ESCRIBE TU RELATO: GÉNERO: FICCIÓN; TEMA: PARAR EL TIEMPO

ESCRIBE TU RELATO: GÉNERO: FICCIÓN; TEMA: PARAR EL TIEMPO

NO SE PUBLICARÁN TEXTOS EN EL MES DE JULIO. PERO SE RECIBEN LOS TEXTOS DEL TEMA PROPUESTO.

NO DEJÉIS DE MANDAR LOS RELATOS, COMENZAMOS EN AGOSTO.
ORDEN DE PUBLICACIÓN, EN EL LATERAL DEL BLOG.

martes 30 de junio de 2009

ECHAMOS EL CIERRE EN PALACIO


Llegó la hora de que todos los autores y los príncipes se tomen un descanso… Estamos juntos desde hace casi un año… Ha sido una fecunda andadura. Con la publicación de más de 200 relatos (que se dice pronto), de los que todos hemos disfrutado, aprendido y bebido de sus sensaciones….
Mucho hemos gozado el príncipe y yo compartiendo estos momentos y haciéndolos nuestros de alguna manera.

Ha sido un placer recibir cada correo vuestro, los votos, las sugerencias, los textos, y claro, los ánimos, cuando han hecho falta también.
Disfrutamos tanto cuando el castillo estaba en calma y silencio, como cuando El gran salón se convertía en una locura de carreras y nervios, preparando una nueva fiesta, un nuevo tema…. Cuando en la torre norte, nos hemos reunido para preparar cada publicación… discutir novedades… con cada envío…

Todos tenemos blogs y vida propia y todos sabemos lo “cuesta arriba” que pueden ponerse las cosas a veces… Las zancadillas que la vida te pone a traición…
Esperamos, tanto Emig como yo, que estas circunstancias, que también han rondado nuestras vidas personales, no hayan afectado nunca al Reino de Comansi y que éste haya sido siempre un lugar calmo, suave y acogedor… Si lo hemos conseguido… estamos felices. Pusimos todo nuestro empeño y cariño en ello.

Durante el mes de Julio tomaremos vacaciones. No se publicarán textos. Pero estaremos ahí detrás, recibiendo vuestros correos y vuestros relatos del tema propuesto, para comenzar la actividad a primeros de agosto, con fuerzas renovadas.

Estos príncipes están orgullosos de todos vosotros. Orgullosos y agradecidos por tantas muestras de apoyo, respeto y buen hacer. Un lujo, con los tiempos que corren. Una energía bella y limpia ha recorrido cada rincón del Castillo. Su torre siempre oteando un cielo limpio y fresco… su jardín siempre embriagado con el aroma de sus autores, se mantiene tal como el primer día lo soñamos….

Gracias por la exquisitez de vuestra amistad, sin duda alguna, el tesoro más preciado que éstos príncipes podrían querer conservar…
Hasta la vuelta.

Emig y Natacha.

viernes 26 de junio de 2009

Nueva fiesta en el Reino.

Queridos todos, de nuevo, un tema más agotado, exprimido... leído hasta el placer más intenso... Con cada tema nuevo encontramos nuevos autores, nuevos giros inesperados que no habíamos considerado al pensar en nuestra propuesta.

Hoy, de nuevo, la Torre de Palacio está encendida y abierto su paso para todo aquel que aprecie la escritura como parte de la creación...

La magia de la escritura queda patente en cada texto que se publica en el Reino, que tenemos el privilegio de compartir todos juntos.

De la misma forma que podemos disfrutar de todos y cada uno de los relatos para su lectura, no ocurre así con las menciones especiales, que determinamos hace ya tiempo que serían solo para tres de ellos.
Tarea cada vez más ardua y difícil. Gracias a vuestros votos, la decisión puede quedar más diluida y ser más justa...
Gracias por vuestra colaboración a todos...

El Príncipe, como es su costumbre, colocado en el Gran Salón y ante la expectación de todos los asistentes al evento...
Solicita atención y silencio... El sol se cuela casi violento por los altos ventanales que cubren la pared lateral... dando a todo un ambiente tan hermoso y dorado que hipnotiza...

"Queridos autores, tengo el placer de anunciar los ganadores de este nuevo reto en Comansi...

Los elegidos son:

- Tito Carlos, con su texto titulado: "Grafiti"

- Seo, con su texto titulado: "Cuentos de hadas"

y

- Carmina, con su texto titulado: "No solo una quimera"


Esta imagen representa el premio recibido. Podéis llevarla y lucirla en vuestros blogs, si ese es vuestro deseo.



Enhorabuena a todos los demás por participar siempre con ilusión y de manera desinteresada y generosa.
Esto funciona gracias a todos vosotros.
Podéis pasar al comedor a tomar una copa y al baile....
¡Disfrutad la vida! total, son dos días...

Gracias en nombre de estos emocionados príncipes, que aún no creen la suerte que tienen con esta compañía.

Emig y Natacha.

martes 23 de junio de 2009

SUEÑO EXTRAÑO

Me despertó el grito de alguien. Me sentía con tanto sueño que no podía abrir los ojos. De vuelta los gritos, pero ahora eran más voces.

Agudicé el oído y traté de escuchar lo que decían, me hablaban a mí pero no decían mi nombre.

Una mano me sacudió el hombro.

Al verla no pude entender dónde estaba ni quién era, pero si que estaba diciéndome que prepare el desayuno. ¿Yo? No pude pensar con más claridad. Otro alguien me sacó de la cama y me llevó arrastrando a la cocina, volvió a gritarme que me apurara y se marchó.

Entre tanto aturdimiento no alcanzaba a terminar de despertarme y analizar mi realidad.

¿Cómo había llegado ahí? ¿Dónde estaba? Y ¿quiénes eran esas personas?

Sentía que mi cuerpo actuaba automáticamente preparando las cosas y sirviendo las bandejas, pero no me daba cuenta de lo que hacía.

De golpe encontré un montón de ratas… ¡¡¡ratas!!! Dando vueltas a mis pies, y una me pareció que me hablaba, será el cansancio pensé, es parte de un sueño extraño, me dije.

Pero ahí estaba yo, más despierta que muchas veces conversando con una rata.

—Apurate Cenicienta —dijo la rata dos veces

—¿Cenicienta? —me causó gracia, esto debía ser un mal sueño, pero no.

Había poco tiempo para pensar y mucho por hacer. Traté de adaptarme al lugar y hacer aquello que me pedían sin razonar mucho más.

Cuando todo se calmó fui a mi cuarto, ¿mi cuarto? Me miré al espejo, y comprobé que era Cenicienta. Mi cabeza daba vueltas y no podía entender qué hacía en un cuento de hadas, rodeada de animales que hablaban y pájaros que me cantaban alegremente.

Miré mejor y allí había un vestido arreglado y listo para usar.

Entonces era verdad, estaba dentro de un cuento.

Recordé la historia y sonreí para mis adentros, iría a la fiesta del príncipe. Mi sueño hecho realidad.

Cerré los ojos y me dejé llevar por aquella magia que lo hacía todo extraño, diferente y posible.

De pronto volví a escuchar a “mis hermanastras” y a su madre gritando en la escalera. Quería que se callaran, disfrutar de ese día era lo que esperaba, pero parecía algo imposible en ese lugar.

Me puse el vestido que estaba en la cama, me arreglé el pelo lo mejor que pude y salí, recordando cada página que había leído cientos de veces.

Vi sus rostros llenos de ira al bajar, sentí su odio y envidia, sentí como me rompían el vestido diciendo que no estaba en condiciones de asistir a la fiesta. Y aunque conocía como seguía, sentí ganas de llorar por la impotencia de no saber qué hacer.

Pensé si en verdad vendría el hada madrina y todo terminaría bien.

Y así fue, cuando la casa estuvo en total oscuridad y silencio, del fondo de la chimenea una chispa salió y se transformó en un hada celeste que con su varita mágica transformó mis andrajos en un vestido hermoso y mis alpargatas en zapatos de cristal, y afuera me esperaba una carroza con lacayos.

Llegué a la fiesta y todos se daban vuelta para mirarme, los hombres querían bailar conmigo, pero había uno que me enamoró con sus ojos azules, me tomó de la mano y bailamos toda la noche.

Sentí sus manos en mi cintura y la mirada penetrante que no podía evitar. Qué extraño sentimiento me unía a él, era como estar bailando en una nube, y sólo escuchaba música y su risa! Me decía cosas tan lindas, era tan simpático. Era imposible separarme un momento de él.

Lo más extraño fue que nunca dieron las doce y aun sigo bailando y riendo en sus brazos. Siento sus besos en mi boca y conozco de memoria sus palabras. Estoy acá atrapada en un cuento de hadas que no termina y soy inmensamente feliz.

Es extraño, todavía sigo siendo Cenicienta y hablando con ratones,
Escucho en las mañana el canto de los pájaros y entiendo cada una de sus conversaciones.

Pero lo más extraño de todo esto es que ya no recuerdo quién era antes y sólo sé que es el final del viaje, que este es el lugar que siempre busqué y soñé.

¿Será que aún los deseos más locos se hacen realidad?


Aldhanax Swan

domingo 21 de junio de 2009

EL NUDO GORDIANO

Gordión(Frigia),333 a.c.

Calístenes, el historiador oficial de la expedición griega, se adelantó hacia el centro de la sala que habían habilitado el General Parmenión, y su hijo Filotas, para recibir a Alejandro y sus “compañeros” en la ciudad de Gordión. Clito el negro, visiblemente ebrio, quería oír de nuevo la historia del nudo gordiano. El monarca macedonio, que sentía cierta predilección por él, desde que salvara su vida en la batalla del río Gránico, dio su visto bueno.

-En el templo de Zeus de esta ciudad, supuestamente erigido por el rey Midas, cuyo aspecto ofende al mismo Dios al que pretende adorar, lleno de amuletos, reliquias, exvotos, vasijas de todo tipo, incluso miembros humanos depositados con la esperanza de acabar con dolores, y enfermedades de diversa etiología…

-Ve al grano…No te adornes…-Interrumpió Hefestión, con claros signos de estar tan borracho como los demás.

-Como iba diciendo…Dentro del templo se encuentra el carro del rey Midas, o del campesino Gordias, según otras fuentes. En ese carro, el yugo y el timón están unidos por una cuerda con un complicadísimo nudo. La leyenda dice que, quien lo desate, será el dueño de Asia, que supongo que es lo que os interesa oír ahora…

-Alejandro… Tienes que desatarlo. –Dijo Seleuco, buscando la mirada cómplice de Ptolomeo, Crátero y Pérdicas, y la desaprobación de Eumenes, canciller del líder macedonio, quien, en aquel momento, departía, al fondo de la sala, con un guerrero del norte, que se había unido a las tropas griegas en la batalla de Gránico, manteniéndose, aparentemente, al margen del espectáculo que los jóvenes, borrachos tras el festín, organizaban amparados en la breve disertación de Calístenes.

-Supongo que esto era inevitable. –Dijo Eumenes

-Tranquilo todo saldrá bien. Alejandro vencerá en esta nueva batalla- Sonrió el extranjero, intentando tranquilizar al preocupado Canciller.- Déjame a mi, saldrá del lío al que le están empujando. Jamás lograría desatar el nudo. Preséntame… haz que me oigan, el resto es cosa mía.

-¡Alejandro!, ¡Amigos míos! Quiero aprovechar esta reunión para presentaros al Noble Marcelus Calvarian, guerrero Kartaldas, quien se unió a nosotros en la batalla del río Gránico.
Clito el Negro, algo alterado, parecía estar viendo un fantasma…

-Es él… Es el hombre que me abrió camino hacia ti en Gránico.

-Perdonadle caballero. Está borracho. –Le interrumpió Alejandro- Siempre ha afirmado que el mérito de salvarme la vida se lo debía a un hombre con una espada centelleante, que emitía una luz verde, montado a lomos de un caballo igual que Bucéfalo.

-Se debe referir a mi espada Exkáldar, y a mi fiel compañero Bórtox. La espada es más larga y voluminosa que las vuestras, típica de mi tierra, quizá su brillo le deslumbrara. El caballo es negro y noble, pero no creo que llegue a la categoría, ni la estirpe de Bucéfalo. – Dijo con seguridad Calvarian, tomando el centro de la sala- Sólo mantuve a algunos persas…lejos de Clito. El mérito es suyo. A él debes tu vida.
-Alabo tu modestia extranjero. No discutiremos por eso, te lo agradezco igualmente. ¿Por qué te uniste a nosotros?

-Procedo del lejano reino Kartaldas, y me dirijo a Oriente. Creo que el camino más seguro es seguir a tu ejército.-Le Aduló-

-Es probable, aunque aún nos quedan batallas decisivas. El imperio Persa es grande y rico. Y su ejército poderoso.
-Estoy seguro que en pocos años llegareis con vuestras tropas a los confines del mundo. -Volvió a adularle-
Alejandro, bajo los efectos del vino aguado, pero muy especiado, que estaba ingiriendo, recién importado de Halicarnaso…

-Quizá, noble caballero…Y dado que según Clito, mi vida estuvo en tus manos, creo que te debo un favor…

-Corta el nudo con mi espada Exkáldar. –Dijo con decisión-

-¿Me ofendes? ¿Crees que no seré capaz de desatarlo? Admito que no se me había ocurrido semejante idea.

-Te seré sincero…No estoy seguro. Pero ante la expectación que ha levantado tu visita al templo…Mejor asegurarse de acabar con esa leyenda, y así convertirte por derecho propio, en el amo de Asia.

Alejandro intentaba pensar, bajo la neblina de alcohol que le provocaba el vino. La proposición del extranjero era inteligente, y, debía un favor a quien, supuestamente, le había salvado la vida.

-Acepto. Noble Calvarian- Zanjó Alejandro brindando al aire.

A la mañana siguiente, ante una multitud enfervorizada, Alejandro, junto a Hefestión, flanqueado por Seleuco, Ptolomeo, Crátero y Pérdicas, bajo la atenta mirada de Parmenión y Filotas, se entretuvo unos instantes admirando el complicado nudo, antes de elevar al cielo la fantástica espada Exkáldar, cuyo pomo brillaba con una ligera luz verde, y cortarlo de un solo tajo, ante los vítores de la multitud que abarrotaba el templo, y sus alrededores.
En una esquina de la sala, ocultos al público…

-Era otra parte de mi destino que debía cumplir. Mi presencia debe permanecer oculta a la historia. Recordad, yo nunca cabalgué junto a Alejandro. – Dijo Calvarian

-Jamás estuviste en este tiempo. –Dijo Eumenes, mientras Calístenes asentía, y sellaba, con ambos, un pacto de eterno silencio.

Calvarian

viernes 19 de junio de 2009

INTRUSO

Bitácora del capitán. 18 de febrero.

A pedido del comando de la flota, nos desviamos de nuestro curso para examinar una estructura detectada por satélite. Nos informan que no se registra actividad militar o industrial en la misma, es relativamente pequeña y está semiescondida por el hielo. Llama la atención la presencia de una fuente de calor dentro de la misma, de carácter no precisado.


19 de febrero

El submarino quebró la capa de hielo muy cerca de las coordenadas indicadas. Los tripulantes manejaban diferentes hipótesis, desde un puesto de espionaje de los rusos durante la guerra fría hasta un antiguo refugio de los primeros exploradores del ártico. Que yo sepa, ninguna expedición pasó nunca por ruta tan dura para la supervivencia.
Al entrar no encontramos una puerta, sino un pasillo con curvas a noventa grados cavadas en el propio hielo, tal vez para evitar el viento. Había viejas prendas de vestir masculinas, que sugieren un usuario de gran estatura. Encontramos también numerosos manuscritos escritos en una lengua que parece alemán. Parece tratarse de un diario. La fuente de calor detectada por satélite sería de un primitivo tipo de lámpara, ahora apagada. Nos llevamos de allí más preguntas que respuestas. No sé lo que voy a reportar. Espero que estos manuscritos que den alguna información útil.

20 de febrero

Con la ayuda de un tripulante que habla alemán, vamos avanzando en la comprensión de los manuscritos. Nos llama la atención la frecuencia con la que aparecen algunos términos: monstruo, Víctor, doctor, venganza, odio, llama de la vida. El autor, sin nombre conocido, sería responsable por la muerte de un tal doctor Víctor, por quien sentía una mezcla de odio y admiración en igual medida. Ese hecho le habría apenado mucho, y la decisión de alejarse de todo ser humano lo habría llevado hasta tan remoto lugar. Quien lo haya escrito debió morir hace mucho tiempo. Eso supondríamos, si no nos contradijeran un moderno satélite y una antigua lámpara.

21 de febrero

Mis hombres comienzan a ponerse paranoicos. Dos tripulantes han desaparecido cerca de la sala de reactores. Otros tres afirman haber sido observados por algo o alguien muy rápido en sus movimientos, algo que describían como una gran figura solo percibida por un momento mientras trabajaban. Hay quien se aventura a afirmar que no volvimos solos de aquella vieja estructura. ¿Cómo refutar los temores de los tripulantes en una nave tan grande y con tantos rincones? El temor está empezando a correr como una epidemia en una nave herméticamente cerrada. Si hace falta, yo mismo voy a recorrerla completamente para tranquilizarlos.

Bitácora del primer oficial
22 de febrero

No encontramos al capitán, ni a la mitad de los tripulantes de la sala de máquinas. Abandonamos nuestro curso para dirigirnos a la base más cercana. Ordené al traductor que no volviera a mencionar una palabra sobre lo que sigue descubriendo en los manuscritos. Nada de odio, o venganza, o de un tal doctor Víctor von Frankestein. Sin embargo, tengo miedo, hecho que me cuesta mucho ocultar cada hora que pasa.




Jorge Fénix

miércoles 17 de junio de 2009

HECHIZO

La noche se apoderaba del bosque bajo el mando de la luna. Ínsthar, gran guerrera de la comarca Alfáthor, había caído bajo las fauces de su peor enemigo, el nigromante Próctor. Hacia muchos años que se habían enfrentado por primera vez. En aquella ocasión, la joven Ínsthar consiguió escapar con la ayuda de sus amigos, pero… esta vez… la fortuna no estaba de su lado.

Tras luchar contra el ejército enemigo, Los Perami, y atravesar cientos de cuerpos con sus dagas de ámbar verde, el agotamiento hizo mella en las fuerzas de la joven, que aunque rodeada por treinta guerreros nórdicos sedientos de sangre, no cesó de luchar hasta verse apresada.

Su esbelta figura surcaba el cielo sobre las potentes manos de sus secuestradores, quienes la portaban ante su jefe. La sangre seca de sus enemigos pintaba su piel. El sudor le otorgaba un brillo que ensalzaba su tez, bronceada por el sol. Yacía a los pies de Próctor, cuando éste le propinó una patada. Ínsthar despertó de un dulce sueño. Al percatarse de lo acontecido, un fiero rugido escapó, rabioso, de su garganta. En sus ojos, la venganza lanzaba dagas hirientes que atemorizaba a los allí presentes.

—Ínsthar, la hechicera, está a mis pies —aclamó Próctor a sus súbditos, que rompieron en aplausos y vítores a su Rey.

—Esta vez no vendrá nadie a salvarte, ya me he ocupado de ellos. Estas sola, y pagarás por tu insolencia hacia mi grandeza durante tantos años.

Ínsthar ignoraba las burdas palabras de su enemigo, e intentaba escapar pidiendo auxilio a su amigo Calvarían, mediante una habilidad que había aprendido de las hadas de Swálior. Allí le enseñaron a comunicarse con la ayuda de las hadas del aire.

El tiempo se esfumaba, y mientras gritaba, angustiada por no conseguir conectar con Calvarían, el eco de un hechizo se escabulló desde la fétida boca de Próctor, introduciéndose en sus delicadas, y perfectas orejas.

—Ínsthar, mujer valerosa, temida por los más feroces guerreros, ocuparás el lugar que te corresponde en un mundo lejano, de donde no podrás regresar. Perderás tu cuerpo para convertirte en un hada insignificante y débil. No te has rendido a mi poder y magnificencia, y ello te arrastrará a una vida etérea y fútil.

Próctor unió sus manos, sopló sobre ellas varias veces, y las separó, desprendiendo sobre la joven un polvo luminoso, que la hizo desaparecer al instante.

Despertó entre hojas de platanero, acurrucada para mantener el calor, ya que su cuerpo se mostraba desnudo tras el viaje. Sus manos recorrieron su piel, reconociendo su figura. En la espalda encontró unas preciosas alas traslucidas, con las que conquistaría el cielo. Se vistió con unas pequeñas hojas de un árbol cercano, cubriendo su diminuto cuerpo, y emprendió el vuelo con dificultad.

Una mañana, mientras exploraba el bosque, escuchó los gritos de un chico en peligro. A pesar del hechizo, no había perdido sus habilidades con las dagas, ni en la lucha cuerpo a cuerpo, ni siquiera en la estrategia para el combate.

Aleteó, hasta alcanzar una velocidad de vértigo y, plegando las alas, se dejó caer en picado, hacia el lugar de donde provenía la llamada de auxilio. El niño luchaba por zafarse de las manos de un rechoncho pirata, cuando la vio aparecer.

Las pequeñas alas se movían con fuerza manteniéndola, sin esfuerzo, en el aire, al tiempo que entonaba un canto desconocido. Al instante, y gracias a su magia, la bella Ínsthar se multiplicó por mil hadas, que revoloteaban alrededor del pirata, propinándole patadas, y golpes maestros, que le abocaron a la locura, y a una cobarde huida.

Ínsthar se posó en la nariz del niño, y le miro a sus ojos de miel.

—¿Cómo estas pequeño? —le pregunto el hada.

—Bien, gracias. ¿Cómo has podido dar esa patada… y ese truco? El chico, excitado, deseaba conocer cada secreto de esa hada, de lo que sus ojos habían visto.

—Ya te lo contaré con mas tiempo. Una graciosa risa sonó por el bosque.

—¿Como te llamas, pequeña hada? -preguntó el niño.

Tras mucho pensar, decidió bautizarse con un nuevo nombre…

—Campanilla, ¿y tú?

—Yo me llamo Peter, Peter Pan.


Ínsthar Malar

lunes 15 de junio de 2009

ÉL NUNCA LO SABRÁ


Aparecí de pronto en medio del desierto. Preguntando presurosa por el Principito.

-“¿Donde está?” clamé angustiada.-“Él se molestó conmigo y se marchó en una migración de pájaros silvestres”, no he sabido complacerlo, por mi vanidad, mis mentiras, no supe decirle cuanto lo amaba y él se marcho decepcionado.

¿ Donde estás mi Principito, he venido a buscarte?

Ya no me importan las garras del tigre, ni las corrientes de aire, no necesitaré el globo para que me cubras.

Solo te quiero a ti, para brindarte mi aroma, perfumar e iluminarte como tú me iluminabas a mí. Somos el uno para el otro, he venido a buscarte. Fue inútil, el Principito ya había partido a su pequeño planeta.

Yo estaba ahora aquí, angustiada buscando a mi amor.

Él allí desesperado, nunca sabrá la verdad.

Antes de partir dejé un retoño en su planeta.

Él creerá que es la misma que dejó aquel día en que se marcho en una migración de pájaros silvestres.

Él será feliz.

Yo se, que ahora lo perdí para siempre.


Pido perdón Antoine de Saint Exupery por usar algunos de sus personajes que sirvieron de inspiración para relatar este cuento.

María Rosa

sábado 13 de junio de 2009

ERAS TÚ...

—¿Y cuándo te diste cuenta que me amabas? —pregunté con la inocencia de un niño.

—Cuando yo estaba sola y sabía muy bien que te morías por esa chica… —me dijo entre seria y melancólica.

Entonces la miré con una ternura especial… y no supe qué hacer.

