cosa que cambias, en cada camino nuevo que transitas, en cada amor que comienza, en las pasiones que se transforman.

La magia está adentro tuyo, sólo tenés que encontrarla.


Aldhanax.

jueves 22 de octubre de 2009

SIR SURIK


El hombre de la esquina seguía allí un día más, y ya iban quince días, pensaba para sus adentros Emilio, que a sus doce años observaba con asombro todo cuanto le rodeaba. Se preguntaba qué hacía allí, por qué no iba a trabajar al igual que todos los adultos del barrio, se preguntaba también de donde había venido, dónde vivía, por qué se pasaba las horas sentado apoyado sobre aquel viejo sauce, y sobre todo, por qué nadie reparaba en su presencia.

Aquella mañana de sábado sin obligaciones escolares se le antojó propicia para intentar un acercamiento con el “extraño hombre” al cual llevaba llamando así desde que le vio por primera vez ya que desconocía su nombre. A medida que se acercaba notaba que había algo en aquella figura masculina que le imponía, pero sin embargo no sentía miedo, aquel hombre no le asustaba, más bien le conmovía. Al acercarse más descubrió aquellas pequeñas arrugas que se acumulaban en los ojos y en la comisura de los labios, dándole un rostro de ancianidad que asombró a Emilio, pues lo intuía mucho más joven.

Un tímido ¿hola? titubeante salió de la boca de Emilio, el cual no obtuvo ninguna respuesta por parte del hombre misterioso. De repente algo llamó sorprendentemente la atención del niño, una caja de madera chiquita apoyada en el tronco del sauce. Un deseo irrefrenable le movía a abrirla, una extraña fuerza de atracción se apoderó de él, necesitaba abrir aquella caja, algo desde su interior le llamaba con fuerza. Entonces el hombre levantó la vista clavando su mirada azul de acero sobre la de Emilio.

- Ten cuidado con lo que haces, la última vez que un renacuajo la abrió terminamos en la prehistoria, cazando jabalíes con una lanza. –dijo el hombre de forma contundente pero sin hacer nada por evitar que el niño se acercara a aquella mágica caja.

Por supuesto la advertencia llegó demasiado tarde, porque antes de que hubiera pronunciado la última palabra, la caja ya se hallaba abierta de par en par; y de ella se desprendían rayos luminosos que centelleaban por todas partes.

- Vuelta a empezar, ¡es que uno no se puede tomar ni unas pequeñas vacaciones! –dijo el hombre con resignación; y sin embargo Emilio pudo ver en los ojos del anciano brillos de entusiasmo e ilusión ante un nuevo viaje, el cual él mismo también ardía en deseos de emprender.

- ¡Agárrate fuerte! –gritaba en anciano.

- ¿De dónde me agarro? – preguntaba Emilio el cual no veía sitio donde agarrarse.

- Pues al tronco del sauce. –le explicaba el anciano mientras la superficie empezaba ya a temblar.

- ¿A dónde vamos? –preguntó intrigado Emilio.

- Pues tú sabrás. Al lugar de tus sueños. –respondió el anciano.

De repente todo el barrio había tomado una nueva dimensión, un extraño color ocre; las calles habían dejado de estar asfaltadas para convertirse en caminos terrosos con algunas piedras. El anciano agarró fuertemente al niño de la mano y ambos se dirigieron a lo que parecía un mercado, eso sí, no era un mercado cualquiera, sino un mercado medieval. Al grito de ¡Agua Va!, ambos dos intentaban avanzar sorteando el agua que las mujeres de la casa arrojaban por las ventanas. Se adentraron en el mercadillo mezclándose con la gente del lugar, mientras Emilio se miraba así mismo vestido con aquellos pantalones cortos color marrón que se le antojaban muy ridículos; sobre sus hombros lucía un chaleco a juego con los pantalones junto con una camisa gris. Pero lo que más le impresionaban eran aquellos mocasines puntiagudos con los que tanto le costaba caminar.

Emilio estaba eufórico, miraba alrededor con esos ojos que envuelven la sorpresa de la novedad, que descifraban aquello con lo que siempre había soñado, y que sólo había podido acceder a través de los libros de la biblioteca de su abuelo.

El ajetreo de los caballos que cruzaban las callejuelas, los puestos de venta de comida y artesanía, las águilas que surcaban el cielo y hasta una hechicera que decía adivinar el futuro, junto con un joven ladronzuelo huyendo con un queso bajo el brazo, completaban aquella pintoresca estampa.
- A todos los señores de la villa, se les comunica que se anda buscando por casas y rincones, al joven caballero portador de sueños. El Señor Marqués junto con sus lacayos acudirá hoy al mercado, pues cuentan los rumores de la corte, que el joven Sir Surik se halla por estas tierras huyendo de su deber y responsabilidad de guiar a las gentes hacia sus bellos sueños e ideales.

–dijo el pregonero.

- Mi señor, ciertamente dicho caballero se anda por aquí, hasta mí llegó su perfume de sueños encantados. Sería menester preguntarle a la hechicera, pues ella con su magnífica intuición ha ayudado en otras ocasiones a vislumbrar caminos que se antojaban oscuros. –habló el quesero.

- El joven sir Suri, anda de la mano de un anciano, lo vi pasar hace ya un rato. –sentenció la hechicera.

La búsqueda no costó mucho, y en un instante el anciano y el niño se vieron rodeados por todo un tropel de gente que aclamaba: ¡Sir Surik, Sir Surik! ¡Es él, es él!

Un carruaje se detuvo ante ellos, y el Señor Marqués acompañado del Caballero de la Luz descendió salvando los escalones que le separaban del suelo. Pronto una espada se deslizaba suavemente por el hombro derecho de Emilio al cual el anciano había obligado a hincar una rodilla en el suelo.

- Mi querido Caballero, yo le declaro Sir Surik, portador de todos los sueños del reino, hacedor de magias, reclutador de nostalgias y melancolías; y en definitiva, repartidor de felicidad de todos los habitantes de estas tierras. Ahora debe cargar con su legado del cual ya no puede huir, y sembrar las semillas que se depositan en su interior allá donde sus pasos le conduzcan, en estos tiempos y en tiempos futuros, en esta vida y en vidas venideras.

El suave aleteo de una mariposa azul sobre su rostro, despertó a Emilio, o sir Surik, del letargo al que se había entregado junto al tronco de un sauce. Volvía así a su “mundo normal”, pero junto a él una caja de madera, que al abrirla sorprendía con un mensaje envuelto en pergamino, en el que se leía: Sir Surik, en esta vida y en vidas venideras.

Ruth Carlino

martes 20 de octubre de 2009

VICTIMAS DE LA MAGIA

Un sacerdote entra en la prisión.
Le conducen hacia la última celda del corredor de la muerte. Una mujer va a ser ajusticiada al caer la noche.

Vengo a confesarte, hija.
No, no quiero confesar. No creo en Dios. ¿Sabe padre?
Pero, ¿Por qué? Confesar no está nunca de más. Debes arrepentirte de tus pecados...

Yo, verá, antes creía en Dios. Creía que el destino no estaba escrito. Que arrepintiéndonos, podíamos ganar el cielo. Pero ya no lo creo. Estoy desengañada. Haga lo que haga... todo está escrito. La magia hace su trabajo a su antojo…

No debes hablar así. Dios existe y desea ayudarte. Venga, cuéntame tus temores.

No creo que esto le importe mucho, pero... si quiere... se lo contaré.

La mujer hizo una pausa y tragó saliva, como preparándose para lidiar un difícil animal.

Verá, yo tenía una amiga que decía que era adivina. De hecho, vivía de ello. Su consulta siempre abarrotada de mujeres y hombres ansiosos de saber, de conocer su futuro. Yo la conocía desde niña y, desde siempre, ella aseguraba saber el futuro de la gente. Según Teresa el destino estaba escrito para todos nosotros y nada podíamos hacer...

Pero hija, eso son pamplinas... Deberías saber que las personas, en nuestra ignorancia, aceptamos cualquier cosa que nos haga sentir bien. Con Dios es diferente, es más fácil...

No, no. Déjeme que le cuente.
Un día, ella me dijo que había visto su propia muerte para el sábado siguiente y que estaba muy asustada. Claro, yo me reí de ella. Me gustaba pincharla y provocarla. Pero esta vez estaba asustada de verdad.
Me dijo que se encerraría en casa. Que cancelaría todas las citas con los clientes de ese día y, que ni siquiera descolgaría el teléfono. Yo reí y reí. Padre, déjeme tomar un poco de agua.

Un sorbo de agua se le hizo necesario para poder continuar.

Si, no te preocupes, aún tenemos tiempo.

Bien, pues cuando llegó el sábado yo me acerque a su casa para fastidiarla un rato y ¡Ni siquiera quería abrirme la puerta¡ ¿Qué le parece? Al fin conseguí que me abriese y se enfureció conmigo. Me ordenó que me marchara...

Tuvimos una pelea horrible:

Teresa me dijo ¡Que demonios haces aquí! ¡Te dije que no quería ver a nadie! No eres capaz de respetarme.

Perpleja le contesté: ¿Se puede saber qué te pasa? Creo que te estás excediendo. Teresa, estás completamente obsesionada con esto. ¿De veras crees que has visto tu propia muerte? Entiendo que estafes a la gente, pero estamos hablando de ti...

Teresa me espetó: ¡¿Sigues sin entender nada, verdad?! Yo no engaño a la gente, ¡Maldita sea! ¡Lárgate de aquí!
Teresa se acercó a la ventana dándome la espalda para ni siquiera ver cómo me marchaba. Yo estaba absolutamente ofendida y decidida a pedir explicaciones. Me acerqué a ella y, pegándole un pequeño empujón en el hombro, y con mi cara a unos pocos centímetros de la suya, le grité:
¡Vale! Me iré. Pero con una condición. Demuéstrame tus habilidades. Nunca has querido leerme el futuro. Soy tu mejor amiga, y puesto que "vas a morir hoy...", creo que tengo derecho a una consulta gratis.

Teresa, gritando aún más que yo y diría que asustada:
¡No, de ninguna manera! ¡Vete de una vez!
Asqueada le dije: ¿Lo ves? no eres más que una farsante. Deja de mirar por la ventana, no me des la espalda y ¡Dime! ¡¿Cuándo moriré yo?!
Teresa estaba furiosa: ¡Está bien! Tu lo has querido. ¡Escucha! ¡Por venir hoy aquí MORIRÁS!
Le llamé loca y le abofetee . Entonces comenzó una terrible pelea entre la dos.
Un fatal empujón le hizo caer por la ventana...

El sacerdote, que casi no había parpadeado tomó las manos de la mujer entre las suyas.

¡Santo Dios! Es terrible...

Ya lo ve, padre. Ella tenía razón en todo. Murió aquel día. Y dentro de unos minutos, la silla eléctrica me espera por su asesinato.
Si no hubiese ido aquel día... Pero el destino estaba escrito. Yo no soy culpable. Sólo soy una víctima de mi propia vida. Cuéntele eso a su Dios.

Un carcelero apareció en el umbral de la celda y le anunció que el tiempo había terminado.
El momento había llegado. El sacerdote intuyó que la mujer no deseaba ser acompañada hasta la silla y haciendo una señal de la cruz en el aire se dispuso a abandonar la celda.

La mujer le detuvo un instante con sus palabras:

Adiós padre, gracias por venir. Cuídese y... ¡Ah! Tenga cuidado mañana, cuando cruce la calle...

Natacha.

domingo 18 de octubre de 2009

MAGIA EN LA PLAYA

Y la muerte se pronunció.
Fría y calculadora, súbita como un rayo en el estío, impredecible e incuestionable.
Y, como siempre, perturbadora.
Sólo contaba con cuatro primaveras de vida, si es que el tiempo puede tener alguna relevancia cuando hablamos de lo único capaz de trascenderlo.
Quizás más importante que el cuándo, fuese el cómo.
Finalizaba agosto. El mar se encontraba encrespado, color aceituna y olor a invierno prematuro; en el cielo aborregado, un rastro de rescoldo y ceniza indicaba la marcha reciente del astro soberano hacia el otro lado del mundo.
El aire acariciaba las frías aguas del océano justos antes de abrazarme con su gélido aliento.
La playa parecía desierta; al fin era mía.
La estela cremosa de las olas invadiendo la arena y cubriendo mis pies desnudos, absorbía mi atención por completo, retrasando el momento en que me percatase de lo que ocurría a pocos pasos de mí.
Cuando lo hice, la primera impresión fue de incredulidad, sólo durante un interminable segundo, luego, miedo.
El murmullo sordo que envolvía mi paseo, procedente de las pocas almas que acompañaban mi trasiego, fue transformándose en grito atropellado: ¡Mi hijo, mi hijo!, eran las únicas palabras que escupía aquella madre, atormentada por la impotencia, arrodillada junto al cuerpo inanimado del muchacho, hundida en un abismo de tierra apelmazada y agua salada.
No sé de dónde empezaron a aparecer tal cantidad de personas corriendo en la dirección del suceso, bajo la mirada vacía de una gaviota altiva e indiferente, ajena a la tragedia que tan consternados tenía a otros. También yo me acerqué con precaución.
Cuando pude apreciar su rostro azulado entre el gentío, lo tuve claro: no respiraba.
Nunca llegaré a entender qué hacía aquel pequeño en el agua a esas horas, ni en qué pensaba su madre mientras lo engullía una ola traicionera, pero... ¿acaso puede importar eso?
Un niño siempre será un niño, y una madre siempre será una madre, y... yo soy yo. Al instante supe lo que debía hacer.
Dejando el miedo a un lado, me colé como una sombra entre los curiosos y los aprendices de médico, hasta tener el cadáver a mis pies; me agaché y le coloqué con suavidad mi mano derecha en la frente.
No llegué a ver sus ojos arenosos abiertos, pero tampoco fue necesario.
Me retiré cuando tuve que hacerlo, como cuando llegué, casi inadvertido por los demás.
En cuestión de segundos y entre grandes arcadas, el pequeño escupió todo el agua que contenían sus pulmones. Abrió los ojos y lloró amargamente, ante el alborozo de todos los testigos, incluidos aquellos que la presencia de la aflicción había mantenido a distancia, que entonces sí se acercaron, atraídos por la irrupción repentina de la dicha.
Yo sólo me quedé el tiempo justo de obtener mi recompensa: el abrazo sincero, entre lágrimas y sollozos, de una madre a un hijo y de un hijo a una madre. ¿Puede haber muestra de amor más auténtica?
Después de aquello no volví a materializarme más en ese mundo. Mi cometido ya había sido cumplido.



