ESTAMOS PUBLICANDO AHORA LOS RELATOS DE: GÉNERO: "LIBRE"; TEMA: "EMPECEMOS JUNTOS".

ÓRDEN DE PUBLICACIÓN EN EL LATERAL DEL BLOG. DISFRUTAD DE LA LECTURA, AMIGOS.


miércoles, 16 de septiembre de 2009

SOLO DOS DÍAS

Ya no puedo llorar más. Las lágrimas no consiguen purgar mi dolor. Debo decirte adiós para seguir adelante. Por eso he decidido escribirte esta carta, resguardada por la soledad de la noche y la oscuridad de mi habitación:


Amado hijo:

Hace tres noches que no logro dormir. Cada vez que cierro los ojos, veo tu cara reflejada en mis pupilas y escucho los pitidos de esas malditas máquinas, que te mantenían conmigo. Sólo dos días, 48 malditas horas. Sólo pedía eso y el Dios que dicen nos guía no nos las concedió. Quería sacarte de ese hospital. Quería que notases el sol en tu piel y el aire en tu rostro. Quería volver a casa. Pero la enfermedad era más fuerte que tus minadas fuerzas. No eras tú el que sobrevivía en esa cama. Hace meses que te habías ido y raras veces volvías a este mundo, al notar el roce de mis manos o los besos que dibujaba en tu frente. Abrías muy despacio tus ojitos y dejabas escapar una sonrisa, que me daba fuerzas para continuar al pie de tu cama. Siempre fuiste más fuerte que tu padre y que yo.

Si pudiese dar marcha atrás y parar el reloj. Si pudiese tener ese escaso margen de tiempo, esas 48 horas, mi niño estarías en tu cuarto, con tus juguetes. Con papá y mamá.

Había preparado tus cosas, tus cochecitos, tu cama, que sé que echabas de menos. Pero el tiempo se nos fue. Después de tanto pelear, se fue. No te imaginas lo que me duele decirte adiós. Me cambiaría por ti, sin pensarlo, con los ojos cerrados. Pero ahora sé que estés donde estés mi niño por fin descansas.

Esta noche volví a soñar contigo. Te vi corriendo, saltando y riendo feliz en el jardín de casa, jugando con Rufo. Siendo un niño, que era lo que debías de haber sido. Si ese ente que vive en el cielo existiese nos habría dado el tiempo suficiente para dejar el hospital y viajar a casa. Pero amor eres tan maravilloso que no podía esperar más tiempo para tenerte a su lado. Aunque la envidia es un pecado, sentía envidia de ti y de mí. Él nunca quiso dejarte, pero te le escapaste de entre sus ángeles, para venir a tocar mi corazón.

Perdona que la tinta de mis palabras esté corrida, pero mamá necesita llorarte para poder permitir que te vayas.

Te querré siempre. Espérame un ratito, que pronto subiré a arroparte.

Mamá

lunes, 14 de septiembre de 2009

TIEMPO VIEJO


El brillo o los visos de su ausencia meciéndose en placard de mis recuerdos sin memorias una hoja y una papel sobre la mesa testigo de cada letra y versos que se frustran al mirar su retrato fijado a la pared como el epitafio de su inexistencia...tan irreal como incoherente allí tu rostros detenido...Obligándome amarte quizás como bendición convertida en maldición; trazando tu rostro enigmático he indescifrable para mis analfabetas letras que siendo no son nada; asesinadas por unas cuantas puñaladas de tu indiferencia...Abandonada entre la ausencia de lo que solo queda de ti, sombras que son las inquilinas de tus agonizante rastro; obligado a mi existencia efímera y pasajera a vagar entre la niebla de tu desprecio he indiferencia te busco anhelante entre mis versos y palabras esperando encontrar algo de ti que me de una señal de mi; de que quizás por alguna remota idea a un no te has marchado y sigues aquí conmigo...

Me aferro a tu retrato con mis ojos llenos de ti; el reflejo de tu imagen se hace visible en mis pupilas que lloran tu ausencia y que maldicen tu existencia caigo de rodillas esperando que algún ser al cual algunos se aferran escuche mi suplica mientras reniego el de por que amas?

Te miro desde mi ventana y solo se que te amo y que quizás esta sea mi condenación amarte entre el silencio conformándome solo con amarte....Amor que nació un verano de abril amor que se hizo viejo con el pasar de los años y que hoy hace estragos en mi pelo ya emblanquecido; sin dejar pasar este cuerpo que ya viejo tembloroso camina cerca de la ventana cada mañana con la pocas fuerzas que me regalan; para verte una vez mas...Solo una vez mas, por que quizás mañana no te vuelva ver; sonrió al ver que la vejez no ha llegado solo a mi... Es gracioso saber que yo una vieja pueda amarte como aquella niña de quince años que un día conociste con la sonrisa nueva y con lo ojos llenos de vida y saber que hoy estoy aquí suplicado al cielo un día mas...¿Pero esperen que pasa? para donde se lo llevan? Dije - cálmense me decía un enfermera mientras que mis fuerzas se agitaban entre mi desespero unos cuantos enfermeros pasaron mientras yo escuchaba un ¡lo perdemos!- Enfermeras vengan se nos va

No comprendía lo que sucedía pasaron algunos minutos mientras el alma se me iba con el...
Algunas enfermeras salían moviendo la cabeza y repitiendo hicimos lo que estaba en nuestra manos pero era su tiempo unos cuantos enfermeros salieron con la camilla -pero si, allí estaba su rostro pálido y moribundo era el mientras que lo mire el mundo se detuvo y pareciese que caía en mil pedazos algunas enfermeras corrieron hacia mi; cuando desperté pensé en El… Salí a buscarlo con la pocas fuerzas de que conservaban a un camine tanto, tanto; preguntaba para que me dieran razón de el estas me llevaron a un solo lugar a su tumba si ahí estaba su nombre caí de rodilla ante El y recosté mi cuerpo...

Poco tiempo después la encontraron muerta reposando al lado de la lapida con su rostro tranquilo y sereno quizás como si lo hubiera esperado toda vida...Bien dicen que algunas almas no podrán estar juntas en la tierra pero si son pacientes y esperan si en el cielo. El tiempo se detuvo para estos dos viejos que lo vieron pasar a su lado tan deprisa temeroso lento y rápido, tiempo que los llevo a un mismo lugar y tiempo que se detuvo para ellos por que quizás este paso tan rápido que necesitaba descansar...Y es a si como el tiempo de estos dos viejos paro en una tumba sin importan los minutos horas y segundos que se marcaran en el reloj


Venus…

sábado, 12 de septiembre de 2009

UN PARÉNTESIS EN EL TIEMPO

Aquella tarde al salir de mi casa, como siempre, tomé un taxi. Al acercarme al chofer para decirle donde quería que me llevara, quedé muda de la impresión. De inmediato di vuelta la cabeza y comencé a mirar por la ventana, disimulando que no le reconocí.

Sentía que me observaba por el espejo retrovisor, yo trataba de mirarle de reojo y asegurarme que realmente era él. La manera en que iba vestido era muy similar a la que le conocía. Su voz… la oí tantas veces!!!. Se parecía, pero han pasado tantos años que podría haberla olvidado.

De repente, en un semáforo en rojo, apoya su cuerpo en la puerta del auto y a la vez su codo en la ventanilla, tomó su barbilla con la mano izquierda. ¡Era él!. ¡El solía tomar esa posición cuando conducía.!

En ese momento mi respiración se detuvo por unos segundos, me puse más nerviosa de lo que ya estaba y comencé a pensar que no podría ser real lo que me estaba sucediendo. Esas cosas sólo pasan en las películas ó a los demás, nunca me sucedería a mi.

Continué mirando por la ventanilla del auto y pensando si era o no él. El único hombre del que había estado enamorada de verdad y al que había dejado escapar por inmadura y caprichosa.

Cerré los ojos al atardecer que se dejaba caer por la cordillera, y en un instante estábamos, sin darme cuenta, en un lugar lejos de la ciudad y del ruido. Cuando me incorporé para ver que pasaba, el me observaba fijamente. No pude seguir esquivándolo, asi que al fin lo miré a los ojos y de inmediato saltó al asiento de atrás y se puso sobre mi, tan cerca que creí que me desmayaba.

Sus hermosos ojos verdes se clavaron en los míos. No dejaba de mirarme. No se cuanto tiempo estuvimos así. Yo no lograba emitir palabra, y creo que la angustia hizo que comenzara a rodar una lágrima por mi mejilla, la que al llegar a mis labios fué detenida por sus besos.

No hubo palabras, no hubo reproches. Volví a sentir la tibieza de sus labios sobre los míos, su lengua volvía a explorar cada breve espacio de mi boca. Besó mis ojos, mi frente, mi naríz, mis orejas, mi cuello.

No quería abrir los ojos, sólo sentirlo, abrazarlo y aferrarlo a mi cuerpo. Sólo pensaba en volver a tener sus manos y caricias sobre mi piel.

Se agarró de mi cintura y comencé a sentir su respiración en mi cuello, mientras que a lo lejos escuchaba el sonido que emitía mi cuerpo que ya empezaba a descontrolarse... Luego, una voz que me decía...

-Señorita, ¿le sucede algo, se siente bien?.

Abrí mis ojos. Estaban llenos de lágrimas, me sentía muy agitada. ¡Había sido todo tan real.!

-Ehhh, si claro, estoy bien, ¿ya llegamos?- dije, volviendo a acomodarme en ese asiento.

Una corriente helada me recorrió de pies a cabeza. Sentí que volvía de abrir y cerrar un paréntesis en el tiempo.

Sin querer aun mirarlo a la cara, le pregunté por el costo del viaje y de inmediato se giró para decirme: -Son dos mil pesos señorita-.
En ese momento. Sólo en ese instante, me atreví a mirarlo de frente a los ojos.

Definitivamente no era él.


Creo que preferí que así fuera. No habría soportado su mirada acusadora, o el que no me hubiera reconocido. O peor aún... su indiferencia.

¿Dónde estás?, ¿Con quien?, ¿Eres feliz?... ¿Me recuerdas como yo a ti?

LA DE LOS SUEÑOS.

jueves, 10 de septiembre de 2009

LA URNA

Gerard abrió la puerta del laboratorio y empezó correr por el pasillo iluminado, por diminutas luces de neón adosadas al techo. Preso de una gran excitación, chocó de frente contra el guardia que vigilaba el acceso al Centro de Control.

- Lo… lo siento – consiguió articular entre torpes balbuceos, a sus pies, la placa de identificación se había desprendido de su uniforme y yacía boca arriba con su foto mirándole acusadora.
- ¡No se puede pasar! El Área está cerrada a todo personal ajeno al lanzamiento.