Caminaba por una calle desconocida, escuchando en el audio player una balada de los noventa, con las manos en los bolsillos y sosegado por la hora tranquila de las seis de la tarde, abrigado, defendiéndome de esos invernales aires que me hacen sufrir de sinusitis.

Caminaba sin razón alguna, acariciado por esas canciones tristes, atormentado por los recuerdos de la secundaria, afligido por esas cosas que han quedado en el pasado pero que sin embargo en oportunidades como esta regresan a la realidad (tan pronto que uno no tiene ni un segundo para evitarlos). Será la sensación perturbada de soledad, la que desencadena toda esa serie de recuerdos incomprensibles y constantes como el de las fotos de ella con su enamorado de entonces, posando en el mismo lugar donde estuve y donde, por supuesto, evité fotografiarme (por mero orgullo) impulsado por una arrogancia tonta, la de pensar que no debería hacerme una foto donde ella fue feliz con la persona que quizá fue en un momento su verdadero amor…

Entonces inmerso ya en mi sueño, vi que por delante mis hermanas gemelas caminaban presurosas, yo les di alcance y hablé con ellas (no sé que les dije pero cruzamos palabras), luego seguí mi entristecida caminata, marchito e ilógico, algo desconsolado sin explicación, soñando este sueño que hace tiempo ya lo había vivido. Hasta que de repente un ángel…

Era ella, (eras tú) desde lejos te noté y mis hermanas estaban contentas de habernos encontrado… Desde que nos vimos o mejor dicho desde que yo la vi y sobre todo por la manera en que se dio el encuentro (o sea ella de esa manera así tan dócil hacia mí y yo hecho una tristeza) supe que eso no podía ser real porque después de todo hemos quedado como amigos y lo que yo estaba viviendo era insólito, entonces dentro mi sueño tuve un segundo de lucidez, quise escapar pero no, no lo hice porque todo estaba de pelos, era inexplicable (claro cómo no) además estaba siendo presa de otro de esos sueños fantásticos que de cuando en cuando me suceden…

Ella vestía un polo blanco con rayitas celestes con un jean azul claro y unos zapatos tenues, cuyo color apenas recuerdo… vino hacia mí con una determinación que nunca antes había visto en su personalidad y tal vez sentí ser feliz…

Me sentí como cuando todo era normal, como cuando todo estaba bien como en aquel verano efímero que pasamos en Trujillo, yendo a la universidad y dando vueltas por las cercanías de su casa…

Nos tomamos de la mano, volteamos dos esquinas, unos perros nos ladraron, una nube gris desfiló descaradamente y anochecía y nuestras manos estaban enlazadas como en alguna foto bajada de internet… y decidí mostrarle lo que en esos días era mi vida…

Todo había cambiado, nuestras vidas estaban tomando rumbos diferentes, aun así mencionaba su nombre cuando sabía que todo estaba prohibido…

Y ella (tú) siempre conservando ese amor que le tiene a otra primavera que llegó a su corazón no acepta mis invitaciones, y me dice que algún día nos habremos de ver, mucho mejor si es de casualidad… o sea sin pensarlo, sin saber cuándo ha de ser, porque tal vez así es más interesante esta amistad, que de cuando en cuando a partir de las seis de la tarde, me corroe y me enreda como siempre y me hace pensar en lo que no debe ser, tanto así que sueño estos sueños insólitos, y es así que llego a escribir estas líneas que en su mayoría son fantasías de una realidad negada…


Tú lo Sabes Julieta…



Juan Carlos Gálvez

jueves 11 de junio de 2009

NO SÓLO UNA QUIMERA




Nací en un lugar de la Mancha que muchos prefieren olvidar, rodeada de viajeros que se apeaban en el mesón de mis padres para descansar de sus fatigas, algunas veces, las más, los viajeros pernoctaban. Una fría noche cuando era una bella jovencita llegó hasta nuestra puerta un Hidalgo caballero, que empezaba a caer en desgracia por sus múltiples extravagancias. Acompañado de su fiel escudero un hombre regordete y bajito y montando un esmirriado corcel llamó a la puerta con elegancia, para derrumbarse cual castillo de naipes golpeado por el viento, en cuanto mi padre abrió la pesada puerta.

A pesar de lo inusual de la hora mi padre lo cobijó en nuestra casa, llamó a un médico en cuanto comprobó que deliraba aquejado de unas altas fiebres y me nombró a mi su enfermera personal hasta que recuperase las fuerzas. Al día siguiente conocí a Alonso Quijano y no me separaría de su cama hasta dos semanas después. Mi nombre Dulcinea, la mujer que acompaño en sus delirios al desdichado caballero hasta el final de su vida y que muchos piensan que fue un sueño más, fruto de sus delirios.

Los días al lado del que muchos conocéis como D. Quijote de la Mancha, fueron en un principio aburridos, por cuanto el caballero pasaba la mayor parte del día durmiendo, sin apenas fuerzas para hablar, deliraba, pero pocas cosas podía comprender de su quebrada voz, se removía como si luchara contra una fuerza interna que estuviera intentando acabar con su vida. Durante esas largas horas pude contemplar bien su rostro, ya caneba, no era un hombre joven, pero a pesar de su extrema delgadez conservaba un porte digno, era un galán… uno de esos hombres que despiertan admiración.

El tercer día Alonso despertó y mirándome a los ojos me dijo que era la muchacha más linda que jamás había visto, me sonrojé y me dejé alabar por aquel hidalgo que me iba interesando cada día mas. Estaba más fuerte y me podía apartar del lado de su cama pero solo lo hice para ir a recoger su comida, o vaciar su bacinilla. Incluso dormía en una silla en aquella vetusta habitación, velando las semi vigilias del caballero. Me estaba enamorando sin remisión de un hombre que posiblemente nunca sería para mí…

Una noche me preguntó mi nombre, y tímidamente le conteste que Dulcinea; aquel nombre le quedó grabado a fuego en su mente y muchas noches en sueños lo gritaba, yo sonreía a su lado, posiblemente el sintiera lo mismo que yo. No me atreví a confesarle a mi madre la llama que me quemaba, por miedo a que me apartara de su lado, sin darme cuenta trataba de seducirlo, vestía con más desparpajo y el no parecía darse cuenta. Los días iban pasando y Alonso iba recuperando fuerzas.

Un día partió montado en su rocín, no sin antes prometerme que volvería para pedir mi mano. Mi padre se horrorizó ante tal posibilidad porque veía en aquel hidalgo un hombre poco cuerdo, no quería para su hija semejante cruz. Lo días se convirtieron en años y yo seguía esperando que el volviera, mi padre insistía en que tenía edad casadera. Un buen día llego hasta el mesón la noticia de que Alonso volvía a casa aquejado de una extraña enfermedad.

Vi ahí mi oportunidad de cumplir mi sueño, mientras mis padres dormían salí de casa, ensillé el caballo en el establo y me dirigí hacia su casa, no estaba lejos de la mía a dos o tres días a caballo. Llegué ante la desmejorada hacienda que había languidecido con tantas ausencias de su dueño y me abrió la puerta Sancho. Antes de subir a la alcoba puse a hervir unas verduras y un pedazo de carne con que hacer una sopa.

Realmente estaba enfermo, envejecido, como si esa lucha interna que presencié en mi casa se hubiera recrudecido. Pasé muchas noches sin dormir a su vera, la quinta noche me venció el sueño con la cabeza apoyada en su mano. Alonso sin temor a despertarme acaricio mi cabeza. Nuestros ojos se cruzaron unos instantes, sentimos una quemazón en el corazón, con suavidad poso sus labios en los míos. El resto podéis imaginarlo, fue una noche de locura y pasión, tan pronto se recupero le presento sus respetos a mis padres, y nos convertimos en marido y mujer.

Alonso jamás volvió a leer libros de caballerías, no tenia doncella a la que salvar, ni bandidos a los que presentar batalla. Yo, Dulcinea, llenaba toda su vida y pronto la casa se lleno con un par de chiquillos bulliciosos que hicieron las delicias del hidalgo manchego.




Carmina.

martes 9 de junio de 2009

CUENTOS DE HADAS


Había una vez en un reino no muy lejano una joven ilusa que se había leído todos los cuentos de hadas y no una, sino mil veces. Todas sus amigas leían sobre chicos famosos y estrellas de cine, mientras ella soñaba en secreto con encontrar a su príncipe azul. Todas las princesas de sus cuentos tenían un príncipe apuesto y valiente, que en caso de peligro correría a salvarlas. Y yo me pregunto, como humilde narrador, ¿nunca hubo un príncipe gordo y vago que encontrase el amor?

Todas las mañanas nuestra joven se levantaba temprano, antes incluso de que cantase el gallo y hacía el desayuno a sus despiadadas hermanas, chicas golfas de un novio por fin de semana. Eso iba contra natura, pensaba ella, pero nunca lo hablaba, porque una princesa ante todo debe ser respetuosa y educada. Ya las observaría quemándose en el infierno, mientras ella disfrutaba de su parcela en el cielo abrazada al gallardo príncipe. Después de servido y terminado el desayuno, nuestra joven recogía su hogar, siempre limpio e impecable por lo que pudiera pasar. Una princesa debe tener su casa impoluta. Que se lo digan a Cenicienta. Una vez rematadas todas las labores directa al vestidor. Una casta falda hasta los pies y un jersey de cuello vuelto, que la piel es para el príncipe, no para el pueblo.Nada de pecado o su sueño se verá frustrado. Sus obscenas hermanas lucirán escueta vestimenta, de chica facilona para sí comenta. Seguramente acabaréis con el villano del cuento.

A la salida de la facultad, vuelta a su hogar, sin parada alguna, que en los bares y cafetas no hay príncipes, si no veletas, que un día te juran amor y al siguiente te la pegan con tu amiga. Eso si que no.

Hechos los deberes y estudiada la lección, el reloj marca las diez. A la cama, que las salidas nocturnas no son de chica decente, si no de bruja ardiente. Toca cepillarse la melena y hacerse las trenzas, no vaya a ocurrírsele al príncipe escalar por la fachada, que el ascensor no es de cuento de hadas. Ya en cama y rezadas sus oraciones sueña con él y se imagina, siempre de modo casto y puro, en una casa de valla blanca con siete niños y un perro, planchándole las calzas a su amor. Y yo me digo, como pretendes ilusa tener niños si no dejas a tu príncipe darte sus cariños. La divina concepción sólo la vivió la Virgen y sufrió un doloroso parto sin haber disfrutado al menos del encargo.

Y así pasan los días, las semanas... y él no llega. Nuestra princesa ya ronda los 35 y sigue con su precinto, esperando en su balcón a que Romeo suba a besarla. Que daño le han hecho los cuentos de hadas. Se niega a escuchar los consejos de malvadas emparejadas con villanos, chicas que le dicen que salga. Háyase visto tal barbaridad, el salir a buscar. Eso jamás. Mi príncipe llegará, sólo tengo que esperar. Y esperó y esperó… pero su apuesto amor nunca llegó.


¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡LOS CUENTOS DE HADAS NO EXISTEN¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡



SEO

domingo 7 de junio de 2009

IMAGINACIÓN EMPÍRICA

Es posible que no crean lo que pasó pero así fue. Un día estaba tratando de escribir para la columna mensual de una revista y me quede en blanco.

En un intento desesperado pido cita con mi psicoanalista el Dr. Venancio.

—Doctor, estoy en blanco. No se me ocurre nada. Tengo que presentar un texto para la columna mensual de una revista de humor y no se me ocurre nada. No sé lo que me pasa...

De modo que me explica un tratamiento para averiguar lo que me pasa. En primer lugar me clonarían. Luego mi yo clon bebería un brebaje que haría reducir mi tamaño, de este modo podría entrar en mi cerebro a través de uno de mis orificios de la cara. Una vez en el cerebro sólo debería ir en busca de mi imaginación. A simple vista parecía sencillo así que no dude en seguir ese tratamiento.

El tamaño de mi yo clon disminuyó. Me arrastro por el pabellón auditivo y me doy cuenta de que debí limpiarme las orejas más a menudo, una vez superado el escollo del oído llego al cerebro, donde veo cientos de miles neurotransmisores de un lado para otro. Unas más rápidas que otras. Le preguntó a una de ellas:

—Disculpe, ¿podrías decirme donde puedo encontrar a la imaginación?

—Pues no tengo ni idea, hace tiempo que no le hemos visto por aquí. Pregunta en el lóbulo parietal, igual te puede ayudar.-me comenta- Me tengo que ir tengo prisa.

Y veloz cuan rayo sale disparado. Nunca imaginé que mi dentro de mi cabeza hubiera un laberinto tan complejo. La mayoría de calles por las que voy no tienen salida, o eso aparentan, porque siempre hay una puerta oculta.

Después de subir las empinadas cuestas que llevan al lóbulo parietal le vuelo a preguntar por la imaginación a lo que me responde.

—Y yo que sé donde está.-me contesta algo enfurruñado.- Yo sólo controlo el área motora, las cosas de pensar y demás funciones sensoriales en el sistema límbico. Que ese siempre se acuerda de todo.

Caminando de vuelta me encuentro con un neurotransmisor. Me comenta que ha visto a la imaginación cerca del sistema límbico. Raudo y veloz voy para allá. Y efectivamente ahí está. De palique con la memoria.

—Oye, tu. ¿Dónde te metes? Te he estado buscando. Tengo un texto que terminar y no llevo ni una línea.

—Es que estoy en huelga —me responde.

—¿Cómo que estas en huelga? No puedes estar en huelga.

—Sí que puedo.

Después de meditar un buen rato hago un trato con la imaginación.

—Mira majo —le digo— tengo que acabar una columna cómica y si no lo termino me echan y si me echan no como y si no como no habrá suficiente proteínas para crear sangre con lo que el oxigeno será escaso y no llegara al cerebro y sin oxigeno no habrá función cerebral que valga y veras como tu y tus compis iréis cayendo como moscas. ¿Es eso lo que quieres?

En ese momento las demás funciones cerebrales increpan a la imaginación para que acepte el trato. El jaleo es tal que parece un debate de gran hermano (si se le puede llamar debate a eso).

Finalmente la imaginación accede y desconvoca su huelga y añade:

—Porque me lo has pedido cordialmente, que si no...

Una vez pactado el trato me dirijo velozmente hacía el primer orificio que me pille más cerca. Del Sistema límbico voy hasta un conducto que me guía al tracto respiratorio nasal. Después de impregnarme de una mucosidad viscosa salgo disparado por el agujero de la nariz izquierda. La velocidad de salida es tan fuerte que salgo disparado varios metros de mi cuerpo.

Una vez en tierra firme, me devuelven a mi yo clon al tamaño normal paulatinamente. Mientras lo primero que hacen es coger lápiz y papel y dárselo a mi yo auténtico, a ver si logra escribir algo.

Al cabo de pocos segundos yo, mi yo autentico logra escribir algo que resulta útil para la columna. ¡Mi imaginación ha vuelto!

Sin embrago, el clon aún seguía ahí y algo había que hacer. Los doctores se disponían ha eliminarlo para que no causase confusión, pero sin saberlo el clon se ha esfumado. Aprovechando la distracción de los doctores conmigo logro escabullirse por una ventana pequeña. No había rastro de él. Y no se sabe dónde ha ido a parar. De modo que si lo ven por la calle caminando de un modo peculiar o lo ven hablando con un pájaro u otro animal. Haga el favor de no devolverlo al laboratorio científico. Gracias.


$MK

viernes 5 de junio de 2009

CAFÉ DE PRINCESAS


Estaba sola en mi castillo de cuento de hadas, harta de la monotonía del día a día. Me preguntaba cómo le iría a mis reinas vecinas de otros cuentos de hadas, así que me decidí a escribirles y estas fueron sus respuestas:

Bella durmiente

Querida Cenicienta me alegro de tener noticias tuyas, no sabes lo aburrida que estoy en este castillo. Mi príncipe se convirtió en rey, con todo lo que eso conlleva, volverse aburrido y preocuparse de su reino y poco más.. Cuando me ve triste me compra una joya y cree que con eso se puede arreglar todo, yo que me arreglo con tan poco..

Espero que un día podamos tomarnos un café.

Tu amiga Bella durmiente.

Blancanieves

Querida Cenicienta, me haces feliz al recibir noticias tuyas, pues últimamente estoy algo agotada del trajín de la corte, yo que estoy acostumbrada a vivir en el campo con los siete enanitos. Me visitan de vez en cuando pero no es suficiente. Encima me ponen tartas de manzana a todas horas ¿que creen que porque aquella vez no me pude resistir a aquella manzana, tengo que comerla a todas horas?

A ver cuando nos tomamos un café pero por favor no pongas tarta de manzana.

Tu amiga Blancanieves

Después de leer sus cartas concerté con ambas un café en mi castillo, para mi sería una alegría compartir unos momentos con ellas, nadie como ellas para comprenderme. Y llegó el día...

—Hola queridas mías, pasad y poneros cómodas. Por vuestras cartas me dejásteis preocupada, no os veo muy felices con vuestros reyes y bueno yo tampoco estoy tan feliz, pues la carroza se volvió calabaza, el vestido de noche un harapo y el príncipe se convirtió en rey, preso de sus quehaceres diarios no pasa tiempo conmigo. ¿Cómo voy a tener un hijo así?

—El mío también me tiene aburrida, no para de leerme sus absurdos discursos, que el no lo sabe, pero nadie le escucha, todos se duermen con ellos, hasta yo. Como no hice una siestecita larga en su día… Tampoco tenemos hijos porque no hace más que hablar y hablar —dijo Bella durmiente.

—Queridas yo echo de menos el campo, las flores silvestres... La corte me agobia y este marido mío no le gustan más que los bailes, creo que está liado hasta con alguna cortesana.

—¿Qué puedo hacer? —dijo Blancanieves.

Empecé a darle vueltas a la cabeza y pensé que ya esta bien de tener que aparentar una felicidad que no hay. ¿No ha cambiado tanto el mundo fuera de los cuentos de hadas? O eso dicen… Así que les dije:

—Queridas, escapémonos, nada de reyes, castillos, cortes, nos vamos a la casa de los siete enanitos, seguro que les damos una alegría. Nos hacemos un cambio de imagen, falsificamos documentos, buscamos trabajo y les pagamos un alquiler a los siete enanitos y con el tiempo nos buscamos nuestra propia cabaña, sólo para las tres, sin hombres que sólo que traen que problemas.

Las dos exclamaron a la vez ¡si, si! Y así acabó la historia, tres mujeres independientes, felices por ello, eso si no comieron perdices, estaban empachadas de tantas que comieron en su día…

Esther.

miércoles 3 de junio de 2009

CARPE DIEM

Carpe diem, carpe diem, carpe… diem, aun resuenan esas palabras en mi mente, Es Keating en que susurra una y otra vez, -nos obligaron señor Keating, nos obligaron a firmar!- decia Todd Anderson con los ojos empañados en lágrimas y un sincero arrepentimiento…

Respiro hondo y recuerdo…

Mis ojos se posaron sobre el señor Keating, una media sonrisa apareció en su rostro, cuando el primero de los alumnos se puso de pie sobre su pupitre, -Oh capitán, mi capitán…, y uno tras otro, nos fuimos poniendo en pie… Por fin, éramos libres de una sociedad que los obligaba a tener unos valores:

“Tradición, Honor, Disciplina y Excelencia”.

En un momento, se rompieron esos falsos valores de un antiguo colegio Welton, para sucumbir al: “Travesura, Horror, Decadencia, Pereza”.

¿Crees que todo habría sido distinto si hubiéramos aprendido el valor de esas palabras antes?

En ese preciso momento, en el cual todos estábamos en pie, sobre nuestros pupitres, fuimos “capitanes de nuestra alma” como decía William Ernest Henley en INVICTUS uno de aquellos primeros poemas que leímos en la cueva india mientras “fabricábamos poesía”.

Todo paso muy rápido, el señor Keating nos dio las gracias y desapareció tras la puerta, nos miramos unos a otros subidos en aquellos pupitres, todos sonreíamos.

Aquella noche volvimos a la cueva inda en homenaje a Keating y a Neil, nos reunimos frente al fuego, nos dimos las manos, y comenzamos a reir.

Esa sería nuestra ultima visita a la cueva, esa seria la ultima reunión de “El club de los poetas muertos”

CAMINO

lunes 1 de junio de 2009

LA MUJER DE NEGOCIOS


El cuarto planeta del viaje del principito era mi planeta, yo soy una mujer de negocios, que estoy muy ocupada y ni siquiera me moleste en levantar la cabeza cuando llegó el principito.

--buenos días --me dijo el principito, tú vela está apagada.

--tres y dos son cinco, cinco y siete, doce, doce y tres, quince…. ¡Buenos días! Quince y siete...--no tengo tiempo de encenderla de nuevo (le contesté)--veinte seis y cinco, treinta y uno ¡uf! Esto da un total de quinientos millones de….Ya no sé…. ¡tengo tanto trabajo! Yo soy una persona seria no me entretengo en tonterías. (Le dije). ¿Quinientos millones de qué? --dijo el principito, que jamás renunciaba a una contestación, una vez qué preguntaba algo.

Yo levanté la cabeza –en los cincuenta y cuatro años qué llevo habitando este planeta solo me han molestado en tres ocasiones.

--La primera vez fue hace quince años, un abejorro que llego de quien sabe donde….produjo tanto ruido qué me confundí tres veces en una misma suma .La segunda vez fue hace ocho años, que me dio un ataque de reumatismo , yo creo qué me falta un poco de ejercicio ( pensé)--pero estoy tan ocupada qué no tengo tiempo ni de pasear .yo soy una mujer de negocios seria ¡La tercera vez !lo estás haciendo tú ahora …..

--Bueno, estaba yo en quinientos millones – ¿millones de qué? Me pregunto el principito.

Este niño cuando molesta (pensé), millones de estrellas de esas que ves en el cielo.

¿Que son las estrellas?

--Esas pequeñas cosas que brillan le contesté.

--¿Abejas?

--¡Qué no! Esas pequeñas cosas doradas que hacen fantasear a l@s holgazanes y a l@s poetas, ¡yo no tengo tiempo de fantasear!-- Le dije al principito.

--Ah! ¡Estrellas!

--Si, eso es estrellas.

--¿Es que tu tienes quinientos millones de estrellas? ¿Y qué haces con ellas?
( me preguntó )--nada, poseerlas le dije --

--¿Tu posees las estrellas? --si le contesté

--¿Y para que te sirve poseerlas?

--¡Para ser rica!

--¿Y para que te sirve ser rica?

--para comprar otras estrellas, si es que alguien encuentra alguna, yo se la puedo comprar.

--¿Como puede poseerse una estrella?

¿De quien son? Le pregunte al principito un poco enfadada.

--no lo se, pero creo que de nadie.

--Entonces son mías, porque he sido la primera en poseerlas.

--¿y eso es suficiente?

--¡Claro , le dije al principito .Cuando tú te encuentres un diamante que no pertenezca a nadie ,será tuyo....y si encuentras un tesoro qué no sea de nadie , será tuyo .Cuando eres el primero en tener una idea y la patentas , solo te pertenece a ti.

--por eso a mi me pertenecen las estrellas ya que nadie antes qué yo ha tenido la idea de poseerlas.

--Eso es verdad –dijo el principito --¿Y que haces tú con las estrellas?

Las administro, las cuento y recuento, le conteste muy orgullosa –es difícil pero soy una mujer de negocios.

El principito me espetó....si yo poseo una bufanda puedo colocármela alrededor del cuello, si es una flor la puedo cortar y llevarla donde yo quiera .Pero tú no puedes coger las estrellas.--yo me quede muda por unos instantes, jamás pensé en ese contratiempo; pero dije –puedo escribir en un papel el número de estrellas y encerrarlo en un cajón para que no me lo roben.

--¿y con eso te basta? El viendo que yo dudaba me dijo ,puede que sea divertido contar estrellas , pero no es serio ...yo poseo una flor la cual riego todos los días ,poseo tres volcanes qué deshollino cada semana .Es útil para mis volcanes y para mi flor ;que yo los posea .--pero tú no eres útil a las estrellas !....