Pedro Estudillo

viernes 16 de octubre de 2009

LA MULATA DE CÓRDOBA


En Veracruz, durante la época del virreinato, cuando los españoles aún subyugaban a México, vivía una mujer célebre por su belleza y por ciertos dones sobrenaturales que poseía: La Mulata de Córdoba. Una época se ha edificado sobre una anterior, no se supo entonces ni se sabe ahora cuál fue su nombre verdadero, pero la historia inscribió en sus páginas lo ocurrido con esta mujer extraordinaria. Gracias a su maravilloso arte, a la edad de doce años atrajo a sí una clientela dispar que la visitaba asiduamente y con igual sentido de humildad: indios y españoles, pobres y ricos golpeaban su puerta. Ora La Mulata prepara pócimas para curar el mal de amores de un muchacho, ora mezcla yerbas para sanar las heridas de sus hermanos esclavos. Por lo común, descifraba el futuro de los curiosos en las cartas o en los astros, y era, ciertamente, una mujer entendida que hizo las veces de consejera en virtud de su saber, al punto de consternar al párroco del pueblo, quien alarmado se percató de que los siervos de Cristo la preferían a él. Miguel Velázquez nació en Sevilla, España. Un día, habiendo salido de su parroquia para hacer un peregrinaje a la ciudad, en el medio de la selva lo sorprendió la noche, la cual esmaltó los alrededores con sus sombras impenetrables. El corazón de Miguel comenzó de pronto a latir rápidamente, cuando susurros, humanos o no humanos, vibraron entre las hojas; le sobrecogió el temor, como a buen cristiano, pero no lograba recordar sus rezos, y ya dándolo todo por perdido, una voz dulce y femenina habló, apaciblemente, en aquel sitio apartado: “Buen hombre, perdone que lo importune, no me hubiera atrevido a molestarle si no fuese porque me pareció que se hallaba extraviado.” Miguel contempló a la mujer y recobró la serenidad al reconocer el rostro broncíneo de La Mulata de Córdoba. Ella le obsequió una piedra verde que irradiaba una luz preciosa con lo que Miguel pudo proseguir su peregrinaje sin mayor contrariedad. Dado que toda persona que se distingue de los demás por alguna razón se convierte en objeto de antipatía, La Mulata se había hecho también de enemigos. Otros curas, idiotizados por la fiebre del fanatismo, la miran con recelo desde el púlpito; el Santo Oficio la sigue discretamente, sus manos inquietas, con dedos blancos y sarmentosos, esperan el momento justo para echarle sus redes fatales. Si no hubiese sido porque La Mulata era muy querida entre la gente, que le debía enorme gratitud, ha mucho tiempo que la habrían arrojado a las llamas. Quienes la temían, aseguraban que era una siniestra bruja y que un jinete, el diablo, acudía a su casa a eso de la media noche, quizá para recordarle que su alma era suya, y esto porque se contaba que la vendió a cambio de sus poderes mágicos. Se relataba que, al llegar el personaje demoniaco, un furioso incendio se desataba en el interior. Creían que era su amante y que por ello La Mulata despreciaba de continuo a los muchos pretendientes que la solicitaban. Para su mala suerte, un hombre importante que ocupaba un puesto elevado en la iglesia católica prestó oídos a las acusaciones. A los que la acechaban, a esos instigadores de odio, les fue concedida su venia para apresarla. El primero de diciembre, La Mulata escuchó un vocerío fuera de su hogar. El escándalo era mayúsculo. Abrió la puerta y vio a un hombre, alto y fornido, que leía una severa orden: “Por incurrir en prácticas contrarias a la fe cristiana, la mujer conocida como La Mulata de Córdoba es sentenciada a muerte…” La Mulata no se inmutó, sólo pidió que se le permitiera llevar consigo algunos objetos personales. Y fue así que la terrible bruja fue encerrada en prisión, y fue así, también, que su leyenda comenzó a labrarse un lugar en el bagaje cultural de México. Un mañana, el carcelero que hacía su ronda habitual observó a la cautiva rayando las paredes con carbón. La Mulata estaba muy ensimismada en su obra, pero al poco le miró a él y le preguntó: “¿Qué le falta a este navío?” Rechinando los dientes, dijo el carcelero: “Condenada mujer, no te arrepientes de tus pecados, en vez de suplicar la misericordia del Altísimo, te empeñas en vanos pasatiempos. Salva tu alma”. “Mas, precisamente, eso es lo que estoy por hacer”, replicó la mulata, quien, sonriendo, saltó al navío que había dibujado. Nunca más se volvió a saber de ella.

Carlos (Hiletrados)

miércoles 14 de octubre de 2009

LA MAGIA ESTÁ EN TU IMAGINACIÓN

Sentado frente a la caja de cartón que aquella mujer le dio en el parque, pensaba:-¿Que había querido decir con aquello que la caja haría realidad cualquier sueño que él fuese capaz de plasmar con colores?

Decidió mezclar el rojo cadmio y el cobalto, resulto un violeta cálido, comenzó a pintar y sin saber cómo se me encontró volando sobre un mar tranquilo, con montañas al fondo, entre las que se interponía un manto de niebla, pero no lograba alcanzarla.

-Solo puedes entrar usando tu imaginación,- Un pequeño lucero apareció frente a él, y sin esperar respuesta desapareció.

Buscó en sus bolsillos, encontró el pequeño escarabajo de cristal que un egipcio le regalo en aquel mercado, frente al templo de Kom Ombo, detalle por comprarle las chilabas.
De repente el escarabajo comenzó a brillar con una luz intensa, con destellos que pasaban de un azul marino intenso, hasta terminar siendo un violeta casi blanco que cegaron sus ojos, quedando envuelto en sus rayos.

Lentamente comenzó a cruzar la niebla, apareciendo ante él un valle. El escarabajo cambio a un color azul celeste, estaba casi a ras de suelo, rozando flores de un color blanco, otras carmín intenso, naranjas, entró en un manto de florecillas pequeñas color violeta con pétalos amarillos, de un perfume intenso, que le adormeció, los pétalos amarillos se le enredaron en los pies y le arrastraron al fondo de una cueva, no podía ver nada.

-¿Quién eres tú para venir a mi mundo?,- La voz salía de un intenso punto de luz plateado, no supo que responder.

Su escarabajo de cristal comenzó a cambiar de color, abrió la mano, tenía un color verde esmeralda, y los pétalos amarillos le soltaron.

-Necesitaría tener una linterna,- Como si el escarabajo pudiese leer su mente tomó un tono anaranjado brillante que dejó la cueva como inundada por el sol.

-¿Cómo saldré de aquí?,- pensó mirando a su alrededor

-¡Eh!, ¡Cuidado!,- Grito un pequeño ciempiés. El miriópodo pegó un pequeño salto para no ser pisado.-¡Perdona!,- Sí que tiene genio el bichillo

-¿Cómo se sale de aquí?,- No se podía creer que estuviese hablando con un bichejo como ese.

-¡Y yo que sé!, siempre he estado aquí.

-No le hagas caso, es un cascarrabias,- Intervino un pequeño escarabajo cornudo que pasaba.

-Te he oído,- contestó el ciempiés, - sabes que aquí se está seguro, ¿para qué va a querer alguien salir fuera y morir.

-No le hagas caso, tu escarabajo de cristal tiene la solución,- Parecía que todos conocían el poder de aquel escarabajo de cristal.

-Tienes que creer en él,- Una luciérnaga entró en la conversación. Tenía unas alas de mariposa grandes, de un tono azul con pequeños destellos y pequeñas briznas de polvo que se precipitaban al suelo, de sus antenas transparentes salía un pequeño sonido casi imperceptible, trato de moverse pero no pudo.

-Pero, ¿Cómo se sale de aquí?,- Insistió.

-Emplea tu imaginación,-Le contesto la luciérnaga perdiéndose en la cueva dejando una estela de polvillo brillante que delataba su marcha.

Miró el escarabajo de cristal de su mano y recordó lo que le dijo el egipcio sobre el escarabajo:”Es mágico, su magia te cuidará cuando uses tu imaginación, pero recuerda, la imaginación es magia”.

-Sí, si que es mágico, en menudo lio estoy metido, estoy preso en esta cueva.

Una mota se le metió en un ojo, trato de librarse de ella y se vio sujetado por la mano, se precipitaba contra ella, cerró los ojos ante el golpe y lo que notó fue luz, abrió los ojos y se encontró volando por encima de unas grandes montañas, un gran manto de nieve cubría los pinos de navidad, a su lado volaban dos grandes águilas.

-¡Estoy libre!, -La oscuridad de la cueva quedaba tan lejos….., la sensación de libertad era tan grande y a la vez en su interior tenía pánico a precipitarse hacia el suelo

-¡Arriba que no vas a llegar!,- La voz de su madre acababa de sacarle de su sueño, trato de volver a él pero no fue posible, se incorporó y observó que en su mano derecha tenía un escarabajo de cristal de apenas un centímetro.


Julio

lunes 12 de octubre de 2009

LA VARITA MÁGICA

El otro día me pasó algo raro, algo muy extraño, mi hermana pequeña Carmen y yo paseábamos agarradas de la mano por la orilla del mar, dábamos saltitos para evitar que las olas, nos mojaran los pies, pero era inútil, siempre acababan espingándonos, mi madre ya cansada de tanto pasear se sentó en la toalla contemplando el mar, mientras que nosotras seguíamos jugueteando entre el balanceo de las olas. En nuestras carreras casi nos chocamos contra una señora que paseaba por la orilla.

- ¡Ay! perdone, lo siento mucho. Dije yo rápidamente,
- No te preocupes hija, no pasa nada, ¡vaya! Que niña más guapa llevas de la mano.
- Somos hermanas, dijo Carmen tímidamente.
- Si pues os parecéis mucho, no podéis negarlo. ¿Cuántos años tienes pequeña?
- Siete.
- Anda, la edad perfecta, la edad de la magia.
- ¿La edad de la magia?- Carmen me miraba un poco asustada, no sabía si aquella señora, la estaba tomando el pelo.
- Si, si, toma, ya veras, coge esto.
Aquella señora estiró la mano, y le dio a carmen un palito de madera de unos cuarenta centímetros de largo y muy delgado, parecía que lo acababa de coger del agua, pues estaba aún húmedo.
- Vamos pequeña, no tengas miedo, no tienes nada que perder.
- Cariño,- le dije yo para que no ofendiera a la señora, pensando en tirar aquel palo hacia el mar, en cuanto nos perdiera de vista la buena mujer.
Carmen cogió aquel palo con extrañeza, pero aun así, le dio las gracias a la señora, en ese momento una ola nos golpeo hasta las rodillas, cuando volvimos a mirar hacia la señora ya no estaba.

Mi hermana no quiso tirar aquel palo de nuevo al mar, así que nos lo tuvimos que llevar a casa, “un telar más había dicho mi madre, cuando la vio aparecer con él. Se paso jugando toda la tarde con él, era su varita mágica, a cada momento nos la posaba en la cabeza y decía, “abracadabra, que te crezca el pelo”,( a mi padre que el pobre tiene esa típica M de Mc donalds en la frente) “abracadabra, que tu blusa sea rosa”, “abracadabra que esta noche cenemos pizza”, “abracadabra que tata me compre una vaca de juguete”, “abracadabra que me dejen comer un helado gigante”, “abracadabra que mañana haga bueno”, “abracadabra que la bandera de la playa sea siempre verde”,…

“abracadabra, abracadabra, abracadabra, abracadabra”, así durante toda la tarde, mientras bailoteaba por todo el salón.

Así que llego la hora de cenar, y cenamos pizza, y salimos a dar un paseo por la calle, y encontramos una heladería pequeñita, escondida entre dos grandes tiendas, que ponían bolas de helado gigantes, y en un puesto de esos que ponen en los paseos marítimos, había vaquitas de todos los tamaños y compramos una, y a la mañana siguiente la bandera de la playa era verde. Y un camarero torpe tiró la copa de vino tinto sobre mi blusa blanca favorita, y… no, el pelo de mi padre no creció, creo que era demasiada magia para un solo día, pero estuvo bien intentarlo.

Carmen estaba contentísima porque todos sus deseos se habían cumplido, pero al mismo tiempo estaba un poco triste, porque cuando se despertó a la mañana siguiente, ya no encontró su varita magia, supongo que no tendrá nada que ver, pero esa noche, mi madre bajo la basura a hurtadillas.

Quien sabe, tal vez fue magia, o tal vez suerte, pero aún así, el brillo de los ojos de esa niña, al ver que todos sus deseos se cumplían, mereció la pena.

Camino

sábado 10 de octubre de 2009

MÁGICAMENTE (final)

-Mira la sonrisa de esa chica, la que camina junto a esa tienda- el niño miró donde la mujer le señalaba- ves, eso es magia, eso casi nadie puede verlo
-¡Eso lo ve todo el mundo! mira el hombre que hay enfrente como se la ve
-Mírala bien, fíjate en la magia que desprende la sonrisa, en la felicidad que emerge de su cuerpo, en la luz que emiten sus ojos- El niño la miró y se sorprendió- Pues eso no es nada amiguito, ahí hay la magia más potente que existe, lo que aún eres demasiado joven para verla- Al niño le daba igual lo que decía la anciana, estaba anonadado mirando la gente que pasaba, las flores… de repente alzó la cabeza al cielo, y se sorprendió, estaba boquiabierto. A partir de ahora, mirara donde mirara todo era diferente, conocía la magia.
La anciana se alzó, cogió la silla orgullosa, y se introdujo en la tienda, el niño la siguió aún con la boca rozándole el suelo, no podía articular palabra.
La anciana le miró y sonrió.
-Haber ¿estás atento?- movió la cabeza tímidamente- fíjate bien en mis manos, no separes tus ojos de ellas, ¿Vale?- las situó delante de el- Estate pendiente ¿si?- asintió- un segundo después una luz violeta brotó de ambas manos, y al juntarlas una pequeña llamarada emergió tan solo un ínfimo espacio de tiempo, ahora en las manos arrugadas de la anciana apareció una barita mágica- Ahora ya eres mágicamente humano, y estoy segura que esto te ayudará.
La puerta de la tienda se abrió, ambos se volvieron
-¿Mama?-murmuró Lucas- ¿Qué haces aquí?
-¿Eso no debo preguntarlo yo?- se puso a gritar histéricamente- he estado buscándote por todos los lados, ¿Tu no tenías que estar en el parque?- la madre de Lucas miró a la anciana, y esta con un gesto le pidió calma- Me tenías asustado- y lo abrazó durante varis segundos.- ¿Cuánto tengo que pagarle por las molestias ocasionadas?- pronunció varios segundos después
-Al contrario, debería ser yo quien tendría que pagarle, ha sido un enorme placer- asintió la mujer, y se lo agradeció
-Venga vamos- pronunció la madre de Lucas
-Espe…
-Tenemos prisa hijo- segundos después ya estaba prácticamente volando de nuevo. La anciana miró entre sus manos, no había podido darle la varita mágica.

