ESTAMOS PUBLICANDO AHORA LOS RELATOS DE: GÉNERO: "LIBRE"; TEMA: "EMPECEMOS JUNTOS".

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miércoles, 30 de septiembre de 2009

EL ESTIGMA DEL DIABLO

“Stigma Diaboli” de una bruja fosilizado en piedra.

Cuando corría el año 1695, Ricardo Monzón, agricultor de Montilla, presentó una denuncia ante el Santo Oficio. Acusaba a su vecina Margarita Cuevas de que esta, con magias de brujería, malograba todos los huevos que ponían sus gallinas. Todos ellos, inexplicablemente, cuando se abrían, estaban impregnados de sal. “Excelencia –había dicho Ricardo Monzón al Inquisidor-, por culpa de los hechizos de esa mujer hay en los huevos más sal que en las propias aguas del mar.” Además, habría argumentado nuestro hombre, Margarita mostraba en su pecho uno de esos estigmas con los que el Maligno marca a sus fieles más distinguidos. En efecto, aclaró Ricardo, su vecina tenía tres pezones en el pecho, en lugar de los dos que resultan habituales en las mujeres.

Se dice que los inquisidores admitieron la denuncia, de modo que pronto dieron comienzo los interrogatorios y las torturas que se prolongaron durante casi dos años. Margarita, al cabo, reconocería que todo aquello de lo que era acusada era cierto. Se declaró culpable, por tanto, de que los huevos de las gallinas de su vecino resultaran insoportablemente salados, así como de tener en su pecho, además de los dos habituales pezones, una tercera “tetilla” con la que, sin duda, la había marcado Satanás en el mismo momento de su nacimiento. En aquellos tiempos, el conocimiento científico estaba algo atrasado de modo que a los inquisidores ni siquiera se les pasó por la mente comprobar si los huevos que ponían las embrujadas gallinas estaban realmente salados o no. La bruja, apaleada, había confesado su crimen y eso les bastaba.

Mucho antes de que se hiciera desfilar a Margarita por las calles de Córdoba, camino de la plaza de la Corredera, en el Auto de Fe que se celebró en esta ciudad el 7 de agosto de 1699, las gentes de Montilla supieron que la misma noche en que Ricardo Monzón interpuso la denuncia, su esposa había abandonado el hogar familiar. Parece que su marido nunca supo aclarar porqué sabía que la vecina tenía tres pezones…

Señales malignas

Pronto, en el pueblo, corrió la voz de que el Inquisidor de Córdoba, don Iñigo de Meléndez, tras la confesión de Margarita Cuevas y el mágico suceso de los huevos embrujados, se había desplazado a Montilla guiado por el ánimo de investigar la posible presencia allí de otras brujas. Las gentes lo habían visto acompañado de cierta muchacha de Écija de la que decían que sabía reconocer en el cuerpo de las hechiceras el “Stigma Diaboli”, esa señal que el demonio marca en las gentes descarriadas cuando sus almas entran a su servicio… Pronto un miedo intenso sacudió a las mujeres montillanas.


Escena familiar de los felinos en reposo.


Poco después, sin embargo, todas ellas pudieron suspirar con alivio contemplando como con ciertas urgencias los hombres del Santo Oficio regresaban a Córdoba. Parece que la noche de antes de la partida, en ausencia de la Luna, cuatro gatos asilvestrados, tres de ellos blancos y el cuarto negro, habían atacado a la muchacha que don Iñigo de Meléndez había contratado, que mostraba ahora en sus delicados pechos, tras los envites gatunos, las marcas de trece de esos diabólicos estigmas.


ANTIQVA

10 comentarios:

Estrella del mar dijo...

Vade retro,el diablo, la inquisición...
tiemblo ante ambos y trémula lei este relato casi escalofriante.
Un testimonio de un sueño que el escritor plamó bellamente.

Marinel dijo...

Gatos sabios.¿Gatos mágicos quizá?
¿¿¿Brujas metamorfoseadas???
La brujería era una creencia arraigada tiempo atrás,y cualquier malformación,podía ser una devastadora desgracia para una mujer.
¿Cómo sabía el vecino lo de sus tres pezones,el muy pícaro?
Pero claro,eso no fue nada por lo que devanarse los sesos.
¡Ayns el machismo y la "Santa Inquisición",cuántos estragos cometieron!
Injusticias y crueldades al fin.
Me encantan esos gatos de luna.
Muy bueno,Antiqva,muy bueno.
Besos.

Pedro dijo...

Vaya crónica de la antigüedad. No me extrañaría nada que sucesos así hubiesen ocurrido realmente... y mucho peores.

Un abrazo.

Soy la que soy dijo...

Si a mi me apalean seguro que "canto" que soy bruja... y me hago acopio de cualquier acusación.

Yo solo sé que de ser como soy , en aquél tiempo, me hubieran quemado solo por creer en lo invisible.

¿Qué te parece mi buen amigo?

Ay ay ay qué triste¡¡¡¡¡

Un abrazo. Me ha encantado.

Lisandro dijo...

Que las hay las hay.... creo en ellas... me encantó el texto!!!

Mery Larrinua dijo...

Me gusto mucho el relato!!!!
mmmm esos gatos.....
besitos mery

Autores Reunidos dijo...

Los gatos siempre protegieron a las brujas...
Terrible época aquella, doy gracias por no haber transitado la tierra entonces...
Magnífico texto, querido amigo.
Un beso y gracias por tus letras.
Natacha

Aldhanax Swan dijo...

Gatos sabios como dijo Marinel, brujas convertidas en gatos cobrando deudas pendientes y haciendo justicia.
La Inquisición qué época más horrible, plagada de misoginos y paranoicos temiendo a lo desconocido y tratando de no tener compentencia.
Muy buen relato es precioso y me encantó el final, con un poco de justicia tan falta en estos días.
Besotes.

Calvarian dijo...

Es cierto...como explicar lo de la tercera tetilla. Menuda pillada. Relato histórico en toda regla. Felicidades

verdial dijo...

Cualquier nimiedad era motivo para denunciar falsos testimonios. La inquisición, las guerras... Margarita, una víctima más obligada a declarar lo que se pretendía.

Miuy bueno el relato y felicitaciones por tu premio.

Un abrazo