--ya lo tengo, lo entendí, dejare de contar estrellas, dejare de guardar papeles con las cuentas en el cajón –me dedicaré a mirarlas, a escribirles poemas, a ver como algunas noches las nubes las tapan y juegan con ellas .dibujaré sus formas en un cuaderno cada noche...solo por el placer de hacerlo me alegrare cuando me regalen un nuevo brillo, o una nueva forma, las admiraré y me aré amiga de ellas.

--el principito sonrió y me dijo: hoy aprendí algo contigo .Siempre tenemos tiempo de enmendar un error; alguna noche pasaré por tú planeta para disfrutar contigo de las estrellas

Yo si que aprendí contigo principito (pensé contenta) guarde la caja con las cuentas y el letrero de mi mesa en el que decía “Marta”, mujer de negocios .Y puse otro que decía Marta,” admiradora de estrellas “

21 gramos de alma.

sábado 30 de mayo de 2009

GRAFITI

Carlo y Poli se sentaron en el bordillo de la acera. Contemplaban el grafiti del muro que los separaba del ferrocarril y del resto del mundo; nunca habían salido del barrio. Esa larga calle junto a otras dos paralelas y unos cuantos callejones que las unían era todo cuanto conocían; allí se habían desarrollado las aventuras que la imaginación de sus diez años eran capaces de crear.

Jugaban a la vida que creían que llevaban sus padres y hermanos, quienes a menudo desaparecían por una temporada en sus destartalados coches y aparecían a veces con dinero y un pequeño regalo para las madres. No había suficiente, y las madres desaparecían a diario subiéndose a un autobús que aparecía y desaparecía al final de la calle. Algunas de las chicas jóvenes desaparecían por la noche en los mejores coches, con las mejores ropas, repeinadas y con falda corta, y aparecían a media mañana despeinadas, con la pintura de la cara distribuida en manchurrones y con aspecto general cansado. Aparecer y desaparecer; esa era la cadencia y variación que marcaba los ritmos de sus vidas.

A veces el hermano de Carlo traía comics de aventuras y los devoraban con avidez en ese mismo lugar. Esa era la única noticia que asimilaban de que otros mundos existían, totalmente distintos a este, con grandes edificios en vez de chabolas, coches flamantes y ruido; mucho ruido. A los pocos días se llevaban esas historias con las promesas de traer otras; ‘las tengo que cambiar’, decía el hermano de Carlo, y regresaban a la rutina de la soledad, esperando su regreso; pero esta vez no regresó.

—Mi hermano no ha vuelto esta vez —dijo Carlo— y mi madre está llorando. Primero muere mi tío, y ahora esto. Algo ha pasado, pero no me lo quieren decir.

Seguían mirando el grafiti, tristes, con impotencia por no tener edad de participar en las rutinas de los mayores, con sus imprevistos y sus peligros.

—He oído en casa que lo han detenido, —comentó Poli— pero que no era para tanto; que peor ha sido lo de mi hermana.

—¿Qué la paso?

—La violaron ayer.

Se quedaron callados de nuevo. Ninguno de los dos sabía qué podían hacer, cómo consolar a los padres y hermanos que lloraban con dolor a escondidas de los más pequeños; ellos.

—Mi madre dice que en este mundo no hay más que problemas, —afirmó Carlo— y que nadie hace nada por resolverlos.

—Carlo, —preguntó Poli— ¿Existirá un mundo sin problemas?

—No lo creo —respondió con decisión— pero sí debe existir uno en el que alguien intenta resolverlos.

—¿Dónde crees que está ese mundo?

Carlo se puso en pie y recogió una piedra del suelo; tras unos segundos de silencio la lanzó con fuerza al grafiti.

—Detrás de ese dibujo, —respondió— ¿Vienes?

—¡Vamos!

Siguiendo la calle y la carretera del autobús, sería fácil ser encontrados. Había que arriesgarse. Sabían que los mayores escondían cosas en uno de los callejones levantando unas tapas del suelo, y que por ahí iba el agua de la lluvia y la que tiraban por el retrete; ese agua iría a algún sitio, como vieron en los comics, y por allí tendrían que ir. Calcularon la distancia y el camino a seguir para atravesar el grafiti por el subsuelo, luego buscarían una salida hacia arriba; la primera que encontraran. No les importó tener que andar con el agua fecal por las rodillas; lo preferían a las ratas que paseaban por el lateral del túnel. La luz del día que entraba por rejillas superiores los guiaba, pero intuían que sería imposible subir hasta ellas para salir. No importaba, buscarían otra más accesible. Por fin llegaron a una salida vertical que tenía una escala metálica y comenzaron a subir, pero llegaron a una gran sala con unos escalones estrechos en una pared que daban a una puerta. Había que seguir subiendo, y tras la puerta, más extraño todavía, una escalera de caracol les invitaba a continuar subiendo. Tardaron unos veinte minutos en llegar a una habitación sin más adornos que el agujero por el que llegaban, un ventanuco alto por el que entraba luz y mucho ruido y una puerta metálica. Se preguntaban si llegarían a algún sitio en algún momento. Abrieron la puerta y salieron a la terraza de un edificio muy alto.

Habían cambiado los colores; en esta parte del mundo los colores eran diferentes, no brillaban y el ruido que subía de las calles era ensordecedor, debía de haber miles de flamantes coches y autobuses ahí abajo. Carlo y Poli no se atrevían a decir palabra, estaban maravillados, contemplando por las ventanas de otro edificio a personas moviéndose en su interior. Y de pronto, oyeron voces provenientes de otra puerta parecida a la que atravesaron para llegar allí. Tenían que continuar.

Carlo abrió tímidamente la puerta y se quedaron paralizados por lo que tenían ante sus ojos. Allí estaban hablando amigablemente Supermán, Batman, y Spiderman. Batman advirtió su presencia y cogió unas ropas de encima de un banco de madera.

—¡Vaya, habéis llegado! —dijo— ¡Poneos esto y a trabajar!




Tito Carlos

jueves 28 de mayo de 2009

LOBOS EN LA NIEVE


Quedé impresionado cuando contemplé la proyección de aquella película legendaria, Doctor Zivago. Por la noche, mientras dormía, estuve embargado por sueños extraños en los que, quizás, llegué a presentir cosas que es posible que algún día viva realmente.

La película mostraba escenas espectaculares de la Gran Guerra de 1914, de la Revolución Rusa y de los enfrentamientos civiles entre las tropas comunistas y las que seguían apoyando al régimen de los zares. Lo que más me impactó fue contemplar las inmensas llanuras de las estepas rusas, cubiertas por la nieve, por las que avanzaban los escuadrones de caballería tratando de alcanzar a unos enemigos vaporosos que se esfumaban en aquel inmenso infierno blanco.

En mis ensueños, influidos por lo que había contemplado aquella tarde en la gran pantalla, me veía vestido con un atuendo militar, portando un fusil y aparentemente posando en una inmensa planicie nevada, similar a aquellas por las que había visto cabalgar a los escuadrones de cosacos. La imagen sugería que un gélido viento lo impregnaba todo y mi cara, aterida, acusaba el frío inmenso de aquel inhóspito lugar. Alguien me había repetido varias veces que era necesario que vigilara a los lobos.

Mientras tanto, veía como los soldados de mi compañía, para protegerse del frío, se habían refugiado en unas trincheras cercanas. Esperaban que el cabo furriel y otros dos hombres acudieran portando un cajón de madera en cuyo interior viajaban los chuscos de pan y las latas de sardinas que habrían de constituir el almuerzo en ese día de maniobras en la nieve.

Era frecuente que por las noches, mientras dormíamos en el barracón, escucháramos en la lejanía el aullido de los lobos. Ahora, en nuestro avance por aquellos campos helados, estábamos cerca de ellos y el sargento había seleccionado tres o cuatro hombres para que estuviéramos alerta mientras los demás reponían fuerzas en aquellas abandonadas trincheras. Nuestra misión consistía en mantener alejados a los lobos que pudieran rondar por aquellos parajes. Nos dijeron claramente que si alguno de ellos se acercaba lo único que teníamos que hacer era disparar al aire y asustarlo. No se trataba de disparar contra ellos sino solamente de infundirles temor y hacer que se alejaran.

Como en la película, me veía posando en la nieve, azotado por el viento, mientras a lo lejos, en la neblina, tres hombres se acercaban portando penosamente, dos de ellos, una especie de cajón. Allí venía nuestro almuerzo. Mi misión era impedir que los lobos se acercaran demasiado.

Viví esta escena con tal intensidad que todavía sigo pensando que es posible que fuese un ensueño premonitorio. Quizás en esta vida, o en otra vida futura, esa imagen llegue algún día a hacerse realidad. Es posible, incluso, que haya sido una escena real, vivida en un tiempo ya pasado.



ANTIQVA


martes 26 de mayo de 2009

NUNCA DEJES DE VOLAR

Palabras… hay mucha gente que aun no sabe el poder de atracción que ejercen con nosotros con solo leerlas, es lo único que piden, a cambio, si te dejas llevar, si tu imaginación te lo permite, te transportaran a mundos lejanos llenos de sensaciones, de aventuras…

No os podéis llegar a imaginar cuanto hecho de menos mi infancia, mi gran inocencia, mi imaginación en su máximo esplendor…

Hay veces que consigo viajar a esos años de fantasía, donde la magia emerge de cualquier sitio, donde se respira otro aire, donde nada importa. Tal vez si ahora mismo consigo concentrarme pueda viajar al mundo de los recuerdos...

Tengo la boca pegajosa. Me relamo, sabe a chocolate. Acabo de merendar lo que más me gusta, un mendrugo de pan con un par de onzas de chocolate. Estoy escondido tras el sofá donde se sentaba mi padre, donde soy invisible, todo está en el más absoluto silencio. A mi rededor no hay nadie, ni mi madre con esa enorme barriga donde por unos meses estuvo viviendo (y ganduleando) mi hermana, ni mi padre que debe estar trabajando, ni siquiera mi hermano gemelo buscándome para las continuas batallas de indios y vaqueros, príncipes y ladrones o cualquier otra pelea de bandos que se preciase (recuerdo una entre ranas y sapos que no podían coexistir y luchaban por reinar un lago, yo tan solo era un renacuajo, la última esperanza de los sapos verrugosos, y por ser tan pequeño solo podía deslizarme por el suelo, mientras el, el mas hermoso príncipe “rano” que nunca existió, podía saltar encima de mí. No hace falta decir quien ganó… yo, porque al saltar sobre mi se escurrió y se abrió la frente. Sin duda fue mi mejor victoria)

Estoy solo... ¡Oh! No, no estoy solo, tengo en la mano un viejo libro que desprende un intenso olor a magia, a aventuras, a inocencia…Miro la portada. Ya lo recuerdo, ya sé que libro es, y rápidamente comienzo a pasar una hoja, y otra, y otra más.

Llegados a este punto os tengo que contar un secreto, pero debéis prometer no contarlo nunca. ¡Shh! Ahora acercaros a mi lado:

Yo soy El principito… Si, seguro que habéis leído el libro de Antoine de Saint-Exupery que narra algunas de mis aventuras. Yo fui el que viajó por varios planetas, y conoció a todas esas personas, hasta que en uno de mis viajes fui a parar a un planeta llamado Tierra y hablé con un piloto de aviación que se encontraba en medio del desierto, él es el mismo que plasmó mi viaje.

Me hubiese gustado que hubiese sido diferente, que mis amigos me hubiesen creído y hubiesen venido conmigo, ellos estaban ensimismados con la pelota, las peleas para ver quien era el más fuerte, y los enamoramientos precoces mirando de reojo a las niñas. He de reconocer que a veces yo también lo hacía, pero normalmente me sentaba en algún banco o esquina hasta que me golpeaba la pelota, me peleaba, y miraba de reojo sonrojado a las niñas.

También me hubiese gustado que el aviador hubiese contado todos los lugares que visité, pero sería imposible que hubiese papel para escribirlos todos, porque viví una historia interminable, di la vuelta al mundo en 80 días, luego fui al centro de la tierra, para terminar haciendo muchísimas leguas en un viaje submarino. Fui al país de nunca jamás, al país de las maravillas, subí a grandes navíos, y visité lugares donde habitaban princesas y príncipes así como brujas malvadas y hechiceros maléficos, o piratas con la barba de diferentes colores, parches en los ojos y patas de palo. También conocí a grandiosos dragones, hadas traviesas, gnomos sabios, elfos juguetones, y a los liliputienses…

Pero también descubrí que hay mundos que te visitan ellos a ti, durante los sueños, y convierten a estos en pesadillas, aunque solo hayas leído, sin que se enterase nadie, unas pocas líneas de un libro de adultos.

El libro era de mi madre, era el que estaba leyendo por entonces, lo vislumbré sobre una mesita y no me pude resistirlo, lo cogí velozmente y me escondí detrás del sofá, el único lugar donde me hacía invisible, (lo supe porque nunca nadie supo donde estaba, o tal vez me descubrieron y dejaron que me hiciera invisible) y leí esas pocas líneas y lo dejé estar porque tuve miedo, y al llegar la noche me visito ese payaso sanguinario. Desde entonces es un trauma infantil. Nunca lo he terminado de leer, como tampoco he visto la película. No tengo miedo a los libros de miedo, ni a las películas de terror, ni siquiera a los payasos, solo al payaso de It de Stephen King.

Y entonces vuelvo a la realidad, al ser que recuerda todos aquellos lugares, y que ha viajado por todos ellos, y me doy cuenta que lo sigo haciendo, que sigo viajando, que sigo teniendo algo de esa inocencia, que soy un niño grande, como también me doy cuenta de que cuando esa inocencia se consuma y me haga definitivamente un adulto, iré al rebufo de los niños y volveré a viajar y a reencontrarme con esos viejos amigos que conocí, que luego lo haré de la mano de mis hijos y más tarde de la de mis nietos, hasta que llegué el momento de viajar a un lugar que no conozco y que tarde o temprano tendré que visitar.


Leinad23


domingo 24 de mayo de 2009

RECIÉN ESTRENADA

El día era realmente caluroso. Sentía resbalar por mi piel las gotas producidas por la transpiración. Sin embargo seguía allí tumbada en la arena, mirando el infinito cielo y a aquellas aves blancas cuyos gorjeos incesantes parecían reclamar mi atención.

Una de ellas se posó sobre la arena, acercándose hasta mí con sus graciosas patas zigzagueantes.

La gaviota paró ante mis piernas con cierta osadía; o eso me pareció. Tras unos instantes de miradas cruzadas, del pico de la gaviota emergió una voz, que lejos de asustarme, me pareció conocida e incluso esperada.

-El secreto está en que dejes de verte limitada, prisionera de un cuerpo carcelario. El secreto, repito, está en saber que la verdadera naturaleza vive con la perfección de un número no escrito, simultáneamente en cualquier lugar del tiempo y el espacio.

Aquellas palabras calaron hondo en mi persona, tanto, que a partir de ese instante, no cejé en el empeño de intentarlo día y noche. Y a pesar de mis esfuerzos, no logré moverme ni un milímetro de aquella postura horizontal en esa playa de ensueño.

-Debes olvidarte de la fe, de creer que puedes hacerlo. La cuestión está en entender cómo se hace, tal como hiciste para volar...

De repente, y sin previo aviso, lo comprendí a la perfección...

-¡Es cierto! ¡Soy una gaviota perfecta y sin limitaciones!

-Claro, Marinel, tan solo tenías que entenderlo.

-Quiero aprender a volar como tú.

-Para volar tan rápido como el pensamiento y a cualquier sitio que exista -dijo-debes empezar por saber que ya has llegado...

Y así comencé mi vuelo…

El barco se alejaba de la costa y yo había elegido este medio de transporte para no llamar la atención de aquel que dejaba en la orilla del mar, y que me había regalado vivencias extraordinarias, poemas de belleza luminosa, compañía mágica e inolvidable…

Aún me parecía escuchar su voz en mis oídos, susurrándome versos que aleteaban alrededor, haciendo a mi piel erizarse.

Jamás intimamos hasta el punto de romper ese mágico, y otrora insospechado encuentro.

Su casa fue guarida para ese halo misterioso que él descubrió en mí al verme aparecer de la nada, subiendo la escarpada ladera hasta su hogar.

No obstante me ofreció cortésmente su mano, y desde ese instante, nuestras esencias se encontraron en un plano más allá de lo cognoscible.

En las noches de tormenta, allá en Isla Negra, nos sentábamos al calor del fuego tomando unos mates, o unos sorbos de vino cálido y subyugador, mientras me narraba historias de su vida pasada de primera mano, a viva voz. Esa voz como adormecida, que acunaba mi ansia por saber y la saciaba.

Nunca preguntó de dónde o cómo había venido. Era como si mucho antes de que yo apareciera, supiese de mi existencia y la esperase.

Se limitaba a contarme, a enseñarme, a hacerme partícipe de sus sueños, dichas y sufrimientos más recónditos. Y yo, escuchaba, me empapaba de él y de esa vida que tanto había ansiado conocer y que por obra del destino y sus misterios, ahora vivía de manera tangible.

Pero todo toca a su fin, y hube de partir, pues viajar en el tiempo y el espacio, reconcome el cuerpo, lo agarrota y entumece hasta endurecerlo tanto que la vejez se puede instalar de forma prematura; y con ella, la tan temida muerte.

Marché una mañana hacia el puerto, acompañada por él.

Al despedirme, sus besos en mis mejillas absorbieron la sal de mis lágrimas. Tomó mis manos y posó en ellas un papel cuidadosamente doblado.

Sentada en el camarote; ya más calmada tras haber derramado una pequeña parte de ese mar que nos habita, estuve preparada para leer aquellas letras.

Amiga, no te mueras.

Yo soy el que cortó las guirnaldas rebeldes
para el lecho selvático fragante a sol y a selva.

El que trajo en los brazos jacintos amarillos.
Y rosas desgarradas. Y amapolas sangrientas.

El que cruzó los brazos por esperarte, ahora.
El que quebró sus arcos. El que dobló sus flechas.


Me quedé con esas estrofas grabadas en la mente, aquel retazo de unos versos titulados “Amiga no te mueras”, que quedaron prendidos en mi alma para siempre.

Salí al aire, pues como recién estrenada gaviota, necesitaba de la libertad que da el viajar sin miedo y sin impedimentos…


Marinel.

viernes 22 de mayo de 2009

Y DALE CON LO DEL ANILLO

–¡Qué no, qué no, qué no y mil veces no! –gritó Pedro una vez más a la desesperada.

–¡Maldito niñato de los demonios! –le espetó Gándalf malhumorado–. ¿Cuántas veces quieres que te lo repita? ¡Es tu destino y debes de cumplirlo!

–A la porra con mi destino. ¿Cómo debo decírtelo? ¡Qué no me peleo yo con nadie, por muy monstruo que sea, por una mierda de anillo!

En ese preciso instante al anciano mago se le cambió la faz de la cara tornándose oscura y de aspecto siniestro, la luz de la sala se amortiguó como eclipsada por un oscuro nubarrón y un trueno sobrecogedor bramó por toda la estancia provocando un temblor generalizado... Y su voz resonó como salida de ultratumba.

–¡¡¡Pedro Bolsóm, de Bolsóm Cerrado; descendiente directo de la más alta estirpe de Hobbits valerosos portadores del anillo. Tu apellido y tu linaje te obligan a continuar con la honorable misión de portar el codiciado anillo de poder a las oscuras tierras de Mordor y destruirlo en los fuegos fatuos del abismo primigenio. Así que no te vuelvas a atrever a contradecir mi sagrada palabra....!!!

–¡Prrrrrrr! –interrumpió el pequeño hobbit formando un círculo con los dedos índice y pulgar y llevándoselos hacía la boca para exhalar una sonora pedorreta.

El rostro de Gándalf volvió a la normalidad en un suspiro, desapareciendo al mismo tiempo la tenebrosa oscuridad y demás efectos misteriosos con igual rapidez con que surgieron.

–¡Joder, joder y joder! –maldijo para sí mismo–. ¿Qué habré hecho para merecer esta condena? Ya te he dicho que no irás solo; tendrás que formar la Compañía del Anillo, con enanos, elfos, hombres,...

–Mira tío, el hecho de que seas inmortal no te impide reciclarte un poco de vez en cuando, ¿no crees? ¿Pero tú sabes lo que estás diciendo? ¿Qué Compañía ni que niño muerto? Los enanos ya no son lo que eran; desde que se quedaron obsoletas las mazas para la guerra, tan sólo te los encuentras en los circos haciendo el payaso o toreando con un grotesco gorro de bombero en la cabeza. Con los elfos tampoco se puede contar en estos tiempos; con esas ridículas orejas no se atreven a bajar de los árboles porque los niños les tiran piedras. ¡Y qué te voy a contar de los hombres! Dale una espada a cualquier príncipe de hoy en día y te preguntará que dónde está la cinta que hay que cortar para inaugurar no se qué monumento. ¡Qué no, hombre, que los tiempos han cambiado, a ver si te enteras de una vez!

–¡Me da igual! –volvió a gritar el mago pataleando obstinado en el suelo como un niño caprichoso–. Tus descendientes siempre han sido los portadores del anillo y tú debes de seguir la tradición, así que, pongas como te pongas, te va a tocar hacer el viaje y afrontar los peligros que se tercien.

–¡Ni muerto, vamos! –contestó Pedro para la desesperación del anciano–. Además, ¿qué te crees? ¿qué no he visto la peli? Sé de sobra que mi antepasado Frodo poco tuvo que ver con la desaparición de ese estúpido anillo. Si no llega a ser por su amigo Sam, otro gallo le hubiese cantado.

–Así es, pero por desgracia la estirpe de Sam se perdió hace lustros, así que tendrás que buscar nuevos amigos que te acompañen. Seguro que no te faltarán amistades ávidas de nuevas aventuras en pos de salvar a la humanidad.

–Tú flipas, viejo. ¿Qué quieres, que me tomen por tonto, o qué? Te crees que la gente no tiene otra cosa que hacer más que ir de acá para allá con un anillo al cuello, matando orcos y jugándose la vida por el rollo ese del bien y del mal. ¿Acaso te va a pagar eso la hipoteca o te va a ayudar a encontrar curro? –sentenció el hobbit.

–¡Pero qué estás diciendo, pequeño insensato! Estamos hablando de impedir que la humanidad caiga en la era oscura y tú me sales con hipotecas...

–Eso, en la oscuridad me voy a quedar yo si no consigo pasta para pagar el recibo de la luz, así que vete a otro con ese cuento, que el menda éste se queda en casita. Poco tranquilo que estoy yo aquí con mi tele y mi PlayStation para ponerme ahora a correr aventuras como un loco.

–¿Y ahora qué hago yo con este anillo? –preguntó Gándalf resignado.

–Y a mí que me cuentas –le respondió Pedro sin parecer importarle en nada la desesperación del mago–. Además, ¿se puede saber qué pasa con esos anillos? ¿es que crecen en los árboles, o qué? Si es que no hay manera de terminar con ellos, ¿no te das cuenta?

–El mal siempre halla la forma de resurgir de sus cenizas –dijo el anciano con solemnidad–. Por eso no debemos bajar nunca la guardia ante esta amenaza constante.

–Sí, eso mismo dijo el expresidente Bush después de la caída de las torres gemelas y mira en qué lío nos metió. Anda y vete a darle la lata a otro ingenuo, viejo pesado, que yo ese rollo ya me lo conozco.

–Esta juventud... ¡Qué poco respeto! Es que no hay manera de hacer carrera con ellos –concluyó Gándalf al tiempo que se alejaba cabizbajo.