En uno de los teatros más importantes del mundo daban una función de magia, pero no una cualquiera, esta era diferente, todas los son, pero esta era realmente especial. En la vigesimocuarta butaca una señora algo jorobada, pero sobretodo, muy anciana disfrutaba del espectáculo. Al finalizar, permaneció sentada hasta que todo el público se había marchado. Un chico, minutos después, le llamo la atención de que ahí no podía estar.
-¿Me podría hacer un favor?- asintió- ¿Le podría entregar este paquete a Lucas Segura Muñoz?- Y lo depositó en sus manos antes que contestara
-Claro que si
Mágicamente Lucas había terminado una función más, ahora ya en el camerino, tan solo era Lucas. Bebía agua, cuando la puerta sonó
-Me han dado esto para ti
-¿Quién?
-Una señora- le habrá gustado el espectáculo pensó
Abrió la caja y descubrió sorprendido mágicamente aquella barita que no pudo coger de aquella vieja tienda hacía muchísimo tiempo atrás. Casi habían pasado veinte años ya. Rápidamente cogió la nota y la leyó
“Intenté localizarte, pero al tiempo me enteré que ese mismo día os marchasteis de la ciudad… pero bueno, al fin y al cabo la magia es magia, y si crees en ella acaba encontrándote. Al fin llega a tus manos lo que es tuyo. Te has convertido en un gran mago, y sobretodo en mágicamente humano Lucas Seguro Muños que tenía 7 años y que iba al colegio Jaume March, y que creó mucha magia en mi corazón”


Leinad23

jueves 8 de octubre de 2009

MÁGICAMENTE (primera parte)

Tras el cristal de un escaparate de un viejo y pequeño establecimiento situado en una callejuela de las afueras de una vieja ciudad, se encontraba Lucas con las manos apoyadas en él, intentando vislumbrar algo en el interior. No era la primera vez que bajaba a esa tienducha intentando conseguir lo que andaba buscando. Lo llevaba haciendo desde un par de semanas atrás, a la salida del colegio. La primera vez que pasó por el lugar, iba con su madre, cuando apreció un rótulo “Mágicamente” apagado ante sus ojos, miró rápidamente la tienda, pero su madre andaba con prisa y le arrastraba, alguna vez que otra había llegado a volar literalmente. La tienda estaba cerrada, se dijo. Así que volvía un día más, y otro, y al siguiente, y siempre regresaba decepcionado y con la cabeza gacha a su casa. Ese día no iba a ser diferente. Solo dió la vuelta, cuando el repliqueo de unas pequeñas campanillas sonaron al chocar la puerta con ellas.
- Hola hombrecillo ¿Qué te puedo ayudar en algo?- pronunció una anciana rechoncha y algo jorobada. El niño se dio la vuelta, y al verla tembló de pánico, quería correr, pero no pudo ni pestañear.
- ¿Qué te pasa? ¿Te encuentras mal?- preguntó la señora preocupada- ¿Te doy un vaso de agua? Venga entra dentro un momento
-Nnnnnnoooo…-dijo con voz temblorosa el niño- ¿Mmmee… vvvass… aaa… coommmmeer?- La anciana sonrió enseñando al completo la dentadura postiza de enormes y amarillentos dientes, lo que aterró más si cabe al niño
-¿Pero como te voy a comer?- sonrió- No entres si no quieres, pero supongo que mirabas a través del cristal por algo ¿no?
-¿Eres una bruja?- la vieja sonrió y negó- ¿Y porque tienes una verruga en la nariz?
-No es una verruga, es un lunar, lo que es un poco grande
-¡Ah!
-Y bien ¿Querías algo? ¿Vas a entrar o no?- El niño la miró aún algo asustadizo y negó- Bueno pues yo me vuelvo para dentro, aunque no lo parezca es una tienda- Lo miró varios segundos he hizo el gesto de volverse, el crío suspiro y lanzó al final lo que quería preguntar desde hacía tiempo
-¿Sabes hacer magia?- La anciana lo miró, alzó su vista al rótulo que colgaba encima suyo e hizo como si no supiera de que hablaba. Miró a ambos lados dándole secretismo al asunto
-Antes de que te hable de estos temas, me tiene que decir quien eres y cuantos años tienes. Tengo que asegurarme de que no corro peligro contándote esto.
-Me llamo Lucas Segura Muñoz, tengo 7 años, voy a segundo de primaria de la escuela Jaume March, tengo una hermana pequeña, mis padres, mi hermana y yo vivimos en la calle….
-Vale, vale- interrumpió la anciana- menudo entusiasmo- Lo miró de arriba abajo como si lo evaluara- ¿Y porque preguntas por la magia?
-Porque todo el mundo dice que no existe, mi padre, mi madre, mi amigo Juanjo Lupe…
-¿Y tu que crees?
-Que si existe, pero no consigo verla.
-¡Ah! Y quieres verla para contárselo a todos, y burlarte de ellos
-No, no, no, ¡que va!, solamente quiero verla para saber que existe realmente, no se lo voy a contar a nadie, ni siquiera se me va a escapar. Además si ellos no quieren creer en ella es que son tontos- sonrió.
-Vale de acuerdo- permaneció en silencio varios segundos- Te voy a contar un secreto, pero no puedes decirlo a nada, ¿Vale?- el chaval asintió- ¿Lo prometes?- El niño volvió a asentir excitado. La anciana volvió a mirar a ambos lados, se inclinó y le susurró al oído- Yo no sé hacer magia, pero la he visto.- El niño se desilusionó.- ¿Quieres que te enseñe a verla?- Se le iluminaron los ojos.
-Espérame un segundo, que voy a coger una silla, comprenderás que yo ya estoy muy mayor para estas cosas- el niño entró con ella y descubrió el mundo de artículos de magia que se encontraba tras la puerta, y que no conseguía ver a través del cristal. Cargó la silla, y la siguió.
La anciana plantó la silla en la acera y se sentó. Lucas la observaba extrañado
-¿Estas preparado?-
¿En la calle? ¿Alguien hace magia en la calle? Pensó Lucas. Asintió para si mismo y comenzó a mirar a todos lados
-Mira el cielo- Lucas obedeció- eso es magia- el niño la miró contrariado, engañado y dolido- Claro, claro, tu no puedes verla aún.
-¿Porqué? Si no he hecho nada malo
-Pero no crees en ella
-Si, si que creo
-No de corazón
-Ayúdame, te lo suplico ¿Qué tengo que hacer?


(continuará…)

Leinad23

martes 6 de octubre de 2009

LA MAGIA EXISTE

Sentada en el crepúsculo de su alma, dejaba transitar sus pensamientos por el jardín de su espíritu incansable. Ese que busca infatigable, cualquier vestigio que hiciera saltar la chispa de su creencia absoluta en la “Magia”

Miraba entretenida el aleteo de una mariposa, que volaba buscando el lugar idóneo donde posarse. Y sonrió…

Notó el bullir de las hormigas laboriosas sobre la tierra esponjosa, canalizando su esfuerzo en conseguir un invierno placentero, recolectando para los duros y largos días pintados de grises tonalidades.

Detuvo su mirada en las incólumes montañas. Magníficas e inamovibles, se mostraban altivas y lejanas, más, cuando posabas los pies en su paisaje, las hacías tuyas sintiéndolas cercanas, acogedoras, absolutamente presentes.

Notó el calor de los largos rayos solares, recorriendo su espalda desnuda, y supo que la estaba poseyendo desde su altura infinita y fogosa. Se dejó arrastrar sin recato, y echó su cuerpo hacia atrás, en intento de hacerse suya por completo. Entonces divisó las nubes de apariencia algodonada y hasta creyó sentir su comodidad subida a ellas.

Éstas, espléndidas inspiraciones eternas, la acogieron en su seno, adormeciéndola. Sus párpados pesaron de repente tanto, que supo de inmediato de la entrada al mundo de los sueños. Soñó en una mirada profunda, casi animal. Unas manos recorriendo su piel hasta electrizarla, escuchó un golpeteo acelerado…

Su corazón.

E intuyó la pasión desbordante del encuentro amoroso en las fibras de su ser.

En los brazos de Morfeo dio forma a un paisaje en el que ríos y mares su fundían, en el que las flores primorosas regalaban sus perfumes y apariencias coloridas, en el que animales variopintos se acercaban a husmearla y de fondo, se escuchaban ruidos, entre los que distinguía claramente voces queridas. Algunas infantiles y otras no tanto. Algunas vestidas de ancianidad.

Y reconoció de nuevo el amor, en todas sus facetas…

Ese reconocimiento, la hizo estallar de felicidad por dentro, despertándola al presente físico anterior al alunizaje en los mundos de ensueño. La luna ya decoraba celestial e impresionante la cúspide del techo del mundo. Y sonrió mirando las diminutas estrellas acompañantes. Se afanó buscando las constelaciones brillantes en sus formas, mientras una ligera brisa erizaba su piel.
Inhaló el aire nocturno ansiosamente. No quería dejar de regalarse con todo lo que estaba sintiendo en ese día en el que había decidido descubrir, si esa “Magia” en la que creía; existía de verdad, pensando que sería acertado hacer su investigación; perdida entre la naturaleza sabia, abnegada, inamovible, eterna y llena de misterios.

Absorbiendo con detalle, cada nimiedad que la rodeaba, cada sentimiento que venía precipitado a su memoria, cada recuerdo, cada anhelo que albergaba el centro de su vestimenta corporal, la hicieron comprender; que la existencia de esa magia, residía en la vida en sí.

Cada átomo que conformaba la existencia limitada del ser humano, era por sí mismo, una partícula de magia. Y cada instante de paso en este agitado mundo; podía ser todo un espectáculo maravilloso donde la magia podría ser la protagonista, la maga alucinante, que dejara embobado a un público despierto a sus trucos fascinantes.



Todo estaba en querer apreciarlo, en desear notar las vibraciones positivas de esos instantes, donde el mejor regalo de vivir, era sentirlos. Saber que el hecho de sentir, era la “Magia” creada para nosotros de forma misteriosa e incomprensible, pero hermosa hasta el infinito… Miró en derredor levantando sus manos hacia el cielo, entendiendo…

Marinel.

domingo 4 de octubre de 2009

LA MAGA DE LOS MUNDOS

Permítaseme contar una pequeña historia proveniente de una historia mucho mayor… Por destino he conocido a la Maga de los Mundos y se me ha concedido la autorización para dar a conocer parte del asombroso secreto que fue, durante milenios, su vida.

Como todos los secretos de la Magna Ciencia, esta historia ha sido escrita millones de veces de maneras diferentes, formando parte de esta ciencia suprema que se ha ido develando y transmitiendo en múltiples y variados lenguajes que abarcan desde la ciencia hasta la religión… Una mente lo suficientemente atenta, es capaz de ver cómo, entre aparentemente sencillos enunciados, se traslucen los misterios del universo. Mitos, leyes científicas, doctrinas religiosas… La Magna Ciencia se revela a sí misma en todos los lenguajes posibles… La Magna Ciencia a la que hoy por hoy, los humanos llamamos, sencillamente, Magia…

Magia es el conocimiento puro.

Y como preámbulo a la historia que daré a conocer, se me ha pedido citar uno de los más importantes preceptos de la Magia:

“La palabra de un mago es lo más poderoso que existe en el mundo”.

Se me ha pedido citar este precepto con una aclaración necesaria: así como los magos son conscientes del poder que tiene la palabra, es hora de que los humanos también lo sean. La palabra crea mundos y es capaz de invocar, incluso, a las mismas fuerzas de la naturaleza. La palabra es el pensamiento manifestado y, por ello, tiene el poder de la creación.

… Y además era una de los grandes misterios que dominaba la Maga de los Mundos.

Cabe señalar, además, que la gran maga siempre insistía en que “Todo es posible si ha podido ser soñado” porque a nuestro limitado entendimiento se le suele pasar por alto las similitud, incluso fonética, que guardan las palabras “magia” e “imaginación”. Cuando a la Maga de los Mundos se le preguntaba el secreto para viajar en el tiempo y el espacio (porque ella poseía la llave para abrir la puerta a todos los mundos), ella solía decir que aquel no era ningún misterio y que aquel prodigio, que todos consideraban inalcanzable, se había venido realizando a lo largo de toda la historia de la humanidad: “La imaginación –decía ella- es el medio que muchos han usado para hacerlo… La imaginación es la llave que abre la puerta a todos los mundos”.

He aquí el inicio de su vida, tal como consta en los Registros de la Luz:

“La noche – día en que Iswen nació, el cielo estaba más oscuro que de costumbre. Todas las estrellas se habían escondido, quedando solo la más brillante junto a la luna llena. La madre de Iswen dormía apaciblemente cuando de repente sintió un fuerte dolor que le despertó. Supo de inmediato que su hija nacería en ese momento porque durante todo su embarazo, cuando aquella estrella aparecía junto a la luna, pasaba la noche en vela.

Era el noveno plenilunio del año.

La niña nació en el momento exacto en que se acababa la noche y empezaba el amanecer. A lo largo de ese día se formaron siete hermosos arco iris alrededor del sol. Era un espectáculo nunca antes visto, por lo que el Consejo de Magos y Magas visitó a los padres de Iswen, que eran los reyes de uno de los reinos de Uris, para contarles que los arco iris eran la señal de que había llegado una nueva maga al mundo y que, sin duda, sería una maga muy poderosa, pues había nacido en el segundo en que se unen la noche y el día y podría traspasar las puertas a todos los mundos, incluyendo el de los sueños.