La voz del guardia armado sonó dura y enérgica, a través de la rejilla que ocultaba su boca. El casco protector le cubría la cabeza y el rostro, con una mínima abertura a la altura de los ojos, protegidos por una lámina de plástico irrompible.

Gerard recogió su identificación y miró con fijeza a los ojos del guardia. Dos fríos lagos azules le aseguraron que no iba a ceder por mucho que insistiera. Esa batalla estaba perdida. Derrotado, dio media vuelta y dirigió sus pasos vacilantes hacia la sala de descanso. Hacía tres días que fue destituido de su cargo como Supervisor de turno por el Almirante Svyatoslav sin motivo alguno. Desde entonces, había vagado por los laboratorios de pruebas, observando el software Beta que se emplearía en el procesamiento del Proyecto Génesis. Hasta ahora habían utilizado la versión 3.0, y su labor en estos momentos consistía en solventar varios fallos de secuenciación para la nueva versión. Pero la Urna, como era llamada coloquialmente la Transmisora de Hipnorealidad por el personal del Caribdis, la nave insignia de la Flota, se encontraba en el Centro de Control. Al menos la operativa. En el laboratorio nº4 se encontraba la versión “Cero”, que fue utilizada para las pruebas preliminares con primates.

- ¡Esa era la solución!

Gerard se sintió impulsado por una repentina euforia. Todavía no estaba todo perdido. Echó a correr por el pasillo, entró en el ascensor y pulsó la tecla del nivel 7. Debía llegar hasta el laboratorio y poner en funcionamiento la Urna “Cero”.

Durante los últimos tres días se había devanado los sesos en busca del por qué de su sustitución.

Las pruebas con los voluntarios humanos habían constituido un éxito sin precedentes, a no ser que contara los fallos en el regreso. La teoría de la Hipnorealidad aseguraba que el individuo viajaría mentalmente a un tiempo prefijado. Hasta ahí se había comprobado su viabilidad a través de los informes realizados por los voluntarios a su regreso. El problema era que no todos habían regresado, o al menos, no todos vivos. El último voluntario lo encontraron al abrir la Urna, con la garganta degollada tras ser inducido al S. XV en plena Batalla de Azincourt.

Fue entonces cuando Gerard se planteó la viabilidad del Dilema. La teoría defendida por algunos de los científicos del proyecto sostenía que: “era posible que los viajes en el tiempo inducidos en la mente, fueran de hecho, verdaderos. De modo que la mente del viajero llegara a suplantar la de una persona real en el tiempo y lugar al que era inducido”. Con, o sin sentido, Gerard había llegado a creer en esa teoría. Sobre todo desde la noticia de que el Presidente de la Federación Universal (FU), Tsubasa Hinata, había sido invitado por el propio Almirante Svyatoslav a probar la Urna, en un gesto de autosuficiencia.

Desde entonces Gerard empezó a atar cabos, y llegó a la conclusión de que el Almirante pretendía asesinar al Presidente induciéndolo en algún momento crítico de la Historia, más si cabe, al conocer la pasión del propio Tsubasa por la II Guerra Mundial.

Las puertas del ascensor se abrieron al alcanzar el nivel 7. Pasó su identificador por el escáner y entró en el Laboratorio nº 4. Las luces se encendieron al acceder al interior gracias a un detector de movimiento. Estaba solo en el inmenso laboratorio. Se dirigió al lado opuesto de la sala, oculta por un manto de fibra metálica se encontraba la Urna “Cero”, con su alargada forma que recordaba un antiguo sarcófago egipcio. Encendió los monitores, retiró la protección de la urna y abrió su tapa de Kevlar. En el interior, el líquido amniótico empezó a burbujear cuando los niveles adquirieron el nivel adecuado.

La decisión estaba tomada, debía volver a algún tiempo indeterminado del pasado y evitar que el Presidente entrase en la Urna.

Tecleó la secuencia de lanzamiento en el ordenador principal, se desnudó y, tras dejar el proceso en automático, se sumergió en el cálido líquido, que lo recibió como el acogedor vientre de una madre. Se ajustó la mascarilla y pegó a su piel los parches autoadhesivos, de los que colgaban finos cables que controlarían sus constantes vitales. Suspiró, y dejó caer la puerta de Kevlar con suavidad, mientras su cuerpo se hundía en el fondo de la Urna. El sonido del cierre automático le llegó atenuado en el interior del sarcófago.

En la pantalla del ordenador, la orden automatizada comenzó su marcha atrás. 10, 9,8, 7, 6, Gerard cerró los ojos, mientras una sensación de aturdimiento le embargaba. 5, 4, 3 ya no había vuelta atrás…2, 1. Cero.

Gerard abrió la puerta del laboratorio y empezó correr por el pasillo iluminado, por diminutas luces de neón adosadas al techo. Preso de una gran excitación, chocó de frente contra el guardia que vigilaba el acceso al Centro de Control.

- Lo… lo siento – consiguió articular entre torpes balbuceos, a sus pies, la placa de identificación se había desprendido de su uniforme…El bucle seguía su curso…

Autor: Javier Marzo

martes, 8 de septiembre de 2009

MARGARITA Y EL RELOJ


El sonido de la primera campanada estremeció la vieja catedral, los oídos de la niña quedaron retumbando. Miró hacia abajo, a través de la escalera de caracol, vieja y cubierta de telarañas, tropezó una mariposa muerta y la miró caer hasta que desapareció en la oscuridad. Levantó la cabeza y el miedo intentó hacerla regresar, pero ella quería ver el reloj.

Ese reloj hace sonar las campanas y marca el paso del tiempo—siempre le contestaba la abuela, a su insistente pregunta, recordó la niña.

Tenía siete años y la falda roja le quedaba larga, se enredó con un clavo doblado de la escalera y resbaló hacia atrás, por fortuna pudo aferrarse a uno de los maderos. Se quitó los zapatos para no hacer ruido en el piso de tablones y siguió adelante, lo más rápido que pudo, su pequeño corazón repicaba como otra campana. Abajo, fuera de su vista, entre la multitud de cabezas agachadas, estaba la abuela, rezando al igual que las demás personas; la anciana no se percató de la ausencia de la nieta. Mientras tanto, las campanadas siguieron una tras otra.

Veloz subió por la compuerta y su pequeña cabeza de pelo negro y ondulado emergió. Miró a los lados, la luz del día entraba por los cuatro ventanales a su alrededor. Entonces lo vio.
Tiene ruedas con dientes, como dijo el abuelo—pensó la niña.

Miró a lo alto y vio las campanas, enormes, macizas, moviéndose como enormes montañas de metal. Algo le llamó la atención, un interruptor eléctrico, parecido al que su abuelo tiene en el patio para encender el compresor de aire, cuando va a pintar el vehículo de algún cliente.

¿Si lo muevo se detendrá el tiempo? claro que sí, porque las campanas no podrán sonar—se preguntó y se dio respuesta, usando la misma lógica de siempre, tan veloz y asombrosa para sus abuelos, y que los hacía reír la mayor parte de las veces.

Corrió, se afianzó con sus dos pequeñas manos a la palanca y con el peso de su cuerpo la barra de plástico negro cayó. La séptima campanada no llegó a ocurrir. Los badajos quedaron suspendidos en el aire, como en una fotografía.

La niña se asomó por cada una de las cuatro enormes aberturas. Los vehículos y la gente se mantenían detenidos, las nubes, y hasta las aves, se veían suspendidas en el aire. Bajó corriendo la escalera de caracol y llegó hasta su abuela, ella estaba intentando detener la caída de su rosario, la reliquia se encontraba a pocos centímetros del suelo y la cara de la mujer estaba congelada en un “¡Oh!” de sorpresa. Las llamas de las velas no se movían y el único sonido era el de los suaves pasos de la pequeña. En su traviesa cara surgió una sonrisa de satisfacción.

Yo tenía razón—pensó, y comenzó a correr y saltar descalza por la iglesia, como siempre quiso hacerlo. Gritó a voz en cuello todas las canciones de su infantil repertorio, se acercó a esos señores que antes le inspiraban temor, y gritó los alaridos más molestos que se le ocurrieron.

Después pidió disculpas y repitió el recorrido por las naves de la vieja catedral.

—Ya es suficiente diversión por hoy—sonó una voz.

La niña volteó y allí estaba una anciana, su sonrisa era tranquila y sus vestidos parecían pasados de moda, o tal vez de una moda muy nueva, no estaba segura.

—Yo también, de niña, hacía eso—dijo la mujer—, lo detenía moviendo una palanca; la quitaron cuando lo convirtieron a reloj eléctrico.

La niña se recuperó del susto y preguntó:

— ¿Cómo te llamas?

—Margarita, igual que tú. Ahora sube y levanta el interruptor, después baja con cuidado y regresa al lado de tu abuela. La próxima vez, cuando vuelvas, seguiremos hablando, ¿Te parece bien?

—Sí claro señora Margarita.

—Hasta la próxima vez, niña Margarita.


Joseín Moros

domingo, 6 de septiembre de 2009

UNA VIDA MÁS

¿Un par de días?

No, con eso tampoco bastaría. Sé, que no quedaría satisfecha y necesitaría probablemente una vida más… mucho más tiempo. No obstante; válgame ese período, para meterme dentro de aquellos instantes y saborearlos mucho más. Fueron tantos sentimientos hermosos, que se me hicieron fugaces, como todas las cosas buenas que se nos cruzan en el camino de la vida.

La noche era luminosa, despejada y feliz. O yo la sentía así…

Su oscuridad parecía menos densa que nunca. Sus estrellas, luciérnagas espléndidas, sacadas de los cuentos de hadas que leía en la infancia o que ahora lee mi pequeña.

El arrullo de las voces; que para otros oídos desacostumbrados, pudiera parecer ruido, parecía música poetizada a los míos predispuestos. Las risas me parecían cálidas y melosas, me acariciaban los sentidos haciéndome sentir felicidad. Y tu mano en la mía, era ese barco al que asirme para viajar en el ancho mar, sin sentir que su bravura pudiera volcar mi maderamen.

Si por momentos, tus dedos acariciaban mis cabellos, como tantas otras veces, la seguridad era total.

Estábamos reunidos junto a la mesa, no recuerdo si todos, pero sí muchos de los hermanos, con sus respectivas parejas y criaturitas pululando por doquier.

Yo, te miraba de reojo en más de una ocasión, pues ya te sabíamos voluble. Extremadamente delicada, cual flor que ha tenido su período de esplendor y va cerniéndose sobre sí misma hasta cerrarse.

Sin embargo, tu sonrisa feliz, huidiza, pero feliz, conmovía mi espíritu y hacía volar mi alma.
Notaba la esperanza gravitar en mis entrañas.

La alargada mesa estaba a rebosar de platos apetitosos, de esos que te gustaban desde siempre y los que repentinamente comenzaron a gustarte.

Sobre todo, abundaban los dulces variados, cuya atracción hacia ellos, que siempre tuviste, se había incrementado de forma desmesurada.