Y así fue como la Tierra cayó sin remedio en la más lúgubre y sombría Edad Oscura, donde políticos, banqueros y demás criaturas carroñeras y sin escrúpulos dominaron la totalidad del planeta por tiempo indefinido.

Pedro Estudillo

miércoles 20 de mayo de 2009

Menciones especiales al Amor imposible.

¿Dónde está el Reino de Comansi?

Para que nos vamos a engañar…
Comansi es un lugar donde todos querríamos perdernos alguna vez…



Hace pocas fechas vi una interesante entrevista sobre la creatividad en los más pequeños… de cómo ésta desaparece por culpa de la educación que damos a nuestros niños…

Los adultos con creatividad son tachados, en muchas ocasiones de “infantiles”, “divertidos” “flipados”… y, en el peor de los casos de “chiflados” “locos” o incluso “idiotas”…

Comansi nació espontáneamente, de la creatividad más pura. De mi propia “idiotez” (parte de mí, que adoro profundamente). Es un lugar, que fue tomando forma allí mismo donde se creó… Comenzó como un ensueño. Algo indefinido…
Y creció un bello castillo, unos jardines que han ido preñándose de animales mitológicos, ninfas, mariposas con rostro, bellas criaturas que se pasean por allí sin que nadie ponga cara de asombro por ver un pequeño unicornio rosa correteando tras una frágil mariposa azul, que se permite el lujo de casi dejar atraparse…

Un lago surgió una bella noche de luna llena, y así permanece siempre la luna en Comansi... Como un gran queso de bola… Tenemos dos lunas, la del cielo y la del lago… ambas nos miran amables.

Sí, puedes pasear por su orilla tomado de la mano de quien desee quedar allí contigo, cualquier noche de éstas… No importa quien seas, cómo te llames o qué ropa lleves. En Comansi nada desentona… no hace frío, ni calor… no es de día ni de noche…
Puedes sentarte con los pies dentro del estanque del príncipe (que él mismo llenó de nenúfares de colores de terciopelo) su agua siempre es templada y abraza tus pies, formando ondas que descomponen el cielo anaranjado…

Sus verdes son tan variados como puedas desear, y la brisa roza tu piel con aromas indescriptibles… a chocolate, a una tarta en el horno de la abuela, a pan recién hecho… a piel de bebé… a besos de amor… a risas infantiles…

Hoy, quería hacer un homenaje a la imaginación… esa que algunos adultos esconden bajo el poder o la “inteligencia”, bajo carreras universitarias y corbatas bien ajustadas… bajo faldas de tubo y altos tacones que no te permiten caminar.

Un voto para la imaginación… esta princesa no permite que le abandone, puesto que allí encuentra tantas cosas bellas. Todo es a medida de sus gustos… todo es amable y brillante…

Hoy, Comansi es el lugar. Su velador y su jardín… donde entregamos las tres menciones especiales a los Autores más votados, que tal como los príncipes, son adultos tocados por esa maravillosa varita mágica que es: La Imaginación.

Gracias por guardar un cachito del niño que todos llevamos dentro. No dejemos que nunca se marche…



El velador se viste de gala, con guirnaldas de campanillas azules y blancas, con flores de azahar… para recibir a los premiados…

El príncipe, como es costumbre, tras pedir silencio a todos los invitados pronuncia:


Los tres Autores más votados, y por lo tanto, ganadores de esas tres menciones especiales, son:

Camino, con su relato “Mi círculo perfecto”

Ruth Carlino, con su relato “Un día en la vida de Darwin”

Y

Oscar Javier
, con su relato “Crepúsculo”.


Esta es nuestra pequeña muestra de agradecimiento. Llevarla con vosotros, al menos en vuestro corazón...




Si siempre es complicado elegir, esta vez lo ha sido aún más si cabe… Todos los textos han sido fabulosos. Gracias por vuestros votos que han determinado que estos tres, sean los destacados.

Enhorabuena a todos los autores por participar en este hermoso proyecto llamado Comansi…
Ya mismo empezamos con la siguiente tanda de genialidad.

Gracias
Emig y Natacha.

lunes 18 de mayo de 2009

CREPÚSCULO


La miro, es tan hermosa, radiante, seductora, tierna, simplemente hermosa… si tan sólo supiera que no puedo estar un instante más lejos de ella, si pudiera decirle todo esto que siento, la manera como el corazón se me consume en medio de la mortal encrucijada del destino, que parece habernos condenado al vacío de la ausencia…

Ella me mira, sonríe y mi alma parece volar dentro de mi, es como si esta oscura existencia se llenara de esperanza, al menos por un momento que parece eterno… se acerca, sus ojos claros revestidos por un brillo que no es otra cosa que el efecto de la bondad de su ser…

La aparto, mi brazo la desvía en su intento de abrazarme, me duele, pero no puedo… ahora me desgarro por dentro porque se que con esto le destrozo su alma… ella llora y no soporto sentir que es por mi culpa… volteo mi rostro para mirarla, y al hacerlo con mis lagrimas le pido perdón, y entonces, con una dulzura de la cual sólo ella es capaz, la sonrisa reaparece en su rostro y extiende su mano hacia mi, es como si nada temiera, mientras yo lo temo todo… tembloroso tomo su mano, suave como… no puedo… la suelto y caigo de rodillas al suelo… no puedo y se que con esto le hago daño, ahora no soy ya capaz de mirarla a los ojos… no quiero verla, no quiero ver su mirada invadida de tristeza, no quiero hacerle más daño, no es justo, no lo merece, porqué, porqué el destino es tan injusto…

Ella se acerca, me abraza por la espalda, y siento que el vacío que llevo dentro ya no duele, es como si no lo recordara, como si nunca… no puedo más, la miro y mis ojos son incapaces de ocultar la mezcla de amor y angustia que llevo dentro, esta vez no puedo contenerme y respondo a su abrazo, ella sonríe, no puedo soltarla… siento cómo su ser torna a la nada la fuerzas la abandonan y yo no puedo dejar de abrazarla… la lastimo, es mi amor el que la esta consumiendo, es su amor el que impide que la suelte, le cuesta respirar y aún dentro del dolor conserva la mirada serena y un brillo de esperanza y alegría en su ojos, como si no fuese el final, como si tuviéramos la eternidad para los dos…

Se va, está fría, su abrazo se apaga y su cuerpo se desvanece entre mis brazos… ahora está allí, en el piso, mientras yo la miro horrorizado, sintiéndome culpable por amarla… ahora huyo, corro escondiéndome del mundo, solo, condenado a ser incomprendido, llevando este secreto a mis espaldas… porque nadie jamás entendería… cómo yo… la muerte… me pude haber enamorado de la vida.


Kadosh. (Oscar Javier)

sábado 16 de mayo de 2009

TU FRIALDAD


Tu amor hacia ella es grande
Mucho más que el universo
Jamás sentiste hacia nadie
Lo que tu corazón sufre en silencio.

Te sientes abandonado,
Sólo, triste, cansado
Por mucho que pidas al cielo
Ella no estará a tu lado.

Sabes que jamás será tuya
No te merece, eso es cierto,
Solamente te conformas,
Con un simple “te quiero”.

Ella es fría como el hielo
Su amor hacia ti no es sincero,
Quizás por las circunstancias
Su ausencia quema en tu pecho.

No desistes en tu empeño
De luchar a toda costa,
Arriesgando cualquier cosa,
Por verla solo un momento.

Sufrirás toda la vida
Por ese amor que deseas.

La batalla está perdida
Aunque tú no lo creas.

Y por mucho que le pidas,
Que le ruegues, que le llores
Ni aún rogando te daría,
El amor que tú le implores.

Mª JOSE

jueves 14 de mayo de 2009

MI PRINCIPITO


Abro la caja de mis secretos de cuando era niña y allí estaba su foto. La de Javi mi amigo de la infancia, mi príncipe valiente en el juego de príncipes, princesas y dragones.

Aún recuerdo aquél día, apoyados en el árbol al atardecer, en el que me decía:

—Alicia eres mi princesa y espero que un día seas mi reina.

—Claro, Javi; tu eres mi príncipe azul y un día viviremos en nuestro castillo y tendremos una niña que será nuestra princesita.

Cogió una arandela de un juego suyo y me la puso en el dedo.

“Con este anillo nos hacemos novios y prometemos no separarnos nunca...”

Me tomó la manita delicadamente y una vez puso el anillo acercó mi mano a su boca y la besó como un caballero. Me sentí una princesa de verdad y le di un besito en la mejilla. Era tan feliz, tan joven y mi príncipe azul estaba a mi lado y en este cuento no había ninguna bruja mala, así que era el mejor cuento que podía vivir.

Ya era tarde y se estaba haciendo de noche así que nos despedimos quedando al día siguiente en el mismo árbol a la misma hora.

Al día siguiente Javi estaba en el árbol cabizbajo y creí adivinar unas lágrimas en sus mejillas y le pregunté:

—¿Qué te pasa?

—Que mi papá lo trasladan a Madrid y nos tenemos que ir con él y yo no quiero, yo quiero estar contigo, Madrid está muy lejos.

—Escapémonos...

—¿Dónde?

—Al bosque, allí viviremos y comeremos frutas de los árboles y nos haremos nuestra casita de madera, así no nos separarán.

—Vale mi princesa.

Nos internamos en el bosque, hacía frío pero estábamos juntos y era lo que importaba. Se oían ruidos y yo me asustaba pero él estaba a mi lado y me miraba como diciendo: ”yo te protegeré” y eso me hacía estar más tranquila.

Nos quedamos dormidos, acurrucados uno en el otro y de repente se veían luces y perros que nos asustaron con sus ladridos, y al fondo se oía:

—¡Alicia, Javi!

Eran nuestros padres. Empezamos a correr para que no nos encontraran, sabíamos que eso iba a ser nuestra separación, pero aún así los perros hicieron bien su trabajo y nos encontraron.

Nuestros padres tiraban cada uno de uno de nosotros y enfadados por habernos escapado, no lo entendían. Nosotros no soltábamos nuestras manos hasta que al final por la fuerza nos separaron, nuestras últimas palabras fueron:

—Siempre serás mi princesa.

—Y tu mi príncipe Javi, pero vuelve pronto por favor.

No lo volví a ver más, sólo tenía el anillito que me puso en el dedo, que no me lo quería quitar nunca y mi madre no lo entendía. Hasta que un día lo guardé en un cofre por miedo que se perdiera, pues me iba a la playa y se me podía caer por el mar.

Siempre me he preguntado, qué hubiera sido de ese amor tan tierno y dulce si hubiéramos seguido juntos. Nunca lo sabré, sólo se que ningún amor ha sido tan puro y bonito como mi primer príncipe azul, Javi.


Esther

martes 12 de mayo de 2009

QUÉDATE


“Oírte hablar de los límites, me desconcierta, pues según mi perspectiva y que finalmente comprendo, es mía, aquí los límites no tienen cabida. Pero si prefieres, guarda dentro de ti el sentimiento y quédate.

Mira el traslúcido cielo sonreír a pesar de cualquier sentimiento humano, siente la caricia del viento a pesar de cualquier lágrima o escucha la melodía matinal darte la bienvenida aunque hayas decidido quedarte… nada cambiará, cada cosa seguirá ahí, viviendo el correr del tiempo… y yo quiero caminar. Pero si es tu decisión, quédate.

Entenderás que todo razonamiento no servirá para hacerme cambiar de opinión, en estos casos en los que el protagonista es el amor, es cada espíritu el que impulsado por la fuerza que emana del corazón ante el ser amado, decide el camino.

Una vez más puedo brindarte el panorama: movimiento o quietud. Poner el alma en la lucha por este amor sin importar que haya germinado a enormes distancias entre nuestros abrazos o, simplemente creer que no crecerá ni se fortalecerá, negarle la existencia y admirar el paso de la vida, como espectador y no artista; no artífice, no cómplice del universo, no sembrador de sonrisas. Quédate si bien te parece, tranquilamente y aguardando el viento que pueda llevarte por dónde elija, pues seguramente al no permitirte la felicidad mucho menos querrás ir en contra de la corriente ya que es mucho más fuerte al estar originada en tantas historias tuyas bañadas de convencionalismos… aunque, entonces ya no son tan tuyas, pero así lo has creído.

Este amor sentido no encontraba imposibilidad alguna hasta ahora, cuando me hablas de que no es correspondido… sé que no lo has dicho explícitamente, mas al hablar de los límites me lo das a entender. Estoy aquí con el alma dispuesta a acariciar tu corazón en cualquier lugar en donde te encuentres, tan cerca o tan lejos y aunque para ti sea una situación insalvable esta distancia entre tu tierra y la mía, para mí no es sino el anuncio de que el amor puede siempre unir cuando nace…pero esa es mi interpretación, no me culpes pues me dabas señal de que así era, el amor surgiendo, enlazando.

Quédate… escucho tu respirar turbado, quizá sea de no saber que más decir o de querer correr y liberarte o simplemente es tu respirar. De cualquier manera, quédate mirando el brillo del sol bañando algún espacio escondido del bosque, a escuchar la sonrisa de la mariposa que tras recorrer distancias colosales se posa finalmente en la flor a beber el ansiado néctar o, simplemente admira a la Luna que osadamente apura su aparición en el cielo al atardecer a pesar de habérsele condenado a no mirar a su amado Sol… hasta la Luna ha sorteado los obstáculos por amor…

Un amor no correspondido, eso sí que le da imposibilidad de crecimiento a cualquier semilla en el corazón… porque el amor es el AMOR y yo te amo. No esperes que deje de amarte así de pronto, de hecho no sé si lo haré, porque te amo. Tendré que aceptar tu decisión de quietud y no movimiento. Ahora me voy, pero no hay problema, quédate… si lo prefieres, quédate.”

Aún recuerdo palabra por palabra… ahora, no quiero quedarme…

Han pasado sólo unos minutos de que cerró la puerta y sonriendo ya voy a alcanzarle, porque al igual que él, para mí ahora lo único que hace imposible al amor es no corresponderle. Me sorprendió verle aquí, frente a mí después de viajar un largo camino desde el norte, para abrazarme. Confieso mi turbación y el sentimiento de no saber qué pueda pasar, dos personas tan lejanas y tan cercanas al mismo tiempo… pero lo amo… y no, no quiero quedarme, quiero disfrutar con él la aparición de la Luna acariciando a su amado Sol.

AHEO

domingo 10 de mayo de 2009

AMOR EN POTENCIA


Algunos piensan que si la nariz de Cleopatra hubiese sido unos dos centímetros más larga, la historia del mundo sería diferente. Pienso que nunca sabremos cuáles eran las dimensiones exactas del naso de Cleopatra o de las virtudes de Marco Antonio. En lo que sí nos hace pensar todo esto es acerca de lo delicado del destino, que puede cambiar a cada momento por mínimos detalles, y el carácter caprichoso y persistente del amor. Este poderoso sentimiento ha creado relaciones que parecían improbables y otras que hubiésemos tachado de imposibles o condenadas al fracaso: Marco Antonio y Cleopatra, Abelardo y Eloísa, Romeo y Julieta, Batman y Robin, etc.

¿Qué tiene de imposible el amor? Por el contrario, es uno de los fenómenos más frecuentes y cotidianos, que no conoce de obstáculos, ideologías, distancias o fronteras. Así fue como nos conocimos, mi cielo, por habernos buscado durante toda la vida hasta encontrarnos y comprender que somos el uno para el otro. De no haber sido por internet, hubiera sido por cartas, un viaje, un intercambio estudiantil, o cualquier otra circunstancia. Como dice el escritor y filósofo Paulo Coelho: “cuando realmente queremos algo, el universo entero conspira para que lo consigamos”. Yo te quiero mucho. No te considero mi amor imposible sino mi gran amor, mi sueño, mi meta y mi manera de viajar, mi inspiración y mi ánimo.

En el pasado no tuve mucha suerte en el amor. Acostumbraba pensar que estaba “enamorado del amor”, porque las mujeres no se fijaban en mí, aunque te cueste creerlo. Algunas se fijaron, pero no con mucha suerte: una compañera que resultó ser lesbiana y me quería como amigo, otra chica que me hablaba de platos voladores hasta que un día decidió encontrarse con ellos en su supuesta base bajo el mar (nunca nadie volvió a saber de ella), y otra cuyo padre no aprobaba la relación, pero gracias al cielo tuvo mala puntería.

Esta vez comprendo que encontré en ti al amor, y que las personas de mi pasado no encajaban en mi destino. Contigo me siento feliz y completo, desde que enciendo la computadora hasta que la apago, y después, cuando pienso en ti, le hablo a tu foto y le doy besos.

Cuento los pesos que voy ahorrando para poder viajar, los días que faltan para expresarte personalmente lo que siento por ti. Me despido por ahora, enviándote muchos besos y abrazos. El futuro nos encontrará juntos, mi amor.

PD: supongo que tu padre no tiene armas… ¿o sí?

Jorge Fénix

viernes 8 de mayo de 2009

LLEGAR A TI

Y sé que quieres volver,
volver y volver y mis sentidos te atrapan y no te dejan ir,
mi cuerpo te pide,
quiere tu piel, tu sabor, tu calor.

Mi mente se nubla al pensar en ti,
en tu esencia recorriendo cada pliegue que te regalo como una
ofrenda a los dioses,

y sentir brotar el te amo en mis labios
y no quererlo pronunciar.

Y soñar con tenerte una y otra vez,
sentir que tus palabras son de verdad,
y tus besos algodón de azúcar en lugar de hiel,
y volver a sentirte, a soñarte a perderte,
a intentar tenerte, pero, te vas.

Y en tu marcha me dejas sola,
perdida en mis pensamientos
que traen a mi recuerdo el sabor de tus besos,
amarga dulzura es perderte de nuevo.

Atalanta

miércoles 6 de mayo de 2009

UN DIA EN LA VIDA DE DARWIN



Darwin daba piruetas sumergido en el fondo de la piscina, todavía faltaban dos horas para que alguien alertara la tranquilidad del acuario, dos horas que a él le parecían interminables. Darwin no sabía de horas ni de relojes, pero sí percibía que aún le quedaba mucho tiempo de ociosa calma; tiempo que él emplearía en dar piruetas silenciosas para no perturbar a sus compañeros que dormían plácidamente flotando a su alrededor. Mientras se deslizaba de un lado al otro de la piscina, iba asomando la cabeza para ver si salía pronto el sol, pues poco después del amanecer aparecería Carolina, como cada mañana, con su traje de neopreno que le sentaba tan bien.

Todavía no se había abierto la verja y el finísimo oído de Darwin ya había escuchado el chasquido metálico de las llaves al abrir la cerradura.

- ¡Por fin! – se dijo lleno de entusiasmo.

Como siempre, él era el primero en darle los buenos días a su monitora, le encantaba aquel momento, en el que asomaba el hocico al borde de la piscina y se dejaba acariciar el lomo por ella. Carolina siempre le dedicaba un afectuoso saludo, de hecho era su delfín preferido, ningún otro saltaba como él, ninguno le obedecía a la primera. Pensaba que era el delfín más inteligente del mundo, pues todo lo que se proponía con él lo conseguía, y aquello la llenaba de satisfacción y orgullo a la vez; y esto Darwin lo percibía y por ello cada vez intentaba hacer los ejercicios mejor, necesitaba desesperadamente escuchar los elogios de Carolina todos y cada uno de sus días, así como que ella le enseñara aquellos peces tan ricos; siempre se quedaba embobado mirándola y esperando que le diera de comer en la boca, pero esto nunca sucedía y más de una vez algún compañero había saltado y le había arrebatado la recompensa, a lo que Carolina siempre respondía:

- Hay qué ver Darwin, tan listo para unas cosas y tan atontado para otras.

Las horas pasaban entre piruetas, saltos, silbatos y deslizamientos acuáticos. Los días siempre eran iguales pero para Darwin no eran motivo de rutina, sino todo lo contrario, cada día aprendía algo nuevo y disfrutaba contemplando a su amada Carolina, cada día le parecía muy diferente al resto.

Al llegar la tarde todos los delfines estaban listos para dar lo mejor de sí mismos en la gran función. Después de algunas acrobacias y coreografías en las que hacían girar los aros al ritmo de la música, venía la “actuación estrella”; Darwin era presentado con todos los honores, le fascinaba aquello, le hacía sentir importante, pero sobre todo le gustaba porque Carolina siempre sonreía y le aplaudía en aquel momento, mientras lo animaba diciendo:

- Llegó el momento chico, demuestra todo lo que sabes hacer.

Darwin no necesitaba más para sumergirse hasta el fondo de la piscina y salir disparado hacia el firmamento realizando un salto que casi rozaba los tres metros de altura. Luego transportaba a Carolina de punta a punta deleitando a la multitud de espectadores que allí se congregaban.

Pero como cada día, llegaba el atardecer, y con ello todo el bullicio y color que a Darwin tanto le gustaba, se iba difuminando, dejando paso a la tranquilidad que tan poca gracia le hacía. Miraba nostálgico como los niños iban abandonando el recinto junto a sus padres, y como Carolina iba recogiendo sus cosas para marcharse. Sin duda alguna, aquel era el momento más duro del día para aquel joven delfín, trece horas le separaban de volver a ver a su amada Carolina.

Darwin entonces volvía al fondo de la piscina emitiendo tristes quejidos, allí, en lo más hondo, solitario, dejaba pasar imágenes por su mente, imágenes de ella, de sus caricias, de sus sonrisas, de sus miradas, imágenes llenas de luz, de color, de alegría. Era entonces cuando como cada noche miraba a las estrellas y pedía su deseo personal, siempre el mismo, deseaba que Carolina se convirtiera algún día en delfín; y con estos pensamientos se dormía, soñando que ambos eran dos delfines que surcaban el inmenso mar...

Ruth Carlino

lunes 4 de mayo de 2009

EL REENCUENTRO


Se amaban desde siempre; se amaban tácitamente; se amaban sin decirse palabras de amor; se amaban a distancia. Soñaban el uno con el otro, vivían encuentros imaginarios, crecían en sus mentes fantasías de amor y de pasión, entremezcladas por el sabor amargo de lo irrealizable.

Eran dos extraños, románticos y enamorados, separados por vidas y mundos diferentes, pero cercanos en el espíritu. El tiempo los fue alejando y desviando hacia rumbos contrarios; lucharon desesperadamente por olvidarse del otro, y en un momento creyeron lograrlo, al conquistar nuevos espacios, al abocarse con esmero a sus tareas, al educar a sus hijos.

El tiempo transcurrió... pero las dos mitades tendían a unirse y a consumar aquel deseo loco, largamente presente en sus idilios de fantasía. Sus almas estaban ligadas por un hilo invisible y elástico, que no permitía su total disgregación, y vanamente trataban de escapar. La fuerza de ese amor parecía invencible; el interés, puro; la ternura, una bendición.

Y volvieron a cruzarse sus caminos un día...

Todos los esfuerzos que habían hecho para conseguir mantener en alto las barreras protectoras fueron inútiles. Ambos sabían que su unión era imposible: ya habían iniciado vidas propias, que excluían al otro y lo transformaban en un simple espectador.

La razón y el deseo libraban una durísima batalla que ya iba extendiéndose demasiado...

Durante el reencuentro, los ojos de ella, brillantes de emoción, lo miraban con amor y como pidiendo perdón. Las manos de él, nerviosamente entrelazadas, le acariciaban la piel sin tocarla. Hablaban de sí mismos, de sus anhelos, de sus ideales, y se refugiaban en la compañía del otro, tan ansiada. Y las horas se hacían minutos encantados, llenos de promesas no pronunciadas.

Al despedirse, se miraron con intensidad diciéndose en silencio "siempre te voy a querer", ansiando- él que ella y ella que él- comprendiera sin necesidad de palabras, creando una vibrante electricidad en su entorno, que resultaba imposible dejar de percibir.

Ella partió, sintiendo el eco de los latidos de su corazón, que llenaba su cabeza. El la vio partir y suspiró, sabiendo que aunque sus caminos fueran distintos, nunca serían opuestos y que algún día sus almas, aunque quizás no sus cuerpos, permanecerían unidos por siempre.