Pasaron años de arduo aprendizaje hasta que llegó el día en que Iswen sería iniciada oficialmente como maga. Este era un día realmente especial: en la ceremonia de iniciación recibiría el nombre con el que sería conocida solo entre los Magos Mayores y que le daría todo el conocimiento sobre todas las cosas. Los mortales la conocerían siempre como Iswen, pero a partir del día de su iniciación, ella se convertiría en la Maga de los Mundos al recibir su nombre verdadero, el que la haría inmortal y, con él, todos sus poderes y las palabras mágicas que no debería olvidar nunca jamás.

A la ceremonia asistieron los Señores del Valle Dorado, que eran quienes custodiaban la entrada que dividía la parte mágica del mundo de la que no lo era. También asistieron los miembros de la Corte de los Mundos, representantes de todos los mundos visibles e invisibles; así como los reyes y reinas de todos los reinos de Uris. La ceremonia fue llevada a cabo por el Consejo de Magos y Magas y fue el Magnum Mago que lo presidía, cuyo nombre no puede ser pronunciado o escrito, el que hizo su aparición para dar a Iswen la llave maestra que debería custodiar, por ser la Maga de los Mundos. El momento más emocionante fue cuando el Magnum Mago le entregó a Iswen la llave y le dijo su nombre: le ordenó a ella mirarle directamente a los ojos y se lo dijo con la mente, pero Iswen lo pudo escuchar clara y fuertemente, como si el Magnum Mago lo hubiera gritado. En ese preciso instante, Iswen se convirtió en la Maga de los Mundos: la más bella, luminosa y resplandeciente maga que jamás existió...”.

Isis de la noche.

viernes 2 de octubre de 2009

LA CARTOMÁNTICA

Las cartas produjeron un sonido susurrante al rozar con la superficie de la mesa. La mujer sintió en su cuerpo esa música tranquilizante, le recordaba su poder sobre mucha gente. Greñas blancas cubrían sus ojos, dándole aspecto de cachorro hambriento y feroz. Frente a ella estaba un hombre, tan viejo como ella. El individuo la miraba con temor reverente, la cartomántica se lo había implantado con trabajo cuidadoso de años. La receta fue sencilla: aterrorizarlo con una predicción espantosa y asegurarle la evitaría con sus hechizos.


Fuera de la habitación esperaban otros consultantes. En la última predicción había vaticinado una desventura impenetrable, una tragedia incomprensible. Todos resultarían afectados, había dicho, y angustiados se preguntaban por qué. Estaban allí repletos de frágil esperanza, no estaban seguros sí la mujer podría esta vez alejar el mal. Siempre lo había hecho, desde considerables años atrás. Cuando ocurrieron cosas funestas, no pronosticadas por ella, su explicación siempre fue la misma:

—Lanzaron un mal. Sé quiénes fueron, no puedo decirlo, es gente conocida, está prohibido nombrarlos —y lo decía en tono bajo, mirando hacia los lados con ojos perrunos.

—Dame el dinero —dijo en ese momento al hombre frente a ella— debo comprar objetos mágicos y hacer sacrificios cada noche,… ¡No hables con nadie! ¿Qué dicen los demás? —preguntó, imitando el tono de voz de las pitonisas en la TV.

—Están asustados —contestó el hombre, frotándose los dedos con gestos nerviosos— les preocupa lo costoso de las cosas. Están pidiendo un milagro, algo que lo evite sin que nos cueste el dinero de la comida.

—La desgracia ocurrirá si no hacen lo que digo, —insistió molesta y comenzó a barajar las cartas con destreza, — mira, mira, aquí se verá —y lanzó tres cartas para reforzar sus palabras. Entonces dio un gemido cuando las miró.

— ¿Qué pasa? —preguntó muy asustado el viejo.
— ¿Qué es esto? ¿Qué será? —dijo la mujer en voz baja, irguiendo el cuerpo como para alejarse de las barajas.

El hombre frunció el ceño y la duda que siempre estuvo en su conciencia se asomó con fuerza.
— ¿Qué será?... —pensó— nunca había dicho eso, ¿en verdad sabrá de esto?
En ese instante el techo crujió y un trozo cayó en la cabeza de la pitonisa. La mujer murió sin producir algún sonido.

Un año después, viendo el futuro con optimismo, todos decían aliviados:

—Ella hizo el milagro. Nada nos pasó y salió gratis.


Joseín Moros

miércoles 30 de septiembre de 2009

EL ESTIGMA DEL DIABLO

“Stigma Diaboli” de una bruja fosilizado en piedra.

Cuando corría el año 1695, Ricardo Monzón, agricultor de Montilla, presentó una denuncia ante el Santo Oficio. Acusaba a su vecina Margarita Cuevas de que esta, con magias de brujería, malograba todos los huevos que ponían sus gallinas. Todos ellos, inexplicablemente, cuando se abrían, estaban impregnados de sal. “Excelencia –había dicho Ricardo Monzón al Inquisidor-, por culpa de los hechizos de esa mujer hay en los huevos más sal que en las propias aguas del mar.” Además, habría argumentado nuestro hombre, Margarita mostraba en su pecho uno de esos estigmas con los que el Maligno marca a sus fieles más distinguidos. En efecto, aclaró Ricardo, su vecina tenía tres pezones en el pecho, en lugar de los dos que resultan habituales en las mujeres.

Se dice que los inquisidores admitieron la denuncia, de modo que pronto dieron comienzo los interrogatorios y las torturas que se prolongaron durante casi dos años. Margarita, al cabo, reconocería que todo aquello de lo que era acusada era cierto. Se declaró culpable, por tanto, de que los huevos de las gallinas de su vecino resultaran insoportablemente salados, así como de tener en su pecho, además de los dos habituales pezones, una tercera “tetilla” con la que, sin duda, la había marcado Satanás en el mismo momento de su nacimiento. En aquellos tiempos, el conocimiento científico estaba algo atrasado de modo que a los inquisidores ni siquiera se les pasó por la mente comprobar si los huevos que ponían las embrujadas gallinas estaban realmente salados o no. La bruja, apaleada, había confesado su crimen y eso les bastaba.

Mucho antes de que se hiciera desfilar a Margarita por las calles de Córdoba, camino de la plaza de la Corredera, en el Auto de Fe que se celebró en esta ciudad el 7 de agosto de 1699, las gentes de Montilla supieron que la misma noche en que Ricardo Monzón interpuso la denuncia, su esposa había abandonado el hogar familiar. Parece que su marido nunca supo aclarar porqué sabía que la vecina tenía tres pezones…

Señales malignas

Pronto, en el pueblo, corrió la voz de que el Inquisidor de Córdoba, don Iñigo de Meléndez, tras la confesión de Margarita Cuevas y el mágico suceso de los huevos embrujados, se había desplazado a Montilla guiado por el ánimo de investigar la posible presencia allí de otras brujas. Las gentes lo habían visto acompañado de cierta muchacha de Écija de la que decían que sabía reconocer en el cuerpo de las hechiceras el “Stigma Diaboli”, esa señal que el demonio marca en las gentes descarriadas cuando sus almas entran a su servicio… Pronto un miedo intenso sacudió a las mujeres montillanas.


Escena familiar de los felinos en reposo.


Poco después, sin embargo, todas ellas pudieron suspirar con alivio contemplando como con ciertas urgencias los hombres del Santo Oficio regresaban a Córdoba. Parece que la noche de antes de la partida, en ausencia de la Luna, cuatro gatos asilvestrados, tres de ellos blancos y el cuarto negro, habían atacado a la muchacha que don Iñigo de Meléndez había contratado, que mostraba ahora en sus delicados pechos, tras los envites gatunos, las marcas de trece de esos diabólicos estigmas.


ANTIQVA

lunes 28 de septiembre de 2009

SAKIAIRA

I

Nací entre los muros de Zaratustra. Ese día las lágrimas del mundo eran de alegría. Los pájaros pintados en los altares de fuego, escaparon y entonaron melodías en mi cuna. Mi padre fue un río que bendecía con su limo. Callado me enseñó los principios de la vida sólo con ejemplos. Tenía la voz de las olas estampadas en las piedras intrusas. Me indujo a amar la oscuridad de la noche como al misterio más sagrado. De mi madre, sólo sé que, fue una hoja fecundada por el río y así nací con las fuerzas del agua que recorre las llanuras. Ella tenía ojos de canoas y hablaba como el sol naciente. Aliviada, luego de mi nacimiento fue a dormir por siempre en un nido entre los toros alados en bajorrelieve.

Espero las últimas horas de las noches para guardar las estrellas en el balcón de mi alma. Ellas luego saltarán, sin mi permiso para colgarse de esa sombrilla oscura que cubren los días. Desde allí lanzan hebras de poemas que prenden en los corazones enamorados. No son poemas terrenales, por eso tienen más música, es la melodía del profundo espacio.

No creas que estoy siempre en el mismo lugar, porque a veces me gusta transitar por la carretera que forman las nubes secundadas por las luces que el sol me prestó.

Siempre me preguntan cual es mi nombre, y vos también querrás saber. Me llaman SAKIAIRA y cuando me nombran voy prendida en un pentagrama con líneas de golondrinas, son las que viven en los muros de Zaratustra. Sí, en esos huecos encallados en los capiteles. Traen su doctrina como un tren de himnos con principios éticos que no temen a los terrenos difíciles de la vida.

Cuando llega abril me subo a un barrilete y muy arriba el viento me enseña que la muerte está acosando en cada momento, pero la muerte es mujer como yo y no le temo. La veo siempre secando el rocío, rompiendo los nidos y en el proyectil que se hunde en un pájaro. Desde el barrilete, pinto los arco iris, y enciendo de rojo el horizonte mañanero. Me ayudan las mariposas que vienen desde el otro lado del cielo, llegan en paracaídas de flores .Sus alas se sacuden para secar más rápido todo lo que pinto.


II


Un día de tormentas, vi que los océanos crecieron tanto y con sus olas salpicaron mi barrilete ,me avisaban que bajara para ver la tierra temblando, devorada en sus orillas por las aguas .Entonces quise llenarme del poder divino y hablarle, pero Dios estaba ocupado en la distribución de continentes y aguas. La fuerza de un huracán me llevó a una isla de caracoles donde los árboles habían desaparecido hacía mucho tiempo y en el suelo caracolado dormían miles de rayitos de sol. Vi un ángel que extendía sus alas invitándome a volar a un lugar donde se juntan el sol y la luna para repartirse los eclipses y las fases en una precisión matemática. Acepté y juntos fuimos a plantar latidos de estrellas, pero de pronto me enredé en un aro de Saturno. Cargué con una pequeña franja y viajé por encima de las galaxias. Deshilé a esa franja de Saturno, formé un enorme ovillo y fui cosiendo los días de modo armonioso, como formando un telar tomando el color de los desiertos y de las selvas, poniendo la humedad de la hidrosfera, el suspiro amoroso de Dios y todo el oxígeno del amor.

Así el calendario contiene a todos los seres, a los animados y los inanimados. Eso sí, como me llamo SAKIAIRA y habito con los ángeles, me aseguré que la guerra no tenga lugar, porque en ese telar la maldad se filtra y cae al vacío inconmensurable. Este telar sostiene ejemplos valiosos, desprendidos de la órbita divina, se siembran ilusiones y concretan esperanzas.

Te aconsejo que dejes las tristezas en los pétalos de las rosas, la tristeza que salpica en cualquier momento queda triturada y cada pedacito se prende en los labios como sonrisa. Es así. No falla, prueba demoler lo malo con tu pensamiento y verás que tienes más fuerza que un tornado.

Stella Maris

sábado 26 de septiembre de 2009

El reloj se puso en marcha ...

Pasad, Por favor... El Gran Salón ya está dispuesto...

Acomodaos donde más os guste...


Terminado el tema "Parar el tiempo", que ha sido francamente interesante y curioso... El Reino se dispone a entregar las tres menciones especiales, tal como hacemos al término de las publicaciones de los Autores.

Muchas gracias por la ayuda de vuestros votos a los textos, pues son determinantes a la hora de elegir los tres que más han gustado.
Gracias también por las críticas constructivas, que no hacen más que enriquecer nuestra manera de escribir... y a todos vuestros comentarios y a las visitas silenciosas...

Bienvenidos a los nuevos miembros y a los nuevos seguidores.

Bueno, aquí llega el Príncipe... Shssss, Escuchemos lo que tiene que decirnos:

"Los ganadores de los relatos de Género: Ficción y tema: Parar el tiempo son, en esta ocasión...




- Camino por su relato titulado: "Valió la pena"

- Joseín Moros por su relato titulado: "Margarita y el reloj"

y

- Javier Marzo por su texto titulado: "La urna"

A los tres, por su originalidad, su manera de atrapar la atención y sobre todo... por la calidad y calidez humana que desprenden sus almas, capaces de plasmar en las palabras sus sensaciones y convertirlas en historias que comparten con los demás...

Ya conocéis la imagen que identifica a los ganadores de cada tema... Es para vosotros.


Queridos Autores,
Nuestra más sincera enhorabuena. Esperamos que este pequeño presente quede colgado en vuestros blogs, (si ese es vuestro deseo, claro) como muestra de nuestro agradecimiento, amistad y reconocimiento.

Un beso a todos, queridos amigos... Este Reino sigue en pie, por vosotros, adorables y brillantes seres.

Los príncipes de Comansi.

jueves 24 de septiembre de 2009

Gracias.

En breve entregaremos las tres menciones especiales.

Mientras tanto, el jardín de Palacio está precioso... Ya sabéis que todas las variedades de flores están a lo largo de los tranquilos senderos... el estanque con los nenúfares... plagado de hadas juguetonas, deseosas de pasarlo bien.
Y el lago os ofrece la paz necesaria para una declaración de amor o un paseo de la mano de... ella.



Gracias. Hoy me asomé a la Torre Norte y pude veros charlando felices y una sonrisa se me pintó en la cara sin poderlo evitar...

Enseguida estará preparado el Gran Salón para esa pequeña reunión de amigos.
Un beso de los príncipes.

martes 22 de septiembre de 2009

¿DIGA...?

Estaba sola, tranquila sin ningún propósito sino descansar del calor, al refugio del aire acondicionado de mi pequeño apartamento…

Fuera, el sol calentaba como lo suele hacer en agosto… implacable incluso a última hora de la tarde. Eran las ocho y la temperatura no bajaba de los 35 grados.

Hoy había sido un día difícil… Él no se presentó, no pude despedirme. Sabía que no vendría… sabía que no se atrevería… Tomé mi avión de todas formas… para no volver. Estaba claro que aquello no funcionaba. Yo no quería una relación asfixiante, como la que acababa de dejar atrás con mucho dolor y problemas.