Todo para nuestra princesa.

Parecía que el buitre de negro plumaje y ansiosas garras, no planeaba sobre nosotros con pico ceñudo.

Todo era casi perfecto.

Alegría, fue la reina de aquel día memorable. Nos era tan necesaria, que quisimos alargarla, estirarla cual goma elástica para no perderla. Hubiésemos querido congelar esos momentos sin que el tiempo inmisericorde los rozara ni de lejos.

De sobra es sabido que eso es un imposible.

Habíamos paseado por los alrededores. Por la montaña agreste y por entre las casas vecinas, donde los perros ladraban a nuestro paso, como celosos guardianes.

Caminábamos lento ¡Tanto!

Sonreíste en más de una ocasión oyendo mis quejas por los odiosos bichos. Reíste con ganas al verme correr ante una avispa zumbona que me perseguía pícara. Tomamos de aquellas flores silvestres de hojas blancas y brillantes que tanto te gustaban, porque adornaban tu casa al secarse guardando su belleza. Nos perfumamos las tres, con matojos de tomillo y romero que crecía libre en el campo.

Las tres hermanas, las tres jinetes como yo decía siempre. Las tres flores de la misma rama. El amor nos acompañaba y dos de nosotras soñábamos con que esos momentos se hicieran eternos.

Tú nada sabías…

Siempre he pensado que quizá no querías saberlo, que huías de la realidad voluntariamente, por no caer en sus brazos dolorosos y difuminarte con demasiada prontitud.

Peleaste con uñas y dientes para zafarte del destino cruel que te aguardaba escondido tras bambalinas.

Y ese día, calladamente, sería el anterior a la caída en picado.

Por eso lo guardo entre algodones. Lo tengo guarecido de tormentas, en esa cueva que he decorado para él.

La llené de tus cuadros de acuarelas, de tus poemas y escritos, de tus dibujos.

La iluminé de tu espíritu risueño, de tu amor incondicional, de tu esbelta figura.

No pude despojar al cielo de estrellas para colgarlas en esa cueva preparada para ti. No pude, porque desde el momento en que partiste, supe que una estrella más había ocupado su puesto en el collar de la noche constelada…

Marinel

viernes, 4 de septiembre de 2009

UN INSTANTE

¿Por qué nada se mueve? Yo mismo no puedo moverme; ni siquiera parpadear. Tengo los ojos abiertos y no siento nada, ni siquiera se cual es exactamente la postura de mi cuerpo aunque debo estar tumbado. Veo mi brazo y mi mano cerca de mi cara, y entre los dedos esa mujer tan asustada con el gesto de un grito que no oigo y que… no se mueve, no se mueve a pesar de la posición de sus cabellos separados de la cara por el viento o por su propio movimiento. Pero ¿Qué hago yo aquí?

Debo recordar. Hoy he desayunado en casa; mi pobre madre lo tiene preparado cada mañana y a veces solo puedo consumir la mitad de lo que me ofrece; le digo que tengo prisa, pero en realidad es que no tengo tanto apetito a esas horas. La doy un beso y me despido de ella hasta la noche siguiente; pasaré el fin de semana con Juana en la casa de la sierra.

Ahora veo una mota de polvo, o quizá sea polen, suspendido en el aire y totalmente quieto. Las copas de los árboles están inclinadas apuntando todas en la misma dirección; es decir, hay viento, pero nada se mueve. El aspecto de la mujer es de parálisis absoluta; me mira horrorizada y no cierra la boca en un grito permanente que no percibo.

Nada más salir del portal de mi casa llega Juana en su coche. No me deja conducir; nunca lo hace, pero le insisto cada vez que me acomodo en el asiento de acompañante. Venía nerviosa por la hora a pesar de no haber quedado con nadie, y ni siquiera me da un beso como saludo.

Generalmente solo quiere que nos besemos cuando estamos solos o mientras vemos la puesta de sol desde el mirador de la casa. Pensé que hoy tendría que esperar hasta la noche.

Un pájaro está a punto de posarse sobre una rama, y su imagen está congelada justo en ese momento, todavía con las alas sin plegar y con la vista fija en el punto en que va a posarse. ¿Qué está sucediendo? ¿Se ha parado el tiempo? La nubecilla de polen sigue ahí, quieta, el pájaro congelado aún en el aire a unos milímetros de la rama, la mujer horrorizada sigue en su posición sin dejar de mirarme…¿estará ella pensando como lo hago yo?

Procuro no hablar con Juana para no discutir mientras conduce; a veces suelta el volante, gesticula con sus manos exageradamente y mira demasiado tiempo hacia el acompañante. No puedo decirla nada en esos momentos, pero procuro advertírselo más tarde. Hoy no ha hablado demasiado pero estaba muy nerviosa y despotricaba de todo aquel que se cruzara en su camino, un taxi, un autobús, una abuelita que tarda en cruzar… así hasta salir de la ciudad. Tal y como ha sucedido otras veces.

Si; se ha parado el tiempo. Si el tiempo se para, se para todo lo demás. La velocidad es el espacio recorrido en un tiempo determinado; sin tiempo, no hay movimiento. Por eso no puedo moverme; la quietud absoluta es esto. Y por eso no siento nada; no sé ni en qué postura me encuentro ya que no siento la presión de mi cuerpo sobre ninguna superficie; como un estado de ingravidez. Pero, ¿Por qué se ha detenido el tiempo? ¿Existimos sin esa cuarta dimensión?

Juana iba muy acelerada, demasiado, pero no le decía nada. El ruido de los neumáticos en las curvas debía haberle hecho recapacitar, pero hasta ahora nunca había sucedido nada. Hasta ahora. Subiendo el puerto a esa velocidad no podía haber reaccionado con ese camión tan lento, prácticamente parado a la salida de la curva… Ha sido eso; un accidente… recuerdo salir disparado atravesando el parabrisas; mucho dolor y después nada…

Por el peinado y la camisa a cuadros esta mujer era la conductora del camión; o su acompañante. La pobre no tiene culpa de nada pero está muy asustada; ahí sigue paralizada, como el polen y el pajarillo. ¿Qué me ha sucedido? Supongo que puedo pensar porque la velocidad del pensamiento es superior a la de la luz; o no hay forma de medirla ya que es independiente del espacio y del tiempo y todo lo que estoy pensando lo hago en un instante tan pequeño que no hay tiempo que lo mida… Un instante; un punto en la línea del tiempo.

Quizá es este el último instante de mi vida y por eso mi mano, los árboles, el pajarillo, el polen, la mujer asustada… están desapareciendo, difuminándose, sumiéndose en una claridad indicativa de la nada…

Tito Carlos

miércoles, 2 de septiembre de 2009

FOTOGRAFÍA EN EL ALCÁZAR


Timoteo de las Casas, funcionario de Correos, cuando falleció dejó una herencia tan modesta como su propia vida. Su viuda, doña Paula, tras los funerales, convocó a sus dos hijos en la cocina familiar. Allí, sobre la mesa, había colocado tres cajas de hojalata en cuyo interior se conservaban a salvo de las humedades las pertenencias del difunto.

En la primera de las cajas, envuelto en plástico, estaba guardado un pequeño fajo de billetes. Doña Paula, ante sus hijos, lo contó: “Aquí hay 20.800 pesetas”, concluyó la mujer. “Con este dinero y con la pensión de la Mutualidad podremos irnos defendiendo”, sentenció.

En la segunda de las cajas, envuelta en un trapo anaranjado, había guardado el difunto una máquina fotográfica Leika que en los últimos años le había proporcionado momentos felices. Amante de la fotografía nuestro hombre, privándose de otros caprichos, había adquirido esa máquina con la que en ocasiones especiales retrataba a su familia.

En la tercera caja, finalmente, estaban amontonados varios cientos de imágenes que Timoteo había tomado en esos años de afición. A su lado, envueltas en plástico, estaban también depositadas ocho monedas, algunas de plata y otras de cobre, emitidas en los tiempos en que en España reinaba Alfonso XII. Nadie supo nunca donde guardaba Timoteo los negativos de las fotografías. Jamás aparecieron.

Requeridos por doña Paula para que se repartieran esos “recuerdos” de su padre, Esperanza, la hija, más sentimental, se decidió por la colección de imágenes y por las monedas alfonsinas que, ¿quién sabe porqué?, uno de los abuelos del difunto había decidido hacía muchos años conservar.
Salvador, el hijo, tras escuchar las palabras de su hermana, decidió quedarse la maquina Leika. Aunque no sentía interés alguno por la fotografía se prometió a si mismo que aprendería a usarla, quizás como un acto entrañable de homenaje a su padre.

.../…

Era sábado y aquella tarde Salvador se acercó a los jardines del Alcázar de la ciudad con la idea de tomar algunas fotografías. En su mano, enfundada, portaba la cámara que había heredado de su padre. De manera paulatina, ¿quien sabe como?, se había ido aficionando a su uso, de modo que al fin compartía la pasión que había poseído a don Timoteo durante los últimos años de su vida.
En la escalinata de la torre de los Leones, se topó Salvador con una niña que vestida “de Primera Comunión” jugueteaba con sus primos. “Niños –exclamó- posad un momento y os haré una foto”, pero no tuvo tiempo de hacerlo… En el momento en que los niños, formalitos, posaban, llegó allí un grupo alborotado de jóvenes. Salvador no lo dudó y los invitó a unirse al grupo. Ninguno de ellos conocía a los niños, pero aceptaron entre risas.

Fue entonces, en el instante en que pulsaba en el disparador, cuando el fotógrafo reparó en el modo tan bello en que estaba posando una de las jóvenes, rubia, que parecía mirar al cielo mientras sonreía de una manera angelical… Entonces, al momento, cuando apretó el pulsador, fue cuando sucedió algo insólito…

“Que ocurre –le dijo la muchacha rubia de la sonrisa- que todos se han quedado inmóviles… Nadie se mueve… ¿Qué pasa…?” En los ojos de ella se percibía el modo en que la sorpresa y el miedo, en similares proporciones, se habían mezclado…

“No te preocupes –respondió él- me ha pasado alguna otra vez… Son cosas de la cámara, creo que tiene demasiados años… A veces, cuando tomo imágenes, al pulsar, pasa algo y durante un tiempo el mundo queda en suspenso… Pero no es nada grave… Solamente algunas personas especiales, como es tu caso, escapan de esa influencia. A mi, por lo que ves, tampoco me afecta. No te preocupes, amiga, pronto todo volverá a ser normal…”
“Ven -prosiguió Salvador- vayamos a aquella fuente y bebe un sorbo de agua, te encontrarás mejor… No tengas miedo… Nada va a suceder… Ven… Toma mi mano…”

La muchacha, confusa, como caminando entre las nubes, aceptó la mano de Salvador y los dos se encaminaron al cercano surtidor… No entendía nada de lo que estaba pasando, pero se sentía atraída por aquel joven que no parecía apreciar nada extraño en la tan insólita situación que estaba viviendo.

