ESTAMOS PUBLICANDO AHORA LOS RELATOS DE: GÉNERO: "LIBRE"; TEMA: "EMPECEMOS JUNTOS".

ÓRDEN DE PUBLICACIÓN EN EL LATERAL DEL BLOG. DISFRUTAD DE LA LECTURA, AMIGOS.


jueves, 2 de octubre de 2008

UN AMOR PLATÓNICO


No fue nada fácil mirarlo a los ojos. Cuando lo vi de espaldas me pregunté ¿Quien será ese hombre que emana tanta energía? Me lo presentaron y tímidamente le dí mi nombre y le tendí la mano. Se volteó como si nada a seguir conversando a saber con quien. Por lo menos, era con un hombre y me pregunté si yo le habría gustado. Hubiera querido quedarme a su lado, porque sentía que su presencia ejercía sobre mí un poderoso deseo de conquistarlo. Era como un imán que me trastornó la noche.

En la cena se sentó frente a mí. En ese momento no supe si fue casualidad o si lo hizo con premeditación. El caso es que no pude comer tranquila. Sentía sus ojos puestos en mí e inició la conversación preguntándome a qué me dedicaba. Cuando le conté que era escritora aficionada, me dijo que a él también le gustaba escribir y lo noté muy interesado. Logré con palabras entrecortadas, con sudor en las manos y con mucha timidez, contarle que tenía un blog, pero que no se imaginara que lo hacía de forma profesional (por aquéllo de que no le gustara). En una servilleta, me pidió le escribiera la dirección del sitio y con mi nerviosismo, me salieron las letras como garabatos. Aún así, supe que me había leído porque a los pocos días me dejó un comentario que me dejó con el alma temblando.

A los quince días, me escribió a mi dirección de correo. Sus palabras llenaron mi espíritu desde la primera letra. Supe que era un poeta y que no me había equivocado. Una vez comenzamos a escribirnos, no pudimos parar. Durante esos días, se me quitó el sueño. Me levantaba de madrugada con los ojos rojos por los desvelos a responder sus cartas. Era tanta mi excitación, la fuerza de mis sentimientos, que me quitaba el sueño. Cada día las cartas se fueron poniendo más atrevidas, pero el alma imperaba, como si nos hubiéramos descubierto: de corazón a corazón, de alma a alma, de cuerpo a cuerpo.

Me confesó que tenía mucho miedo de enamorarse. Le respondí que yo era capaz de todo y de llegar hasta las últimas consecuencias. ¿Qué podía perder? Me sentía sola y estaba un poco cansada de relaciones sin sentido. Había tenido muchos romances y un divorcio que me dejó dos hijos.

Todo parecía fluir como si fuéramos dos almas dispuestas a dar un salto de fe y a lanzarnos al vacío. Confiaba tanto en sus palabras que me hubiera sido difícil creer que no fueran verdad. Sabía que le salían del corazón. Sólo un corazón enamorado podía darse tanto. Sabía que había sido amor a primera vista. Sabía que era el hombre perfecto, aquél que siempre había esperado. Antes de él, ya había tirado la toalla y estaba convencida de que era mejor “vivir sola que mal acompañada”. ¡Se había hecho el milagro! Estaba loca de atar por un hombre que sólo había visto una vez en mi vida y que ni siquiera me había dado un beso. ¿Me había vuelto loca? En todo caso, era una locura de dos. ¡Amor a primera vista!

Pasaron tres meses de un continuo ir y venir de cartas. Aún las tengo almacenadas. Constituyen mi tesoro, mi secreto, pero no las he vuelto a leer.

Tenía que pasar lo inevitable: era de niños seguir con este juego y no poder vernos, tocarnos y hacer el amor como dos adultos que se aman y se desean.

Hasta el momento había sido un amor totalmente platónico. Decíamos que había sido amor a primera vista y que por medio de la pantalla que nos ocultaba la cara, se había disuelto el bochorno de las primeras líneas, la timidez inherente a decirnos cosas que viéndonos a los ojos hubiera sido muy difícil. Nos habíamos contado nuestras vidas, nuestros anhelos, ilusiones y todo aquéllo que no se le cuenta a un desconocido.