Ser individuo y poder compartir buenos ratos, eso era todo. Sexo, risas, amor incluso… pero dos enteros que caminan, no dos mitades que han de complementarse…

Tiré la blusa en el suelo y solté el corchete de la falda, que se escurrió hasta mis tobillos sin un quejido, suavemente… de una patada solté un zapato y otro…

Encendí la tele, y me dejé caer pesadamente sobre el sofá… No sé el rato que pasó, tan solo quería estar allí tirada para siempre… bueno, al menos hasta el lunes. Adormecida pasaron deliciosos minutos y escuché a lo lejos el timbre de la puerta. No me voy a levantar me dije….
Pero el timbre sonaba y sonaba insistente, constantemente.

Buffff, Sin darme ni cuenta de cómo iba ataviada me acerqué a la mirilla y allí vi a una muchacha menuda y mal peinada que estaba inmóvil con el dedo sobre el botón del timbre con una extraña expresión en la cara, como atravesando la puerta que distaba apenas un palmo de su nariz.

¡Basta! Le grité sin abrir… ¡No quiero nada! ¡Márchate, chica!

Pero la condenada muchacha no soltaba el timbre, como una estatua, sin variar un ápice su rostro ni su postura…

¿Cuánto rato llevaba llamando? Diez minutos, al menos.
Miré, estirando el cuello, el reloj de la pared, sobre la tele… Las ocho… ¿Las ocho? No puede ser, Ese reloj se ha parado. A las ocho he llegado a casa del aeropuerto….
Fui a por mi móvil, mientras el endemoniado timbre sonaba ya a trancas y barrancas, a punto de quemarse…

Las ocho… ¡Joder! Pero no puede ser… De repente reparé en que la tele no sonaba. La imagen estaba detenida en ese estúpido anuncio de uno que lleva a sus dos niñas a un banco…. Golpeé la parte de arriba de la pantalla. Uy, algo raro pasa.
Me dirigí a la puerta decidida a abrirla y ver qué narices le pasaba a esa loca…

Al abrir, ni me miró, ni dejó de pulsar con el dedo índice.

¡No me oía! De hecho no podía verme ni escucharme, era como una estatua. Quité suavemente su mano del timbre y éste dejó de sonar por fin. Pasé la mano por delante de su cara pero la nena estaba en off.

Mucho silencio en el descansillo… El ascensor parado. Le llamé y escuché como las puertas se cerraban un piso más arriba y comenzaba a bajar. Normalmente se abrió, pero un tío con un maletín estaba en su interior, inmóvil, igual que la niña de la puerta.

Pero… ¿Qué….? ¡Oiga! Oiga, despierte, le zarandeé, y ya me atreví a tocar su cara con mi dedo, a ver si era de verdad…
Entonces comencé a buscar las cámaras para un programa de esos de bromas… ¡Venga, os he pillado! Hala, ya os habéis divertido bastante… He picado ¡Vale! Ya es suficiente…
Mientras gritaba como una loca por el pasillo delante del ascensor con los brazos en cruz y mirando para todos los rincones del techo… intentaba encontrar las cámaras ocultas.

No obtuve respuesta alguna. Nada. Ni flores, ni risas, ni un montón de gente desbaratando el chirigüito televisivo a mi costa.

En esas estaba cuando mi móvil, de repente sonaba… El ring, ring de llamada desconocida. Corrí a cogerlo y me dí cuenta de que estaba semi desnuda... Espero no haber salido así en la tele.

¿Diga? ¿Sí?

“Esto es una grabación. Desde este instante tienes 48 horas para ti. Solo a quien toques despertará y podrá compartir ese tiempo contigo. Tu decides qué hacer…”

¡¿Quéeee?! Pero qué dice este chiflado. Miraba el móvil como si el pobre aparato pudiera contestarme por si mismo.

Perdón…

¡Vaya, el tío del maletín! Allí estaba, en la puerta de mi casa y yo, casi en pelotas…
¿Qué pasa? Le dije muy digna. ¿Es que nunca has visto a una mujer en ropa interior, cretino?

Él bajó los ojos (qué mono…) y balbuceó algo que no entendí…

Aproveché la coyuntura para ponerme la blusa que estaba junto a mis pies. Mientras intentaba pensar… Menuda estupidez.

Pasa, hombre, pasa… Lo hizo esquivando a la muchacha que ocupaba casi toda la puerta….
Espera, que la toco y que se quite ella (No puedo creer que esté diciendo esto…) Pero así fue. La toqué y pareció despertar de un profundo sueño. Algo confundida me miró interrogante…
¡No lo sé!, niña. Ni idea. Alguien me ha llamado y dice que por dos días el tiempo se ha parado… Pues ya podría haber empezado esto el lunes y no hoy…

Los tres nos miramos sin saber qué hacer.
Pues hala, cada uno a su casita dije empujando a los dos hacia la puerta, que yo tengo 48 horas para dormir…

Me tiré de nuevo al sofá, dormí un par de horas…y de pronto, el móvil sonó… Me sobresaltó… ¡Vaya sueño más estúpido acabo de tener… Parar el tiempo, valiente majadería…!

¿Sí? ¿Diga...? ¿Cariño? Vaya… Te esperé en el aeropuerto. Y ahora, ¿Para qué me llamas…?
Escucha… algo raro pasa…

Y al mirarme, descubrí que llevaba puesta la blusa…

Natacha.

domingo 20 de septiembre de 2009

PARAR EL TIEMPO (POEMA)

PARAR EL TIEMPO

¡Ay si se pudiera detener el tiempo!
Hacer que no exista, un mañana, un luego.

Quedarse tan solo con los ojos puestos,
prendidos el uno, del otro en un vuelo.

¡Ay si se pudiera detener el tiempo!

Acaso no sabes que esto no es la vida
que lo nuestro un día se va la deriva
que por más que quiera, nunca, viviremos juntos.

Tú, en tu propia casa, yo en la mía, ausente
por eso quisiera detener el tiempo
cuando estás conmigo, que nada te aleje
que seas siempre mío.

Pero es imposible,
ya nada ni nadie, detendrá éste tiempo.
tan solo la muerte
pondrá fin a esto.



María Rosa

viernes 18 de septiembre de 2009

EL RENACER DEL AVE FÉNIX

Las manecillas del reloj avanzan inexorables, arañando una existencia vacía, sin brillo, atrás quedaron aquellos días en que la sonrisa pendía de los labios, la cristalina carcajada avanzaba desde el diafragma hasta la garganta en un concierto bien orquestado de melodías. No recordaba en qué momento la sonrisa se había mudado de su rostro ocupado hoy por un extraño rictus.
Todo su cuerpo estaba en tensión, cada mañana empezaba una nueva carrera contra Cronos que la agotaba física y mentalmente sin lograr en ningún momento arañar ni un sólo segundo al dios del tiempo. Derrotada se entregaba cada noche más tarde a los brazos de Morpheo en un vano intento por recuperar parte del yo perdido.

Los jirones de su alma empezaban a ondear al viento sin que fuera capaz de reconstruirla, hacía tiempo que había dejado de tejer en la noches aquellos retales que se le desprendían durante el día, cada noche se reinventaba para salir con la luz del sol a la calle completamente distinta. Pero después de mucho esfuerzo logró convencerse de que crearse una realidad paralela no era la solución a sus problemas y exigía demasiada constancia.

Abocada al abismo de sus sentimientos, se paseó en el alambre de su vida, cada fragmento pasó ante sus ojos como si de una película se tratara, las lágrimas se derramaron cual torrente, a su paso arrastraban penas enmascaradas de sonrisas. La invadió una sensación de paz, al tiempo que una nebulosa blanquecina la envolvía en sus brazos y el dolor iba quedando relegado a un estado de semiinconsciencia, de nuevo oía la cadencia cristalina de la risa, y en sus labios la más hermosa de las sonrisas adornó su rostro.

La sorprendió el alba en aquel estado aletargado, se levantó como cada mañana dispuesta a comenzar una dura lucha, pero se sentía dichosa, por primera vez en mucho tiempo no tuvo que pintarse una gran sonrisa para lanzarse al mundo, su mirada brillaba, emitía destellos que no pasaban desapercibidos. Todavía era pronto para evaluar las consecuencias de ese viaje al interior de su alma, las respuestas a sus preguntas las tenía ella misma y durante años se había negado la posibilidad de conocerlas.

Las manecillas del reloj avanzaban con más lentitud de la habitual, en aquel instante comprendió que perder una batalla contra el tiempo no significaba ser derrotado en la guerra. Comenzó a organizarse de otra forma, en sus manos no estaba el parar el discurrir de las horas que se le escurrían entre los dedos como la arena, pero podía usar otro recipiente para retenerla.

De pronto ante su mirada incrédula, su vida había vuelto hacia atrás, a ese preciso momento en que dio un vuelco y fue expulsada del paraíso y arrojada ante las puertas de su infierno particular, aquél en el que se había visto sumida en los últimos tiempos. Comprendió en ese instante que comenzaba una nueva contienda que quizás le permitiría reparar el daño ocasionado, restaurar su alma.

Revivió con calma los acontecimientos de aquella mañana, el café se había quedado frío en la mesa, Toni estaba preparado para ir a la guardería, en la ducha el agua discurría y una cantinela envolvía la casa, sonrió en su interior, quizás todo había sido una pesadilla, y era el momento de despertar. Abrazó a su marido antes de salir, qué distinto era todo de aquel aciago día, cogió la mochila del peque, lo subió al coche y resolvió desayunar en la oficina.

El tráfico estaba imposible, pero una tranquilidad inusual en ella la embargaba, con una hora de retraso llegó a la escuela infantil, dejó a Toni, y enfiló con la misma cautela el camino a su trabajo, al llegar los expedientes se amontonaba en su mesa, se dio cuenta de que no saldría a hora de recoger a su hijo. Minuto tras minuto el reloj le recordaba el avance del tiempo, a media tarde llamó a su marido para que recogiera al niño. Aquel día Cronos avanzaba despacio, pero también ella parecía imbuida por esa lentitud. Pensaba que aquello era solo un sueño del que despertaría más tarde envuelta en un mar de lágrimas.

Las sombras envolvían la calle cuando salió de su despacho, pensó con tristeza lo difícil que sería llegar a una casa deshabitada, sin que nadie la esperara, sin duda su sueño había terminado y la realidad se imponía amenazadora. Al llegar a su hogar las luces le dieron la bienvenida, en su interior la cocina bullía, y las risas impregnaban el salón. Entró despacio, como si temiera romper el encanto de la escena.

Le robó horas de nuevo a Morpheo para contemplar a su dos hombres, qué distinto era de hacia un año, cuando despertó en la cama de un hospital, con su marido lloroso, cuán ruin fue la noticia de la pérdida de Toni. Jamás pudieron superar como pareja la muerte del pequeño y se quedó sola en aquella casa llena de recuerdos, temía dormir, y que la magia finalizara.

El sueño la encontró desprevenida y sucumbió a su abrazo, a la mañana siguiente el silencio volvía a ser el dueño de su vida, miró el reloj, a su lado las sabanas conservaban la tibieza de otro cuerpo, se levantó con inercia y si dirigió al fondo del pasillo, en una mecedora dormían los dos amores de su vida, se preguntó si había roto el maleficio, y se dispuso a vivir otro día de felicidad.
Las sombras se adueñaron de nuevo de su vida, el sueño tenía un final, pero ahora sabía que si bien no podía recuperar todo lo perdido, sí podía luchar de nuevo por su felicidad. Llamó a la única persona que había amado en su vida, a la que seguía recordando día a día y se propuso construir con ella un nuevo hogar. En su mente una duda, que se disipó apenas una voz masculina ocupó el otro lado de la línea. Se abría una esperanza y se cerraban las puertas del infierno.


Carmina

miércoles 16 de septiembre de 2009

SOLO DOS DÍAS

Ya no puedo llorar más. Las lágrimas no consiguen purgar mi dolor. Debo decirte adiós para seguir adelante. Por eso he decidido escribirte esta carta, resguardada por la soledad de la noche y la oscuridad de mi habitación:


Amado hijo:

Hace tres noches que no logro dormir. Cada vez que cierro los ojos, veo tu cara reflejada en mis pupilas y escucho los pitidos de esas malditas máquinas, que te mantenían conmigo. Sólo dos días, 48 malditas horas. Sólo pedía eso y el Dios que dicen nos guía no nos las concedió. Quería sacarte de ese hospital. Quería que notases el sol en tu piel y el aire en tu rostro. Quería volver a casa. Pero la enfermedad era más fuerte que tus minadas fuerzas. No eras tú el que sobrevivía en esa cama. Hace meses que te habías ido y raras veces volvías a este mundo, al notar el roce de mis manos o los besos que dibujaba en tu frente. Abrías muy despacio tus ojitos y dejabas escapar una sonrisa, que me daba fuerzas para continuar al pie de tu cama. Siempre fuiste más fuerte que tu padre y que yo.

Si pudiese dar marcha atrás y parar el reloj. Si pudiese tener ese escaso margen de tiempo, esas 48 horas, mi niño estarías en tu cuarto, con tus juguetes. Con papá y mamá.

Había preparado tus cosas, tus cochecitos, tu cama, que sé que echabas de menos. Pero el tiempo se nos fue. Después de tanto pelear, se fue. No te imaginas lo que me duele decirte adiós. Me cambiaría por ti, sin pensarlo, con los ojos cerrados. Pero ahora sé que estés donde estés mi niño por fin descansas.

Esta noche volví a soñar contigo. Te vi corriendo, saltando y riendo feliz en el jardín de casa, jugando con Rufo. Siendo un niño, que era lo que debías de haber sido. Si ese ente que vive en el cielo existiese nos habría dado el tiempo suficiente para dejar el hospital y viajar a casa. Pero amor eres tan maravilloso que no podía esperar más tiempo para tenerte a su lado. Aunque la envidia es un pecado, sentía envidia de ti y de mí. Él nunca quiso dejarte, pero te le escapaste de entre sus ángeles, para venir a tocar mi corazón.

Perdona que la tinta de mis palabras esté corrida, pero mamá necesita llorarte para poder permitir que te vayas.

Te querré siempre. Espérame un ratito, que pronto subiré a arroparte.