Para entonces, él solamente pedía al cielo que “aquello” duraba todo el tiempo posible… Aquella joven, tan encantadora, le resultaba bellísima y deseaba tener tiempo para conocerla. Así fue como caminando de la mano, entre las sonrisas de él y el indudable sentimiento de temor de ella, llegaron a la fuente. La joven sentía el frescor del agua en sus labios cuando algo, de súbito, rompió el hechizo. Se escuchó una voz… Alguien gritaba:

“María, por Dios, ven aquí, que todos se han ido –exclamaba un joven delgado cuya silueta, al lado de ella, se recortaba en la fotografía-. “¡Vamos…, que nos quedamos rezagados…!”

¡Adios, adios…! –exclamó la muchacha-, “Me está llamando Antiqva…! ¡Adios, amigo…! Espero que algún día nos des una copia de esa fotografía” –terminó diciendo mientras se alejaba-.
En aquel momento, ella no podía sospechar que muchos años después, cuando contemplaba una colección de fotografías anónimas alojadas en Internet, Antiqva habría de reconocer la imagen.

ANTIQVA

lunes, 31 de agosto de 2009

VALIÓ LA PENA

Jugando en los jardines del reino Comansi, los Príncipes tiene una idea:

-pararemos el tiempo durante cuarenta y ocho horas, en las cuales podréis hacer lo que os apetezca, decidiréis donde ir y con quien, y podréis hacer todo lo que queráis.-todos aplaudieron.

-mañana, comenzaran vuestras cuarenta y ocho horas mágicas, decidir bien que queréis hacer.

Los Príncipes se retiraron al interior del castillo, todo el mundo paseaba por el jardín lleno de dudas qué hacer, qué decir qué querer…
Me retire a mi habitación, con las manos en los bolsillos, sabía perfectamente lo que quería, me metí en la cama, al despertar, la magia de Comansi, habría comenzado, y serian cuarenta y ocho horas maravillosas…
Desperté con los primeros rayos del sol golpeando mi mejilla, había una nota sobre la almohada.

Camino: Solo tienes que decir en voz alta los nombres de las personas y del lugar, Y todo aparecerá en el momento que habrás la puerta de la habitación, Píenselo bien, no habrá marcha atrás, solo los nombre que digas antes de abrir la puerta estarán. Tus cuarenta y ocho horas comenzaran cuando habrás la puerta. Suerte, y que seas feliz. Natacha y Emig.
Firme y decidida me dirigí a la puerta, puse la mano en el pomo y…
Carolina, Lucia, Clara, Jana, Rocío, Carmelo, Daniel… mi destino: La granja escuela donde nos conocimos.

- Abrí la puerta sin miedo, una luz me cegó por un instante, el sol del verano, brilla con fuerza en el exterior, Ellos estaban nadando en la piscina, unos a otros se hacían aguadillas, Carmelo salía de la piscina y cogía una de las toallas colgadas de la valla de seguridad, se la ataba al cuello, y se tiraba de cabeza como si fuera superman otra vez al agua, Jana, Clara y Rocío intentaban perseguirle para que no lo hiciera, pero como siempre, Carmelo era mas rápido. Daniel se reía a carcajadas. Lentamente me fui acercando, se dieron cuando de que estaba allí, salieron deprisa de la piscina y todo fue un lió de abrazos, besos, y gotas de agua por todas partes. No recuerdo como pero acabe metida en la piscina con todos ellos, con la ropa puesta, poco a poco nos fuimos tranquilizando, sentada en el borde uno a uno nos fuimos poniendo al día de lo que había ocurrido en nuestras vidas, nuevos trabajos, nuevos estudios, nuevos amigos, parejas, la perdida de seres queridos por todos nosotros, la tarde callo entre risas en la piscina y confidencias sentados en una piragua con la que se enseñaba a los niños mas pequeños del campamento a mantener el equilibrio en el agua, la cual sospechosamente, solo volcaba cuando Carmelo estaba cerca. Acabamos echados sobre las toallas al sol en la cancha de baloncesto que estaba al lado de la piscina, mirando al cielo.

Se le echa de menos, la granja no es lo mismo sin su risa - susurro Lucía.

Lo se, hay veces… espera, al fin y al cabo, no tengo nada que perder, es mi deseo, mis cuarenta y ocho horas ¿no? Dije yo, mientras los demás me miraban sin entender lo que decía, era la primera vez que todos nos juntábamos en aquel lugar tras perder a un buen amigo, un gran compañero, pero aun así, habíamos vuelto allí, y le honrábamos recordándolo. Me incorpore sigilosamente de la toalla y me acerque hacia la puerta por la que había salido, al tocar el pomo de la puerta la voz del príncipe sonó con fuerza. –si la abres, perderás tus cuarenta y ocho horas. Lo se, solo quería saber si puedo decir un nombre mas, si es posible, que el pueda estar en este sueño- dije muy bajito, casi suplicando. –hazlo, pero perderás veinticuatro horas, ¿estas dispuesta? Mire el reloj, faltaban dos horas para que terminaran las primeras veinticuatro…
Alfonso, quiero que vuelva Alfonso. Pues, dos horas con ellos, con todos ellos, sería mejor que una eternidad sin uno.

Al darme la vuelta, allí estaban todos, echados sobre las toallas, bromeando como la última vez que les vi hace ya casi cuatro años, corrí hacia ellos, y cogiendo impulso, salte sobre todos, haciéndome hueco con los codos para ponerme en el centro de todos, chistes, risas, saltos y volteretas, juegos malabares, el tiempo pasaba demasiado deprisa, de repente escuche un suave clic, nadie mas lo escucho. Me levante con disimulo, no quería romper aquella magia.
-Donde vas- Dijo Carolina y todos me miraron.
-No os preocupéis, ahora vuelvo, os quiero mucho sabéis, Os quiero tanto que os abrazaría siempre.
Ellos siguieron con sus risas mientras yo avanzaba hasta la puerta, una lágrima resbalo por mi mejilla, cruce hacia la realidad. La puerta se cerró.
La princesa estaba allí, de pie, con una expresión triste.
-siento que solo pudieras estar con ellos tan poco tiempo. Dijo ella acercándose para darme un fuerte abrazo.
-Yo lo que siento es que la magia del Reino Comansi no pueda hacerse realidad en el mundo que hay tras esas paredes. Prefiero eso, que volver a ver una lagrima en sus ojos.

La princesa paso su brazo por mis hombros, y salimos a pasear por los jardines de palacio.

VALIÓ LA PENA.


PD: Cuando descubrí que el Reino Comansi me brindaba la oportunidad de pasar cuarenta y ocho horas de “esperanza”, no lo dude, decidí que seria mi mejor homenaje a alguien de quien no me pude despedir, alguien que formo parte de mi gran círculo, ese círculo que pase lo que pase será siempre perfecto, porque gente como él lo ayudo a crecer. Gracias por brindarme la oportunidad de volver a pasar una tarde de piscina con todos ellos, de oír sus risas en mi cabeza.


Camino

jueves, 27 de agosto de 2009

MENCIONES ESPECIALES

Queridos Autores, hoy hacemos entrega de menciones especiales.

Hoy se premian los tres cuentos más votados por vosotros, los que más han gustado.
Nunca es fácil elegir. A mi, todos me hicieron volver a parte de mi infancia, a parte de mis recuerdos... aquellas historias con las que soñamos, princesas, hadas, duendes y seres que provocaban en nosotros sentimientos tan dispares como la felicidad, la incertidumbre, las dudas, incluso el miedo...

Hoy, como tantas otras veces, el castillo se viste de gala.
El Príncipe, en pie os habla...:

"Gracias todos por venir. Tengo el inmenso placer de anunciar a los tres ganadores del Género: Infantil y el tema: Cuentos, que en esta ocasión son:

Redoble de tambores....


- Ruth Carlino, por su texto "La ninfa y el guerrero"

- Tito Carlos, por "El dibujante mágico"
y

- $MK, por "Un cuento para no dormir"

Este presente es para vosotros. Es nuestra humilde manera de daros las gracias en nombre de todos y por ser, esta vez, los más votados.




Gracias a todos los demás: Stella, Fabiana, Marinel, María José, María Rosa, Antiqva, Pedro y Seo, por los cuentos maravillosos que habéis compartido con todos los Autores.

Sé que muchos venís y no comentáis... pero que sepáis, que un cachito de vuestra alma queda prendida en el blog, delatando vuestra presencia... Gracias a todos. Se os quiere.

Muy pronto comenzamos con la publicación del tema "Parar el tiempo" y propondremos el nuevo tema para vuestras magníficas letras.
Un beso,

martes, 25 de agosto de 2009

UN CUENTO PARA NO DORMIR

Érase una vez una nave de una galaxia muy lejana que se adentró en nuestra galaxia. Sus tripulantes son unos seres con forma de pez. Con un cerebro desarrollado y sus aletas eran musculosas y prensiles. Se comunicaban por vibraciones. Llevaban traje espacial relleno de un liquido acuoso y el casco también estaba lleno de ese liquido.

Hace miles de millones de años estos seres viajaban intentando descubrir nuevos mundos que conquistar. En su viaje llegaron al cinturón de asteroides, cuando de pronto divisaron un cometa iba a impactar con la nave. El comandante de la nave dio orden de disparar su armamento para desviar el rumbo del cometa. El disparo partió el cometa en dos y cambió de dirección, el pedazo más grande chocó contra uno de los asteroides del cinturón.

Los pedazos del asteroide y del cometa fueron a para a un planeta cercano. La nave Agnatos divisó aquel extraño lugar. Al parecer este planeta estaba sufriendo los impactos de los restos del asteroide y adentrarse en él resultaba peligroso. Así que marcaron las coordenadas en la nave y decidieron regresar más tarde. Cuando el bombardeo hubiese escampado.

Transcurrieron miles de años hasta que la nave Agnatos regresó a este planeta. Se encontraron muchos cambios. En lugar de ríos de fuego había un manto verde que cubría los lagos y ciénagas, era un lugar muy agradable y tomaron la decisión de bajar y poner en marcha la misión que debían haber realizado miles de años atrás. Agnatos aterrizó en una zona tranquila, rodeada de vegetación abundante, algunos insectos y organismos celulares complejos. Bajaron de la nave dos miembros de la tripulación. Uno de ellos el capitán y un ayudante. Éste último portaba un cuenco cóncavo cuyo contenido era una especie de huevos que tenía ese liquido acuoso que del que estaban relleno los trajes. Los depositaron con cuidado en la ciénaga y luego se marcharon.