@Patrulich

sábado 2 de mayo de 2009

UN AMOR MADURO


Una mañana, aparentemente como todas las demás, para sorpresa de Perla, quien estaba casada con Raúl, un poco más de veintiséis años.



Los dos hijos de la pareja, -ya casados y estando en otras ciudades, con sus familias formadas y una vida cómoda-, muy debes en cuando visitaban a sus padres.

Perla, una mujer que canalizaba su falta de afecto y atención a través de la limpieza; tanto, que podrías comer tranquilamente en el piso-como quien dice- por tener ese hábito de la pulcritud.

Raúl, trabajaba en una inmobiliaria propia, donde desfilaban secretarias todo el tiempo y con las cuales tenía aventuras amorosas, no porque fuera lindo sino por su dinero.

Esa mañana de domingo, Perla dormía plácidamente y mientras que Raúl la observaba, de repente se le ocurrió una idea, bajó por la escalera y notó su baranda sin una gota de polvillo, iba descalzo y al pisar la alfombra le resultó suave y limpia.

Llegó a la cocina y notó que su blancura y brillo, le daban cierto resplandor, que le molestaba a su vista; preparó un desayuno para los dos, -como él creía que se lo merecía- hasta colocó una flor.

Al subir al dormitorio, Perla seguía dormida…, la despertó y ella exaltada se fija el reloj y dice: ¡por Dios, es tardísimo, voy a prepararte tus cosas, llegarás tarde!, Raúl le contesta: ¡pero si hoy es domingo!, Perla dice: ¡por eso nunca estas, siempre tienes trabajo!

Raúl, le muestra la bandeja con todo preparado, corre las cortinas para que entre el sol y le dice que le pareció buena idea tomar el desayuno en la cama, -la cara de asombro, con sus ojos llenos de emoción- lo mira y no lo puede creer.

Perla estaba desorientada, no entendía y le preguntó -¿porqué no vas hoy al trabajo? - Y él le contestó que no tenía que hacer, que prefería quedarse en casa y disfrutar el día; Perla pensaba en las veces que se lo había pedido, sin tener eco.

No pudiendo más le recrimina; ¡No será que tu amante te dejó plantado, porque yo de tonta, tengo solo la cara y jamás me creí tus negocios los fines de semana. Desde las sombras yo te seguía y observaba como entrabas a esos hoteles caros. Ahora, quiero la verdad!

Raúl queda paralizado, ella sigue pidiendo explicaciones, ¿te fundiste? y por eso hoy no trabajas,” no hay plata no hay mujeres” o me vas a decir que de la noche a la mañana me descubriste a tu lado, después de dieciocho años que ni me tocas, que es la edad de nuestro hijo menor.

Perla, había despertado de su vida de cenicienta y comenzó a manifestar, todo lo que antes no había podido, porque nunca estaba para escucharla; ¡dime que hemos hecho estos últimos años, tú te la has pasado bárbaro y yo…, he perdido el tiempo al lado de una persona a la que le resultaba invisible!

¡Ahora soy vieja! y creo que te has mirado al espejo tú también, ¿qué puedes hacer?¡ Es obvio, quedarte con lo que hay, la mujer que siempre te amo, cuidó y respetó!

Raúl ya no sabía que hacer, si tenía toda la razón, la había hecho sufrir, más que a nadie en este mundo y lo único que se animó a decir fue, - te pido perdón – Perla, llorando se le acerca, le toma las manos y le dice – yo ya te perdoné mi amor -.

Raúl, la abraza, se sentía protegido, acaricia su espalda y le dice lo mucho que la ha extrañado.


Kuoremio

jueves 30 de abril de 2009

LUCÍA


Llueve en una ventana que no existe

y recuerda otra ventana inundada de sol

mientras se desvanecen sus pasiones

en la efímera hoguera de otro sueño:

algunos trapos viejos, lentejuelas

una peluca rubia y cremas para el viaje...

el maquillaje, mezclado con las lágrimas

tiene el sabor del mar y sus despojos.


Lucia, detrás de esa lluvia vuelve...

el rostro hacia nadie; la copa, la música...

está sola, desciende a los tugurios del espejo

como quien va de paso al antro que conoce

como quien cruza las calles sin sosiego

para embriagarse solo con su sombra

los labios rosas que posa en el espejo

la devuelven una mueca...

como si fuera hermosa

solo entonces recuerda

una ventana al sol y algún abrazo

y besos... como golpes de mar

pero Lucia... no conoce el mar.


21 gramos de Alma

martes 28 de abril de 2009

UN MOMENTO PERFECTO

Era la hora del paseo de la noche. Hacía frío, pero no le gustaba llevar mucha ropa encima, más tarde le incomodaría. Cogió una chaqueta fina, su gorra blanca de los Detroit Red Wings, sin dejar de admirar por enésima vez el bonito logo de la rueda y las alas, y su inseparable libro, y salió.

Iba distraído, mirando a todos los lados, y a ninguno… Las mismas tiendas, ya cerradas desde el anochecer; las mismas pandillas de adolescentes dando rienda suelta a sus hormonas, con gritos y fanfarronadas, para llamar la atención de unas precoces aprendices de mujer, que, pintadas hasta el absurdo, reían y comentaban, escondiendo su rubor dentro del grupo; las mismas parejas de ancianos que salían del baile; la misma playa, alisada por el viento que la había azotado durante toda la tarde, convertido ahora en una suave brisa; el mismo mar en calma, con el leve sonido de pequeñas olas rompiendo en la arena; los mismos bares, con la misma gente, viendo el mismo deporte, el fútbol…

—Por que serás tan diferente...—Pensaba...— Toda esta gente… Y tú, paseándote con un libro, y con un frío que pela.

Se quitó la gorra. Comenzaba a sudar. Su cabeza, afeitada, desprendía un leve vaho. Se sentó en el mismo banco que le había servido para ajustarse los cordones de su calzado. Dejó el libro a su derecha, y miró hacia el mar…

Era… un momento perfecto.

La luna brillaba, baja, muy baja, casi en la línea del horizonte. Su luz, y su reflejo en el mar, sobre unas aguas calmadas, impedían ver las estrellas en aquella dirección. El suave rumor de las olas, era lo único que percibían sus oídos. La playa, sin pisadas que rompieran su monótona superficie, parecía un gigantesco bloque de helado de turrón.

—Hola Luís

Allí estaba…Con su pelo suelto cayéndole graciosamente hacia uno de sus hombros, con sus ojos verde esmeralda mirándole fijamente, encogida de frío, con las manos dentro de los bolsillos de una cazadora negra, con un pantalón vaquero ajustado, y unos zapatos con un poco de tacón, que parecían incomodarle.

Apartó el libro, y extendió su mano.

—Estás helada. Siéntate.

Ella se sentó, y se dejó abrazar. Apoyó la cabeza en su hombro. Su aroma, el olor de su pelo recién lavado, y todavía algo húmedo, sacudió hasta la última célula de su cuerpo. Acarició su mejilla, sin dejar de mirarla. Ella le correspondió con una sonrisa, interrumpida, únicamente, por la tiritona que no había cesado desde que llegara.

Volvió a mirar al horizonte, a la luna, cuyo brillo casi molestaba, al mar resplandeciente. Volvió a escuchar la música de las olas, y sonrió al imaginarse travieso, junto a ella, rompiendo la playa con cientos de juguetonas pisadas.

Cerró los ojos unos instantes. Giró la cabeza, buscándola… A su lado únicamente había un libro. El libro que nunca había dejado de estar allí. Sólo había sido un momento perfecto. Otro maldito momento perfecto.

Calvarian

domingo 26 de abril de 2009

LÁGRIMAS DE MEDIA NOCHE


María miraba triste a su abuelo, llovía y no podía salir a jugar al jardín, hacia días que no dejaban de llorar los Ángeles, aquel salón se le antojaba pequeño. Había terminado de pintar todos sus libros de dibujos, en la televisión repetían una y otra vez los mismos dibujos, y no le gustaba leer, a pesar de que en aquella casa había una de las bibliotecas mas grandes que había visto nunca. Simplemente no le atraían aquellos tomos con gruesas letras y con escasas ilustraciones. En tardes tan aciagas su abuelo solía acariciar los lomos de piel vetusta y elegía uno para contárselo, con ella sentada en su regazo, pero hoy no le apetecía escuchar ningún cuento, simplemente dejaba correr las horas, para ver si su mama llegaba pronto a recogerla, en casa tenía muchas muñecas y juegos electrónicos que el abuelo le había prohibido usar en su salón.

Con aire distraído el anciano le propuso a la niña contarle una historia preciosa que ocurrió hacia muchos, muchos años, tantos que nadie era capaz de recordar cuantos, la voz profunda y cálida del abuelo capto la atención de la bulliciosa niña que sonrió y se sentó sonriente a sus pies, y así comenzó a narrar cada vez más lejos de aquel salón y de butacón de orejeras en el que estaba sentado. Hace muchos años, mas de los que soy capaz de recordar. no había un lucero que rigiera el dia, y otro que gobernara la noche. La linea que separaba la claridad tibia del día y la oscuridad gélida de la noche no eran tan palpables como las conoces tú. El cosmos era una gran pelota en la que estaban todos los cuerpos celestes, entre ellos no había ningún espacio vacío, y ejercían una compresión de tal forma que se mantenían siempre formando un todo. En esa gran pelota convivían Lorenzo un muchachote ardiente y de bucles dorados, y Catalina una dama primorosa y gélida, de una belleza singular, los planetas que te enseñan en el colegio, y millares de luceritos unos mas grandes y otros mas chicos. Desde que nacían se les enseñaba la norma básica, nadie se puede mover de su sitio hasta que otro ocupe su lugar, era un movimiento lento, pero todos podían desplazarse, para jugar, charlar, o chismorrear.

La vida en el cosmos era divertida, los luceritos jugaban, sus madres vigilantes charlaban entre ellas como cualquier madre en la puerta del colegio, un día coincidieron codo con codo Lorenzo y Catalina, se miraron a los ojos y ella quedó deslumbrada ante aquel ardoroso muchacho que desplegaba una gran sonrisa, ambos eran amigos de la Tierra que divertida miraba las mejillas coloradas de Catalina ante el arrobamiento de aquel zagal. pasaron horas y horas charlando y los planetas eran los que se desplazaban para obtener la calidez que desprendía Lorenzo o embelesarse con el misticismo de Catalina, su felicidad era plena. La luna que era una mujer friolera había conseguido quien caldease su existencia y el sol que por momentos se abrasaba conseguía refrescarse al lado de tan bella dama. Las discusiones se zanjaban entre los integrantes de la gran mole poniendo distancia entre medio y difícilmente si no se quería se coincidía en aquella gran mole de cuerpos celestes.

Un día Lorenzo y Catalina cogieron una rabieta tan fuerte que decidieron separarse, el sol con ese vozarrón que le caracterizaba grito por favor que alguien ocupe mi lugar a ver si la Luna abre los ojos y ve la locura que esta cometiendo, y allí acudió Marte para que el sol pusiera distancia con su adorada amada. Los días iban pasando y Catalina tiritaba de frío, pero su orgullo le impedía pedir perdón a Lorenzo quien iba languideciendo al otro lado de la bola por la obstinación y el orgullo que la gobernaban, sus bucles se fueron apagando y el frío se apodero de todos los integrantes del cosmo. La Tierra un día preocupada le dijo a la Luna, Catalina mujer no ves que el orgullo no lleva a ninguna parte y se esta apagando la energía del sol sumido en el dolor que le causa tu lejanía. Pero ella muerta de frío no quería avanzar ni un solo paso para visitar al Sol. Habiendo fracasado con ella, la Tierra se acerco a Lorenzo y le rogó que diera el primer paso para reconquistar el amor de Catalina, pero el tampoco estaba dispuesto a seguir cediendo.

Ante la negativa de ambos de aproximar posturas la Tierra convoco al esto de cuerpos celestes por turnos para que ninguno de los dos se enterasen que estaban conspirando contra ellos, pero con tanto ir y venir las madres dejaron de vigilar a los luceritos y estos comenzaron a jugar al escondite sin darse cuenta de que estaban dejando espacios vacíos, que iba llenando el aire haciendo cuña entre los cuerpos celestes, hasta que se oyo una fuerte explosión y cada planeta fue disparado a un sitio, Lorenzo y Catalina se distanciaron mas que nunca, las estrellas se quedaron cerca de la luna para consolarla de la perdida que acaba de sufrir, el sol miraba a lo lejos a su amada sabiendo que ya nunca volverían a cruzarse sus caminos, y el resto de planetas desperdigados fueron cogiendo posiciones, el sol se quedo dando vueltas alrededor de su amiga la Tierra que le daba mensajes de Catalina. Unos días la Tierra le daba buenas noticias de la Luna y el brillaba con toda su fuerza, irradiando sus bucles hacia la Tierra que se calentaba a placer, otros días la tristeza que embargaba a Catalina le era transmitida y Lorenzo languidecía de dolor, sus rayos eran tan tenues que no lograba calentar a su amiga quien tiritaba de frío.

Poco a poco todos fueron comprendiendo que el orgullo les había llevado a esa situación y no había forma de cambiarla por mas que lo intentaran, no tenían suficiente magnetismo para volver a crear esa gigantesca bola que fueron en el pasado, los días iban pasando entre la alegría y el desespero, y todos los habitantes de la tierra eran capaces de notar los cambios de humor de Sol o de la Luna, pero no eran capaces de comprender que los provocaba. Un día Catalina acompañada de un séquito de luceros brillaba ufana en el firmamento cuando de repente las lagrimas le arrasaron sus preciosos ojos color perla, allí en un cala había un mujer morena de piel canela, que escucho el llanto de la dama blanca y sus palabras de amargura, gracias a ella conocemos tan bella historia.

Ahora Catalina y Lorenzo se conforman con un triste saludo cuando coinciden en el firmamento, el se va a dormir y ella comienza su reinado paseandose por la alfombra negra del firmamento, y solo una vez cada muchos muchos años, podian abrazarse durante escasas horas cuando se uno de los dos eclipsaba al otro, eran momentos emotivos que su amiga la tierra vivia con mucha emocion y un tiritera se apoderaba de ella no se sabia muy bien si por el frio o por los sentimientos que desprendian sus amigos. La niña que había conseguido estar callada todo ese tiempo bullía de ganas de acribillar a su abuelo con preguntas, pero una vez terminado el relato, parecia que seguía tan lejos como cuando lo habia comenzado. Abuelo, abueloooooooo, por eso llora algunas noches la luna y parece que se bañe en el mar?, si Maria por eso algunas noches Catalina llora y otras luce esplendida en el cielo.

Abuelo miraaaaaaa, acaba de salir la Luna y parece que me sonríe, María eso es porque sabe que ahora formas parte de un circulo muy reducido que conoce su secreto contesto el abuelo taciturno, un día tu también contaras a tus nietos esta historia, a mi me la contó mi abuelo una tarde de mucho viento, cuando era un mocoso como tú.

Carmina

viernes 24 de abril de 2009

COMO HUMO...

Estaba oscuro. El y ella hablan en voz baja… se susurran en secreto…

—¡Hola rubia! ¿Todavía estás aquí?

—Sí, pero será por poco tiempo. No tendré tanta suerte como tú…

—Venga, no te desanimes. Ella es lista. Es posible que lo deje antes de que te toque a ti.

—No creas, estoy en el primer paquete. Y tú… ¿Cuánto hace que él lo dejó?

—Pues… casi un mes ya. Oye, ¿Sabes que estás preciosa hoy?

—¿Qué harás cuando yo me vaya? Ligarás con cualquiera que venga… aunque no es fácil encontrar una americana auténtica como yo… no te creas…

—Lo sé, eres especial para mí también. Sentí algo cuando llegaste… Eres… tan bonita…

—¿Has visto la casa?

—Apenas, cuando vine era casi de noche. Y como tienen esa manía de meterte en un cajón sólo llegar… Pero el día que me trajeron había un niño pequeñito. Que parece que le gusta abrir los cajones.

—¿Un niño? ¿Y… qué es? Sólo he visto hombres. Allí en la fábrica… Pero seguro que tú nunca has visto un negro.

—¿Negro? ¿Cómo negro?

—Sí, un hombre negro. Con la piel completamente negra. Le vi de refilón, antes de que pusieran el sello a mi paquete. ¡Chico! Era completamente negro…

—¡Qué raro! Nunca lo había oído antes… Pero claro, dicen que en América se ven cosas muy raras...

—Pero, Venga, cuéntame lo del niñito.

—Ah, pues es como… un hombre, pero bajito, joven, como un cachorro y ¿Sabes una cosa?

—¿Qué?

—A los niños les está prohibido fumar.

—Y ¿Por qué? No lo entiendo. Entonces… si los hombres no crecieran… No nos quemarían. Creo que me gustan los niños.

—Si, éste era muy hermoso. Era rubio, como tu. Su pelo me recordaba al trigo dorado en verano. ¿Sabes a qué me refiero? Ese color suave…

—Claro que lo sé. A veces recuerdo cómo el viento me acariciaba, cuando solo era una gran hoja libre…

—Creo que me estoy enamorando de ti.

—No digas, eso… no lo hagas. Me iré pronto. Muy pronto.

—Me gustaría acariciar tu cuerpo, como hacen ellos… Pero no tengo manos.

—Dicen que si nos fumaran a la vez… Conocí a una, que me contó, que dos que se enamoraron, se amaron el aire, cuando eran humo… así es posible.

—Sí, que hermoso…. Pero mira, ahora él ha dejado de fumar...

—¡Silencio! Alguien viene.

Una mujer se acerca al cajón que hay bajo la tele, allí guarda su tabaco y un paquete del marido, que dejó de fumar hace un mes…

- Espera, voy a coger un paquete de tabaco. Se me ha terminado el que tenía en el bolso.

—Si, hija… Oye, ¿no tendrás por ahí un cigarrito de los que me gustan?

—Pues mira, papá, no deberías fumar, pero voy a darte una alegría. Juan dejó por ahí un paquete y quedan algunos cigarrillos. ¿Quieres uno de éstos?

—Si, anda trae, antes de que venga tu madre y me pille.

—Ay, papá pareces un niño chico… Anda vamos a sentarnos en el sofá y te acompaño con una copita de vino.

Ambos se sientan a charlar.

Encienden cada cual su cigarrillo y entonces…

—¡Qué extraño! ¡Mira qué cosas tan raras hace el humo de tu cigarro y el mío!

—Es cierto, Parece que se entrelazan…

—Son como dos amantes… bailando…

Natacha.

miércoles 22 de abril de 2009

CLARO... OSCURO

Observo el campo de batalla… a lo lejos, el castillo anhelado de un reino inmaterial carcome mi deseo… se acrecienta en mi, una angustia eterna que se repite, se repite, se repite, una y otra vez desde la eternidad trágica de mi esencia…me pregunto, situada en la atemporalidad de nuestras vidas, ¿te veré en el último ocaso o en el último amanecer, cuando el destino marcado decida apagar tu luz o mi vida?… da igual, conozco de antemano el fin…muerte…una muerte que se altera en cada nueva vida por la voluntad de dioses implacables que desconocen el amor que se ha dado en cada nuevo despertar… nuestro destino está sellado, soy la reina de un reino de hastío y soledad, tu el soberano de mi alma, mi mente y mi cuerpo… aunque te desee, está entre los dos una marcada brecha que solo nos permite contemplarnos silenciosamente, siempre a la misma distancia…

Mi visión se nubla, el mismo decorado y la misma absurda ilusión, pretender un empate o la caiga de mi reino por un amor…la batalla inicia… mis tropas pausadamente se lanzan frente al enemigo… aquellos que nacieron para sacrificar sus vidas, encabezan la batalla…avanzan tímidamente con el miedo en los ojos esperando el encuentro aniquilador… en el centro del campo, los primeros combates… de bando y bando los cuerpos destrozados caen inertes… el paisaje en blanco y negro se torna ahora rojizo por la acción inevitable de la batalla… sólo me queda soportar y rogar al cielo que tu vida o mi vida caiga en manos de aquel a quien amamos…en mi ruego, pido morir por tu espada, que nuestras miradas se entrelacen en el instante eterno de un nuevo adiós… o… ser la causante de tu caída, que sea a mí a quien entregues tu vida… sé que entre los dos, se ha creado por derecho el morir por amor…

Ahora, te veo a lo lejos, parado inmóvil, inquieto, aturdido, esperando que la causalidad te obligue a pelear… si bien, tu piel es oscura, te enrojeces de rabia, de impotencia, porque aunque no puedas decírmelo, sé que me amas… sólo espero mi momento… una tristeza incómoda se va apoderando de mi…acallo mi llanto… el destino me arroja velozmente hacia el enemigo… pienso sólo en ti, en este amor prohibido que nació desde la antípoda esencia que nos recubre, desde la perfección de los opuesto que se encuentran para formar un solo ser…

Sigo avanzando en busca de mi amor… a mi paso son abatidos por mi espada aquellos que también te aman, te veneran, te protegen… ven en ti su fin, su estar y perecer… yo por el contrario veo en ti mi todo, aquel a quien anhelo… aquel que me alienta en este espacio sin tiempo… aquel que con su amor, me ha permitido soportar por siglos reencarnar mi papel en este teatro…

Batallo aguerridamente, guiada por las manos de un dios que desconozco… inspiro sin voluntad a mis tropas hacia su victoria… me dejo llevar hacia mi deceso…sigo avanzando…cada vez estas más cerca… dos jinetes me acompañan, abren el paso, me protegen, saltan de un lado a otro intentando acorralarte, tus caballeros en vano te resguardan... pero el destino esta trazado…el último de tus protectores a caído…te refugias en una esquina… y yo en un segundo estoy ante ti… te miro fijamente…sonríes… y como un momento ritualizado esperamos las palabras que den un nuevo fin a nuestro atormentado amor…

…jaque mate…


FAUSTO

lunes 20 de abril de 2009

¡QUÉ INJUSTA ES LA VIDA!

Desde la butaca en la tercera fila no se perdía detalle alguno. Lo que para algunos era demasiado cerca para Pedro era una distancia perfecta en aquel maravilloso espectáculo operístico. La música aparecía como bocanadas de aire fresco surgiendo desde el suelo hacia los palcos, y era atravesada por las voces de los cantantes como saetas lanzadas a sus oídos.

En un principio no hacía demasiado caso a la interpretación teatral; escuchaba la música y leía la traducción en la pantalla considerando que eso era lo importante, hasta que la principal voz femenina surgió ante él. Fue entonces cuando reparó en la juventud de la cantante; no era de edad madura ni su cuerpo presentaba excesos de los que pensaba eran necesarios para producir esa voz, y dejó de leer la traducción.

Su cuerpo era esbelto y fantásticamente proporcionado, sus manos delgadas movían alguna vez los delgados dedos con una dulzura y ritmo que le llamaron la atención. Se le quedaron clavadas en las retinas escenas en que la artista se llevaba una mano al pecho mientras con la otra hacía un giro como señalando al público de la tercera fila precisamente, siguiendo el movimiento con la cabeza y los ojos dulcemente cerrados, hasta que los abrió mientras cerraba la mano alzando el puño. Y a Pedro se le antojó que le miró a él fijamente.

Fueron segundos sin respirar, mirándola fascinado a los ojos que sentía clavados en sus pupilas, hasta que arrancó de nuevo la música y la bella artista se desplazó hacia el otro lado del escenario. Ya no había puesta en escena; le daba igual el movimiento de los objetos y del resto de personas que variaban la escena, ya que solo tenía ojos para ella.