Mamá

lunes 14 de septiembre de 2009

TIEMPO VIEJO


El brillo o los visos de su ausencia meciéndose en placard de mis recuerdos sin memorias una hoja y una papel sobre la mesa testigo de cada letra y versos que se frustran al mirar su retrato fijado a la pared como el epitafio de su inexistencia...tan irreal como incoherente allí tu rostros detenido...Obligándome amarte quizás como bendición convertida en maldición; trazando tu rostro enigmático he indescifrable para mis analfabetas letras que siendo no son nada; asesinadas por unas cuantas puñaladas de tu indiferencia...Abandonada entre la ausencia de lo que solo queda de ti, sombras que son las inquilinas de tus agonizante rastro; obligado a mi existencia efímera y pasajera a vagar entre la niebla de tu desprecio he indiferencia te busco anhelante entre mis versos y palabras esperando encontrar algo de ti que me de una señal de mi; de que quizás por alguna remota idea a un no te has marchado y sigues aquí conmigo...

Me aferro a tu retrato con mis ojos llenos de ti; el reflejo de tu imagen se hace visible en mis pupilas que lloran tu ausencia y que maldicen tu existencia caigo de rodillas esperando que algún ser al cual algunos se aferran escuche mi suplica mientras reniego el de por que amas?

Te miro desde mi ventana y solo se que te amo y que quizás esta sea mi condenación amarte entre el silencio conformándome solo con amarte....Amor que nació un verano de abril amor que se hizo viejo con el pasar de los años y que hoy hace estragos en mi pelo ya emblanquecido; sin dejar pasar este cuerpo que ya viejo tembloroso camina cerca de la ventana cada mañana con la pocas fuerzas que me regalan; para verte una vez mas...Solo una vez mas, por que quizás mañana no te vuelva ver; sonrió al ver que la vejez no ha llegado solo a mi... Es gracioso saber que yo una vieja pueda amarte como aquella niña de quince años que un día conociste con la sonrisa nueva y con lo ojos llenos de vida y saber que hoy estoy aquí suplicado al cielo un día mas...¿Pero esperen que pasa? para donde se lo llevan? Dije - cálmense me decía un enfermera mientras que mis fuerzas se agitaban entre mi desespero unos cuantos enfermeros pasaron mientras yo escuchaba un ¡lo perdemos!- Enfermeras vengan se nos va

No comprendía lo que sucedía pasaron algunos minutos mientras el alma se me iba con el...
Algunas enfermeras salían moviendo la cabeza y repitiendo hicimos lo que estaba en nuestra manos pero era su tiempo unos cuantos enfermeros salieron con la camilla -pero si, allí estaba su rostro pálido y moribundo era el mientras que lo mire el mundo se detuvo y pareciese que caía en mil pedazos algunas enfermeras corrieron hacia mi; cuando desperté pensé en El… Salí a buscarlo con la pocas fuerzas de que conservaban a un camine tanto, tanto; preguntaba para que me dieran razón de el estas me llevaron a un solo lugar a su tumba si ahí estaba su nombre caí de rodilla ante El y recosté mi cuerpo...

Poco tiempo después la encontraron muerta reposando al lado de la lapida con su rostro tranquilo y sereno quizás como si lo hubiera esperado toda vida...Bien dicen que algunas almas no podrán estar juntas en la tierra pero si son pacientes y esperan si en el cielo. El tiempo se detuvo para estos dos viejos que lo vieron pasar a su lado tan deprisa temeroso lento y rápido, tiempo que los llevo a un mismo lugar y tiempo que se detuvo para ellos por que quizás este paso tan rápido que necesitaba descansar...Y es a si como el tiempo de estos dos viejos paro en una tumba sin importan los minutos horas y segundos que se marcaran en el reloj


Venus…

sábado 12 de septiembre de 2009

UN PARÉNTESIS EN EL TIEMPO

Aquella tarde al salir de mi casa, como siempre, tomé un taxi. Al acercarme al chofer para decirle donde quería que me llevara, quedé muda de la impresión. De inmediato di vuelta la cabeza y comencé a mirar por la ventana, disimulando que no le reconocí.

Sentía que me observaba por el espejo retrovisor, yo trataba de mirarle de reojo y asegurarme que realmente era él. La manera en que iba vestido era muy similar a la que le conocía. Su voz… la oí tantas veces!!!. Se parecía, pero han pasado tantos años que podría haberla olvidado.

De repente, en un semáforo en rojo, apoya su cuerpo en la puerta del auto y a la vez su codo en la ventanilla, tomó su barbilla con la mano izquierda. ¡Era él!. ¡El solía tomar esa posición cuando conducía.!

En ese momento mi respiración se detuvo por unos segundos, me puse más nerviosa de lo que ya estaba y comencé a pensar que no podría ser real lo que me estaba sucediendo. Esas cosas sólo pasan en las películas ó a los demás, nunca me sucedería a mi.

Continué mirando por la ventanilla del auto y pensando si era o no él. El único hombre del que había estado enamorada de verdad y al que había dejado escapar por inmadura y caprichosa.

Cerré los ojos al atardecer que se dejaba caer por la cordillera, y en un instante estábamos, sin darme cuenta, en un lugar lejos de la ciudad y del ruido. Cuando me incorporé para ver que pasaba, el me observaba fijamente. No pude seguir esquivándolo, asi que al fin lo miré a los ojos y de inmediato saltó al asiento de atrás y se puso sobre mi, tan cerca que creí que me desmayaba.

Sus hermosos ojos verdes se clavaron en los míos. No dejaba de mirarme. No se cuanto tiempo estuvimos así. Yo no lograba emitir palabra, y creo que la angustia hizo que comenzara a rodar una lágrima por mi mejilla, la que al llegar a mis labios fué detenida por sus besos.

No hubo palabras, no hubo reproches. Volví a sentir la tibieza de sus labios sobre los míos, su lengua volvía a explorar cada breve espacio de mi boca. Besó mis ojos, mi frente, mi naríz, mis orejas, mi cuello.

No quería abrir los ojos, sólo sentirlo, abrazarlo y aferrarlo a mi cuerpo. Sólo pensaba en volver a tener sus manos y caricias sobre mi piel.

Se agarró de mi cintura y comencé a sentir su respiración en mi cuello, mientras que a lo lejos escuchaba el sonido que emitía mi cuerpo que ya empezaba a descontrolarse... Luego, una voz que me decía...

-Señorita, ¿le sucede algo, se siente bien?.

Abrí mis ojos. Estaban llenos de lágrimas, me sentía muy agitada. ¡Había sido todo tan real.!

-Ehhh, si claro, estoy bien, ¿ya llegamos?- dije, volviendo a acomodarme en ese asiento.

Una corriente helada me recorrió de pies a cabeza. Sentí que volvía de abrir y cerrar un paréntesis en el tiempo.

Sin querer aun mirarlo a la cara, le pregunté por el costo del viaje y de inmediato se giró para decirme: -Son dos mil pesos señorita-.
En ese momento. Sólo en ese instante, me atreví a mirarlo de frente a los ojos.

Definitivamente no era él.


Creo que preferí que así fuera. No habría soportado su mirada acusadora, o el que no me hubiera reconocido. O peor aún... su indiferencia.

¿Dónde estás?, ¿Con quien?, ¿Eres feliz?... ¿Me recuerdas como yo a ti?

LA DE LOS SUEÑOS.

jueves 10 de septiembre de 2009

LA URNA

Gerard abrió la puerta del laboratorio y empezó correr por el pasillo iluminado, por diminutas luces de neón adosadas al techo. Preso de una gran excitación, chocó de frente contra el guardia que vigilaba el acceso al Centro de Control.

- Lo… lo siento – consiguió articular entre torpes balbuceos, a sus pies, la placa de identificación se había desprendido de su uniforme y yacía boca arriba con su foto mirándole acusadora.
- ¡No se puede pasar! El Área está cerrada a todo personal ajeno al lanzamiento.

La voz del guardia armado sonó dura y enérgica, a través de la rejilla que ocultaba su boca. El casco protector le cubría la cabeza y el rostro, con una mínima abertura a la altura de los ojos, protegidos por una lámina de plástico irrompible.

Gerard recogió su identificación y miró con fijeza a los ojos del guardia. Dos fríos lagos azules le aseguraron que no iba a ceder por mucho que insistiera. Esa batalla estaba perdida. Derrotado, dio media vuelta y dirigió sus pasos vacilantes hacia la sala de descanso. Hacía tres días que fue destituido de su cargo como Supervisor de turno por el Almirante Svyatoslav sin motivo alguno. Desde entonces, había vagado por los laboratorios de pruebas, observando el software Beta que se emplearía en el procesamiento del Proyecto Génesis. Hasta ahora habían utilizado la versión 3.0, y su labor en estos momentos consistía en solventar varios fallos de secuenciación para la nueva versión. Pero la Urna, como era llamada coloquialmente la Transmisora de Hipnorealidad por el personal del Caribdis, la nave insignia de la Flota, se encontraba en el Centro de Control. Al menos la operativa. En el laboratorio nº4 se encontraba la versión “Cero”, que fue utilizada para las pruebas preliminares con primates.

- ¡Esa era la solución!

Gerard se sintió impulsado por una repentina euforia. Todavía no estaba todo perdido. Echó a correr por el pasillo, entró en el ascensor y pulsó la tecla del nivel 7. Debía llegar hasta el laboratorio y poner en funcionamiento la Urna “Cero”.

Durante los últimos tres días se había devanado los sesos en busca del por qué de su sustitución.

Las pruebas con los voluntarios humanos habían constituido un éxito sin precedentes, a no ser que contara los fallos en el regreso. La teoría de la Hipnorealidad aseguraba que el individuo viajaría mentalmente a un tiempo prefijado. Hasta ahí se había comprobado su viabilidad a través de los informes realizados por los voluntarios a su regreso. El problema era que no todos habían regresado, o al menos, no todos vivos. El último voluntario lo encontraron al abrir la Urna, con la garganta degollada tras ser inducido al S. XV en plena Batalla de Azincourt.

Fue entonces cuando Gerard se planteó la viabilidad del Dilema. La teoría defendida por algunos de los científicos del proyecto sostenía que: “era posible que los viajes en el tiempo inducidos en la mente, fueran de hecho, verdaderos. De modo que la mente del viajero llegara a suplantar la de una persona real en el tiempo y lugar al que era inducido”. Con, o sin sentido, Gerard había llegado a creer en esa teoría. Sobre todo desde la noticia de que el Presidente de la Federación Universal (FU), Tsubasa Hinata, había sido invitado por el propio Almirante Svyatoslav a probar la Urna, en un gesto de autosuficiencia.

Desde entonces Gerard empezó a atar cabos, y llegó a la conclusión de que el Almirante pretendía asesinar al Presidente induciéndolo en algún momento crítico de la Historia, más si cabe, al conocer la pasión del propio Tsubasa por la II Guerra Mundial.

Las puertas del ascensor se abrieron al alcanzar el nivel 7. Pasó su identificador por el escáner y entró en el Laboratorio nº 4. Las luces se encendieron al acceder al interior gracias a un detector de movimiento. Estaba solo en el inmenso laboratorio. Se dirigió al lado opuesto de la sala, oculta por un manto de fibra metálica se encontraba la Urna “Cero”, con su alargada forma que recordaba un antiguo sarcófago egipcio. Encendió los monitores, retiró la protección de la urna y abrió su tapa de Kevlar. En el interior, el líquido amniótico empezó a burbujear cuando los niveles adquirieron el nivel adecuado.

La decisión estaba tomada, debía volver a algún tiempo indeterminado del pasado y evitar que el Presidente entrase en la Urna.

Tecleó la secuencia de lanzamiento en el ordenador principal, se desnudó y, tras dejar el proceso en automático, se sumergió en el cálido líquido, que lo recibió como el acogedor vientre de una madre. Se ajustó la mascarilla y pegó a su piel los parches autoadhesivos, de los que colgaban finos cables que controlarían sus constantes vitales. Suspiró, y dejó caer la puerta de Kevlar con suavidad, mientras su cuerpo se hundía en el fondo de la Urna. El sonido del cierre automático le llegó atenuado en el interior del sarcófago.

En la pantalla del ordenador, la orden automatizada comenzó su marcha atrás. 10, 9,8, 7, 6, Gerard cerró los ojos, mientras una sensación de aturdimiento le embargaba. 5, 4, 3 ya no había vuelta atrás…2, 1. Cero.

Gerard abrió la puerta del laboratorio y empezó correr por el pasillo iluminado, por diminutas luces de neón adosadas al techo. Preso de una gran excitación, chocó de frente contra el guardia que vigilaba el acceso al Centro de Control.

- Lo… lo siento – consiguió articular entre torpes balbuceos, a sus pies, la placa de identificación se había desprendido de su uniforme…El bucle seguía su curso…

Autor: Javier Marzo

martes 8 de septiembre de 2009

MARGARITA Y EL RELOJ


El sonido de la primera campanada estremeció la vieja catedral, los oídos de la niña quedaron retumbando. Miró hacia abajo, a través de la escalera de caracol, vieja y cubierta de telarañas, tropezó una mariposa muerta y la miró caer hasta que desapareció en la oscuridad. Levantó la cabeza y el miedo intentó hacerla regresar, pero ella quería ver el reloj.

Ese reloj hace sonar las campanas y marca el paso del tiempo—siempre le contestaba la abuela, a su insistente pregunta, recordó la niña.

Tenía siete años y la falda roja le quedaba larga, se enredó con un clavo doblado de la escalera y resbaló hacia atrás, por fortuna pudo aferrarse a uno de los maderos. Se quitó los zapatos para no hacer ruido en el piso de tablones y siguió adelante, lo más rápido que pudo, su pequeño corazón repicaba como otra campana. Abajo, fuera de su vista, entre la multitud de cabezas agachadas, estaba la abuela, rezando al igual que las demás personas; la anciana no se percató de la ausencia de la nieta. Mientras tanto, las campanadas siguieron una tras otra.

Veloz subió por la compuerta y su pequeña cabeza de pelo negro y ondulado emergió. Miró a los lados, la luz del día entraba por los cuatro ventanales a su alrededor. Entonces lo vio.
Tiene ruedas con dientes, como dijo el abuelo—pensó la niña.

Miró a lo alto y vio las campanas, enormes, macizas, moviéndose como enormes montañas de metal. Algo le llamó la atención, un interruptor eléctrico, parecido al que su abuelo tiene en el patio para encender el compresor de aire, cuando va a pintar el vehículo de algún cliente.