Durante el regreso a su planeta, a años luz, comentaron en su lenguaje:

-Capitán, está seguro de lo que hace. No se si sobrevivirán.
-Nos queda otra opción. Deberán adaptarse al clima del nuevo planeta si queremos que nuestra especie no se extinga. Sólo espero que la próxima generación sea capaz de ver su progreso.
-Sí, yo también lo deseo así.

Y la nave Agnatos se perdió en el espacio con la incertidumbre si algún día volverían.
Pasaron los años y de esos huevos salió un pez que tuvo sus dificultades al principio. Debido al hábitat y para sobrevivir mutaron en una distinta clase de pez, mejor preparado para ese hábitat. Y así con el paso de los años aquel pez se transformó, conviviendo con los peces en los que antes de había transformado. Los había de muchos tamaños y claro la comida escaseaba y los más grandes decidieron comerse a los más pequeños. Como había bastantes peces gordos uno de esos peces tomó la decisión de salí de la ciénaga que había sido su hogar. Salió a la superficie y lo pasó mal. Otros congéneres suyos hicieron lo mismo y fracasaron en el intento hasta que uno de ellos se adaptó y mediante saltos fortaleció sus aletas. Los peces gordos y otras especies vieron mermar su alimento y salieron a la superficie en busca de su comida.

Los años pasaron y el pez que salió de la ciénaga se transformo para poder vivir mejor, Algunos tenían escamas húmedas, otros caminaban hasta que un día y hartos de tanto correr y desvanecerse a cada rato para evitar ser el almuerzo de otras especies desarrollaron un corazón con el que controlaban el oxigeno.

Todas las especies se vieron amenazadas por los cambios climáticos. Glaciaciones, calentamiento global, escasez de alimentos... Muchos sucumbieron ante el impacto de un meteorito. Pero las especies que resistieron se vieron fortalecidas.

Aunque la mayoría de las especies se extinguieron hubo un pequeño roedor que logró hacerse un hueco entre tanto bicho grande. Este roedor creció y se transformó en un simio. Por primera vez en muchos miles y miles de años apareció un homínido. Ya nada queda de ese pez que la nave Agnatos depositó en a ciénaga. Este primate evolucionó hasta convertirse en un Sapiens, o sea nosotros.

Es por ese motivo que tu, papá, mamá y yo procedemos de un ser alienígena que tuvo transformase para sobrevivir en este planeta. Y cuando se avista un OVNI significa que la especie que nos dejó nos está viendo, algunas veces bajan y nos transportan a su planeta, nuestro planeta de origen...

-¡¡Mamaaaaaaaaa!!-La pequeña Marta sale corriendo a la habitación de su madre.-Sergio dice que somos marcianos.
-¡Sergio! ¿Qué demonios le estas contado a tu hermana?-Me abronca mi madre señalándome con su dedo.-No sabes que es pequeña y se asusta fácilmente.
-Sólo le estaba contando la historia de la vida en la tierra-le explico- es que mañana tengo un examen de ciencias y con alguien tengo que ensayar, si al menos tuviéramos un perro pues no tendría que hacer esto.
-¡Basta! ¡Castigado sin salir este fin de semana! ¡Y sin ordenador hasta que yo lo diga!
-¡Maldito examen de ciencias!

$.M.K.

domingo, 23 de agosto de 2009

NATURALEZA

Os voy a contar la historia de cómo cuatro pequeños duendes salvaron el mundo. Escuchad atentos:

En un remoto bosque de un lejano país vivían cuatro duendes en una vieja cabaña. El primero de ellos era joven y alegre, disfrutaba de la luz y sonreía con el trino de los pajarillos. El segundo siempre perezoso y remolón adoraba las siestas después de comer y los baños en el río. El tercer duende era mayor que los dos anteriores y muy enfermizo, pues perdía a cada paso un poco de vida, como un árbol pierde sus hojas. Y el último duende, un viejecillo de pelo canoso pasaba sus días frente a la lumbre envuelto en su tupida manta. Se llamaban Primavera, Verano, Otoño e Invierno y nadie podía calcular su edad. Nadie sabía cuánto hacía que habían nacido, pero el mundo entero celebraba sus cumpleaños.

Se pasaban la mayor parte del año durmiendo y sólo uno de ellos permanecía despierto, vigilando el trabajo que le había asignado la jefa de los duendes: Naturaleza. Era el turno de Primavera. Llevaba despierto sólo dos semanas intentando limpiar el rastro de Invierno, que muy cansado ya por la edad, había olvidado guardar la nieve de las montañas y el hielo de los ríos. Mientras derretía la nieve con la ayuda de los primeros rayos de sol, recibió la visita de Naturaleza.

- Primavera, debes despertar a tus hermanos- dijo muy seria

- ¿por qué?¿qué es lo que pasa?

- La bruja Contamina, está haciendo de las suyas y yo cada vez estoy más cansada, tenéis que ayudarme.

Primavera salió corriendo directo a la cabaña y despertó a gritos a sus hermanos para contarles lo que le había dicho su jefa.

- ¡Verano, Otoño, Inverno¡¡Despertaos¡ Algo malo va a pasar

- ¿Qué dices hermano?- preguntaron los tres

- Contamina ha vuelto y tiene acorralada a Naturaleza. Quiere convertirse en la jefa y crear una sola estación. Quiere que exista un solo duende que cambie nuestro trabajo. Si Contamina gana, solo habrá calor y los polos que tanto tiempo has cuidado Invierno se derretirán y mis pájaros se irán.

- Eso es imposible, ¿qué podemos hacer? Es más fuerte que nosotros- preguntó Verano, aún medio dormido.

- Lo único que podemos hacer es pedirle ayuda a las personas para acabar con esa malvada bruja.
- ¿Cómo?

- Si les enseñamos lo que va a pasar si Contamina gana, a lo mejor podemos conseguir que dejen de tirar la basura y empiecen a reciclar. Sin basura Contamina no tendrá comida y podremos encerrarla para siempre

- ¿Estáis conmigo?

- ¡¡¡ Si ¡¡¡

Así los cuatro duendes empezaron a viajar por el mundo derritiendo el hielo con los rayos de Verano, congelando los campos con el frío de Invierno y estropeando las cosechas con la debilidad de Otoño. Lo que hacían no les gustaba pero era la única opción para atrapar a Contamina.

Cuando los hombres se dieron cuenta de lo que estaba pasando, empezaron a limpiar los ríos y mares. Empezaron a separar la basura y a reciclar. Cada día que pasaba Contamina estaba más débil y los duendes más y más fuertes, así que decidieron ir a atraparla a su escondrijo.

- Sshh no hagáis ruido- dijo Primavera

- Contamina está en su habitación. Sus compinches la han abandonado porque ya no tiene fuerzas y no podrá ser la jefa. Es nuestra oportunidad- dijo Invierno

- Adelante chicos, tenemos que salvar a Naturaleza

Muy despacio y sin hacer ruido los cuatro se adentraron en la guarida de Contamina y la capturaron. Estaba tan cansada por no haber comido que no fue capaz de pelear. La llevaron a su cueva y la encerraron en una jaula con cuatro candados. Cada uno guardó una llave y aunque Contamina intente escaparse siempre habrá un duende despierto que vuelva a cerrar su jaula y a salvar a Naturaleza.


viernes, 21 de agosto de 2009

LA HISTORIA INENARRABLE

Érase una vez que se era, en un lugar muy muy cercano... aquí mismo, vaya, en el salón de mi casa; y en un tiempo nada nada remoto... casi hace un rato, para que nos entendamos, ocurrió el hecho más sorprendente e inesperado de cuantos hechos sorprendentes e inesperados pudieran ocurrir; una cosa la mar de rara, que se dice, vayan vuesas mercedes haciéndose una idea.

Y como servidor de ustedes no es de esos que se guardan las cosas para sus adentros, que poco provecho viene a tener esa manía, pienso yo, pues me da el contar todo lo por mí oído, que no vivido, no se vayan a pensar. Porque resulta que esto tan extraño que paso a relatar inmediatamente, llegó a mi entendimiento a través de un pequeño pez, de esos de colorines, que vive en un estanque que corre por el lugar mencionado, de aguas verdes y transparentes, como luna de escaparate de El Corte Inglés, miren ustedes. Es bien conocida la sinceridad y honestidad que estos bichos ostentan, ya sea por lo memoriados que son, también de sobra conocido este detalle, o por lo avispados que resultan ante tantas nuevas experiencias que les acontecen durante sus prolongadas vidas. De ahí mi tranquilidad al exponer a sus mercedes lo que por su boca salió, líbreme el Altísimo y que me cuelguen por mis atributos de la rama más alta de este álamo que me cobija, si miento o exagero en algo de lo que diré a continuación. Y este punto debe quedar bien clarito, pues nada más lejos de mi intención que poner en entredicho mi intachable fama de persona honrada y bien dispuesta para decir verdad en todo asunto que se tercie.

Pues como decía, asomábase el pececito a través de estas aguas limpias, las mismas que en tiempos de antaño vieron surcar navíos imponentes en pie de guerra, que no vayan a pensarse que esto me lo contó también el susodicho pez, a tanto no llega su longeva existencia, no, de esto de las batallas navales de la antigüedad por las aguas que bañan el salón de mi casa vine a enterarme por unos escritos que estaban grabados en un gran pedazo de hielo que trajo la marea hasta la orilla más próxima al sofá, durante un día de aquellos de largo viento de poniente y calor sofocante. Que uno, aunque un poco despistado, también es instruido en el arte de las letras escritas, qué se creían, si no ¿de qué iba a estar tan bien mirado por el barrio?

Pues eso, que salió el animalito y ahí que me lo soltó todo, sin omitir ni una sola coma, con todo lujo de detalles, dejándome tan boquiabierto como seguro que quedarán todos ustedes, vaya que sí, si no al tiempo.

Y no quiero dilatarme más con tanta palabrería vacía, porque más de un espabilado pensará que nada tengo que decir, ya saben la de malpensado que anda suelto por el mundo, válgame Dios. No quisiera tener que repetir lo poco aficionado que soy a jugarme la credibilidad que me caracteriza y por la que tanto soy buscado en reuniones y demás correrías de amiguetes dispuestos a la charlatanería, quede claro el asunto.

Sin más dilaciones ahí va el tema, avisado han quedado más que de sobra, que conste, no me vengan después con aquello de “no me lo puedo creer” o “que me parta un rayo si eso es verdad”, les prevengo que soy de fácil enojar y de más rápido entrar al quite, que como me entere de que alguien pone en duda lo contado, no respondo de mi empuje, que también soy afamado por mi incontenible arrebato. Ya les digo que a las buenas soy como el mejor, pero cuando me tientan.... cago en Dios, qué me ciego, ¿eh? ¡Qué me ciego! Y me lío a mamporro con ‘to’ lo que se menea. Ahí queda dicho y avisado.

