ESTAMOS PUBLICANDO AHORA LOS RELATOS DE: GÉNERO: "LIBRE"; TEMA: "EMPECEMOS JUNTOS".

ÓRDEN DE PUBLICACIÓN EN EL LATERAL DEL BLOG. DISFRUTAD DE LA LECTURA, AMIGOS.


martes, 23 de diciembre de 2008

EL VATICINIO

La isla era un segmento de tierra de apenas cincuenta kilómetros de largo por treinta de ancho, donde un verdor de voluptuosa limpieza solventaba con suavidad regios contornos, cuyas siluetas y cortaduras delineaban una superficie de trazos abruptos.

Mo, joven de piel blanca, cabellos negros, radiantes ojos de malaquita con iris alumbrados en pirita y una piel tersa y lustrosa era la imagen plausible y cesionaria de una dinastía de monarcas en declive. Mientras contemplaba con atención como la superficie del mar más allá de los arrecifes adquiría un matiz azul oscuro, para finalmente, en la línea del horizonte, regenerarse en índigo y difuminarse en gamas que iban del delicado jade a la turmalina y esmeralda, tomaba en consideración las palabras que su padre pronunció en la última gran asamblea. Había dicho:

“Llegará el día en que la estirpe de los guanohais cederán su dominio a seres de cabellos de sol llegados del mar en canoas de ébano con alas de plata.”

Y mantenía el convencimiento de que el final de ese tiempo, estaba allí, en su interior.

Recordó la primera vez, cuando las naves de los extraños surgieron de las tinieblas blanquecinas del horizonte. En principio le parecieron sublimes y silenciosas. Pero a continuación distinguió auspicios inquietantes. El ímpetu de los vientos no suspiraban canción alguna a su paso, tampoco el arroyo declaraba con agrado su deleitable y singular murmullo de paz, ni siquiera la esperanza que trae consigo un fresco y nuevo amanecer irradiaba su fuerza proverbial, sino al contrario. Los tensos y agotados organismos que tripulaban las embarcaciones eran osamentas oscuras que invocaban chillidos radicales, similares a los de seres que habitan las simas de la muerte.

Desembarcaron sin dejar de enarbolar el estigma de su Dios, un ser iracundo, que proclamaba con ostentación su indiscutible poder superior. En cuanto a lo demás ¿dónde quedaba? No había cabida para nadie en su mundo. Mo, joven de piel clara, en cierto modo como la de aquéllos, dudó, pero los aceptó porque concluyó que quienes se proclamaban portadores de la fe de un Dios poseedor de la suprema sabiduría con tal certidumbre, debían de estar en el camino ecuánime.

Cuando raptaron a su padre y conminaron a él y a parte de la población, antes de ser ajusticiados, a postrarse ante aquel Dios de agonía y guerra, Mo y seis mil guerreros decidieron ampararse en las montañas y luchar.

Durante años se revolvieron con la furia intratable del huracán y las cumbres fueron suyas. Pero los valles, los remansos de los ríos, las praderas florecientes, las playas de fino y suave grano, y en definitiva, los mejores espacios, permanecieron en manos de los hombres de cabellos amarillos. Sin esos terrenos una reina guanohai estaba abocada al desastre.

Los seres de cabellos rubios se hallaban exaltados con quienes se atrevían a desafiarlos, y semana tras semana, mes tras mes, los perseguían con todo su ardor, hostigando y poniendo a prueba la habilidad de supervivencia de la hueste de aguerridos guerreros. Se produjo una fulgurante y atroz batalla, en la que de nuevo sorprendieron al enemigo.

Al atardecer, cuando el cielo se tiñó de escarlata como la sangre de los cadáveres, malherido, transportaron al jefe de cabellos rubios hasta su reducto. En tanto, rencoroso, aquel Dios perverso no cesó de aullar clamando venganza y destrucción.

Acompañada de su guardia personal y su pequeña cohorte de servidores Mo se presentó y presenció con fascinación la belleza salvaje del hijo del Dios maldito. Delirante, lo tomó entre sus manos, y lo retiró a sus aposentos donde lo atendió personalmente, hasta recuperarlo.

El hijo del Dios y Mo comenzaron a vigilarse de forma insidiosa e incluso angustiosa. Hasta que los amaneceres empezó a vérseles vagar sobre las crestas de farallones y barrancos que ahora constituían el reino inaccesible de Mo. Y todos lo supieron, el milagro se obró. El amor penetró en sus corazones. Según las leyes guanohai, a partir de ese instante sus vidas y esperanzas estaban unidas para siempre, y el pueblo indígena no podía continuar su lucha contra una raza que había dejado de ser su enemigo.

Un amanecer, suspirando, el jefe de cabellos amarillos tomó con suavidad las manos a Mo y le hizo una firme promesa. No habría represalias, aseguró, sino perdón y la restitución de los derechos incautados.

Descendieron a la semana siguiente. Y hubo perdón, aunque inmisericorde. Tras besar a la fuerza el santo crucifijo, la mitad resultó ajusticiada; los restantes esclavizados. En lo que respecta al jefe de cabellos amarillos, cabe resaltar, cumplió su palabra. Murió condenado como “hereje y traidor” en la hoguera.