¿Si lo muevo se detendrá el tiempo? claro que sí, porque las campanas no podrán sonar—se preguntó y se dio respuesta, usando la misma lógica de siempre, tan veloz y asombrosa para sus abuelos, y que los hacía reír la mayor parte de las veces.

Corrió, se afianzó con sus dos pequeñas manos a la palanca y con el peso de su cuerpo la barra de plástico negro cayó. La séptima campanada no llegó a ocurrir. Los badajos quedaron suspendidos en el aire, como en una fotografía.

La niña se asomó por cada una de las cuatro enormes aberturas. Los vehículos y la gente se mantenían detenidos, las nubes, y hasta las aves, se veían suspendidas en el aire. Bajó corriendo la escalera de caracol y llegó hasta su abuela, ella estaba intentando detener la caída de su rosario, la reliquia se encontraba a pocos centímetros del suelo y la cara de la mujer estaba congelada en un “¡Oh!” de sorpresa. Las llamas de las velas no se movían y el único sonido era el de los suaves pasos de la pequeña. En su traviesa cara surgió una sonrisa de satisfacción.

Yo tenía razón—pensó, y comenzó a correr y saltar descalza por la iglesia, como siempre quiso hacerlo. Gritó a voz en cuello todas las canciones de su infantil repertorio, se acercó a esos señores que antes le inspiraban temor, y gritó los alaridos más molestos que se le ocurrieron.

Después pidió disculpas y repitió el recorrido por las naves de la vieja catedral.

—Ya es suficiente diversión por hoy—sonó una voz.

La niña volteó y allí estaba una anciana, su sonrisa era tranquila y sus vestidos parecían pasados de moda, o tal vez de una moda muy nueva, no estaba segura.

—Yo también, de niña, hacía eso—dijo la mujer—, lo detenía moviendo una palanca; la quitaron cuando lo convirtieron a reloj eléctrico.

La niña se recuperó del susto y preguntó:

— ¿Cómo te llamas?

—Margarita, igual que tú. Ahora sube y levanta el interruptor, después baja con cuidado y regresa al lado de tu abuela. La próxima vez, cuando vuelvas, seguiremos hablando, ¿Te parece bien?

—Sí claro señora Margarita.

—Hasta la próxima vez, niña Margarita.


Joseín Moros

domingo 6 de septiembre de 2009

UNA VIDA MÁS

¿Un par de días?

No, con eso tampoco bastaría. Sé, que no quedaría satisfecha y necesitaría probablemente una vida más… mucho más tiempo. No obstante; válgame ese período, para meterme dentro de aquellos instantes y saborearlos mucho más. Fueron tantos sentimientos hermosos, que se me hicieron fugaces, como todas las cosas buenas que se nos cruzan en el camino de la vida.

La noche era luminosa, despejada y feliz. O yo la sentía así…

Su oscuridad parecía menos densa que nunca. Sus estrellas, luciérnagas espléndidas, sacadas de los cuentos de hadas que leía en la infancia o que ahora lee mi pequeña.

El arrullo de las voces; que para otros oídos desacostumbrados, pudiera parecer ruido, parecía música poetizada a los míos predispuestos. Las risas me parecían cálidas y melosas, me acariciaban los sentidos haciéndome sentir felicidad. Y tu mano en la mía, era ese barco al que asirme para viajar en el ancho mar, sin sentir que su bravura pudiera volcar mi maderamen.

Si por momentos, tus dedos acariciaban mis cabellos, como tantas otras veces, la seguridad era total.

Estábamos reunidos junto a la mesa, no recuerdo si todos, pero sí muchos de los hermanos, con sus respectivas parejas y criaturitas pululando por doquier.

Yo, te miraba de reojo en más de una ocasión, pues ya te sabíamos voluble. Extremadamente delicada, cual flor que ha tenido su período de esplendor y va cerniéndose sobre sí misma hasta cerrarse.

Sin embargo, tu sonrisa feliz, huidiza, pero feliz, conmovía mi espíritu y hacía volar mi alma.
Notaba la esperanza gravitar en mis entrañas.

La alargada mesa estaba a rebosar de platos apetitosos, de esos que te gustaban desde siempre y los que repentinamente comenzaron a gustarte.

Sobre todo, abundaban los dulces variados, cuya atracción hacia ellos, que siempre tuviste, se había incrementado de forma desmesurada.

Todo para nuestra princesa.

Parecía que el buitre de negro plumaje y ansiosas garras, no planeaba sobre nosotros con pico ceñudo.

Todo era casi perfecto.

Alegría, fue la reina de aquel día memorable. Nos era tan necesaria, que quisimos alargarla, estirarla cual goma elástica para no perderla. Hubiésemos querido congelar esos momentos sin que el tiempo inmisericorde los rozara ni de lejos.

De sobra es sabido que eso es un imposible.

Habíamos paseado por los alrededores. Por la montaña agreste y por entre las casas vecinas, donde los perros ladraban a nuestro paso, como celosos guardianes.

Caminábamos lento ¡Tanto!

Sonreíste en más de una ocasión oyendo mis quejas por los odiosos bichos. Reíste con ganas al verme correr ante una avispa zumbona que me perseguía pícara. Tomamos de aquellas flores silvestres de hojas blancas y brillantes que tanto te gustaban, porque adornaban tu casa al secarse guardando su belleza. Nos perfumamos las tres, con matojos de tomillo y romero que crecía libre en el campo.

Las tres hermanas, las tres jinetes como yo decía siempre. Las tres flores de la misma rama. El amor nos acompañaba y dos de nosotras soñábamos con que esos momentos se hicieran eternos.

Tú nada sabías…

Siempre he pensado que quizá no querías saberlo, que huías de la realidad voluntariamente, por no caer en sus brazos dolorosos y difuminarte con demasiada prontitud.

Peleaste con uñas y dientes para zafarte del destino cruel que te aguardaba escondido tras bambalinas.

Y ese día, calladamente, sería el anterior a la caída en picado.

Por eso lo guardo entre algodones. Lo tengo guarecido de tormentas, en esa cueva que he decorado para él.

La llené de tus cuadros de acuarelas, de tus poemas y escritos, de tus dibujos.

La iluminé de tu espíritu risueño, de tu amor incondicional, de tu esbelta figura.

No pude despojar al cielo de estrellas para colgarlas en esa cueva preparada para ti. No pude, porque desde el momento en que partiste, supe que una estrella más había ocupado su puesto en el collar de la noche constelada…

Marinel

viernes 4 de septiembre de 2009

UN INSTANTE

¿Por qué nada se mueve? Yo mismo no puedo moverme; ni siquiera parpadear. Tengo los ojos abiertos y no siento nada, ni siquiera se cual es exactamente la postura de mi cuerpo aunque debo estar tumbado. Veo mi brazo y mi mano cerca de mi cara, y entre los dedos esa mujer tan asustada con el gesto de un grito que no oigo y que… no se mueve, no se mueve a pesar de la posición de sus cabellos separados de la cara por el viento o por su propio movimiento. Pero ¿Qué hago yo aquí?

Debo recordar. Hoy he desayunado en casa; mi pobre madre lo tiene preparado cada mañana y a veces solo puedo consumir la mitad de lo que me ofrece; le digo que tengo prisa, pero en realidad es que no tengo tanto apetito a esas horas. La doy un beso y me despido de ella hasta la noche siguiente; pasaré el fin de semana con Juana en la casa de la sierra.

Ahora veo una mota de polvo, o quizá sea polen, suspendido en el aire y totalmente quieto. Las copas de los árboles están inclinadas apuntando todas en la misma dirección; es decir, hay viento, pero nada se mueve. El aspecto de la mujer es de parálisis absoluta; me mira horrorizada y no cierra la boca en un grito permanente que no percibo.

Nada más salir del portal de mi casa llega Juana en su coche. No me deja conducir; nunca lo hace, pero le insisto cada vez que me acomodo en el asiento de acompañante. Venía nerviosa por la hora a pesar de no haber quedado con nadie, y ni siquiera me da un beso como saludo.

Generalmente solo quiere que nos besemos cuando estamos solos o mientras vemos la puesta de sol desde el mirador de la casa. Pensé que hoy tendría que esperar hasta la noche.

Un pájaro está a punto de posarse sobre una rama, y su imagen está congelada justo en ese momento, todavía con las alas sin plegar y con la vista fija en el punto en que va a posarse. ¿Qué está sucediendo? ¿Se ha parado el tiempo? La nubecilla de polen sigue ahí, quieta, el pájaro congelado aún en el aire a unos milímetros de la rama, la mujer horrorizada sigue en su posición sin dejar de mirarme…¿estará ella pensando como lo hago yo?

Procuro no hablar con Juana para no discutir mientras conduce; a veces suelta el volante, gesticula con sus manos exageradamente y mira demasiado tiempo hacia el acompañante. No puedo decirla nada en esos momentos, pero procuro advertírselo más tarde. Hoy no ha hablado demasiado pero estaba muy nerviosa y despotricaba de todo aquel que se cruzara en su camino, un taxi, un autobús, una abuelita que tarda en cruzar… así hasta salir de la ciudad. Tal y como ha sucedido otras veces.

Si; se ha parado el tiempo. Si el tiempo se para, se para todo lo demás. La velocidad es el espacio recorrido en un tiempo determinado; sin tiempo, no hay movimiento. Por eso no puedo moverme; la quietud absoluta es esto. Y por eso no siento nada; no sé ni en qué postura me encuentro ya que no siento la presión de mi cuerpo sobre ninguna superficie; como un estado de ingravidez. Pero, ¿Por qué se ha detenido el tiempo? ¿Existimos sin esa cuarta dimensión?

Juana iba muy acelerada, demasiado, pero no le decía nada. El ruido de los neumáticos en las curvas debía haberle hecho recapacitar, pero hasta ahora nunca había sucedido nada. Hasta ahora. Subiendo el puerto a esa velocidad no podía haber reaccionado con ese camión tan lento, prácticamente parado a la salida de la curva… Ha sido eso; un accidente… recuerdo salir disparado atravesando el parabrisas; mucho dolor y después nada…

Por el peinado y la camisa a cuadros esta mujer era la conductora del camión; o su acompañante. La pobre no tiene culpa de nada pero está muy asustada; ahí sigue paralizada, como el polen y el pajarillo. ¿Qué me ha sucedido? Supongo que puedo pensar porque la velocidad del pensamiento es superior a la de la luz; o no hay forma de medirla ya que es independiente del espacio y del tiempo y todo lo que estoy pensando lo hago en un instante tan pequeño que no hay tiempo que lo mida… Un instante; un punto en la línea del tiempo.

Quizá es este el último instante de mi vida y por eso mi mano, los árboles, el pajarillo, el polen, la mujer asustada… están desapareciendo, difuminándose, sumiéndose en una claridad indicativa de la nada…

Tito Carlos

miércoles 2 de septiembre de 2009

FOTOGRAFÍA EN EL ALCÁZAR


Timoteo de las Casas, funcionario de Correos, cuando falleció dejó una herencia tan modesta como su propia vida. Su viuda, doña Paula, tras los funerales, convocó a sus dos hijos en la cocina familiar. Allí, sobre la mesa, había colocado tres cajas de hojalata en cuyo interior se conservaban a salvo de las humedades las pertenencias del difunto.

En la primera de las cajas, envuelto en plástico, estaba guardado un pequeño fajo de billetes. Doña Paula, ante sus hijos, lo contó: “Aquí hay 20.800 pesetas”, concluyó la mujer. “Con este dinero y con la pensión de la Mutualidad podremos irnos defendiendo”, sentenció.

En la segunda de las cajas, envuelta en un trapo anaranjado, había guardado el difunto una máquina fotográfica Leika que en los últimos años le había proporcionado momentos felices. Amante de la fotografía nuestro hombre, privándose de otros caprichos, había adquirido esa máquina con la que en ocasiones especiales retrataba a su familia.

En la tercera caja, finalmente, estaban amontonados varios cientos de imágenes que Timoteo había tomado en esos años de afición. A su lado, envueltas en plástico, estaban también depositadas ocho monedas, algunas de plata y otras de cobre, emitidas en los tiempos en que en España reinaba Alfonso XII. Nadie supo nunca donde guardaba Timoteo los negativos de las fotografías. Jamás aparecieron.

Requeridos por doña Paula para que se repartieran esos “recuerdos” de su padre, Esperanza, la hija, más sentimental, se decidió por la colección de imágenes y por las monedas alfonsinas que, ¿quién sabe porqué?, uno de los abuelos del difunto había decidido hacía muchos años conservar.
Salvador, el hijo, tras escuchar las palabras de su hermana, decidió quedarse la maquina Leika. Aunque no sentía interés alguno por la fotografía se prometió a si mismo que aprendería a usarla, quizás como un acto entrañable de homenaje a su padre.

.../…

Era sábado y aquella tarde Salvador se acercó a los jardines del Alcázar de la ciudad con la idea de tomar algunas fotografías. En su mano, enfundada, portaba la cámara que había heredado de su padre. De manera paulatina, ¿quien sabe como?, se había ido aficionando a su uso, de modo que al fin compartía la pasión que había poseído a don Timoteo durante los últimos años de su vida.
En la escalinata de la torre de los Leones, se topó Salvador con una niña que vestida “de Primera Comunión” jugueteaba con sus primos. “Niños –exclamó- posad un momento y os haré una foto”, pero no tuvo tiempo de hacerlo… En el momento en que los niños, formalitos, posaban, llegó allí un grupo alborotado de jóvenes. Salvador no lo dudó y los invitó a unirse al grupo. Ninguno de ellos conocía a los niños, pero aceptaron entre risas.

