ESTAMOS PUBLICANDO AHORA LOS RELATOS DE: GÉNERO: "LIBRE"; TEMA: "EMPECEMOS JUNTOS".

ÓRDEN DE PUBLICACIÓN EN EL LATERAL DEL BLOG. DISFRUTAD DE LA LECTURA, AMIGOS.


miércoles, 31 de marzo de 2010

ELECTROSHOCK

“Al abrir los ojos, podía ver perfectamente las algodonosas nubes que se movían perezosas…
Podía notar como el sol calentaba mi rostro.

¿Dónde estaba?

Un silencio atronador me rodeaba… y entonces, me dí cuenta de que no podía recordar…
En mi mano apretaba con fuerza, casi con desesperación, un botón amarillo, que desde luego, no pertenecía a nada que llevase puesto”.

¿Un nuevo estado de consciencia? ¿Una nueva sensación? Una miriada de pequeñas nuevas sensaciones se agolpaban en mi interior y era imposible medirlas, traducirlas. No sé si me sentía feliz en ese taciturno instante… Quizás la mejor palabra que me describía era nuevo. Eso es, me sentía nuevo; pero algo había pasado, algo había vivido que mi mente no llegaba a vislumbrar desde el recuerdo.

Sentí que respiraba más tranquilo; decidí levantarme y cambiar mi rostro de extrañeza por uno más inquisitivo; decidí caminar hasta encontrar algo que me sonara conocido, o bien encontrar una cara amiga; un buen café en algún lugar abierto y lleno de gente. Pero sabía que mi mano derecha llevaba la respuesta firmemente apretada. Ese botón me llevaría a donde tanto ansiaba llegar.

Caminé durante unos minutos hasta alcanzar una pequeña plazoleta, en la que huérfana de compañía se hallaba una escueta terraza. Sin saber porque me senté en una de sus mesas. Mi cabeza no dejaba de darle vueltas al origen de ese botón. Necesitaba descansar unos segundos y dejar que los recuerdos fluyesen por si solos. Únicamente así podría recordar quién era y cómo había llegado hasta allí.

Muy atento el camarero, un hombre que a mi parecer rozaba ya la ansiada edad de jubilarse, me sirvió un café acompañado de unos bollos cortesía de la casa. Saboreé cada migaja como si fuese la primera comida en días y tal vez lo era. Me desquiciaba y sobre todo me asustaba el no saber nada de mí que no fuese el presente que estaba viviendo. Empezaba a refrescar e nstintivamente metí mis manos en los bolsillos de mi chaqueta. Noté algo extraño en uno de ellos. ¿Una tarjeta? Lentamente la fui deslizando hacia el exterior preocupado por lo que en ella hubiese escrito. Una vez fuera, la dejé sobre la mesa. ¿y si de verdad no quería saber que era lo que me había llevado a ese lugar y a esa situación?

Después de unos instantes de indecisión la levanté y la leí. Los recuerdos fluyeron por mi memoria de tal manera que apenas podía retenerlos. Recordé las salas insonorizadas, las batas blancas y sobre todo las descarga eléctricas. Levanté las mangas de mi chaqueta y pude ver los pinchazos en mis brazos y las quemaduras de los electrodos que diariamente me colocaban los “doctores” que mi familia había contratado para currar mi enfermedad. Ahora recordaba perfectamente todo lo que había pasado.

Esa mañana, como cada día, el doctor Quintero y una de sus enfermeras habían entrado en mi habitación con la dosis diaria de tranquilizantes y barbitúricos, esperando encontrarme aún somnoliento por la toma nocturna. ¡qué equivocados estaban!

Sin darles tiempo a reaccionar salté de la cama y con mi brazo derecho abofeteé a la enfermera que inconsciente cayó al suelo golpeándose la cabeza contra uno de los cajones de la mesilla. Por el charco de sangre juraría haberla matado. Fuera de combate la presa más débil salté loco de ira sobre el doctor que forcejeando intentó zafarse de mi ataque pero su final fue el mismo que el de su compañera. Una vez comprobé que estaba muerto lo desnudé y me puse sus ropas. No podía escaparme del manicomio vestido con el camisón. No llegaría ni al final del pasillo. Salí de mi habitación y comencé a caminar a un ritmo que sin llamar demasiado la atención me sacase cuanto antes de allí, pero Sofía apareció de la nada y me sujetó del brazo. La sujeté del cuello y de un empujón nos metimos en una de las salas de electroshock. La golpeé una y otra vez contra la pared, momento en el que sin darme cuenta arranqué uno de sus botones. El botón de mi mano. Era de la blusa de Sofía. Ella era la única que había creído en mí y yo la quería, pero ahora también estaba muerta. ¿Y si de verdad mis padres tenían razón y estoy loco?

Volví a meter en mi bolsillo el botón y la tarjeta. Pagué el café y me fui. Si mis recuerdos eran ciertos y no producto de la esquizofrenia, la policía estaría buscándome. Huí. Una nueva vida podía abrirse ante mí si lograba escabullirme, lo que aún no sé es si me la merezco o no.

Seo

6 comentarios:

isis de la noche dijo...

El escape a la realidad... a veces nos devuelve a ella mismo ;)

Muy buen relato!!

abrazos

Diego Felipe García Chishko dijo...

http://literaturacolomborusa.blogspot.com

ozzy666 dijo...

Me encantó es a la vez que intrigante reflexibo,sigue asi amigo lo haces muy bien.

Autores Reunidos dijo...

Uf, dificil futuro...
Ese botón, desde luego, no es más que la prueba de que algo comienza a cambiar en su vida.
Enhorabuena por tu texto.
Gracias amiga.
Un beso
Natacha.

Marinel dijo...

Es como salirse de la realidad sin hacerlo.
Un magnífico relato de verdad.
Un beso.

Calvarian dijo...

Muy bueno, como siempre. Siempre te he dicho que me gusta como escribes. Un placer, desde el manicomio que es la vida jejeje
Bésix