Mo, joven de piel blanca, cabellos negros, radiantes ojos de malaquita con iris alumbrados en pirita y una piel tersa y lustrosa, imagen plausible y cesionaria de una dinastía de monarcas en declive, derramó unas lágrimas cristalinas y cesó de escudriñar desde las celosías de la torre donde permanecía confinada de por vida. Y apremiada por el dolor acuciante de su vientre estirado tras nueve meses de embarazo, comenzó a estancarse en un viejo cofre de recuerdos hirientes. Pero, pese a las circunstancias, no se limitó a sentirse desgraciada, sino al contrario. Ya que mientras alumbraba, con ayuda de la partera, pensó. “Es cierto, los seres de cabellos rubios y su Dios han logrado imponerse, pero en el fondo son estúpidos.”

Lo cierto era que en su comunidad, en primer lugar se habrían asegurado de ejecutarla para eliminar su descendencia. En cambio, para su asombro, aquel Dios único y guerrero de infinita sabiduría, había decretado que una vez gestada la vida, no podía detenerse. Por lo tanto Mo era feliz, pues alumbraría a su sucesor.

Entre sudores, espasmos y gritos de dolor sintió con gratitud y alegría como su hijo Moa entraba en el nuevo mundo. Y recordó el mensaje de su padre: “Llegará el día en que la estirpe de los guanohais cederán su dominio a seres de cabellos de sol llegados del mar en canoas de ébano con alas de plata.”

Y ante el pasmo de las beatas y la partera por primera vez olvidó la prohibición de pronunciar en el idioma del Diablo. Entonando con ademán sonriente palabras suaves como susurros, sus labios dulces se abrieron y evocaron con mimo aquella cadencia desconocida para subrayar:

“Y llegará de nuevo el día en que la estirpe de los guanohais recuperarán su libertad arrebatada, entonces los seres de cabellos de sol llegados del mar en canoas de ébano y alas de plata, se unirán a nosotros, o bien se verán relegados a partir sin volverse a mirar jamás el lugar por el cual se revelaron...”

Josef. 2008.

10 comentarios:

Autores Reunidos dijo...

Josef, qué hermosa historia y que hermosa forma de narrarla, de manera que engancha desde la primera línea...
La vida que se revuelve y se resiste a ser exterminada....
Cuántas veces habrá ocurrido una historia como ésta...
El amor, que todo lo puede... hace que la historia nunca termine.
He disfrutado de veras leyéndote. Todo un lujo Josef...
Gracias amigo.
Natacha.

Feliz Navidad.

@Patrulich dijo...

Josef, bien lo ha dicho Natacha: un lujo.
Y yo agrego: impecable.

Me gustó mucho cómo se desprende la fuerza del amor, a pesar de las adversidades.

Quiero aprovechar esta oportunidad además para saludar a todos los autores reunidos y desearles mucha felicidad en estas Fiestas.

MarianGardi dijo...

Felicidades para todos los autores reunidos y los visitantes.
Un saludo y que pasen unas buenas y agardables fiestas

MarianGardi dijo...

El relato es muy lindo.
Alli estaba la isla en su interior!!
Lleno de simbolos, bien relatado, hace menciòn a los señores del espacio, los extras de la pelicula existencial.
Bello Josef, en horabuena

Marinel dijo...

Josef,desde mi humide opinión, te doy mi más sincera enhorabuena,pues es un relato magistral y hermoso.
Un beso.

Pedro dijo...

Sólo puedo sumarme a los halagos ya expresados. Una historia fascinante, magistralmente contada. Diríase que estuviste por allí, en aquellos tiempos de conquistas, redactando todo lo acontecido.
Mi más sincera enhorabuena y muchas gracias por ofrecernos algo con tanta calidad.
Un fuerte abrazo.

Sendieva dijo...

Os deseo a todos, que paseis unos maravillosos días y que el 2009 sea un año muy especial, con el logro de vuestros sueños, muchos besos.

Eva María

Esther dijo...

Josef es un relato precioso de verdad me ha cautivado de principio a fin y como no tenía que ser tuyo que eres un escritor de primera..Un beso muy grande.

moderato_Dos_josef dijo...

Muchas gracias a todos compañeros: Perdonar por mi retraso en responder, pero estuve fuera unos días, sin acceso a Internet. Os agradezco mucho vuestros comentarios. Pero lo que más me interesa es que hayáis disfrutado de un rato agradable. FElices fiestas. Abrazos a todos!!!

Autores Reunidos dijo...

Relato agradable, distinto como cada cual que leo, cuya magistral descripción te traslada a ese mundo y te hace pensar... pensar en la sucesión de casi infinitas vidas y vivencias que como humanidad hemos vivido. Plagada de dioses, tradiciones, razas, pasiones, crisis y multitud de situaciones plagadas de necesarias transiciones, unas vividas desde la consciencia, otras desde la oscuridad del sin saber hacia dónde irían...

Mi felicitación y admiración, Josef.

Emig