Aparte de su voz, la música sonaba siguiendo sus movimientos, y no al revés; en una escena en que se descalzaba y se lavaba los pies y las piernas en un virtual riachuelo escuchó el chapoteo del agua y se imaginó esas piernas aireadas y esos pies descalzos acariciando la hierba. Fue el climax de sensación interior; las mejillas de Pedro se ruborizaron, comenzó a sudar y a lagrimear lentamente, el corazón saltaba llevándole casi a la asfixia y aún tardó en reponerse unos minutos; los que faltaban para llegar al final de la representación cuando se dio cuenta que todo el teatro aplaudía entusiasmado menos él.

Se aplaudía mientras los artistas saludaban mirando hacia los palcos y lanzando besos al público en general, pero Pedro no podía; solo podía mirarla, por primera vez sonriente, feliz; recibió un ramo de flores y siguió lanzando besos, posando los labios sobre sus dedos y volviendo a sonreír…

Hasta que cayó definitivamente el telón y tuvo que levantarse. Lentamente, siguiendo la fila de espectadores, llegó a la calle como en una nube, rememorando escenas y voces muy particulares, y de repente se vio parado ante la taquilla del teatro sin saber cómo había llegado hasta allí. Y por fin se le iluminó la cara; se acercó y preguntó si había aún entradas para el día siguiente, ultima representación. Compró la mejor de las que quedaban, un poco ladeada y en la séptima fila, pero la alegría no le cabía en el cuerpo.

Al día siguiente fue uno de los primeros en entrar. Esta vez acudió mucho mas acicalado que el día anterior, notando incluso como se le miraba desde algún palco. Tuvo tiempo para leerse el folleto y entender el tema que se desarrollaba en la obra y los últimos minutos antes de comenzar se le notaba nervioso y respirando profundamente para calmarse, algo que parecía imposible.

Por fin comenzó el espectáculo y para Pedro fue como si fuera la primera vez, con un exceso de entusiasmo asistió a las mismas escenas y de nuevo se le saltaban las lágrimas; incluso se sorprendió de no haber reparado en la espalda descubierta cuando la artista se viste de novia; una espalda perfecta, sin huesos exageradamente picudos, todo eran suaves redondeces y una piel lisa, sin imperfección alguna… Estuvo a punto de reír de placer; su entusiasmo casi le traiciona, así que al terminar fue el primero en levantarse del asiento y aplaudir, lo que hizo que la artista le mirase y sonriera notoriamente llevándose las manos a la boca y lanzándole el primer beso, esta vez con las dos manos; algo muy especial.

Esta vez Pedro estaba decidido; salió del teatro y se dirigió a la parte trasera a la espera de la soprano. Decidido pero nervioso esperó durante más de una hora hasta que la vio aparecer. Se quedó quieto, inmóvil y con las manos en los bolsillos que no se atrevió a sacar por no saber qué hacer con ellas. La observó desde apenas veinte metros, vestida de calle con una elegancia que pocas mujeres saben llevar, sus elegantes zapatos no dejaban ver sus hermosos pies, pero la falda dejaba ver la perfección de curvas de sus piernas. Ella saludó a algunas personas y en un giro de cabeza reparó en la presencia de Pedro; lo sonrió y se dirigió hacia él.

—He visto que te ha gustado. –dijo con acento extranjero.
—Sí, bastante. –contestó Pedro disimulando apenas su turbación.
—¿Sabes si está lejos el Hotel Carrión?
—Está muy cerca de aquí, puedo acompañarla si lo desea…
—¡De acuerdo! –y le cogió del brazo, siempre sonriente.

La turbación hizo que no salieran mas palabras de su boca, dieron unos pasos y Pedro pensó que tenía que decir algo, y mientras trataba de elegir frase llegaron a la esquina y apareció un hombre, moreno, alto, elegante que la miró y abrió los brazos. Ella se abalanzo sobre él y se fundieron en un fuerte abrazo. Tras unas palabras en un idioma ilegible ella se acercó a Pedro:

—Gracias, ya no hace falta que me acompañes. –y le dio un beso en la mejilla.

Pedro volvió a meterse las manos en los bolsillos del pantalón y observó a la pareja alejarse abrazados y felices. “¡Que injusta es la vida…”, pensó,”…para un hombre de catorce años!”


Tito Carlos

sábado 18 de abril de 2009

LOCURA DE AMOR

La vida nos depara sorpresas a cada vuelta de esquina, en cada recodo del camino nos puede salir al paso una situación controvertida e inesperada. Ella podía dar fe de ello. No dudaba ni por un segundo que cualquiera que escuchara su historia, la tomaría por una mujer descentrada, inequívocamente perturbada.

Sonrió para sí. No le importaba en absoluto lo que el resto del mundo pudiese pensar sobre esa vivencia particular y exclusiva, que a otros ojos pudiera ser síntoma de locura. Sólo se sabía perdidamente enamorada y eso era más que suficiente para ella.

Viajaba por el ancho mar. Su mirada perdida en el horizonte azul y hermoso, donde la línea divisoria entre el cielo y el mar se difuminaba hasta desaparecer. Un sol intenso dejaba reposar sus rayos en la inmensidad marina. Un brillo reluciente salpicaba la superficie cuajándola de estrellas diurnas y acuosas. Se marchaba con sus maletas cargadas de sueños, sus pertenencias mundanas, y su amor en un rincón de una de ellas.

Lo llevaba con la intención de mostrarlo al mundo. Allá donde ya habían solicitado su presencia y donde no.

Lo adorarían, estaba segura de ello.

Jamás; sentirían la idolatría que ella hacia ese ser perfecto que la hacía sentir como nunca, como nadie la hizo sentir…

Recordó entre suspiros los días de cansancio infinito cuando sumergirse en el calor de un baño perfumado era su prioridad…

…La puerta se abrió dejando paso a una visión embriagadora. La bañera exhalaba vapores aromáticos. En su superficie, reposaban pétalos de flores encarnadas. Se podía observar pequeñas manchas aceitosas, que no eran sino una promesa acariciante para su piel. El entorno al lugar donde sumergiría su cuerpo, estaba iluminado por velas blancas, única luz de la estancia. Una ligera brisa penetraba por la abierta ventana. Una voz varonil, tras ver su mirada prendida en el ambiente, rompió el silencio:

-Lo necesitabas, ¿verdad?

El relajante baño dio paso a un encuentro pausado en principio, y pasional después, de dos seres amándose hasta absorberse.

Los días pasaban, y la mujer ansiaba el regreso a casa. Amaba profundamente a ese hombre que la hacía sentir mujer de los pies a la cabeza. Ya no había escondites en su cuerpo sin ser descubiertos. Palabras amorosas que sus oídos no hubiesen escuchado, sentimientos y sensaciones que no hubiesen experimentado.
Mantenían largas conversaciones, unas trascendentales, otras risueñas, otras en silencio…

Sintió que el día se acababa y un sentimiento perezoso se le instaló. Miró por el gran ventanal el paisaje agreste del descuidado jardín, al que había relegado al olvido. Una niebla mortecina se había aposentado en el ambiente, haciéndola sentir desasosiego. La perspectiva de que aquel amor pudiera romperse, la atemorizaba en extremo.

Sin embargo, era consciente de que tenía fecha de caducidad próxima. O quizá no…

Sentó su envarado cuerpo en la silla, mientras aferraba con ambas manos la pantalla del ordenador. Sus dedos eran reacios a ponerse a trabajar.

Quedó embelesada mirando las letras que emergían de la pantalla, su tez marfileña, era ahora de una palidez extrema.

Posó sus manos temblorosas en el teclado y comenzó su tarea.

Le parecía sentir su aliento en la nuca, sus dedos bajando por su espalda desnuda, sus labios en su oído…y todo fueron sensaciones que comenzaban a evaporarse conforme sus dedos tecleaban…

Jamás vio su rostro, mas, lo tenía grabado a fuego en su interior. Nunca escuchó su voz, pero sabía de cada una de sus entonaciones. Su piel le era extraña, pero conocía a la perfección cada pliegue de ella, cada imperfección.

El final había llegado inevitablemente. Una ignota sensación de abandono la pobló al acabar aquel libro que había escrito durante meses, y en el que había dado vida a un hombre sin parangón, un ser hecho a la medida de su romanticismo, de su deseo desbordado a que la amasen de la misma manera que ella deseaba hacerlo…

Fue como un chispazo de pólvora a punto de hacer estallar todo lo que hubiese a su paso.

Nunca lo dejaría escapar. Publicaría ese libro y acompañaría a su amado allende los mares. Lo mantendría resguardado para sí misma, a pesar de saber que con el tiempo habría otras mujeres que sentirían en sus carnes, en sus mentes, en sus corazones, todo lo que él podía ofrecerles… Sin embargo… ninguna de ellas sería tan suya como ella. Ninguna…

Marinel.

jueves 16 de abril de 2009

EL AMOR NUNCA ES IMPOSIBLE

Cada mañana al despertar corría impaciente hacía el ordenador en busca de algún comentario, un mensaje... lo que fuese, le daba igual. Era lo primero que hacía cada día, antes de vestirse, de desayunar, a veces incluso antes de orinar; la obsesión le vencía irremediablemente. Su blog era comentado por decenas de personas de las más diversas procedencias y edades, pero a él sólo una de ellas le importaba realmente.

Desde aquel día que la vio por primera vez en su espacio virtual, esa imagen que acompañaba al comentario le cautivó por completo. Su pelo largo y rubio ondeando sobre el hombro desnudo, esa mirada retadora con ojos de hielo chispeantes y unos labios color de miel que parecían ocultar el más arcano de todos los misterios de la creación. Y sus palabras, siempre dulces, siempre insinuantes, como intentando conquistarle, o al menos así le parecían a él... o así quería verlo. Era el ser más perfecto que pudiese ser concebido por este Universo.
Su admiración, su amor, fue en aumento después de escudriñar con una paciencia de relojero cada entrada publicada en el blog de su amada. Era una poeta incansable, apasionada, capaz de extraer versos insuperables de cualquier situación vivida o soñada; su tema preferido: el amor.

Y él no tardó mucho en autoproclamarse protagonista de los delirios de su amante desconocida. Cada poema escrito por aquellas manos que imaginaba deliciosas, se pensaba que iba dirigido hacia él, a tal extremo llegó a seducirle cada palabra que le regalaba en su blog.

Con el tiempo fueron afianzando su confianza; él le devolvía cada visita en el mismo tono excitante, llegando a veces a rozar los límites de lo cuestionable, y ella le correspondía con palabras aterciopeladas y repletas de caricias que le hacían enloquecer más y más. Besos y abrazos dejaron de ser sencillas despedidas inexpresivas para pasar a tomar todo su significado más ardiente y apasionado. Se intercambiaron e-mails, números de teléfono, sus contactos se multiplicaron, transcendiendo de la impersonal pantalla de ordenador hacia la más cercana y peligrosa realidad cotidiana. Les separaba una distancia considerable, pero las promesas de acercamiento se repetían una y otra vez aumentando su desesperación hasta límites inhumanos. Él sabía que estaban condenados a conocerse y amarse de por vida... pero no veía el momento.

Cierto que había algunos inconvenientes, como su matrimonio, sus dos hijos, los trabajos de ambos... en fin, toda una vida por detrás... pero ¡qué caray! El amor podía derribar cualquier obstáculo, ¿acaso no era eso sobre lo que escribían una y otra vez? También había oído hablar infinidad de veces sobre los peligros que podían conllevar las relaciones a través de la Red; el crearse una ilusión inexistente, construir castillos en el aire, etc., pero él sabía que el suyo no era el caso. Era una persona adulta, inteligente, y además, aquella mujer, aquel ser delicioso, llevaba más de un año escribiendo en su bitácora particular unos poemas que hablaban sobre su vida, sobre ella misma, así que debía ser real; ERA REAL.

Pero cada cita que intentaba concertar con su amante escurridiza era a su vez pospuesta por ella; una reunión de trabajo, alguna enfermedad inoportuna, una visita de última hora,... cualquier excusa era válida para retrasar tan esperado momento. Así que llegó la hora en la que el corazón, apunto de estallarle en el pecho, le pidió a gritos que dejase a un lado las palabras y pasase a la acción.

Las broncas en casa, con la familia, habían llegado a tal extremo de crudeza y era tal el infierno que vivía cada minuto sin ella, que poco importaba ya el riesgo que asumía al hacer una maleta y tomar el primer vuelo hacia la ciudad donde vivía el gran amor de su vida.

Se presentó una mañana lluviosa de invierno en el portal de las oficinas donde trabajaba, con el ánimo encendido y el rostro resplandeciente del adolescente que intenta sorprender a su amor de juventud. Fue entonces cuando cayó en la cuenta de que ella no conocía su aspecto; su avatar cibernético correspondía a una imagen abstracta que siempre le había llamado la atención, nada que ver con su rostro. Esta circunstancia aún hizo aumentar más su excitación de amante primerizo, pero no le coartó en absoluto su resolución de lanzarse a sus brazos en cuanto la tuviese delante. Presentía que el momento se acercaba.

Tenía memorizado cada vello de su tez azulada, así que intuía que no le resultaría difícil hallarla. Entró resuelto, aunque nervioso, y comenzó su ansiada búsqueda entre el escaso personal que allí se encontraba. Pero antes de toparse con ese rostro refulgente de sus sueños, fue a encontrar su nombre completo grabado en una pequeña placa de metal junto a una puerta acristalada, tras la cual se percibía el movimiento de una figura femenina. Sin más dilación, la abrió con el corazón desbocado de impaciencia.

Aquella mujer que le miraba absorta ni por asomo se parecía a la esperada; era bastante mayor, algo rechoncha y de piel morena y grasienta. Cuando él preguntó por el nombre que figuraba en la puerta, sus peores sospechas cobraron vida: era ella.

Incapaz de pronunciar una sola palabra, se dio media vuelta, y fue derecho al aeropuerto. Tras arduas disculpas y complicadas maniobras de persuasión, logró el perdón de su esposa... y su vida continuó en el mismo lugar donde la dejó.

Cada mañana seguía despertando deseoso de comprobar los insinuantes mensajes que recibía de su amada. Y cada mañana, continuaba contestándole con palabras llenas de cariño y promesas de amor eterno.

Esa imagen de pelo rubio y ojos cristalinos jamás pudo borrarla de su pensamiento... la imagen de su amada, de su amor imposible... pero real.

Pedro Estudillo

martes 14 de abril de 2009

EL MOMENTO

ELLA: No me gusta esta tipo de música… Bueno, solo me gusta una canción...
ÉL: ¿Cuál?
—Una canción que una vez me dedicaron…
—¿Todavía te acuerdas?
—Sí… Me acuerdo de eso y de muchas otras cosas.
—No importa… De todas formas bailemos… Me encanta cómo bailamos los dos…
—¿Por qué?
—No sé… Los movimientos fluyen, nos sincronizamos perfectamente…
—Son nuestros cuerpos… Se han acostumbrado tanto… De eso debías darte cuenta antes de pasar toda la noche bailando con todas menos conmigo ja ja…
—¿Estás celosa acaso?
—Ya sabes que yo nunca siento celos...
—¿Porque no puedes? ¿Porque yo solo fui una aventura y nada más? Ja ja…
—¿De dónde sacas eso?
—Es lo que escribes… sobre nosotros…
—Nunca he dicho eso… Tal vez entendiste mal.
—¿Ah sí? Pues no lo creo.
—Vaya… ¿Por eso has estado tan extraño últimamente? ¿Por eso te has portado tan mal conmigo? ¿Y es así cómo me lo dices, aquí y ahora entre toda esta gente, después de tanto tiempo de hacerme sufrir con tu indiferencia y frialdad?
—¿Sufrir? Solo se sufre por alguien que se quiere…
—Tú sabes que te quiero…
—No lo creo… Tus palabras lo dicen todo perfectamente: El amor de tu vida es otro… Aquel a quien nunca dejarías por “una aventura”… Aquel de quien nunca hablamos… “El innombrable”. Ja… Esas fueron tus condiciones ¿no? Nunca hablar de “ellos” y no involucrar sentimientos… Y, según veo, para ti ha sido muy fácil.
—No. No ha sido fácil. Al comienzo quizá… Pero tú sabes que no he podido evitar amarte.
—Pero escribes todo lo contrario. Y me ha dolido tanto leer lo que sientes con respecto a los dos, que no he podido reaccionar de otra forma más que cambiar mi actitud hacia ti y no darte ninguna explicación. Porque no ha sido nada fácil saber que no me quisiste, que no dejarías nada por mí, que todo lo que vivimos no ha significado nada…
—Estás tan equivocado… ¿Por qué nunca lo hablaste conmigo? Te hubiera explicado que mis sentimientos no corresponden a tu interpretación de mis palabras… Aunque pienso que no es necesario porque a pesar de nuestro “acuerdo”, te he demostrado de sobra que te quiero… Y aunque nunca me lo has dicho, ahora veo que tú también…
—En primer lugar, yo nunca te quise.
—Eso es mentira…
—Es cierto… Yo nunca te quise…
—¿Y entonces por qué estás tan dolido? No te creo. Eso es mentira…
—Es verdad: yo nunca te quise… YO TE AMÉ…
—¿Y por qué nunca me lo dijiste?
—¿Para qué? Tú has dejado las cosas muy claras entre los dos, en innumerables ocasiones…
—¿Y todas las cartas que te escribí? La forma en que me entregaba a ti cuando hacíamos el amor, ¿eso no te decía nada? ¿Y cuando te decía que te quería, mirándote a los ojos, aún sabiendo que nunca me dirías lo mismo? Sin esperar que me dijeras lo mismo…
—Cada vez que hacíamos el amor yo sentía que eras mía por completo… En cuerpo y alma… Pero después nos despedíamos y nada cambiaba… Cada uno seguía con su vida.
—Los dos sabíamos las reglas del juego… Y los dos nos arriesgábamos a enamorarnos…
—¿Te das cuenta? Lo sigues diciendo: para ti todo fue un juego.
—Si tanto me amabas, ¿por qué te comprometiste con ella? Te vas a casar ¿no?
—Porque no me dejaste otra opción…
—Tu reclamo no es justo. Yo nunca supe lo que estabas sintiendo…
—¿Ah no?... Y las tantas veces que hicimos el amor, ¿acaso no lo notaste? Te amaba con todo lo que soy… El problema es que contigo todo ha sido tan mágico… Tan diferente… Siempre tuve miedo de perderlo y cuando sentí ese miedo supe que te amaba… Que no había podido seguir tus reglas… “Lo siento”…
—No seas irónico… Tú sabes que yo también te amo… Y no seas injusto… Para mí ha sido más difícil que para ti, pues al menos tú no vives con ella...
—¿Más difícil? ¿Y crees que para mí ha sido fácil ocultarle todo el tiempo lo que siento, tratar de no pensar en ti, de estar presente y no con mi mente recordándote?
—¿Te das cuenta? Si tan solo me lo hubieras dicho, yo…
—¿Tú qué? ¿Lo hubieras dejado todo por mí? Respóndeme solo eso…
—Yo… No lo sé… ¿Cómo esperas que te responda eso ahora? Yo no tenía idea de lo que sentías mi amor… Yo… Si tan solo me lo hubieras dicho…
—¡Pero si hasta te dije que quería un hijo contigo! ¿Eso no te sugirió algo?
—No sé qué decirte…
—No importa… De todas maneras esa será una de las cosas que no pudieron ser… De las cosas de este amor que nunca debió pasar… Como tantas veces lo escribiste…
—No puedo creer que hayas sido tan ciego… Que no hayas podido ver lo evidente… Yo te amé y te lo dije de muchas formas. Te lo dije conforme este amor iba creciendo… Te lo decía siempre, a pesar de que tú nunca me demostrabas que sentías lo mismo por mí… Porque nunca necesité una razón para amarte ni pretendí ponerle condiciones a este amor… Te amé de todas las formas que puede amar una mujer… Sin esperar nunca nada… Y todo lo que me lo dices ahora es… Me lo dices ahora cuando ya es demasiado tarde…
—¿Por qué? ¿Por qué es tarde? Ya no importa la conversación de esta noche… No importa las cosas que no dije o que no entendí… Te espero en unas horas, en el lugar de siempre, tú con tus cosas y yo con las mías… Y que pase lo que tenga que pasar…
—¡¿Qué?!
—Sí… Si estás ahí, comenzaremos una nueva historia… Diferente a la que cada uno había escrito de lo que sería su vida… Si no estás, lo entenderé… Y nada cambiará entre nosotros. Solo que así sabré que lo que puedo tener de ti es lo que he tenido hasta hoy… Y no me parecerá poco… Es lo que me puedes ofrecer... Y ahora sé que eso es amor… Aunque no estemos juntos.
—Pero… ¿te das cuenta de lo que me estás pidiendo? Pertenecemos a mundos tan diferentes… ¿Tú crees que tú y yo…
—No sé. Realmente no lo sé… Solo hay dos opciones: o estás ahí en unas horas y lo averiguamos… O no. Y si no estás, nos veremos después y no hablaremos sobre esa posibilidad…
—No puedo creer que me estés diciendo esto…
—¿Por qué mi amor? Entonces dime… solo dime si no es el momento para los dos…
—No mi amor… No lo es… A pesar de que nunca seré tan tuya como lo soy ahora…

…Hay amores que tienen que acabarse para ser eternos…

Isis de la Noche

domingo 12 de abril de 2009

EL EXPRESO DEL NORTE


El soldado, somnoliento, no había reparado en las palabras de la joven.

-Eh, soldado, ¿me escuchas?, ¿me puedo sentar? –repitió ella alzando la voz.

El joven uniformado, al oír estas palabras, abandonó su letargo y balbuceó algunas palabras ininteligibles. Quien le hablaba era una muchacha de piel broncínea que le estaba brindando una encantadora sonrisa. Sus ojos verdes le atraparon de inmediato.

-Si, si… claro que si… Ahora mismo retiro este bulto.


Antes, cuando se había sentado en su asiento, el soldado había colocado en la plaza de enfrente –la que ella solicitaba ocupar- su destartalado macuto militar. Todas las semanas, cuando repetía este viaje que le conducía a León, venía haciendo lo mismo, buscando con ello que nadie se sentara en el asiento de enfrente, para viajar así con mayor comodidad. Una vez acomodado, el joven solía escuchar la música que captaba un pequeño transistor hasta que quedaba levemente adormecido.


-¿Escuchando música, eh? –exclamó la muchacha-, así no me oías…


-Si –respondió el soldado sonriendo- suelo sintonizar alguna cadena de música cuando viajo. Resulta más entretenido. Ahora mismo estaba sonando algo de la “Credence”.


-Ah, que gente tan magnífica –afirmó ella-, me encanta su música, siempre tan vibrante.


Mientras contemplaba su continua sonrisa y sus ojos verdes, el soldado fue sintiendo que algo que surgía de esos ojos atravesaba su guerrera y se incrustaba dulcemente pero sin miramientos en su corazón.


Desde hacía varios meses, el soldado realizaba ese mismo viaje todas las semanas en el Expreso del Norte. Llevaba en su macuto pequeñas piezas de repuesto para los fusiles de asalto. Las recogía todos los lunes en el Parque de Artillería de su ciudad y se ocupaba luego de entregarlas en la armería del acuartelamiento de El Ferral del Bernesga, situado en las inmediaciones de León.


La muchacha, de aspecto campesino, tan sugestivamente bella como dotada de simpatía, le dijo que cursaba estudios en León y que ahora, que estaba de vacaciones, había pasado un par de días con una compañera que vivía en un pequeño pueblo de la provincia de Palencia, en donde había subido al tren. Se dirigía a otra pequeña localidad de las montañas de León, donde vivía su familia.

No fue mucho el tiempo que ambos tuvieron para conversar, aproximadamente unos 40 minutos, pero el soldado –en tan corto espacio- tuvo la reiterada certeza de que aquella joven de ojos verdes, bronceada por el sol de los Picos de Europa, estaba conquistando, sin piedad alguna, su corazón.


Fue de súbito cuando la magia del momento quedó interrumpida.