¿Qué iba diciendo? ¡Ah sí! Lo del boquerón ese, que ya se me va olvidando con tanto dime y direte. Pero es que tiene que ser así, si no después pasa lo que pasa. Y es que estas cosas de tanta enjundia para el día a día hay que hacerlas bien, o mejor no se hacen, porque para chismorreos ya están los demás, vuesas mercedes, que son gente de grandes entendederas, seguro que me comprenden, ¿no es verdad? Pues claro, si es lo que yo digo.

Bueno, antes que nada decir lo embobado que me quedé en viendo salir al pescado de marras como ya he dicho, porque sí, ya pasó de pez a pescado, no pude evitarlo, y es que lo de mi carácter de ‘echao palante’ no iba en broma, ¿qué se creían? Lo vi ahí tan brillantito y como metido en manteca que se conservaba el condenado, que daba gloria verlo, vamos, y me fue imposible aguantar el arranque de trincarlo, como se imaginarán. Y es que uno de esos entre dos cachos de pan y unas rodajas de tomate está que ni pa’qué te cuento.

A lo que iba, que se me va el santo al cielo...

¡Ahí va, la ostia, que me quedo sin papel para terminar este cuento!; ya estoy viendo por ahí la rayita de puntos que me dice que hasta aquí hemos llegado. Pues tendremos que dejarlo para otro momento, qué conste que no tengo yo la culpa ¿eh? Sino los que ponen las normas, osease, esos dos principitos tan pintiparados de ese reino de Comansi, que para cuentos... mejor me voy a callar, que con esta gente de alta cuna ya se sabe, mucho jijiji, jajaja, y luego más pronto te mandan para galeras, cuando menos miras, y a remar hasta que te mueras de puritito cansancio, que ya me los conozco. Vaya tela con ese par de dos, de adónde habrán salido; si yo nada más verlos los calé del tirón, pues poco despabilado que soy para estos menesteres del calado humano, que me las pinto solo, no más.

Pues lo dicho, que ya les contaré en cuanto pueda lo que me dijo el calamar ese.... ¿o era un renacuajo? Bueno, lo que sea, qué más da, que no soy yo de esos que gustan andar perdiéndose en detalles, qué les voy a contar que no sepan.

Por cierto, ¿conocen vuesas mercedes el cuento de la buena pipa?

Pedro Estudillo

miércoles, 19 de agosto de 2009

FANTASÍA DE VERANO

Canto de cuarcita con la palabra “Rodus” tatuada en su piel.


(Por una antigua leyenda sabemos que una vez hubo un niño que llegó a conocer el lenguaje de las piedras.)

…/…

-“Que piedra tan bella” –exclamó el niño, cuando la encontró una tarde en que con otros niños jugaba en una de las terrazas del Guadalquivir.

-¡Cómo “piedra! –bramó con indudable indignación la piedra-.

El niño, sorprendido, abrió sus ojos y la miró fijamente. Sus amigos se estaban alejando…

-“Fue preciso –siguió rugiendo ella- que la Naturaleza, una mañana, estuviese aburrida para que, buscando algo con qué entretenerse, ordenara al “Gran Río” que jugara conmigo un rato.”

-“El resultado del juego del agua fue tan sorprendente que cuando el río acabó su actuación un par de horas después (cinco millones de vuestros mal contados años), la informe piedra que era yo antes se había transformado en un canto rodado de cuarcita tan bello que la propia Naturaleza, al verme, no pudo sino “nombrarme”. Fue así como mi nombre está, desde entonces, tatuado en mi piel. Me llamo “Rodus”; eso es lo que claramente está escrito en mi corteza, pero, claro, tú no lo ves.”

Atónito, el niño nada decía.

-“Y ahora llegas tú, diez millones de años después, pequeño humano insignificante, y sin saber nada me llamas “piedra”… Ay, los humanos nunca aprenderéis…”

El niño, cabizbajo, sin nada que decir, se alejó. Sus ojos, abrumados por el bochorno que sentía, estaban clavados en la tierra.


Sugerente imagen de una madre y sus hijos tomando el sol.


Unos pocos metros más allá, cuando caminaba pensativo, reparó extrañado en otras seis piedras, sin duda una madre y sus hijos, que idénticas en su belleza, habían salido aquella tarde a pasear.
El niño, ahora, ni siquiera se atrevió a abrir la boca cuando contempló el prodigio de la similitud de sus formas. Ellas, no obstante, le dieron las “buenas tardes”.

Fue entonces cuando el niño se prometió que algún día llegaría a conocer el lenguaje de las piedras. Parece que, si creemos lo que dice la leyenda, lo consiguió.

ANTIQVA

lunes, 17 de agosto de 2009

UNA VIEJA LEYENDA

Noe- Pronto tendré que irme, anochece. Y creo que ya… no volveré.

Jaime- Por favor, no empieces con eso otra vez. No puedo soportarlo.

Noe- Lo siento, Jaime. Mi padre se ha enterado de que vengo cada tarde a verte. Me ha prohibido que lo haga nunca más.

Jaime- Pero ¡No puede hacerlo! Yo te amo y sé que tu a mi también me quieres. Noe, ¿me quieres, verdad?

Noe- ¿Qué si te quiero? Te amo como nunca lo hice antes, pero ya sabíamos que lo nuestro no tenía futuro… Esto tenía que pasar tarde o temprano… mi gente no comprenderá…

Jaime- ¡No me importa tu gente! Necesito tenerte cerca. Eres… tan… hermosa. No puedo imaginar mi vida sin ver tus cabellos de color cobre, tus ojos grises…

Noe- Por favor… para ya. Me duele.

Jaime- ¿Sabes? Cuando era niño recorría esta misma playa. Pensaba en cómo sería el amor. Planificaba mi vida. Y nunca imaginé que el amor fuera esto…

Noe- Y… ¿Qué es?

Jaime- Venir cada tarde a esperar que aparezcas. Y cuando diviso una mancha lejana de espuma, en el centro del mar, sé que estás ahí. Que ya vienes, y entonces, el corazón se me sale por la garganta…

Noe- Si, mi corazón también galopa sobre el mar. Y, a veces, quisiera correr sobre él, para llegar antes. Quisiera tener unas piernas como las tuyas y caminar a tu lado sobre la arena… Como hacen todos los enamorados. Quisiera amarte como ellos. Tal como tú me has contado. Acogerte entre mis piernas y sentir el azote del placer en mi espalda.

Jaime- No lo entiendes Noe. No necesito hacer el amor contigo. Me basta con tenerte cerca, mirarte y acariciarte para sentir ese azote del que hablas. ¿No lo sientes tú también?

Noe- ¡Pero eso no es todo! No podré darte hijos… No soy una mujer… cada noche he de volver al mar…

Jaime- Nada sería más hermoso que tener un hijo contigo, pero renuncio a eso y a todo lo demás. No puedes abandonarme ahora… ¡Dios! ¿Es que no hay nada que yo pueda hacer? ¿Nadie puede ayudarnos?

Noe- He oído comentar a los míos una historia que quizá…

Jaime- Qué historia, dime…

Noe- Verás, dicen que en el pueblo, ese que está al final de los riscos, vive una mujer muy vieja que, hace años, perdió a su hijo. El se enamoró de una sirena. Dicen que ahora ellos están juntos, que él nunca volvió… Su madre tal vez sepa algo que…

Jaime- Está bien, iré a verla. Es nuestra única esperanza ¿Crees que será posible? ¿No será solo una vieja leyenda?

Noe- No, mi pueblo no miente como los hombres. Si dicen que están juntos… así será…

Jaime- Mañana volveré a buscarte, amor mío. Y, cueste lo que cueste, no volveremos a separarnos.

Pasaron los años y nadie vio a Jaime nunca más… Una suave mañana de primavera, un niño con su abuela pasean por esa misma playa…

- ¡Abuela! Mira que piedra más rara. Parece un hombre ¿Verdad?

- Si hijo, dicen que lo es…

- que es… ¿qué?

- Pues eso, un hombre.

- ¿Y cómo puede ser una piedra un hombre?

- Pues… dicen que él se enamoró de una sirena...

- Abuela… venga, no seas rollo.

- Qué si… escúchame. Te lo voy a contar. Como te he dicho, un hombre se enamoró de una sirena, pero el mar se enfureció. El mar no permite que nadie le robe nada…

- ¿En serio?

- Si, entonces… una noche que él vino a llevársela, le convirtió en roca. Y dicen los viejos del lugar, que cuando por las noches sube la marea, y el mar cubre la roca por completo, se siente seguro y deja que la sirena y el hombre estén juntos, que se amen… Pero cuando el mar ha de retirarse y dejarle libre, vuelve a convertirlo en roca para que no se lleve el corazón de su sirena…

- ¿Por eso parece que mira hacia el mar?

- Si, hijo, mira al mar esperando que llegue, le envuelva y le cubra, y así... poder amar a su sirena…

Natacha.

sábado, 15 de agosto de 2009

EL DIBUJANTE MÁGICO

- ¡Niños! –gritó la maestra- ¡Atiéndanme!

Los niños se callaron obedientemente y observaron desde sus pupitres a la joven maestra.

- Vamos a intentar dibujar cada uno de nosotros un globo; como los que vemos en las ferias. El globo más bonito lo pondremos en la pared como parte de un mural que iremos haciendo día a día. ¿Lo habéis entendido?

-¡Siiiiiiii!- contestaron los niños

Juanito dibujó un globo con mucho detalle, se veía el nudo para que no se escapara el gas (porque era de gas, como en la feria) y una cuerdecita para sujetarlo y no se escapara. Ocupaba todo el papel y decidió que tenía que ser rojo. Cuando terminó de colorearlo sujetó el papel con las dos manos y contempló su dibujo. Ante su asombro, el globo salió flotando del papel y se escapó por la ventana.

Al parecer nadie lo había visto; solo él fue testigo de tan asombroso caso y quedó atónito mirando el globo hasta que desapareció tras unos árboles. En ese momento la maestra le dio unos golpecitos en el hombro.

-Juanito, ¿Dónde está tu globo?- preguntó.

-Voló por la ventana- respondió. El aula se llenó de muchas risas.

La maestra le enganchó de una oreja y casi en volandas lo llevó al rincón.

-Está muy feo que desobedezcas, –dijo- pero está peor que me faltes al respeto. Estate mirando a la pared hasta que termine la clase.

Juanito regresó a casa pensando en el globo y muy arrepentido de contar a la maestra cosas increíbles si uno no las ve. Decidió no contárselo a sus padres y, ya en su habitación, cogió un papel en blanco y se puso a pensar en qué dibujaría ahora. Se tocó la oreja sin querer y recordó el doloroso tirón de la maestra, que por cierto, vivía en la casa de enfrente. Entonces decidió vengarse.

