ESTAMOS PUBLICANDO AHORA LOS RELATOS DE: GÉNERO: "LIBRE"; TEMA: "EMPECEMOS JUNTOS".

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domingo, 12 de abril de 2009

EL EXPRESO DEL NORTE


El soldado, somnoliento, no había reparado en las palabras de la joven.

-Eh, soldado, ¿me escuchas?, ¿me puedo sentar? –repitió ella alzando la voz.

El joven uniformado, al oír estas palabras, abandonó su letargo y balbuceó algunas palabras ininteligibles. Quien le hablaba era una muchacha de piel broncínea que le estaba brindando una encantadora sonrisa. Sus ojos verdes le atraparon de inmediato.

-Si, si… claro que si… Ahora mismo retiro este bulto.


Antes, cuando se había sentado en su asiento, el soldado había colocado en la plaza de enfrente –la que ella solicitaba ocupar- su destartalado macuto militar. Todas las semanas, cuando repetía este viaje que le conducía a León, venía haciendo lo mismo, buscando con ello que nadie se sentara en el asiento de enfrente, para viajar así con mayor comodidad. Una vez acomodado, el joven solía escuchar la música que captaba un pequeño transistor hasta que quedaba levemente adormecido.


-¿Escuchando música, eh? –exclamó la muchacha-, así no me oías…


-Si –respondió el soldado sonriendo- suelo sintonizar alguna cadena de música cuando viajo. Resulta más entretenido. Ahora mismo estaba sonando algo de la “Credence”.


-Ah, que gente tan magnífica –afirmó ella-, me encanta su música, siempre tan vibrante.


Mientras contemplaba su continua sonrisa y sus ojos verdes, el soldado fue sintiendo que algo que surgía de esos ojos atravesaba su guerrera y se incrustaba dulcemente pero sin miramientos en su corazón.


Desde hacía varios meses, el soldado realizaba ese mismo viaje todas las semanas en el Expreso del Norte. Llevaba en su macuto pequeñas piezas de repuesto para los fusiles de asalto. Las recogía todos los lunes en el Parque de Artillería de su ciudad y se ocupaba luego de entregarlas en la armería del acuartelamiento de El Ferral del Bernesga, situado en las inmediaciones de León.


La muchacha, de aspecto campesino, tan sugestivamente bella como dotada de simpatía, le dijo que cursaba estudios en León y que ahora, que estaba de vacaciones, había pasado un par de días con una compañera que vivía en un pequeño pueblo de la provincia de Palencia, en donde había subido al tren. Se dirigía a otra pequeña localidad de las montañas de León, donde vivía su familia.

No fue mucho el tiempo que ambos tuvieron para conversar, aproximadamente unos 40 minutos, pero el soldado –en tan corto espacio- tuvo la reiterada certeza de que aquella joven de ojos verdes, bronceada por el sol de los Picos de Europa, estaba conquistando, sin piedad alguna, su corazón.


Fue de súbito cuando la magia del momento quedó interrumpida.

-Oye, soldado –exclamó ella-, pero no te tenías que bajar en León… Hazlo deprisa, que creo que el tren va a ponerse en marcha…

Y es que el joven del uniforme, inmerso en las sonrisas de aquella desconocida ni siquiera había reparado en que el tren llevaba ya un tiempo parado en la estación de León y estaba a punto de proseguir el viaje en dirección al norte.


De manera apresurada, balbuceando un atragantado “adiós”, el soldado corrió buscando la salida del departamento. Cuando la alcanzó tuvo que saltar, ya que el expreso –lentamente- estaba iniciando su marcha. Pegando trompicones se dirigió a la ventana donde la muchacha le estaba despidiendo.


Fue ella la que reparo: “Eh, soldado, que te has dejado este bulto...” Y con indudable esfuerzo le arrojó el macuto por la ventana.

Las personas que transitaban por la estación y que contemplaron la escena no pudieron sino sonreír cuando vieron que el contenido del macuto, al caer este sobre el hormigón del anden, se desparramaba por el suelo y tres bayonetas de mosquetón y más de cien percutores de acero para los fusiles CETME saltaban por los aires brincando en todas las direcciones.

Dominado por el nerviosismo el soldado no pudo siquiera despedirse de la joven.

-¡Adios, Antiqva, a ver si nos vemos otra vez –dijo ella mientras el tren se alejaba. Ya sabes que me encanta la “Credence”.


La joven campesina se llamaba Camino. Estudiaba el primer curso de Veterinaria en la Universidad de León y su familia, según dijo, vivía en un pueblecito leonés de los Picos de Europa. El sol y el aire de la montaña habían dado un bello color a su piel.

El soldado, que tenía entonces dieciocho años, nunca volvió a verla. Todavía no ha olvidado el color verde de sus ojos.

ANTIQVA

11 comentarios:

Maria Rosa dijo...

Bello relato, te quedas con las ganas de que el viaje fuese mas largo
y haber tenído la oportunidad de una próxima vez.El nunca olvidará esos ojos verdes!
cariños, FelicesPascuas!
María Rosa

Luismi dijo...

qué cosa más bonita el amor a primera vista ^^

Pilar dijo...

Precioso ANTIQVA,y parece...tan real!!! una historia que a cualquiera le podría suceder, emprender un viaje y antes de finalizarlo...haber alcanzado tu destino, el del amor.
Gracias por tan bonito relato.
Un saludo.
Pilar

AHEO dijo...

Muy bello Antiqva, como siempre. Debo confesar que esperaba con ansia tu escrito y una vez más me ha encantado. Felicidades.

Un abrazo.
Haydeé :)

Esther dijo...

muy bueno antiqva, seguro que no los olvidó ,si casi hacen esos ojos que se pasen de parada.. besitos

isis de la noche dijo...

Ay amigo.. yo sé lo que es no olvidar nunca jamás un par de ojos ;)

Quizá en otra vida.. en otro mundo...

En estos solo pudo conformarse con su mirada por un momento fugaz, pero eterno ;)

Me ha encantado!!!

un abrazo inmenso, mi querido amigo...

Pedro dijo...

Algo me dice que amores así se producen cada día, cada segundo, quedando enterrados para siempre en lo más profundo de la consciencia humana.
Precioso tu relato, Antiqva, felicidades.

Un abrazo.

Autores Reunidos dijo...

Antiqva, con retraso pero vengo a leerte... mejor dicho a disfrutar de tus letras.
Qué amor más fugaz, y más intenso a la vez.
Creo que todos nos hemos enamorado en alguna ocasión de una mirada... Sin ningún defecto, este amor se conserva con la misma ilusión del momento...
Precioso, gracias, amigo
Natacha.

Marinel dijo...

Preciosa historia de un amor ligero como el aire soleado, que tostó la piel de la joven de ojos verdes,que perduraría para siempre en la mente del soldado Antiqva...
Un amor imposible,quizá por la levedad del instante y la indecisión de ese joven soldado...
Bonita de verdad.
Besos.

@Patrulich dijo...

Precioso relato, amigo.
Hay miradas que jamás se olvidarán, verdad?
Te mando un fuerte abrazo

Calvarian dijo...

Bello relato, ambientado en el Norte. En el ferral hicieron la mili mis tios. Somos de Guardo, Palencia.
Abrazix