-Oye, soldado –exclamó ella-, pero no te tenías que bajar en León… Hazlo deprisa, que creo que el tren va a ponerse en marcha…

Y es que el joven del uniforme, inmerso en las sonrisas de aquella desconocida ni siquiera había reparado en que el tren llevaba ya un tiempo parado en la estación de León y estaba a punto de proseguir el viaje en dirección al norte.


De manera apresurada, balbuceando un atragantado “adiós”, el soldado corrió buscando la salida del departamento. Cuando la alcanzó tuvo que saltar, ya que el expreso –lentamente- estaba iniciando su marcha. Pegando trompicones se dirigió a la ventana donde la muchacha le estaba despidiendo.


Fue ella la que reparo: “Eh, soldado, que te has dejado este bulto...” Y con indudable esfuerzo le arrojó el macuto por la ventana.

Las personas que transitaban por la estación y que contemplaron la escena no pudieron sino sonreír cuando vieron que el contenido del macuto, al caer este sobre el hormigón del anden, se desparramaba por el suelo y tres bayonetas de mosquetón y más de cien percutores de acero para los fusiles CETME saltaban por los aires brincando en todas las direcciones.

Dominado por el nerviosismo el soldado no pudo siquiera despedirse de la joven.

-¡Adios, Antiqva, a ver si nos vemos otra vez –dijo ella mientras el tren se alejaba. Ya sabes que me encanta la “Credence”.


La joven campesina se llamaba Camino. Estudiaba el primer curso de Veterinaria en la Universidad de León y su familia, según dijo, vivía en un pueblecito leonés de los Picos de Europa. El sol y el aire de la montaña habían dado un bello color a su piel.

El soldado, que tenía entonces dieciocho años, nunca volvió a verla. Todavía no ha olvidado el color verde de sus ojos.

ANTIQVA

viernes 10 de abril de 2009

REFLEJOS INMERSOS


Paseando por la rivera del río tantas veces transitada, en la calma de un reloj sin agujas, se acercó hasta la orilla en espera de algo nuevo.

Las siempre cambiantes aguas del río suponían para ella una especie de hipnosis, de traslado hacia algún lugar fuera de su anodina circunstancia.

La gitana le había dicho que su amor vendría del agua, y aunque esta parte de la profecía no se entendía, hacía semanas que se asomaba a ver sus reflejo en una parte del río similar a un pequeño y manso lago, rodeado de sauces llorones que acariciaban su cabello de una forma maternal.

“No, no estás sola”.

Le pareció ver un rostro que le hablaba a la derecha de su reflejo cristalino, unos hermosos ojos azules que se confundían con el mismo agua.

Se arrodilló mojando sus ropajes, y al sumergir las manos fue atraída sin remedio al interior de las aguas.

Qué extraña la magia que hizo que sus pulmones se acomodaran al líquido elemento, y como pez en el agua poder mantenerse inmersa, nadando como nunca hubiese creído que podría,… o que sabría.

Los delfines comenzaron a juguetear a su alrededor, empujándola hacia una oquedad oculta debajo de la montaña. Hacia ella se dirigió nadando a grandes brazadas, puesto que una atracción irrefrenable por atravesarla se adueñaba de sus actos.

Y emergió … en ¿otro mundo?, ¿otra realidad?

Allí estaba él, flotando en la superficie, esperándola con una amable sonrisa y una mirada que ella reconoció como el reflejo que le devolvió el propio lago, antes de sumergirse.

Ella le devolvió la mejor de sus expresiones, quedando ésta congelada cuando observó las aletas que junto a él se desplegaban.

Mitad pez, mitad humano, ese secreto guardaba.

Lo que la gitana le ocultara queda solapado por siempre bajo el manto del amor imposible, bajo un mundo inverso e inmerso perdido en los ojos y oídos del tiempo.

Y así fue.

Tea.

miércoles 8 de abril de 2009

LA NIÑA Y EL DIBUJO

Después de la escuela, Rebeca corría hacia su casa sin mirar atrás. Tropiezos, golpes y costras bajo su falda de colegial. Cincuenta centímetros de altura, rostro pecoso y sonrojado; ojos de aceituna, cabellera naranja y retorcida entre un par de largas trenzas, orgullo de mamá.

—Hola, mamá –dice Rebeca, mientras deshace sus libros sobre el desván.

—No, de nuevo Rebeca! Tus labores debes iniciar –grita angustiosamente su madre, después de que Rebeca no aguarda, para la tele mirar.

Todas las tardes; Lacón, el caballero de Rebeca, comenzaba su gran show. Ah! El gran Lacón; mirada penetrante, hombre sin miedo y capaz de rescatar a cualquier doncella de las garras del malvado Dragón. Lacón, hermoso dios de cabellos de oro, piel blanca y cuerpo de faraón; con un –estás a salvo, mi adorado amor– despedía su función en el pequeño televisor. Sentado en su unicornio de plata, Rebeca lo recordaba, cuando luchaba contra la perdición, en aquellas noches en las que Rebeca se anunciaba cuando debajo mojaba, sus rosadas sábanas de algodón.
Un día, dos días, sesenta días; y la hora del reporte escolar. Las calificaciones deficientes por la maestra, a manos de su madre, fueron a dar. –Rebeca, un mes sin televisión; debes estudiar -furiosamente, le dijo mamá.

Entre lágrimas y lamentos, Rebeca extrañaba a su inanimado Lacón; mientras encerrada, se encontraba en su habitación. –¡Soy una hermosa doncella, y mi madre es un malvado Dragón! ¡Ahora; vendrá mi amado Lacón! -¡va a rescatarme por aquel cercano balcón! –soñaba Rebeca, mientras solamente en su cuaderno dibujaba lo que le dictaba su infantil imaginación.

Diez de la noche; papá, su automóvil parqueó. Hombre honesto y trabajador. Cuidadosamente abrió el gran portón. Oscuridad; silencio absoluto detrás del tic - tac del reloj. Primero un paso, luego dos. Su dedo índice al botón que iluminaba la habitación.

—Mamá, ¿dónde estás? –con un dulce susurro pregunta papá.

Pie derecho en el primer escalón, pie izquierdo en el segundón escalón… así, hasta llegar al duodécimo escalón. Su corazón, no le pidió perdón, cuando con el cuerpo inerte de mamá tropezó. Siendo atravesado por la espada improvisada de una pequeña, que se encontraba en la siguiente habitación...

…Un cuaderno de colección donde el gran Lacón, daba su mejor presentación. Volaba el gran Lacón, sobre su unicornio de plata hacia el gran mirador donde en una morada se encontraba un malvado dragón. Lacón lo sabía, en aquel caserón, una doncella…aguardaba por su amor.

En silencio, Lacón; un paso, luego dos… reposa su arma en la espalda distraída del dragón. –Oh! Malvado dragón; nunca más me separarás de Rebeca, mi adoración —Vanidoso, exclama el gran Lacón.

Entre gemidos y bramidos, papá; a una hermosa doncella encuentra, colgando de fibras de plata desde un gran balcón. Junto a ella, el dibujo del gran Lacón, donde triunfante… cierra su mejor show.


Yinna Rincón

lunes 6 de abril de 2009

AMOR VIRTUAL


Andrés lleva una vida anodina; de lunes a viernes se refugia en su trabajo, en el estrés de los embotellamientos de la gran ciudad y las reuniones hasta las tantas en las que no se resuelve nada, pero pasa el tiempo. Ya nadie le espera en casa.

Tras lanzarse de cabeza al matrimonio, como la mayoría de los jóvenes, y tener dos hijas, termina divorciándose diez años después; cada dos viernes va a buscar a las niñas al colegio. Echa tanto de menos sus risas, sus llantos, sus peleas de hermanas… Esos fines de semana todo cambia y la vida parece sonreírle un rato. Comida basura, “High School Musical”, salir a patinar, montar en bici. Al menos sus hijas le hacen feliz.

Cuando está con ellas olvida la soledad, el silencio de ese apartamento impersonal, esa nevera medio vacía, esa cama sin hacer –salvo los miércoles-, cuando viene la señora de la limpieza quien además, le hace la compra y le prepara algo de comida decente.

Se olvida del último polvo mal echado con la primera que “pilla” en uno de esos garitos de moda donde van a ligar los divorciados y divorciadas, donde la vulgaridad y la decadencia se apoderan de su vida. A tiempo, tomó la sabia decisión de no volver; no iba a encontrar allí la mujer bella, culta e inteligente que perdió.

Poco a poco, sin reparar en ello, va inventando una vida paralela, el sueño que le gustaría vivir, el pasado que no fue, el presente que no existe, el futuro deseado.

Navegando entre sus mentiras, inmerso en su irrealidad, deja las riendas de su soledad en manos de una mujer ficticia, totalmente idealizada tras la pantalla de su ordenador. Fascinado por ella, por su forma de escribir, por su sensibilidad, por la fuerza que transmite a borbotones, le va contando esa vida idílica que supuestamente vive.

Al principio, Claudia juega seducida por sus palabras, sus dulces mentiras; imagina las caricias anunciadas, la miel de sus labios, el sabor de su piel.

Sin embargo, intuye que algo va mal: hay piezas que no encajan, el “sí, pero no”, las excusas constantes, las mentiras… No, no quiere reparar en ello, alentando ese arriesgado juego de promesas incumplidas.

Su deseo va en aumento Como una adolescente insensata sólo piensa en el correo, el “chat”, le salta el corazón al leer su nombre; luego, el teléfono. Se deja enamorar, se deja llevar tratando de acallar su intuición, la inexistencia de ese amor virtual. Comprende que jamás va a conocer al verdadero Andrés porque es una quimera y comienzan las lágrimas, los malos ratos, las esperas, las decepciones. Sufre como nunca, llora sin consuelo. Callada.

Llueven los perdones, suenan las sonrisas y el final atronador, el esperado adiós para siempre. Un desenlace tan real, como ilusorio el amor.

Entre los jirones de su alma empapados de mar, las estrellas fugaces que pasan de largo y las espinas de rosas marchitas clavadas en el corazón, Claudia apaga el ordenador.

Ana.

sábado 4 de abril de 2009

MI CIRCULO PERFECTO

Hay dos razones para que algo sea imposible, la primera, es que te rindas, la segunda…
La segunda te cambia la vida para siempre.

Como aquel verano me la cambio a mi.
Era una mañana suave, de principios de verano, el aire estaba repleto de azules, que se mezclaban y se confundían.

Las campanas replicaban a fiesta, Y de pronto la banda; verla fue como contemplar el mar y el cielo a la vez, me invadió una sensación extraña, como si nada estuviera ocupando su lugar.

Hay caras que nunca cambian de expresión. pero, la suya no, la suya cada segundo expresa una cosa distinta, sus ojos brillan con cada ilusión, su cara se ilumina con cada palabra, su risa es como el tintineo de los cascabeles en Navidad.
Le miré y sentí cómo él me miraba, ese instante eterno, ese nudo en la garganta, el intenso latir de mi corazón. Tardé en comprender que aquella mezcla de raras sensaciones significaba enamorarse. Era un juego estúpido, demasiado ingenuo para la edad que teníamos, pero resultaba divertido, entretenido e inocente; simplemente manteníamos la mirada, el uno del otro, era lo único que hacíamos aparte de sonreír como dos estúpidos. Pero valía la pena ya que era la única forma de que mi mundo y el suyo coexistieran en el mismo lugar.

Ni siquiera sé cuánto tiempo llevábamos haciendo el mismo juego, pero supongo que para los dos era ya algo tan rutinario como el levantarse por la mañana todos los días. Supongo que ya era hora, ¿no?, de dar el siguiente paso, un paso muy ridículo pero que a ninguno de los dos le haría ningún mal.

Ese día, el destino quiso darnos una oportunidad. Al caer la noche, y tras jugar una partida a “pares o nones” con mi hermano y perderla, me toco bajar la bolsa de la basura, así que allí iba yo, con mi toque informal de zapatillas de andar por casa, y pelo estilo grunge tras una batalla de cojines premio por bajar la basura. Al salir del portal rezongando me choque contra alguien, no sé qué pasaría por su mente, pero un escalofrió recorrió mi cuerpo cuando al levantar la vista me vi reflejada en su mirada de incredulidad.

-hola, soy Ramón.-, y de repente un largo silencio, no necesitamos nada más, los dos sabíamos quién era el otro, el silencio fueron nuestras palabras de presentación, y después de eso todo retumba en mi mente como un eco profundo. ¡Ramón! ¡Ramón! ¡Ramón!
La verdad es que tardé bastante el lograr balbucear mi nombre, pero al final logre decir- yo soy Ariadna.

Pasaron los días y Ramón y yo nos fuimos conociendo por mensajes, llamadas, Messenger, en fin, horas y horas pensando el uno en el otro. Era como si nos conociéramos de toda la vida, y eso nos hacía sentirnos mágicos.

Al día siguiente quedamos para salir. Parecíamos dos estatuas, el uno parado frente al otro durante largo tiempo, no había nada que decir; ya todo lo decían nuestras miradas; de repente Ramón decidió dar un paseo, fuimos andando lentamente el uno al lado del otro en riguroso silencio, Ramón iba dando patadas a una piedrecilla, después de una rato andando me cogió la mano, su mano era cálida, agarraba con firmeza, con pulso firme, decidido, nunca una mano me había aportado tanta fuerza, vigor, respeto, intensidad, sinceridad…

Fue el mejor verano de mi vida.
Era mi cuento hecho realidad.

Pero como todos los cuentos, tiene un final, y ese final era mi partida, la vuelta a la rutina, a la lejanía de sus abrazos, besos, miradas…

Llego el día de la despedida, habíamos prometido que nada de lágrimas, nada de tristeza.

-Te escribiré, te lo prometo, te escribiré la carta de la despedida, y nuestro amor perdurara en el tiempo- y mientras decía esto sonreía, yo pensé que bromeaba, le di el ultimo beso, y monte en el autobús, sin dejar de mirarle fijamente, como tantas veces antes habíamos hecho, el levanto su mano en señal de despedida cuando el autobús arranco. Una lágrima resbalaba por su mejilla.

Ramón ya sabía su final antes de conocerme, aunque no sabía el tiempo a ciencia cierta, tenía una enfermedad difícil de curar, una enfermedad que poco a poco me lo iba arrebatando, , no entiendo por qué un día la vida me lo da todo, y al siguiente me lo arrebata como si fuera una pequeña pluma de las manos.

Ramón decidió luchar a su manera, no someterse a tratamientos inútiles que le hicieran agonizar durante demasiados días, firmó todo tipo de papeles para que no lo tuvieran conectado a ninguna máquina y, luego, ese mismo día, se atrevió hablarme por primera vez, ya no tenía nada que perder, en ese momento todo estaba perdido, sólo podría ganar, pudimos ganar los dos, la vida nos dio la opción del amor, un amor como no había en la faz de la tierra. Una vida que va evolucionando día tras día como las tristes palabras que definen nuestra vida.

No volví a saber nada de Ramón hasta el siguiente verano, ni llamadas, ni mensajes, nada. El primer día que volví al pueblo alguien estaba esperándome en la estación, no era Ramón, pero era alguien que lo conocía, Manuel, me traía un sobre cerrado con una carta de Ramón, dos lágrimas rodaron por sus mejillas.

Hola, mi niña:
¿Qué estás haciendo? Yo seguro que estoy bien, si tú tienes esta nota en la mano es que todo se acabó.
¡Lo siento! Siento no haberte dicho nada, y de apurar los días al máximo sin que tú lo supieras, sólo Manuel sabía lo que pasaba en realidad, con él hablaba horas y horas y se enfadaba conmigo cada vez que no quería decirte lo que me ocurría. ¡Oh, Dios mío! qué idiota fui, si te lo hubiera dicho… acabas de irte y casi no tengo fuerza para agarrar el bolígrafo. Conserva nuestros recuerdos por mi ¿vale?, esos días en los que paseábamos cogidos de la mano
Pero sabes, mi niña, te voy a pedir un pequeño favor: no tengas miedo a crear nuevos recuerdos, y gracias, gracias por hacerme pasar los mejores momentos.
Te querré siempre.
Ramón.

Junto con la carta una piedrecilla, era la piedrecilla del día que nos conocimos, aquella a la que Ramón estuvo dando patadas largo rato hasta que se decidió a cogerme la mano.

Camino.

jueves 2 de abril de 2009

QUIZÁS TENGAMOS OTRA OPORTUNIDAD

No sé porqué, (quizás esté en mi código genético), soy de los que piensa que hay un gran amor para cada persona, en cada camino de la vida. Algunos pensaréis que soy bastante romántico, y otros en cambio que lo que soy es bastante pesimista. Pero lo cierto es que si os detenéis un instante a pensarlo, me daréis la razón. En ningún momento he dicho que solo vayáis a estar enamorados una vez, pues es ese estado se encuentra en todas partes, si no le tenéis miedo, y además estaría mintiendo.

El amor me agarró cuando menos lo esperaba, cuando estaba distraído, y casualmente cuando más lo necesitaba. Lo sentí al instante, sabía que era él por como empezó a transcurrir todo.

Lo recuerdo todo como si se tratara de una película, fotograma a fotograma que ahora visualizo una y otra vez y me hacen viajar justo hasta el instante que todo comenzó.

El día estaba triste, las negras nubes que avisaban de un tremendo chaparrón, ocultaban el cielo, y estas habían descendido tanto que casi las podía tocar con las puntas de mis dedos. Paso a paso, temiendo que me alcanzara la lluvia me introduje en una librería para comprar algún libro cuya historia me absorbiera a otra realidad y dejara en un segundo plano a esta, donde era la soledad la que predominaba. Lo que nunca llegué a imaginar fue que precisamente en aquel lugar comenzaría a escribir mi propia historia.

Tan solo entrar me dirigí hacía los estantes, y comencé a esperar a que algún libro se decidiese a elegirme, y se prestase a cargar un trocito de mi alma entre sus páginas. Cuando me decidí (o se decidió él) por uno fui a cogerlo, pero entonces reparé en su presencia, estaba a escasos metros de distancia, alcé la vista… y el tiempo se paró, mucho más que un segundo, mucho más que un instante, solo estábamos ella y yo, y alrededor…nada. Pude observarla bien, sus ojos tímidos y juguetones me mostraban el mar y además su alma, la dulzura de su rostro, sus labios esponjosos y húmedos que efectuaban una media sonrisa, pero aquel instante se desvaneció en el mismo incontable e imperceptible espacio de tiempo en el que apareció, y el tiempo volvió a ser tiempo cuando su larga cabellera dorada danzó acompañando a una ligera brisa fresca que se había introducido en el local quien sabe por donde. Os juro que lo viví, y al descubrir que mi corazón latía a un ritmo intrépido, y que el estómago me cosquilleaba, supe que había sucedido de verdad, que allí estaba, que era ella.

Un impulso irreflexivo, como un latido, hizo que me acercara a ella y le pronunciara unas palabras antes de que estas circulasen por mi cabeza.

-¿Te gustaría salir conmigo?- pronuncié sin saber como lo había echo, sin sudar, sin tartamudear, sin enrojecerme, todo eso comenzó varios segundos después.

-Me encantaría-

A medida que pasaba el tiempo nos conocíamos más y más, y crecía en nuestro interior una intensidad de sentimientos que traspasaba la barrera de lo insospechado.

Conseguimos fusionarnos en uno y ser capaces de utilizar el tiempo a nuestro antojo y ningunear a la distancia. Nos teníamos el uno al otro, y eso nos bastaba, nos confiamos, lo creímos, y no nos dimos cuenta de lo mucho que estábamos equivocados hasta que fue demasiado tarde.

Ahora, al igual que pienso que hay un gran amor en la vida, ese con el que la pasarás, (por eso solo debe haber uno) si sabes verlo y aprovechar la ocasión, si sabes mantenerlo, si no dejas que te atrape el miedo, y te dejas llevar, sin que te de vértigo, por eso sentimientos, también pienso que ese amor no puede ser mostrado, debe ser un secreto oculto entre los dos amantes, porque si se muestra, crea una energía positiva a su alrededor, pero en su entorno crece cada vez más un circulo oscuro y viciado de energía negativa creando a nuestro paso demasiadas barreras. Quizás todo eso fueran excusas o tabiques imaginarios capaces de soportar un poco de todo el vacío y el dolor que sentía por la marcha de un amor. Claro que tengo esperanzas por recuperarlo, es más, nunca dejaré de tenerlas, a pesar de que la distancia se vengue de nosotros haciéndose cada vez más larga, y el tiempo corra más deprisa. Supongo que será cuestión de equilibrio. Es esta vida, la misma que me la dio y me la arrebató, la que decidió haciéndolo que me quedara anclado en el pasado, a un tiempo en el que el gran amor de mi vida me enseñó a amar con toda la intensidad. Quizás la vida, el tiempo, y la distancia, se unieron con todas sus fuerzas para destruir lo que sentíamos, y demostrarnos que este no era nuestro tiempo. No, no lo era, si no, ellos no podrían haberlo echo. Tal vez sea un preludio, tal vez nos den otra oportunidad, en otro tiempo, en otra vida, y podamos traspasar todos esos muros, incluso el enorme muro que separa la vida de la muerte, como siempre hemos hecho, amándonos.

Leinad23

martes 31 de marzo de 2009

MARISOL


Marisol, la chica de la guitarra melodiosa, quien también fuera la chica del valle de los girasoles, se marchó de este pueblo una tarde nublada. He aquí el relato.

Los padres de Marisol murieron en un accidente automovilístico, por eso un tío suyo se hizo cargo de ella. Puesto que este hombre era aficionado a la bebida, solía perder la razón cuando el diablo se le metía dentro: bramando como un toro, iba al cuarto de su sobrina y la maltrataba sin piedad.

Si la negrura del cielo se espesaba y la luna palidecía, Marisol interrumpía abruptamente sus canciones y se acordaba de la palabra miedo; en un dos por tres deslizaba la guitarra bajo de su cama, se envolvía con las sábanas presa de terror y apretaba los párpados deseando el canto del gallo al amanecer.

No sé cuánto duró tan lastimosa situación, pero Marisol era una mariposa de aire y a su inquisidor se le fue de las manos.

Vivía en una desvencijada casa azul, al otro lado de la mía, cercada por una fila de pinos, frente a un riachuelo de plata rizado por el viento.

En la margen del arroyo la conocí. Ella era una niña de doce años que usaba un vestido blanco salpicado de manchas de zarzamora, yo era un niño de rostro enfangado que caminaba por ahí buscando pepitas de oro… Explico esta circunstancia: por la mañana, había leído con fascinación un libro en el que John Ashcroft, un diestro cowboy del Oeste, con su dupla de revólveres se libró de un grupo de bandidos que asolaban una pacífica localidad, y por su acción meritoria se le otorgó una medalla que le confería el título de sheriff, pero para completar su fortuna, que por lo visto no era suficiente, el destino le sonrió al percatarse de una reverberación inusual en el fondo de un río. Intrigado, John Ashcroft se inclinó hacia el punto brillante, alargó la mano y extrajo una piedra dorada que se llamaba oro; este mineral valía muchísimo –más que la vida de veinte apaches-, dado que le permitía a uno comprar lo que fuese: caramelos, elefantes, algodones, etc. Esta halagüeña fantasía me hacía ruido en la cabeza, cuando vi a Marisol singlando piedras en la superficie del agua. A cinco pasos de donde ella practicaba su infantil deporte, había en el suelo una canasta de mimbre que contenía frutos. “Quizás esconde oro en su interior”, se me ocurrió pensar, y con sigilo alcé la canasta y eché a correr. ¡Escapatoria imposible! No preví que una niña corriese tan rápido… Me pisó los talones hasta que tropecé violentamente con una rama y hube de soltar la canasta al vuelo. Yo caí de espaldas a mi perseguidora, así que me volví para enfrentarla. En su mirada fiera bullía fuego y por sus mejillas rodaban algunas lágrimas. Supuse que se abalanzaría sobre mí, sin embargo, su proceder me desconcertó: se fue, no dijo nada, sólo se fue... Los ojos que segundos antes ardían en llamas se apagaron y su dueña dejó la canasta inmóvil en aquel sitio. “Vaya, una niña extraña”, me dije en voz baja, ignorante del por qué no podía dejar de pensar en una niña tan extraña.