Fue entonces, en el instante en que pulsaba en el disparador, cuando el fotógrafo reparó en el modo tan bello en que estaba posando una de las jóvenes, rubia, que parecía mirar al cielo mientras sonreía de una manera angelical… Entonces, al momento, cuando apretó el pulsador, fue cuando sucedió algo insólito…

“Que ocurre –le dijo la muchacha rubia de la sonrisa- que todos se han quedado inmóviles… Nadie se mueve… ¿Qué pasa…?” En los ojos de ella se percibía el modo en que la sorpresa y el miedo, en similares proporciones, se habían mezclado…

“No te preocupes –respondió él- me ha pasado alguna otra vez… Son cosas de la cámara, creo que tiene demasiados años… A veces, cuando tomo imágenes, al pulsar, pasa algo y durante un tiempo el mundo queda en suspenso… Pero no es nada grave… Solamente algunas personas especiales, como es tu caso, escapan de esa influencia. A mi, por lo que ves, tampoco me afecta. No te preocupes, amiga, pronto todo volverá a ser normal…”
“Ven -prosiguió Salvador- vayamos a aquella fuente y bebe un sorbo de agua, te encontrarás mejor… No tengas miedo… Nada va a suceder… Ven… Toma mi mano…”

La muchacha, confusa, como caminando entre las nubes, aceptó la mano de Salvador y los dos se encaminaron al cercano surtidor… No entendía nada de lo que estaba pasando, pero se sentía atraída por aquel joven que no parecía apreciar nada extraño en la tan insólita situación que estaba viviendo.

Para entonces, él solamente pedía al cielo que “aquello” duraba todo el tiempo posible… Aquella joven, tan encantadora, le resultaba bellísima y deseaba tener tiempo para conocerla. Así fue como caminando de la mano, entre las sonrisas de él y el indudable sentimiento de temor de ella, llegaron a la fuente. La joven sentía el frescor del agua en sus labios cuando algo, de súbito, rompió el hechizo. Se escuchó una voz… Alguien gritaba:

“María, por Dios, ven aquí, que todos se han ido –exclamaba un joven delgado cuya silueta, al lado de ella, se recortaba en la fotografía-. “¡Vamos…, que nos quedamos rezagados…!”

¡Adios, adios…! –exclamó la muchacha-, “Me está llamando Antiqva…! ¡Adios, amigo…! Espero que algún día nos des una copia de esa fotografía” –terminó diciendo mientras se alejaba-.
En aquel momento, ella no podía sospechar que muchos años después, cuando contemplaba una colección de fotografías anónimas alojadas en Internet, Antiqva habría de reconocer la imagen.

ANTIQVA

lunes 31 de agosto de 2009

VALIÓ LA PENA

Jugando en los jardines del reino Comansi, los Príncipes tiene una idea:

-pararemos el tiempo durante cuarenta y ocho horas, en las cuales podréis hacer lo que os apetezca, decidiréis donde ir y con quien, y podréis hacer todo lo que queráis.-todos aplaudieron.

-mañana, comenzaran vuestras cuarenta y ocho horas mágicas, decidir bien que queréis hacer.

Los Príncipes se retiraron al interior del castillo, todo el mundo paseaba por el jardín lleno de dudas qué hacer, qué decir qué querer…
Me retire a mi habitación, con las manos en los bolsillos, sabía perfectamente lo que quería, me metí en la cama, al despertar, la magia de Comansi, habría comenzado, y serian cuarenta y ocho horas maravillosas…
Desperté con los primeros rayos del sol golpeando mi mejilla, había una nota sobre la almohada.

Camino: Solo tienes que decir en voz alta los nombres de las personas y del lugar, Y todo aparecerá en el momento que habrás la puerta de la habitación, Píenselo bien, no habrá marcha atrás, solo los nombre que digas antes de abrir la puerta estarán. Tus cuarenta y ocho horas comenzaran cuando habrás la puerta. Suerte, y que seas feliz. Natacha y Emig.
Firme y decidida me dirigí a la puerta, puse la mano en el pomo y…
Carolina, Lucia, Clara, Jana, Rocío, Carmelo, Daniel… mi destino: La granja escuela donde nos conocimos.

- Abrí la puerta sin miedo, una luz me cegó por un instante, el sol del verano, brilla con fuerza en el exterior, Ellos estaban nadando en la piscina, unos a otros se hacían aguadillas, Carmelo salía de la piscina y cogía una de las toallas colgadas de la valla de seguridad, se la ataba al cuello, y se tiraba de cabeza como si fuera superman otra vez al agua, Jana, Clara y Rocío intentaban perseguirle para que no lo hiciera, pero como siempre, Carmelo era mas rápido. Daniel se reía a carcajadas. Lentamente me fui acercando, se dieron cuando de que estaba allí, salieron deprisa de la piscina y todo fue un lió de abrazos, besos, y gotas de agua por todas partes. No recuerdo como pero acabe metida en la piscina con todos ellos, con la ropa puesta, poco a poco nos fuimos tranquilizando, sentada en el borde uno a uno nos fuimos poniendo al día de lo que había ocurrido en nuestras vidas, nuevos trabajos, nuevos estudios, nuevos amigos, parejas, la perdida de seres queridos por todos nosotros, la tarde callo entre risas en la piscina y confidencias sentados en una piragua con la que se enseñaba a los niños mas pequeños del campamento a mantener el equilibrio en el agua, la cual sospechosamente, solo volcaba cuando Carmelo estaba cerca. Acabamos echados sobre las toallas al sol en la cancha de baloncesto que estaba al lado de la piscina, mirando al cielo.

Se le echa de menos, la granja no es lo mismo sin su risa - susurro Lucía.

Lo se, hay veces… espera, al fin y al cabo, no tengo nada que perder, es mi deseo, mis cuarenta y ocho horas ¿no? Dije yo, mientras los demás me miraban sin entender lo que decía, era la primera vez que todos nos juntábamos en aquel lugar tras perder a un buen amigo, un gran compañero, pero aun así, habíamos vuelto allí, y le honrábamos recordándolo. Me incorpore sigilosamente de la toalla y me acerque hacia la puerta por la que había salido, al tocar el pomo de la puerta la voz del príncipe sonó con fuerza. –si la abres, perderás tus cuarenta y ocho horas. Lo se, solo quería saber si puedo decir un nombre mas, si es posible, que el pueda estar en este sueño- dije muy bajito, casi suplicando. –hazlo, pero perderás veinticuatro horas, ¿estas dispuesta? Mire el reloj, faltaban dos horas para que terminaran las primeras veinticuatro…
Alfonso, quiero que vuelva Alfonso. Pues, dos horas con ellos, con todos ellos, sería mejor que una eternidad sin uno.

Al darme la vuelta, allí estaban todos, echados sobre las toallas, bromeando como la última vez que les vi hace ya casi cuatro años, corrí hacia ellos, y cogiendo impulso, salte sobre todos, haciéndome hueco con los codos para ponerme en el centro de todos, chistes, risas, saltos y volteretas, juegos malabares, el tiempo pasaba demasiado deprisa, de repente escuche un suave clic, nadie mas lo escucho. Me levante con disimulo, no quería romper aquella magia.
-Donde vas- Dijo Carolina y todos me miraron.
-No os preocupéis, ahora vuelvo, os quiero mucho sabéis, Os quiero tanto que os abrazaría siempre.
Ellos siguieron con sus risas mientras yo avanzaba hasta la puerta, una lágrima resbalo por mi mejilla, cruce hacia la realidad. La puerta se cerró.
La princesa estaba allí, de pie, con una expresión triste.
-siento que solo pudieras estar con ellos tan poco tiempo. Dijo ella acercándose para darme un fuerte abrazo.
-Yo lo que siento es que la magia del Reino Comansi no pueda hacerse realidad en el mundo que hay tras esas paredes. Prefiero eso, que volver a ver una lagrima en sus ojos.

La princesa paso su brazo por mis hombros, y salimos a pasear por los jardines de palacio.

VALIÓ LA PENA.


PD: Cuando descubrí que el Reino Comansi me brindaba la oportunidad de pasar cuarenta y ocho horas de “esperanza”, no lo dude, decidí que seria mi mejor homenaje a alguien de quien no me pude despedir, alguien que formo parte de mi gran círculo, ese círculo que pase lo que pase será siempre perfecto, porque gente como él lo ayudo a crecer. Gracias por brindarme la oportunidad de volver a pasar una tarde de piscina con todos ellos, de oír sus risas en mi cabeza.


Camino

jueves 27 de agosto de 2009

MENCIONES ESPECIALES

Queridos Autores, hoy hacemos entrega de menciones especiales.

Hoy se premian los tres cuentos más votados por vosotros, los que más han gustado.
Nunca es fácil elegir. A mi, todos me hicieron volver a parte de mi infancia, a parte de mis recuerdos... aquellas historias con las que soñamos, princesas, hadas, duendes y seres que provocaban en nosotros sentimientos tan dispares como la felicidad, la incertidumbre, las dudas, incluso el miedo...

Hoy, como tantas otras veces, el castillo se viste de gala.
El Príncipe, en pie os habla...:

"Gracias todos por venir. Tengo el inmenso placer de anunciar a los tres ganadores del Género: Infantil y el tema: Cuentos, que en esta ocasión son:

Redoble de tambores....


- Ruth Carlino, por su texto "La ninfa y el guerrero"

- Tito Carlos, por "El dibujante mágico"
y

- $MK, por "Un cuento para no dormir"

Este presente es para vosotros. Es nuestra humilde manera de daros las gracias en nombre de todos y por ser, esta vez, los más votados.




Gracias a todos los demás: Stella, Fabiana, Marinel, María José, María Rosa, Antiqva, Pedro y Seo, por los cuentos maravillosos que habéis compartido con todos los Autores.

Sé que muchos venís y no comentáis... pero que sepáis, que un cachito de vuestra alma queda prendida en el blog, delatando vuestra presencia... Gracias a todos. Se os quiere.

Muy pronto comenzamos con la publicación del tema "Parar el tiempo" y propondremos el nuevo tema para vuestras magníficas letras.
Un beso,

martes 25 de agosto de 2009

UN CUENTO PARA NO DORMIR

Érase una vez una nave de una galaxia muy lejana que se adentró en nuestra galaxia. Sus tripulantes son unos seres con forma de pez. Con un cerebro desarrollado y sus aletas eran musculosas y prensiles. Se comunicaban por vibraciones. Llevaban traje espacial relleno de un liquido acuoso y el casco también estaba lleno de ese liquido.

Hace miles de millones de años estos seres viajaban intentando descubrir nuevos mundos que conquistar. En su viaje llegaron al cinturón de asteroides, cuando de pronto divisaron un cometa iba a impactar con la nave. El comandante de la nave dio orden de disparar su armamento para desviar el rumbo del cometa. El disparo partió el cometa en dos y cambió de dirección, el pedazo más grande chocó contra uno de los asteroides del cinturón.

Los pedazos del asteroide y del cometa fueron a para a un planeta cercano. La nave Agnatos divisó aquel extraño lugar. Al parecer este planeta estaba sufriendo los impactos de los restos del asteroide y adentrarse en él resultaba peligroso. Así que marcaron las coordenadas en la nave y decidieron regresar más tarde. Cuando el bombardeo hubiese escampado.

Transcurrieron miles de años hasta que la nave Agnatos regresó a este planeta. Se encontraron muchos cambios. En lugar de ríos de fuego había un manto verde que cubría los lagos y ciénagas, era un lugar muy agradable y tomaron la decisión de bajar y poner en marcha la misión que debían haber realizado miles de años atrás. Agnatos aterrizó en una zona tranquila, rodeada de vegetación abundante, algunos insectos y organismos celulares complejos. Bajaron de la nave dos miembros de la tripulación. Uno de ellos el capitán y un ayudante. Éste último portaba un cuenco cóncavo cuyo contenido era una especie de huevos que tenía ese liquido acuoso que del que estaban relleno los trajes. Los depositaron con cuidado en la ciénaga y luego se marcharon.

Durante el regreso a su planeta, a años luz, comentaron en su lenguaje:

-Capitán, está seguro de lo que hace. No se si sobrevivirán.
-Nos queda otra opción. Deberán adaptarse al clima del nuevo planeta si queremos que nuestra especie no se extinga. Sólo espero que la próxima generación sea capaz de ver su progreso.
-Sí, yo también lo deseo así.

Y la nave Agnatos se perdió en el espacio con la incertidumbre si algún día volverían.
Pasaron los años y de esos huevos salió un pez que tuvo sus dificultades al principio. Debido al hábitat y para sobrevivir mutaron en una distinta clase de pez, mejor preparado para ese hábitat. Y así con el paso de los años aquel pez se transformó, conviviendo con los peces en los que antes de había transformado. Los había de muchos tamaños y claro la comida escaseaba y los más grandes decidieron comerse a los más pequeños. Como había bastantes peces gordos uno de esos peces tomó la decisión de salí de la ciénaga que había sido su hogar. Salió a la superficie y lo pasó mal. Otros congéneres suyos hicieron lo mismo y fracasaron en el intento hasta que uno de ellos se adaptó y mediante saltos fortaleció sus aletas. Los peces gordos y otras especies vieron mermar su alimento y salieron a la superficie en busca de su comida.

Los años pasaron y el pez que salió de la ciénaga se transformo para poder vivir mejor, Algunos tenían escamas húmedas, otros caminaban hasta que un día y hartos de tanto correr y desvanecerse a cada rato para evitar ser el almuerzo de otras especies desarrollaron un corazón con el que controlaban el oxigeno.

Todas las especies se vieron amenazadas por los cambios climáticos. Glaciaciones, calentamiento global, escasez de alimentos... Muchos sucumbieron ante el impacto de un meteorito. Pero las especies que resistieron se vieron fortalecidas.

Aunque la mayoría de las especies se extinguieron hubo un pequeño roedor que logró hacerse un hueco entre tanto bicho grande. Este roedor creció y se transformó en un simio. Por primera vez en muchos miles y miles de años apareció un homínido. Ya nada queda de ese pez que la nave Agnatos depositó en a ciénaga. Este primate evolucionó hasta convertirse en un Sapiens, o sea nosotros.

Es por ese motivo que tu, papá, mamá y yo procedemos de un ser alienígena que tuvo transformase para sobrevivir en este planeta. Y cuando se avista un OVNI significa que la especie que nos dejó nos está viendo, algunas veces bajan y nos transportan a su planeta, nuestro planeta de origen...

-¡¡Mamaaaaaaaaa!!-La pequeña Marta sale corriendo a la habitación de su madre.-Sergio dice que somos marcianos.
-¡Sergio! ¿Qué demonios le estas contado a tu hermana?-Me abronca mi madre señalándome con su dedo.-No sabes que es pequeña y se asusta fácilmente.
-Sólo le estaba contando la historia de la vida en la tierra-le explico- es que mañana tengo un examen de ciencias y con alguien tengo que ensayar, si al menos tuviéramos un perro pues no tendría que hacer esto.
-¡Basta! ¡Castigado sin salir este fin de semana! ¡Y sin ordenador hasta que yo lo diga!
-¡Maldito examen de ciencias!

$.M.K.