Pusimos la fecha para tomar el primer café. También nos contamos que los nervios no nos dejaban dormir, ¿Y si nos desilusionábamos? ¿Y si todo había sido una fantasía de nuestras mentes? ¿Y si no había verdadera química al acercarnos y darnos el primer beso? ¿Quien lo garantizaba? Pero hasta eso nos lo confesamos. La apertura era total y completa. Incluso en broma llegamos a decirnos que íbamos a necesitar de un Valium para no hacer el ridículo frente al otro. ¿Dos adultos jugando a niños? Eso fue lo hermoso: así nos sentíamos. Aquélla inocencia del primer amor nos había ganado la partida. Sí, me volví a sentir como niña, y ya sabemos que los niños no se cuestionan: sólo viven y dejan que la vida les dé lo que tiene para darles. Lo que generalmente, son ilusiones, alegrías, optimismo y pocos cuestionamientos. La juventud y los niños son atrevidos por su ignorancia e inexperiencia. No conocen aún de dolores y decepciones fuertes.

Seguí obsesionada con este amor. Seguía sin poder dormir. Era tanta mi adrenalina que le decía en broma que cuando me volviera a ver, se iba a desilusionar porque tenía los ojos como mapache, con ojeras cafesosas y los ojos chiquitos y achinados.

Un día antes de vernos y tocarnos por vez primera llegó lo inesperado: Era tanta su angustia, su culpa, que le ahogaba el decírmelo y que este maravilloso encuentro se disolviera: ¡Era casado! No me lo había querido decir por miedo a perderme. Sentí que me iba en un pozo de dolor y todo aquél amor que experimenté el primer día lo enterré muy adentro, tan adentro, que mi corazón se volvió de hielo y ya ni siquiera recuerdo cómo se vive un sentimiento.



María Renée Batlle
(Shanty)

12 comentarios:

Marinel dijo...

Qué tristísimo final, para algo hermoso, casi ideal.
Es el peligro que entrañan las relaciones virtuales...
De todas formas, lo que viviste fue algo mágico que te ha dejado infinitamente dolida, pero que fue maravilloso mientras existió.
Intenta quedarte con eso y piensa que probablemente él se halle en la misma situación que tú, si de verdad te amaba tanto.
Me ha encantado y me ha dejado triste también, pero es precioso.
Enhorabuena.
Un beso.

Autores Reunidos dijo...

Querida Esther, el mundo de los blogs debe estar lleno de historias como la tuya.
Intensas en la distancia. Imposibles en la vida real.
Son amores tan intensos que no parecen reales. Que tal vez se sienten directamente al corazón.
Y uno se pregunta cómo puedes amar a alguien a quien ni siquiera has tocado, a alguien que no sabes la textura de su piel...
Pero el amor es así, loco, confuso, inconsciente.
Cuando la vida real te golpea en la espalda y te dice "ssh, eh, que tu vida está aquí..." ese amor queda guardado, para siempre.
Un bello relato, amiga. Si fue cierto, te digo lo mismo que Marinel. Eso que sentiste, ese volver a ser niña es un precioso regalo de algo que no podía ser...
Muy bonito y triste, pero la vida, a veces, lo es.
Gracias por otro nuevo amor.
Natacha.

Vegetable Man dijo...

Idílico, mas bien idealizado.nada es tan bonito en la realidad como nos lo imaginamos, o quizas si?, algo real es tangible y puedes saborearlo en vez de pensar que sabor tendrá. Me ha gustado porque es bonito y triste a la vez, pero mágico.

AHEO dijo...

Has descrito increíblemente las sensaciones tan fuertes que te invaden cuando te enamoras! Disfruté mucho la lectura, coincido con que el momento hermoso que vive el personaje o tú si así corresponde, quedará para siempre como uno de los tesoros que guarda el corazón. Muy bonito, felicidades :)
Haydeé

Esther dijo...

Conforme iba leyendo pensaba esto no puede acabar mal y este amor platónico dejará de serlo..y al ver el final me he quedado más triste :( No sé si fué o no una vivencia tuya,si lo fué quédate con lo bonito que sentiste en su día y no te cierres al amor.

El amor puede aparecer detrás de cualquier puerta y como digo en mi ultimo relato hay que recibirlo con una sonrisa.

El amor es riesgo ,puede salir bien o mal, pero hay que disfrutarlo mientras dure..

Un saludo

Ana dijo...

¿Porqué sentiste tanta atracció? Porque sólo te a miraba a ti...

Nunca se sabe, pero pienso y siempre lo digo que las cosas siempre pasan por algo; no creo en casualidad.

Un besito y suerte!