La hice mi novia una tarde de Mayo, en el momento justo en que las corolas, abriendo sus labios fragantes, se mecían tímidamente sobre sus tallos. Dije que recuerdo el momento justo, pues al verla tendida en un colchón de yerba y rodeada por un séquito de flores, el corazón, dándome un vuelco, me hirió de golpe y me atrajo a su lado: Marisol, eres más hermosa que todas las rosas de nuestro valle… Marisol -a pesar de mi nerviosismo, continué mi torpe discurso recién empezado-, tampoco las estrellas que tanto te gusta mirar desde tu ventana pueden compararse contigo… yo quisiera saber…”. Marisol, que apoyaba la sien sobre la palma de su mano, sonrió denotando complacencia. Sus labios escarlata se aproximaron a los míos y por un instante el mundo desapareció.

El amor es un tema enredado. Uno se burla de él, otro, el asceta, evita su contacto a base de trabajos y ayunos; y en el mundo existen seres que dicen no haber amado nunca, y hay otros más que con las heridas abiertas y sangrando han jurado no enamorarse otra vez. Y cuando uno se siente inmune a su magia, el amor se filtra por las hendiduras del corazón.

Marisol se marchó y todo ha cambiado. La vasta casa azul, al poco de su partida se derrumbó, alterando el panorama que dio lugar a nuestra historia, y las golondrinas que hicieron su nido en el tejado emigraron también. En cuanto a mí, después de acallarse las notas musicales que alegraban mi existencia en las plácidas horas de estío, sé del eterno martirio que encierra la palabra soledad…

Pero Marisol está bien y eso me tranquiliza. Y sé también que echa de menos el campo que nos vio crecer, que al evocar el aroma de la rosa perlada por la lluvia se acuerda de mí, que lejos, en la gran ciudad iluminada por la magnífica luna que se eleva por sobre los edificios, ella rasga las cuerdas de su guitarra: “Para el amor no hay imposibles, pues el amor nunca muere si hay esperanza”.

Es el estribillo de una melodía que a menudo cantaba frente al porche de su hogar, cuando me veía saludarla y cruzar el riachuelo con las pantorrillas húmedas: “y si la esperanza alienta dentro de ti, el río remontará su cauce, las golondrinas volverán, y al final del camino, tú y yo nos reencontraremos.”

Carlos

domingo 29 de marzo de 2009

DE FRÍO MÁRMOL

Hacía ya 20 años que trabajaba como jefe de seguridad, casi los mismos que llevaba enamorado de ella. Carlo había heredado el trabajo de su padre. Puede decirse que era tradición familiar. No era el empleo que él había soñado, pero en aquel momento era lo único que tenía. Su vida pasaría a convertirse en un ir y venir rodeado de obras de arte, trabajando como empleado en la Galleria Borghese de Roma. Él quería algo mejor. Lo que jamás pensó fue encontrarla allí.

La conoció en su primer día de trabajo y desde entonces la adoró, como sólo se adora al verdadero amor. Carlo estaba felizmente casado y era padre de dos hermosas niñas, pero ninguna de sus princesas, como él las llamaba, provocaba en su interior tal guerra de sentimientos. Vivía luchando contra la realidad y por ahora se negaba a dar la guerra por perdida. Sabía que ese amor era imposible, pero se obligaba a sí mismo a seguir sujeto a esa fantasía. Esa mujer era lo que le permitía levantarse cada mañana y recorrer la distancia que les separaba, para perder otro día en un trabajo que no lo satisfacía y ganar otras horas a su lado.

La galería abría sus puertas a las 10 de la mañana, pero ella siempre estaba allí cuando Carlo llegaba. Nunca le había fallado. Incluso antes de abrir las puertas o desconectar las alarmas se reunía con su amada. Necesitaba verla para poder comenzar su día. Era como una droga, una adicción a la que no podía resistirse. Sabía que ella no podía corresponderle, pero de todos modos era feliz amándola.

- Buenos días mi bella dama, otro día más, aquí estoy. Pasaré a verte durante mi turno, si tú me lo permites.- le decía sonriendo cada día, sin obtener respuesta, mientras la observaba embelesado. Eres perfecta, pensaba. Luego se despedía con un gentil beso en la mano. Deseaba más, pero era lo único que tenía permitido y pese a ser un pequeño gesto de amor, le llenaba el corazón.

- Hasta luego mi amor..

Cientos de personas visitaban la galería cada jornada y decenas de hombres se paraban en seco a mirarla, cuando se cruzaban con ella. Entendía tal reacción, porque a él le había sucedido lo mismo. Iba con el director de la galería, conociendo los entresijos del empleo, cuando la encontró; de repente, eran sólo los dos, el director se había esfumado, los visitantes eran una sombra en segundo plano, el mundo había quedado reducido a su diosa de piel de marfil. Desde ese instante la amó. Fue el motivo por el que aceptó el empleo, aún seguro de que su amor no llegaría a convertirse en realidad jamás.

Sin embargo hoy era un día especial, distinto a los demás. Hoy su amor le dolía. Le oprimía el corazón y el pecho, sin ni siquiera dejarle respirar. Quería estar con ella, quería tocarla, besarla, hacerla suya y no podía. ¿Por qué demonios el amor tenía que ser tan cruel?

Esperó hasta la hora de cierre para correr a su vera. Las horas se le habían hecho eternas. Cierto es que la visitó varias veces cuando el dolor ya se le hacía insoportable, pero no se pudo pararse a hablar, no con testigos que juzgasen su amor. Vacía la galería y cerradas todas las puertas, se dirigió a su encuentro. Cuando la tuvo enfrente las lágrimas ya le cubrían sus mejillas.



- Dime ¿por qué me enamoré de ti? Soy un hombre cuerdo enamorado de una estatua o tan sólo soy un loco. Mi amor se resume en un bloque de frío mármol. Querida Dafne, mi amor, te quise desde el primer día y mil noches he soñado con poder besarte y que tú me besases. Mil noches te he imaginado bajando de ese pedestal para rodearme con tus gélido brazos y mil noches me desperté llorando al saber que jamás sería realidad, que jamás vería esos ojos y que jamás escucharía tu voz diciéndome mi amor.

- He intentado olvidarme de ti pero no puedo. Me enamoré y ahora soy tuyo. Dejé de pertenecerme a mí mismo para convertirme en ti. ¿Por qué no luchas y te liberas de los brazos de Apolo? Le odio por ser tu captor pero a la vez lo entiendo, si yo tuviese la mínima oportunidad ten por seguro que no te dejaría escapar, aunque los dos nos transformásemos en laurel ,para vivir juntos la eternidad.

- ¡¡¡ Cobra vida, por favor¡¡¡¡- le suplico entre sollozos

Desahogado de su dolor se desplomó y lloró como un niño a los pies de la estatua de Apolo y Dafne. Su amor de mármol.

viernes 27 de marzo de 2009

HAY QUE MATAR ESTE AMOR

Era una tarde fresca del mes de marzo, cuando los arboles dejan caer sus hojas por la suave brisa del otoño, en un hermoso atardecer.

Corrían los años 60, donde el que dirán y los prejuicios para muchos, estaban a flor de piel.

En el momento menos oportuno, cuando nadie lo esperaba, y con las personas equivocadas, el AMOR hizo su aparición.

Bastó un encuentro de sus ojos para que como un fuerte imán, mas poderoso que la atracción de la gravedad de la tierra, los atrapara a ambos, sin entender por que ante cada mirada encontrada, sus corazones comenzaban a galopar a un ritmo inusual...

Él, adulto, hombre mayor, con una familia formada, con todos los prejuicios a cuestas.

Ella, joven, adolescente, romántica e inmadura. Nunca había sentido algo tan fuerte, que harían trastabillar sus conceptos de moral, que venia arrastrando junto a todos los cuestionamientos propios de la edad y la sociedad que le toco vivir.

Pero si en un momento basto la mirada, para que el AMOR se sintiera satisfecho con su cometido, a medida que transcurrían los días, necesitaban más que una mirada.

El contacto de sus manos, aunque solo sea al pasar.

Y “él” pedía más y más.

Pensaron que el AMOR estaba jugando una mala pasada, que eso no era verdad, no podía ser, ninguno de los dos quería aceptarlo, pero “él” estaba ahí, fuerte robusteciéndose, en forma acelerada.

Les pedía más y más.

Ellos luchaban para no verse, por no encontrase, pero el AMOR jugaba con ellos, los hacia reír y llorar, ¡cuanto lloraban!

Los momentos de felicidad eran los menos ya que siempre estaba el fantasma de lo prohibido, del estar haciendo algo a escondidas, que no estaba bien. Pero “el” seguía ahí, firme, sin el más mínimo interés en retirarse, por el contrario, cada día se fortalecía más y más.

Ninguno de los dos resistía esa angustia que los sofocaba, los estaba destruyendo como personas.

En la mente de ella comenzó a tejerse la idea de que había que matar ese AMOR, cueste lo que cueste, ¿pero cómo?

Los días continuaban, hasta que una tarde de otoño, otro otoño, cuando las hojas caían, ella llegó a su casa, tomo el revolver de su padre y se disparo en el centro de su corazón que no cesaba de galopar.

Había que matar a ese AMOR y lo logro, al menos había salido de su cuerpo, pero se alojo doblemente en el de él.

Y no lo dejaba en paz, el dolor era muy grande, no lo podía soportar, su cuerpo comenzó a flaquear, debilitarse, nada le importaba ya, sus ojos cayeron como las hojas del otoño, y en un tarde de primavera él también se marcho para siempre.

El AMOR ya no podía continuar... murió con ellos.

MARÍA ROSA

jueves 26 de marzo de 2009

DE NUEVO, TODOS JUNTOS

Ha llegado ya el sol, que tímidamente cubre de parte a parte las piedras fabulosas que forman el castillo, con esa luz cada vez menos amarilla y más dorada… esa luz que nos acerca al calor, al verano…


Comansi vive a su ritmo, no entiende de tiempo ni de espacio, sin embargo, desde que el Príncipe y yo habitamos su reino, parece que se “humaniza”, que comienza a tomar algunas costumbres de la tierra, aunque la temperatura es suave todo el año y el estanque permanece con su agua tibia siempre…
Las plantas florecen una y otra vez, como un milagro… La dama de noche nos regala su aroma cada vez que el sol se marcha… incluso se permite el lujo de hacerlo al sol, algunas veces…
Podemos ver animales que trotan tranquilos por el inmenso jardín que rodea todo el reino y que se pierde cuando miras desde la Torre norte, desde la que siempre os escribo.

Allí subo cada día y tras esos cristales de color caramelo, puedo adivinar el cielo, que me regala ese milagro de un nuevo sol, el milagro de vuestra amistad… Encuentro letras regaladas, letras hermosas, letras de amor… letras impagables que inundan la torre y me embriagan hasta sacarme una sonrisa, hasta hinchar mis pulmones más allá de lo razonable. Y entonces comprendo porqué soy tan afortunada…

En algún momento de la mañana, el príncipe se asoma por la puerta y me da los buenos días, compartimos unos momentos vuestras letras y preparamos con cariño los asuntos del reino que después harán que todos los disfrutemos…
Suaves caricias y sonrisas acompañan este trabajo hermoso…

Bajando la sinuosa escalera, en el primer gran descansillo, suele estar Ataulfo, ese extraño personaje que nos acompaña de manera voluntaria desde el primer día… Un hombrecillo algo déspota pero que realiza su trabajo de manera efectiva… nunca sabes qué dirá o qué hará…

Nos da los buenos días con la mirada esquiva y sale corriendo escaleras abajo para desaparecer por la gran puerta que conduce a la cocina…
Catalina es nuestra cocinera, magnífica mujer. Huele a harina, a miel y siempre está limpia, blanca. Nunca falta una sonrisa tímida en su cara redonda. Sus grandes ojos verdes cautivan a todos… Ataulfo si que le mira a ella directamente.

Esta mañana, sin embargo, algo ocurre, algo extraño pasa en el piso de abajo… Según llegamos al primer gran descansillo observo que Ataulfo no está como cada mañana… a ambos lados vemos los grandes corredores vacíos… el sol ya comienza a entrar con fuerza, y unos hermosos haces de luz atraviesan la piedra chocando contra la pared…

Nadie…

Comenzamos a bajar…. Los grandes ventanales del salón están cerrados. Los pesados cortinajes hoy no han sido descorridos, como es costumbre para que el sol entre de lleno…
El hall está en silencio, en penumbra, ya que sólo recibe la luz de los pequeños ventanucos, a los lados de la puerta, que permanece cerrada…

El príncipe me mira y con la mirada me dice lo mismo que pienso yo… ¿Qué ocurre hoy…?

El puente levadizo no está bajado… eso significa que Ataulfo y Catalina aún están dentro del castillo…

Quedo algo desconcertada junto a la mesa redonda que aguanta un gran centro de flores y de repente…
¡Se oyen risas tras la puerta de la cocina! … risas divertidas, risas cómplices…

El príncipe se dirige hacia allí, y la abre… se asoma, y antes de que yo pueda hacerlo también, la cierra de golpe y queda delante, sujetando el picaporte a su espalda… cortándome el paso…

¿Qué ocurre? ¿Por qué razón no me dejas pasar…?

No me contesta y cogiéndome de la cintura suavemente, sonríe… y me aleja de la puerta donde ya no se oyen risas, sino carreras precipitadas…

-Déjalos…
-¿Qué? Que deje... ¿A quién? Príncipe. Por favor, dime…
-Son Ataulfo y Catalina… estaban besándose…

Una ráfaga de ternura atraviesa entonces nuestros corazones. Una sonrisa se dibuja suavemente en nuestro rostro sin poderlo evitar.

-Vamos a descorrer nosotros las cortinas, princesa…

En eso estábamos cuando Catalina, tímidamente espera en la puerta del Gran Salón…

- Señores… yo…
- Ataulfo y yo…
- Tranquila Catalina, el amor es precioso no hay nada de qué preocuparse, ni nada porqué disculparse…
- Nos casamos…Hoy…
- ¡¡Hoy!! Pero… cómo… quien….

Ella me tendía un papel…

-Es una preciosa invitación de boda…





- ¡Conocéis a todos los Autores! –dijimos el príncipe y yo a coro-.
- Claro –contesta Ataulfo, todo ofendido
- Es nuestro pago por trabajar aquí… ¿no? Cada mañana, en el corredor norte, leo todos los relatos que dejan en la puerta… Creí que ese era nuestro sueldo… el mejor de toda la comarca. Por eso trabajamos aquí…

El príncipe, emocionado pidió permiso para entregar después de la ceremonia las tres menciones especiales.

Como siempre, las votaciones han estado muy reñidas y cada vez es más complicado elegir... Todos ellos merecen nuestra admiración, y todos los escritos nos han proporcionado sensaciones diversas... Pero como hay que elegir... (Redoble de tambores...) ...



En esta ocasión... los ganadores son:


Este pequeño presente es para los ganadores.
Es vuestro, amigos.


Enhorabuena y gracias a todos por asistir a esta fiesta sorpresa… Deseamos felicidad a Catalina y Ataulfo, y que nos llenen el castillo de pequeños personajes ruidosos, locos bajitos que nos alegren la vida.

Un beso queridos amigos… alimento del alma para este Reino.


Emig y Natacha.

martes 24 de marzo de 2009

RUTA, DAITYA y POSEIDONIS



«El rey Thevetat fue uno de los últimos Reyes Atlantes bajo cuya influencia maléfica la raza atlante se convirtió en una nación de magos perversos. Pero no todos los Asuras encarnados en la raza Atlante optaron por el rebelde príncipe planetario Ahriman, sino que muchos Asuras se asociaron al Logoi Planetario Terrestre junto con los Hijos de la Voluntad y del Yoga, la raza intraterrena que por aquel entonces tomó partido y se involucró con la causa del Logoi.

Como consecuencia de esas luchas, los Asuras, Devas y otros seres de un amplio espectro entre los que se encontraban los reyes y el pueblo atlante, se dividieron en dos bandos irreconciliables sobre la faz del planeta que forzaron a una guerra global a los dos vastos continentes Atlantes existentes en aquel tiempo: Kusha, el continente situado en la actual zona Atlántica sobre el Trópico Norte y Mú, situado en la zona subtropical del Pacífico.

El rey Thevetat, al mando de los Daityas y los diablos Râkshasas que controlaban el continente de Kusha luchó cruel y encarnizadamente contra los Âdityas y los Sâdhus o sabios guías de la Raza Atlante, liderados por Roth, el príncipe adyta que guiaba a las fuerzas intraterrenas y a los habitantes del continente de Mú. Las terribles consecuencias de la devastadora guerra concluyeron con el segundo y definitivo diluvio Atlante. Esta guerra, además, decidió los destinos de los dos pueblos, el intraterreno y el perteneciente al mundo de superficie en dos culturas separadas y realidades diferentes dentro del mismo planeta. Los vestigios de esta terrible guerra quedaron grabados en la mente colectiva de la humanidad actual y reflejados en muchas de sus leyendas tradicionales, en las cuales, aún se llora la partida de los Elfos (Âdityas) hacia la Isla Sagrada (Âgarttha). Este segundo diluvio, acabó con las últimas grandes civilizaciones Atlantes situadas en las penínsulas de Ruta y Daitya, dejando únicamente un remanente de la cultura Atlante en la isla de Poseidonis, la misma que sería destruida miles de años después como consecuencia de las acciones geológicas que habían fragmentado los últimos restos del gigantesco continente Atlante de Kusha, y desecho el continente de Mú. » (Retazo copiado literalmente)

"Ruta, Daitya y Poseidonis". Así se llamaba el libro que tenía entre manos y casi cada día de su vida en el pensamiento. Leerlo le recordaba a su padre, nacido en el 68. Un año —le decía su padre— que sirvió de umbral a la puerta del deterioro de la humanidad, la cual, década tras década se evidenciaba más y más el decaimiento de los valores primigenios que nos unían y mantenían cerca de lo natural, para pasar a convertirnos en víctimas de nuestra propia civilización.

Yo, ahora, tengo casi cuarenta años. Vivo en una humanidad apunto de cumplir su 2050 aniversario, y a pesar del tiempo vivido, elijo muchas veces cerrar los ojos, y recordar las palabras de mi padre y otros, las cuales vaticinaban un fin de ciclo como en tiempos de la Atlántida. Una civilización que en tiempos de mi padre, era todavía en su mayor parte una leyenda, y que el 2018, finalmente, la ciencia reconoció formalmente su existencia.

Todavía me pregunto de qué nos sirvió tal hallazgo y confirmación. Utilizamos este saber para alejarnos todavía más de nuestra cruda realidad, y seguimos alimentando la perfidia desde los pequeños egoísmos; devastando el planeta sin ninguna conciencia, y viviendo hasta la extenuación una guerra mundial que quizás, resulta más dañina que cualquier referente histórico, por ser lentamente destructiva desde lo económico y psicológico.

Sin embargo, yo estoy bien desde que entendí lo que tantas veces decía mi padre haciendo alusión al cambio, sin preocuparme de cambiar a nadie sino a mí, como si fuera un pequeño mundo por conocer, aceptar y vivir. Vive y deja vivir —me decía— y así lo entendía cuando en cualquier cosa de la vida, no me he dejado llevar por ninguna tradición, pensamiento o cultura que no sintiera desde mi interior como coherentemente cierta. Empiezo, incluso, a comprender, que nada se destruye cuando la Naturaleza actúa como revulsivo, pues todo está supeditado a unos ciclos que son tan cósmicos como necesarios, y nosotros, estamos, queramos o no en ellos.

Me decía mi padre que para entender esto, debía encontrar mi alma, y desde ahí, ver las demás almas y comprender que la continuidad de la evolución sigue, aun a pesar de las apariencias. Me decía con su habitual sonrisa, que era como en algunas películas, en que la verdad finalmente aparece victoriosa. Yo me preguntaba entonces, si el ser humano, al vivir, lo que hacíamos cada vez más es tapar esa verdad con nuestras mentiras... Entendí que una de las grandes mentiras vividas era la propia ignorancia, la cual no nos importa aceptar, porque lo hacemos con los ojos cerrados...

Entonces... entiendo desde lo que recuerdo y he leído, que la última parte de esa Atlántida fue Poseidonis; la cual desapareció de forma natural, aunque drásticamente, hace algunos miles de años. No hay matemática que sirva para saber cuánto nos queda, pero observando por doquier, imagino un cuerpo enfermizo que no quiere levantarse; no sé si porque no puede, porque no recuerda que puede; porque ha perdido la voluntad de que debe...

Todavía conservo algunos cd's de música de mi padre, junto a un quemador de incienso que le regaló una amiga. Esto lo guardo con el mismo cariño que él me lo entregó, y lo utilizo, como hoy, cuando escribo de verdad... aunque sea un relato...

Emig

domingo 22 de marzo de 2009

AÑO 2050

Despertó, pues el frío hacía incomoda su estancia allí. Los parpados algo pegados por la somnolencia intentaron abrirse lentamente, pero solo recibieron oscuridad envuelta en neblina y un pequeño brillo de luz que se perdía a lo lejos. Su espalda estaba húmeda, y algo viscoso se desprendía de ella. Con sus manos acarició el suelo haciendo resbalar lo que parecía arena; la manoseó durante breves instantes preguntándose qué era aquel lugar, dónde se encontraba realmente, ya que aquella no parecía ni por asomo su habitación, y desde luego no sentía haber dormido sobre su colchón de viscolatex.

Todo él, reclamaba una ducha en su adorable jacuzzi, ya que se sentía extraño en su propio cuerpo. A tientas buscó el interruptor de la luz pero no lo halló, incluso llegó a golpearse la cabeza contra un techo rocoso que no recordaba fuera tan bajo. Por fin divisó aquella luz que entraba por una ranura y consiguió salir para ser deslumbrado por la luz del sol, que hizo que volviera a cerrar los ojos de inmediato. Tardó un instante en acostumbrarse a la potente luz, y para su asombro se encontraba delante de una inmensa playa y tras de sí, la minúscula cueva en la que había pasado la noche. Fue entonces cuando empezó a mirarse a sí mismo y la visión le produjo una sensación de angustia y de mareo que no cesaba, sino todo lo contrario, iba en aumento a medida que sus ojos iban contemplando aquel nuevo “yo”, en el que parecía que se había convertido.

Cayó de rodillas sobre la arena mirando con incredulidad sus temblorosas manos peludas. De sus dedos largas pezuñas amenazantes le invitaban a no seguir mirando. Las palmas de sus manos, antes suaves y bien cuidadas, ahora habían oscurecido hasta convertirse en rudas palmas negras agrietadas. No entendía aquello ni la metamorfosis sufrida mientras seguía escrudiñando su cuerpo, sus piernas recubiertas de pelaje marrón oscuro, sus facciones totalmente desfiguradas. Con espanto y horror emitió lo que esperaba fuera un grito de desesperación, pero de su garganta salió un rugido animal que resonó con fuerza.

Pensó que aquello solo era una pesadilla, que tenía que despertar pronto, y salió corriendo dirección al mar para ver si el agua espabilaba su cuerpo y lo hacía volver a su cómoda realidad. Al llegar a la orilla y sumergirse sólo encontró reflejado en el agua su rostro, el rostro del Hommo Erectus.

Al salir de nuevo a la superficie, grabado sobre la arena podía leerse:

“AÑO 2050 TODOS MONOS OTRA VEZ”.

Ruth Carlino