Dibujó un clavo, también con mucho detalle, dejando claro que la punta estaba muy afilada. Cuando terminó sacudió el papel y de allí salió un clavo tintineando mientras rebotaba por el suelo; lo recogió y salió a la calle, buscó el coche de la maestra y colocó el clavo bajo la rueda de forma que se clavara al arrancar.

A la mañana siguiente, como la maestra tardaba en llegar, hubo mucho jaleo en clase, y nadie reparó que Juanito llenaba un folio de puntitos negros, muchos puntitos negros y que sacudió el papel en la silla de la maestra, regresando a su pupitre con el papel en blanco.

Al llegar, la maestra se disculpó por la tardanza y se sentó en la silla muy apurada.

- ¿Os acordáis que vamos a hacer un mural?- dijo.

- ¡Siiiii! – respondieron los niños.

- Vamos a poner el globo que ha dibujado Laura, por ser el más bonito de todos.- dijo la maestra, y se levantó para colocar un globo rosita en un lugar estratégico de la pared. Su falda blanca apareció con una gran mancha negra en la parte de atrás, lo que provocó un ‘¡Halaaaa!’ generalizado en los niños. La propia Laurita informó a la maestra del estado de su falda, y salió del aula ante el regocijo de unos cuantos alumnos.

Unos momentos después entró la directora y los mandó callar. Vio el estado de la silla y se la llevó de nuevo para limpiarla, pero regresó en seguida.

- Mientras vuestra maestra va a casa a cambiarse de ropa, vamos a realizar el siguiente dibujo del mural: un pájaro. Por supuesto, volando. El mejor dibujo se pondrá junto al globo. ¡Vamos!
Juanito pensó que esta vez se notaría mucho su magia, por lo que se esmeró en hacer una bonita paloma. La directora paseaba entre las mesas vigilando lo que dibujaban los niños, por lo que procuró ser limpio y cuidadoso. La paloma quedó perfecta, y para que no escapara, levantó la encimera del pupitre y guardó rápidamente el dibujo en la cajonera, con tan mala suerte que la directora vio su movimiento.

-Juanito, ¿Qué escondes en la cajonera?

- Nada, señora directora. He guardado el dibujo.

- No puedes guardarlo; debes entregármelo.- Y se acercó al pupitre- Abre la cajonera, quiero ver lo que escondes.

Como Juanito no se atreviera, la directora se acercó y la abrió ella. De allí salió revoloteando una blanca paloma ante el susto de todos los presentes, y entre gritos de socorro y sollozos, tras varias vueltas sobre sus cabezas, la paloma salió por la ventana y desapareció en la distancia.

Esta vez Juanito llegó a casa con las dos orejas escocidas y muy coloradas. La directora pensó que llevó la paloma para asustar a toda la clase y tras el tirón de orejas le colocó en el rincón de rodillas. Ahora solo pensaba en como vengarse de la directora, dibujaría un enjambre de abejas y metería el dibujo por debajo de la puerta de su despacho justo después de terminarlo, o culebras venenosas o incluso un perro rabioso….

Pero se observó la mano y vio cómo desaparecía, dejó de sentir las piernas y antes de que pudiera protestar desapareció por completo. Después de todo no era más que un dibujo, un personaje de ficción que fue creado con un don que no sabía utilizar haciendo bien y harto de los resultados su creador decidió borrarlo.

Firmado: Tito Carlos

jueves, 13 de agosto de 2009

101 DÁLMATAS Y UNA QUE NO LO ERA

Dedicado a mis sobrinos Pamela y Eduardo
año 1997.


Como en todos los cuentos empezamos con:

Había una vez, en un cine, de la Ciudad de Buenos Aires, donde se proyectaba una película de perritos, llamada “101 DALMATAS”.


Se veía desde la pantalla que muchos chicos reían felices, sentados en las butacas de la platea; pero los perritos se dieron cuenta de que no podían llegar hasta ellos. No podían salir de la pantalla.

Por la noche muy tarde…..cuando todo era silencio, lentamente se abrió la lata que guardaba la película, y de la cinta de celuloide comenzaron a escapar uno a uno los 101 Dálmatas….pasaron por las butacas en busca de los chicos, que habían visto por la tarde.
Pero ellos no estaban.

Se fueron por los pasillos…legaron a la puerta de salida.

Allí durmiendo solita, una perrita (que no era Dálmata) estaba en el umbral de la puerta.

Cuando los perritos salieron y vieron que ella dormía, la despertaron para que les diga donde estaban los chicos, que tanto reían esta tarde; la perrita le contestó:

-Yo no lo sé estoy solita, no conozco a nadie no tengo familia ni amigos.

Entonces los Dálmatas la invitaron a recorrer la ciudad en busca de los chicos.

Juntos corrían entre los coches, entre las personas que circulaban por ahí sin verlos.
Corrían…corrían sin parar, algunos doblaron por una esquina, otros por otra.
La perrita de la puerta los perdió, siguió…doblo siguió, siguió….y llego a un lugar donde había mucha agua, rodeando un pedazo de tierra con pasto.

Estaba muy cansada. Tomo agua y se quedo dormida.

A la mañana siguiente ella seguía durmiendo a la sombra de unos chinchorros (pequeños botes) que estaban guardados en unos estantes gigantes.

El lugar donde había llegado era el “Club Náutico Victoria” donde duermen los veleros a la espera de sus dueños.

La despertaron las vocecitas de dos chicos que llegaban al Club.
Eran Pamela y Eduardo.
La perrita abrió los ojos y los vio!!!!

Primero se asustó y trato de ocultarse, pero cuando miro los ojitos de los chicos, que la miraban con tanto amor, que al verla tan linda la llamaron Princesa. Ella, como si los conociera de siempre, salió de su escondite y comenzó a jugar con ellos.

Pasaron los tres, un día único estupendo.

Lamentablemente, llego la hora de irse a casa….ahí comenzaron los problemas.
Princesa comprendió en seguida que algo pasaba y sintió miedo de perder a esos amiguitos que había conocido y que la hacían tan feliz.

Los papas de Pamela y Eduardo les dijeron

–Chicos despídanse del perrito que ya nos vamos.

Y ahí comenzó la suplica.

Los chicos no querían dejarla.

.Por fa, pá !! Deja que la llevemos a casa, esta tan solita!!!!

-NO, dijo el papá, Los animales no pueden vivir en un departamento, se tiene que quedar aquí, va estar mejor.

Los chicos seguían insistiendo.

-Dale mamá háblale a papá que deje que llevemos a Princesa, dijo Pamela

-Si, mamá, suplico Eduardo, la vamos a cuidar nosotros!!!!

Al verla tan chiquita sola y desprotegida a los papas se les ocurrió una idea.

-La llevaremos para que la vea un veterinario y la desparasite (sacar los parásitos) darle las vacunas y el sábado la traemos nuevamente aquí y jugara con ustedes todos los fines de semana.
Y así paso la semana…el sábado, llovía, no la iban a dejar………y el otro fin de semana hacia frió……y la otra semana…….otro sábado, otra excusa y otra y otra……

Hoy Princesa vive feliz con Pamela y Eduardo en el departamento y en los paseos en veleros que realizan los fines de semana con la familia.

Duerme tranquila y segura en su camita, en la cocina del departamento………..sueña….y sueña
-¿Que será de lo 101 Dálmatas que conoció aquella noche?....abran tenido la misma suerte que yo?

¡¡¡¡El haber encontrado una familia que me quiere y ser feliz con ellos!!!!

Paso mucho tiempo, estamos en 2009, Princesa está viejita y sigue viviendo con ustedes.

FIN

María Rosa

martes, 11 de agosto de 2009

UN MUNDO MÁGICO


Árboles milenarios de enormes hojas, mecen sus ramas a mi paso. Sonrío y camino por un sinuoso sendero repleto de florecillas que me rodean y bailan a mí alrededor. Una mágica melodía resuena en el bosque. Son los elfos que con sus cantos celebran mi llegada.

Bailo con las florecillas una alegre danza de bienvenida. A ella se suman pequeñas hadas que revolotean alrededor de mi cuerpo haciéndome cosquillas y provocándome sonoras carcajadas.
Las curiosas ardillas se unen al baile y rodamos por el suelo, agotados por tan singular danza. Flores que hablan, elfos, hadas, ardillas y todas las criaturas que puedas imaginar, habitan en el mundo mágico.

Tumbada sobre la hierba y con el sonriente sol sobre mi cuerpo, me sumerjo en un dulce sueño.
Despierto con sobresalto por el ruido de cascos y al mirar hacia la derecha, veo un numeroso grupo de unicornios que se dirigen hacia mí. Me froto los ojos creyendo que es un bello sueño, pero ahí siguen las flores, hadas, ardillas, elfos y unicornios.

Me acerco con cuidado al más hermoso de los unicornios y acariciando su cuello lo monto y emprende una rápida carrera hasta despegar del suelo y volar al sol.

El cielo repleto de unicornios, me acompañan en el viaje y mirando hacia el suelo, puedo vislumbrar hermosas montañas coronadas de nieve, manantiales que brotan de éstas y extensos bosques con millones de colores.

Elfos, duendes, enanos, faunos, hadas van a la carrera siguiendo nuestra dirección. A lo lejos brilla un hermoso castillo como si fuera un hermoso diamante y compruebo al instante que está hecho de las más bellas piedras preciosas que jamás haya visto.

Miles de colores salen del hermoso castillo que ilumina todo el bosque.

Al llegar a él me espera un comitiva de lo más dispar, simpáticos enanos y elegantes elfos, me acompañan hasta la sala donde me espera su rey, un anciano de mirada bondadosa y llena de magia, que me abraza y siento su energía traspasar mi cuerpo.

-¡El mundo en el que vives está en peligro, al perder la ilusión y la alegría!-dijo en tono melancólico.

-¿Qué he de hacer ¿-pregunto intrigada.

-Debes esparcir estos polvos de alegría e ilusión por todo el mundo!-dijo, haciéndome entrega de una gran bolsa.

Al abrirla una oleada de esperanza y alegría me invade, y la cierro al instante.

-¡Procura descansar que tienes un largo viaje de regreso!-dijo el rey.

Los enanos y elfos me acompañan hasta una extensa y amplia sala decorada con un gusto exquisito. Una vez dentro me tumbo en el mullido colchón y caigo en un profundo sueño.

Las luces de la mañana me despiertan y desperezándome, veo que me encuentro en mi habitación. Incorporándome de golpe me entra una gran pena por la belleza del sueño, pero al mirar hacia la mesilla veo un saco y abriéndolo, me doy cuenta que el sueño es una realidad.
Ahora sé que la alegría e ilusión permanecerán en la Tierra y después de una ducha, preparo un enorme macuto con algo de ropa y dinero y, metiendo la bolsa en él, emprendo el largo viaje que me han encomendado.