Autores Reunidos dijo...

Estimada María (Shanty).
En esta ocasión, sin destacar lo emotivo en grado superlativo, he leído un relato, el tuyo, que me ha acercado a las verdades de algunos instantes importantes de nuestras vidas, que los resumo en una de tus preguntas que dice "¿Dos adultos jugando a niños?"
A pesar del triste final, no pierden veracidad tus palabras, porque no dejan la continuidad de dos vidas y lo que sienten y aprueban desde su interior.

Jugando a niños... lástima que esa permisibilidad la dejamos hace mucho tiempo, quizás demasiado. A veces me pregunto porqué. A veces me pregunto el porqué de tantas preguntas desde la mente y el sentido de vivir algo como tu relato, si en realidad se aprende algo de la vida o, como dices, se torna hielo el mayor fuego conocido...
Trasmites unas formas que delatan una educación y respeto que merecen ser mencionadas. Pasos sinuosos y bien relatados que te acercan y adentran como observador de esas dos personas, viviendo uno de los mayores contrastes que conozco: el amor platónico.

Un fuerte abrazo y mi felicitación.

Emig

Fair Lady dijo...

Pienso que más de uno se ha sentido atraído alguna vez por alguien de este mundillo, incluso creo que no es necesario conocerse físicamente, puedes sentirte atraída/o por una persona únicamente por su forma de escribir, de expresarse y la coincidencia en algunos gustos. Te creas unos factores por los que te sientes cautivada/o como puede ser un conjunto de sus cualidades acompañado por una imagen ficticia y entonces surge ese amor platónico. Posiblemente cuando llegas a conocer a esa persona físicamente la aceptas sin más porque realmente la belleza está en el interior y es lo que te ha hecho enamorar.

Me ha gustado tu relato Shanty, siento que no haya tenido final feliz, pero como siempre, todo tiene su explicación, posiblemente tu amor aún esté por llegar.

Un abrazo

Noche dijo...

Lo triste, es saber que solo uno de los fue relamente sincero y comprometido..

Este mundo puede engañar, muy crudamente Esther.

JAVIER AKERMAN dijo...

Doloroso final. Lo importante es lo vivido antes y quedarse solo con lo bueno.
Un abrazo.

Leznari dijo...

Bonito relato pero.....muy triste el final..."Sentí que me iba en un pozo de dolor y todo aquél amor que experimenté el primer día lo enterré muy adentro, tan adentro, que mi corazón se volvió de hielo y ya ni siquiera recuerdo cómo se vive un sentimiento."
Ojalá tu corazón se haya deshielado ya, el amor es bonito y deseo que lo hayas encontrado de nuevo.
Besitos.
LEZ

Bowman dijo...

Siento tu relato muy real, María. Es perfectamente factible enamorarse de alguien sin verse y sin tocarse.

Al fin y al cabo "Por sus obras les conoceréis", que decía San Lucas. Los actos de una persona pueden ser más importantes que sus besos o su tacto.

Como comenté en otro relato, el problema del amor platónico es que es "ideal". Todo lo idealizado puede caerse posteriormente.

De todas formas, en tu relato, el que él esté casado (en mi opinión) no quita validez al sentimiento. Otra cosa muy distinta es que con ese "detalle" las oportunidades de materializar el amor se pierdan.
Sinceramente ¿quién no se ha enamorado de alguien ya casado/a? No es tan difícil. Estar casado o casada es una característica más de la situación de la persona, no de su esencia. Si el matrimonio disminuyera nuestras aptitudes para ser personalmente atractivos, si fuera negativo para la persona... ¡aboliría el matrimonio!

Por tanto, estar platónicamente enamorado de alguien casado/a no sólo es factible sino que, si abrimos los ojos, es incluso natural. A ver si me explico: si una persona tiene cualidades para enamorarnos estando soltera... la persona es la misma cuando se casa y, por tanto, sus cualidades seguirán intactas ¿no?

Entiendo de todas formas, el rechazo de la protagonista ante la ocultación del estado civil del hombre. Estar casado no le resta atractivo (sólo posibilidades, como dije antes) pero mentir u ocultar sí.

Por eso, María, si estás escribiendo un caso real y eres tú la que así ha sentido, no te cierres al amor. Ciérrate a la mentira y la ocultación. No vuelvas tu corazón de hielo porque no es el amor lo que te ha fallado. Te ha fallado simplemente la honestidad de una persona.