No deja de ser una paradoja cruel, que el hombre sea capaz de construir grandes cosas, a la par de tener la frialdad necesaria para desligarse de ellas, y destruirlas si es preciso y sin dilación alguna.
Nada puede el sentimiento de vergüenza, con el deseo descomunal de poder, por ejemplo. O esos sentimientos que parecen obsoletos, y que sin duda deberían reinar en este mundo desesperanzado en el que vivimos.
El amor, la ternura, la amistad, el compañerismo…
Dejaron de prevalecer hace tiempo, al parecer.
Pero esta fiesta para recordar ese majestuoso momento de derribar lo que en principio, parecía imposible ver caer, queda empañada miserablemente por otros muchos muros que aún permanecen en pie, y con los que todos parecemos estar plenamente de acuerdo.
Todavía podemos observar lacónicamente parece ser, el muro infranqueable de la esclavitud, que se yergue altivo en países económicamente endebles.
O ese otro muro, con el que se impide de forma más o menos exitosa, que personas no deseadas, crucen las fronteras de países con mejores condiciones de vida.
Vallas, alambradas, piedras, armas…
Todo vale, si con ello, se logra disuadir a otros de cruzar la raya invisible que divide unos lugares de otros.
Muerte y destrucción, aún rigen de forma generalizada en muchos lugares, en forma de muro. Muros vergonzosos, donde las voces calladas de todos, los protegen.
Pueden no verse, o no querer verse, sería más correcto decir. Pero existen y a ojos de ésta que escribe hoy este artículo, seguirán existiendo con toda impunidad para los que se enriquecen a su costa.
Es terrible; el silencio que rodean ciertos asuntos golpeadores del corazón. Esos, que de saberse en propias carnes, moverían los cimientos más afianzados de nuestra alma.
Sin embargo; quedan lejos de nuestras manos, de nuestra mente conservadora de bienes materiales y comodidades más o menos estables.
Encender la televisión y ver esos muros, no es sentirlos. No es sinónimo de vértigo, puesto que no caemos en el abismo del sentimiento de culpa, que debería paralizarnos, o más bien, movilizarnos al unísono para derribarlos uno a uno, a golpes de solidaridad y altruismo.
¿He hablado de solidaridad y altruismo?
Pesarosa me hallo por haberme dejado llevar por el momento; ya que de sobra es sabido, que esos sentimientos, son bienes escasos hoy en día, a pesar, de que existen aún y se albergan en los fosos corporales de muchos. Muchos seres que nos hacen no perder la esperanza, de poder celebrar algún día, no el derribamiento de un muro.
Sino la no existencia de ninguno.
¿Utopía?
Hasta las noticias pueden tener sueños utópicos, créanme.

Marinel.

6 comentarios:
Ay, querida amiga, la cuestión es que los "muros" son cada vez mas sutiles...
En lo que antes se llamaba Tercer Mundo siguen tratando a las gentes "a correazos"... Alli no hay que disimular, y los palos se dan sin miramientos.
Aqui, en el Mundo Rico, los muros con los que nos tienen "arrecogios" son tremendamente sutiles... Las gentes ni siquiera se dan cuenta de ellos... Lo tienen asumido y ya no lo ven siquiera.
Un abrazo, Marinel
Estoy totalmente de acuerdo.
Saludos.
Excelente Actualizacion!!!!
Me gusto mucho visitarte...
Felicitaciones por tan buen blog.
Un abrazo
Tienes razón Marinel. Por todas partes se levantan muros, no sólo físicos, de barreras o fronteras. Incluso entre una persona y otra hay muros que nos separan. Me gustó por cierto la imagen que colocaste debajo de tu disertación. Un abrazo
Gracias amigos fieles.
Sé que este relato o historia no me ha salido muy allá,pero sois un cielo al comentarme igualmente.
Por desgracia, la realidad de mi escrito es cierta.
Quería decir algo al respecto porque es algo (una cosa más)de las que tanto me afectan de este mundo...
De nuevo gracias.
Besos para vosotros.
Marinel, mi más cordial enhorabuena.
Cuanta razón en todo, lamentablemente esta sociedad se desangra en valores, solo parece haber quedado el valor material, solo hay que ver, la crisis famosa, parece que se va a destruir el mundo, cuando lo que se les ha hundido es su maravilloso mundo de dinero y lujo, tanto a políticos como a empresarios, los ciudadanos seguimos como siempre, con nuestros apuros, en ocasiones con nuestros sentimientos encontrados y sobre todo; apoyándonos en familia y amigos, si algún día fuésemos conscientes de que la felicidad se obtiene con pequeñas cosas y pequeños momentos, que además no son materiales,entonces, solo entonces, creo yo que podemos iniciar el desvió de tu imagen a la Utopía.
Un abrazo
Julio
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