María José.

domingo, 9 de agosto de 2009

EL NIÑO CON DUENDE

Era un pueblecito pequeño, situado en la cúspide de una montaña que miraba al mar y a cuyas faldas mojaban las olas en forma de playa. Si subías por la ladera, atisbabas las casitas blancas tachonadas de azul. Parecían un conjunto de perlas decoradas, depositadas en aquella cima, para deleite visual.

Había una plaza circular vestida de piedra. Se rodeaba de árboles en pleno proceso de crecimiento. Unos bancos forjados de hierro y asientos de madera pintada, circundaban la fuente de la señora del miriñaque; como la llamaban los lugareños.

En uno de esos bancos dio comienzo la vida de Jacobo, el niño con duende.

Petra quedó viuda al mes de estar en cinta, y su soledad se vio mermada con la compañía del deseo. Deseaba ver la carita de ese bebé que le daría la felicidad perdida.

Las labores del huerto, la casa, el embarazo. Petra apenas podía ya consigo misma, así que los vecinos ayudaban en todo lo que podían a esa buena chica, que fue abnegada esposa y pronto sería madre.

Tuvo que sentarse a descansar en aquel banco, pues los dolores avisaron a Petra de la proximidad del alumbramiento. Volvía del puerto de comprar pescado fresco para la cena de aquel día.

Cuentan los habitantes del lugar que acudieron a sus gritos de auxilio, que al llegar, la cabeza del niño asomaba ya. Narraban que tenía los ojos completamente abiertos y parecía sonreír.

Su madre, asustada ante la ausencia de llanto; le propinó un cachete, que le hizo hacer pucheros.
Jacobo nació queriendo saber, o quizá sabiendo…

Al año, hablaba por los codos. A los tres, leía de carrerilla e inventaba historias. Su tamaño era excesivo para su edad, pero todos apreciaban su simpatía y extroversión. Nunca le vieron llorar.

Jacobo tenía duende, comentaban los ancianos del lugar.

Recordaban cuando tocando el abultado vientre de Tulia, habló de dos bebitos en lugar de uno. Asombrados vieron que acertó. O cuando Marcos, el carpintero se quejaba de su mano, sin que nadie diese con su mal. Jacobo tocó, miró y adivinó la pequeña astillita estancada, que producía el daño. Saber y curar fue todo uno.

Y la bella historia de amor, entre Juana la pastelera y Pablo el carnicero, que aún antes de saberla, ya la adivinaron en las miradas cómplices de Jacobo. Fue el encargado de llevar los anillos el día de la boda.

Jacobo además se amigó con las plantas, tanto que salía en busca de las mágicas, como él decía. Y es que con ellas curaba todo tipo de males.

Cuentan que alguna vez le sorprendieron hablándoles y ellas, las plantas, parecían relucir.
De todas partes llegaban las gentes en busca del gigantón, pues a la edad de diecisiete años, medía una enormidad. Sin embargo, ver su níveo rostro cuajado de pecas, su sonrisa perenne y su cabeza coronada de fuego, era ver un angelote tierno y bonachón.

Creció sin darse cuenta.

Un día en el puerto la vio, y no le hizo falta nada más. Se casó con Magdalena, la chica que había estado esperando, y ella tan dulce como su propio nombre, amó a Jacobo desde el momento que lo vio aparecer.

Ese gigante sería su vida, desde aquel preciso instante en que sus miradas se cruzaron. Cuando el vientre de Magdalena germinó, Jacobo ya supo de un niño de pelo negro como la noche. Y en el momento en el que Magdalena fue a advertirle de su nueva paternidad, Jacobo, le habló de una niña de pelo color de fuego como el suyo.

Todos adoraban a ese grandullón, cuya mayor ilusión parecía ser la ayuda a los demás. Nadie lo vio enfadado jamás, ni triste o cabizbajo.

Jacobo había nacido para ser feliz y hacer a los demás.

Aquella tarde de primavera, la lluvia caía finamente mojándolo todo, pero Jacobo se paseó hasta el banco que lo vio nacer.

Allí se sentó cansado, viejo y feliz.

Dicen; que en ese momento en el que Jacobo marchó para siempre con su duende hacia lugares mágicos, el árbol se hizo llorón y triste, el banco hinchó su madera hasta resquebrajarse, la fuente se secó dejando a la señora desvalida…

La plaza nunca volvió a ser la misma.

Todos supieron por qué. Quizá porque ellos mismos, los habitantes de aquel pueblecito que habían tenido la suerte de conocer a Jacobo, se sentían de la misma manera que la plaza…







Marinel

viernes, 7 de agosto de 2009

LA NINFA Y EL GUERRERO


Había una vez una ninfa que vivía en un valle frondoso lleno de alegre vegetación y adornado por un río que daba vida a aquella bonita estampa en la que siempre era primavera.

La Ninfa vivía sola en su valle, y apenas era visitada por algunos caminantes, ya que antes de llegar al valle había que atravesar el abismo de los dragones, y sólo unos cuantos osados conseguían llegar hasta allí; eran aquellos que al pasar y ver la hermosura de aquel rincón les entraban unas ganas irrefrenables de instalarse junto con la ninfa, pero desgraciadamente siempre acababan marchándose después de saciar su hambre y su sed, porque aquel lugar acababa antojándose aburrido a fin de cuentas.

Sucedió una mañana que la ninfa estaba lavándose los pies en aquel río, cuya agua cristalina devolvía el paisaje verde de la vegetación, que de repente, sin haber escuchado tan siquiera unos pasos al acercarse, vio reflejada una imagen junto a la de ella en el agua. Entonces la ninfa, lejos de asustarse, posó su profunda mirada sobre el reflejo de aquellos ojos oscuros que la miraban desde el agua; durante un instante en el que los relojes dejaron de marcar todas sus horas y se inmortalizó el tiempo, la ninfa vio pasar ante sí las muchas cicatrices de todas las batallas libradas por aquel guerrero. Pero ella mejor que nadie sabía, que el mejor bálsamo para curar todo tipo de heridas, era el amor, el cariño y la ternura; y de eso ella tenía mucho que ofrecer a aquel guerrero que seguía hipnotizándola desde el agua.

El guerrero acogió con agrado las muchas atenciones de aquella bella ninfa y empezó a sentirse mucho mejor al recobrar todas aquellas cualidades de antaño. Y en sus ojos volvió a brillar aquello que llaman “esperanza”, algo que había perdido batalla tras batalla por mucho que algunas hubiesen terminado en grandiosas victorias.

Los días pasaban y el guerrero se sentía feliz, optimista, confiado, alegre y lleno de vida; y la ninfa descubrió que a medida que iba suavizando las heridas de su amado guerrero, iban cicatrizando las suyas propias; heridas que ella misma tenía escondidas en el fondo de su alma, heridas que nadie había osado descubrir jamás, pero que aquel intrépido guerrero llegó a vislumbrar y a recubrir con el mismo bálsamo, que de la ninfa, había aprendido ha elaborar.

Y así sucedió que aquella ninfa, que era algo marisabidilla, consiguió comprender que aquel guerrero no estaba allí para sanar sus propias heridas, sino para curarla a ella y con ello rescatarla de aquel destierro sin fin, al que voluntariamente se había entregado.

Firma del Autor: Ruth Carlino

lunes, 3 de agosto de 2009

LA GRANJA DE MARCOS

Marcos era un granjero muy trabajador.
Todos los granjeros cuidan mucho sus granjas, alimentan a todos los animales que están viviendo allí, limpian y desinfectan sus rincones.
Cada mañana, muy temprano debía levantarse para llevar la comida a los cerdos, las ovejas, las cabras, los conejos y las gallinas. Si alguna vez se acostaba muy tarde, Marcos sabía que nadie se quedaría dormido por la mañana, porque el quiquiriquí del gallo era un despertar que nunca fallaba ¡
Qué despertador raro! ¿no?
Don gallo, apenas veía la primera claridad del día, lanzaba un quiquiriquí que retumbaba en todo lo ancho y largo de toda la granja.

Pero sucedió una mañana algo distinto: todos los animales quedaron dormidos.
¿Qué había pasado?
¡El gallo no los había despertado¡ ¿Por qué?
Ocurrió que don gallo se había resfriado, había quedado afónico, por eso aquella mañana todos los animales se despertaron tarde.
El primero en abrir los ojos, era un cerdito que tenía tanta hambre que con su hocico hizo cosquillas en la panza de mamá chancha, para que le diera la leche. Después se despertaron los demás cerditos,
Pero tanto borrinche hicieron que despertaron a un ternero, también muy hambriento buscó a su mamá vaca.
Luego se despertaron los conejitos, que de apurados, buscando a mama coneja, se confundieron y llegaron hasta el gallinero donde todos los pollitos buscaban a mamá gallina, para que les enseñe dónde buscar insectos y semillas para alimentarse.
Los más lerdos en despertarse fueron los corderos que al correr buscando a su mama perdieron parte de su vellón en el alambrado de la granja .
La verdad es que no parecía una granja normal y todo esto porque don gallo no pudo despertar a los animales.
Entonces se reunieron todos los animales d e la granja y decidieron buscar al veterinario para curar a don gallo.
Además, entre todos tejieron una bufanda para cuidar su garganta Después de tomar el remedio pudo volver a despertar tempranito con su quiquiriquí a todos los animales de la granja.



El gato ñato

El gato ñato,
no era un gato cualquiera,
no se parecía a ninguno, siquiera
porque era de una rata ,amigo
y además le gustaban los higos.
El gato ñato
con su raro olfato
no jugaba con ovillos de lana
sí con la cola
de la rata vegetariana.
La rata no se disgustaba,
era amiga de un gato
y dormía en un zapato,
sin cordón y bien chato.




STELLA MARIS TABORO

sábado, 1 de agosto de 2009

EL CASTILLO ESTÁ A PUNTO...

Queridos todos, aquí estamos de nuevo, "en casa".
Dejad que suelte todo esto...



Hemos descansado, recorrido el mundo (bueno, solo un cachito), nos pudimos relajar unos días en una de nuestras pequeñas residencias... Un humilde castillo en Escocia, un lugar fresco y donde se respira paz...

¡Ah! ¿Qué queríais venir...? Pues hombre.... haberlo dicho. Había cientos de habitaciones libres y comida para un ejército... bueno... la próxima vez será... (je. je).

Hemos cargado las pilas, con nuevos proyectos y nuevas ilusiones, que esperemos que se cumplan, al menos parte de ellas. Con esa intención retomamos la actividad.

El lunes 3 de agosto comenzamos con la publicación de los textos pertenecientes al tema; "Cuento Infantil" que harán las delicias de todos, seguro.

Os damos la bienvenida. El castillo está abierto, limpio y repleto de todo tipo de provisiones... besos, cariño, atención y sobre todo esa amistad que nos une desde hace tantos meses...

El puente levadizo bajado, y la puerta abierta, así como nuestros brazos, para recibiros con un cálido saludo,

Emig y Natacha.